martes, 27 de noviembre de 2018

Manuel José Castilla: 100 años de poesía y canciones

Manuel José Castilla nació el 14 de agosto de 1918, en la casa ferroviaria de la Estación de Cerrillos (Salta). Realizó estudios primarios en la Escuela Zorrilla para luego estudiar el secundario en el Colegio Salesiano (donde repitió tres veces el primer año) y después en el Colegio Nacional de la capital de su provincia.
A los 18 años abandonó la secundaria y entró a trabajar en El Intransigente, el diario salteño fundado en 1920 por David Michel Torino. En la redacción que en 35 años compartiría con Raúl Aráoz Anzoátegui, Miguel Angel Pérez, Walter Adet, Jacobo Regen, comenzó pasando listas de farmacias de turno y resultados de las divisiones inferiores del fútbol, hasta llegar a ser uno de sus más refinados columnistas.
Se dedicó al periodismo y las letras. También trabajó como titiritero, primero con Jaime Dávalos y luego con Carlos “Pajita” García Bes.
Fue uno de los escritores fundadores del grupo La Carpa. Además de sus colaboraciones en diarios y revistas nacionales, también fundador de la revista Ángulo, y autor de numerosas letras para canciones compuestas junto al pianista Cuchi Leguizamón y al guitarrista Eduardo Falú entre otros.
En 1957 obtuvo el Premio Regional de Poesía del Norte (trienio 1954-1956, Dirección General de Cultura de la Nación), por su libro Norte adentro fue galardonado con el Premio "Juan Carlos Dávalos” para obras de imaginación en la producción literaria (trienio 1958-1960, Gobierno de Salta) por el poemario El cielo lejos, y con el Premio del Fondo Nacional de las Artes (Mendoza, Trienio 1962-64) por su libro Bajo las lentas nubes.
En 1967 recibió el Tercer Premio Nacional de Poesía por su obra Posesión entre pájaros.
Entre otras de sus más importantes distinciones se incluyen el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (1973), el Primer Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de la Nación (trienio 1970-1972) y el Primer Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de la Nación (trienio 1973-1975).
En la escritura de Manuel J. Castilla convergen narración, poesía y mito. En el libro De solo estar, la estructura prosaica y la intensidad lírica condensan la presencia de los mitos del tiempo y del carnaval. La línea de conciencia social trazada por Castilla en su producción lírica y narrativa es fundante en la literatura del noroeste argentino y posteriormente otros escritores retomarán esa problemática, como Héctor Tizón, Daniel Moyano, Francisco Zamora o Carlos Hugo Aparicio.
Sus poesías fueron musicalizadas por Teresa Parodi, su amigo Cuchi Leguizamón, María Elena Walsh y Eduardo Falú.
Falleció en la ciudad de Salta, el 19 de julio de 1980 debido a la diabetes.

martes, 23 de octubre de 2018

Foro de Gastronomía & Tango en Bahía Blanca

El Foro de Gastronomía & Tango, es una de las ideas y pilares de la 8° Semana de la Gastronomía en Bahía Blanca, que con gran éxito y concurrencia se realizaron las ediciones anteriores sobre temáticas que giraron en torno a la Literatura y el Arte.
El tango ha participado en el quehacer diario de los argentinos, las distintas manifestaciones del vivir, han quedado perpetuadas en sus letras.
La degustación de comidas y bebidas han quedado atrapadas en soberbios registros donde perduran costumbres y hábitos que reflejan con precisión, las costumbres de los argentinos a la hora de comer y de beber.
Existen tangos que evocan lugares gastronómicos, el más emotivo, tal vez, puede ser “Café de los Angelitos”, que Troilo instrumentaba, y decía: Yo te alegré con mis gritos / en los tiempos de Carlitos / por Rivadavia y Rincón...
El comer es uno de los placeres que más disfrutamos, además de ser una excelente excusa para la ocasión del encuentro, comer ya no sólo como una simple necesidad de orden biológico, sino como un valor placentero, hedonista y vivencial.
El Foro tiene por objetivo promover un abordaje diferente a la Gastronomía, por este evento pasarán diversos personajes icónicos del tango como Aníbal Troilo, Carlos Gardel , Julio Sosa, Carlos Di Sarli, Horacio Ferrer, Astor Piazzola, Alberto Moran entre otros.
La Asociación de Hoteles, Restaurantes, Bares, Confiterías y Afines de Bahía Blanca y Región Sudoeste, a través de Dandy Producciones ha convocado a expertos en la materia: Ricardo Margo Director del instituto Cultural, Carlos Benítez presidente Circulo Gardeliano, José Valle director ciclo cultural Bahía Blanca No Olvida, el periodista Ariel Biagetti y las reconocidas cantantes Nora Roca y Gaby "la voz sensual del tango". Este evento se llevará a cabo el día 6 de noviembre a las 18hs en la sala Payró del Teatro Municipal de Bahía Blanca con entrada libre y gratuita

jueves, 11 de octubre de 2018

José Larralde "El Pampa"

Natural de la localidad de Huanguelén, en el sur de la provincia de Buenos Aires, de familia argentina y ascendencia iraquí y vasco-española, desde muy pequeño, a la pronta edad de 7 años, comenzaría a escribir esos versos de contenido crítico que, a lo largo de su vida, hablarán de oficios, situaciones y personajes que se cruzaron en su camino.
Además de dedicarse a la composición y al canto realizó trabajos de albañil, mecánico, trabajador rural, tractorista y soldador, y prosiguió trabajando mientras realizó sus primeras grabaciones.
Su irrupción fue fulminante, y mucho tuvo que ver con ello el famoso cantor Jorge Cafrune. Dedicado Larralde a su quehacer artístico, en su pueblo natal, anhelaba conocerlo y, sabiendo que su vecino José Dip tenía trato con él, frecuentemente le pedía que se lo presentara. Una noche de 1966, encontrándose en un asado en casa de su tío Eduardo Saad, José Dip le cumplió el deseo tan anhelado, y es así como Larralde le hizo conocer a Cafrune algunos temas de su autoría. La aceptación fue inmediata: después de oírlo cantar, Cafrune le pidió a José Dip que al día siguiente llamara a Hernán Figueroa Reyes, director de grabaciones de CBS, porque deseaba incluir algunos de los temas escuchados en su disco en preparación, a la postre editado en 1967, titulado Jorge Cafrune. Es de esta forma que, pese a algunos contratiempos, «Permiso» y «Sin pique» finalmente estuvieron presentes en el LP.
Cafrune volvió a Huanguelén al poco tiempo, ya que tenía que actuar en Girodías, más precisamente en el Club Social y Deportivo Unión (aún hoy se puede ver el galpón que constituye el club, a la salida del pueblo) que se encuentra a casi 100 kilómetros de allí. En esa oportunidad invitó a José Larralde para que lo acompañara. Cafrune interpretó 3 temas y luego presentó a Larralde, quien a partir de ahí se hizo dueño del escenario, con la anuencia de Cafrune, y cantó varios temas, entre ellos «Herencia pa' un hijo gaucho», la cual llegó a oídos de los directivos de la compañía discográfica RCA, que al poco tiempo decidió contratarlo.
En 1967, José Larralde grabó el primero de veintiocho discos editados en la Argentina, sin contar reediciones y compilados.
Larralde ha encontrado el modo de hacerse conocer, a pesar de que siempre ha huido de promociones y concentraciones masivas. Sus discos se han vendido en Alemania, Australia, Brasil, Chile, Colombia, España, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela, entre otros países.
En el año 2013, la canción de Marcelo Berbel y Milton Aguilar, que fuera grabada por Larralde en su primer disco, "Quimey Neuquén", se utilizó para el capítulo "Buried" ("Enterrado") correspondiente a la quinta temporada de la serie televisiva estadounidense Breaking Bad.
Dice sus verdades con su música popular de raíz folclórica, cantando contra todo tipo de lo que él considera injusticias y desigualdades

lunes, 24 de septiembre de 2018

En Bahía Blanca preparan el Histórico Festival en homenaje al gran Carlos Di Sarli

Del 27 de Septiembre al 06 de Octubre la ciudad de Bahía Blanca se vestirá de Tango.
Bahía Blanca reafirma su mística tanguera con la realización del 8º Festival Nacional de Tango Carlos Di Sarli, dirigido por el historiador, escritor y productor cultural José Valle.
El festival fue Declarado de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación; de Interés Cultural por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación; de Interés Provincial y Cultural por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires; de Interés Municipal por el Honorable Consejo Deliberante de Bahía Blanca.
PROGRAMACIÓN COMPLETA:
Jueves 27 de Septiembre 11 y 13 hs Presentación del espectáculo “Divertango”, tango en la educación, en la Escuela de Educación Secundaria N°11 (EEUU 2100).
Viernes 28 de Septiembre 19.30 hs en el Café Miravalles (Av. Cerri 777): “Los cantores de Di Sarli” en una charla plagada de anécdotas por José Valle. Actuación especial de pareja de tango integrada por Karla Guidi y Federico Santos y sorpresas musicales con el sello del Señor Del Tango.
Sábado 29 de Septiembre 11.00 hs en Peatonal Drago (esq. O´Higgins): Milonga callejera con la actuación de Cristina Isa, Alberto Mansi y el Taller de Tango de las Peñas Folklóricas de las Escuelas Medias De la Universidad Nacional del Sur dirigido por Sonia Agüero.
Sábado 29 de Septiembre 21.30 hs en el Café Histórico (Av. Colón 602): “Bahía Blanca es Tango” con la actuación de Nora Roca y Víctor Volpe.
Lunes 01 de Octubre 18 hs en Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560): Apertura Oficial con palabras de Ricardo Margo, Dir. del Instituto Cultural de Bahía Blanca, y José Valle, Dir. del Festival Nacional de Tango Carlos Di Sarli. Charla “Historia de la Radiofonía” por el Ing. Carlos Benítez, Presidente del Círculo Gardeliano de Bahía Blanca y entrega de distinciones del Ciclo Bahía Blanca NO Olvida a Carina Robert, coordinadora del comedor y merendero Los Angelitos, a Casa Vila en su 123° Aniversario y a La Brújula 24 en su 10° Aniversario. Show musical a cargo de Juan Baigorria y Oscar Álvarez.
V. Volpe
Miércoles 03 de Octubre 21.30 hs en Tributo Resto Bar (Dorrego 20): “Tributo al Tango” con la actuación de Omar Olea, Pablo Gibelli y pareja de baile integrada por Cintia Farías y Lucas Farías.
Jueves 04 de Octubre 21.30 hs en el Café Histórico (Av. Colón 602): “Histórico Di Sarli I” con la actuación de Juan Carlos Deambrosi, Cristina Marinissen, Jorge Nacud, Sandra Murcia y la participación especial de Marta Ojunian.
Viernes 05 de Octubre 21.30 hs en el Café Histórico (Av. Colón 602): “Histórico Di Sarli II” con la actuación de Gianluca Pezzutti, Eugenia Colantonio, Santiago Pérez, Silvia Adami y la participación especial de Martha Gaeta (Villa Gesell).
N.Roca y Gaby 

Sábado 06 de Octubre 21.30 hs en el Teatro Municipal (Alsina 425): “Todo te nombra” nueva comedia musical de tango con la actuación de Brisa Rulli, Galo Valle, Delfi Morán, Sebastián Ginestet, Cecilia Loréfice, Patricia Villada, Guillermo Stemphelet, Marilina Díaz, Marilisa Arriola, Omar Díaz, Gaby “La voz sensual del Tango”, el Ballet “Amigos x el tango” dirigido por María Rial y Jesús Infante y compañía de tango “El rejunte” dirigido por Sebastián Cardillo.

martes, 11 de septiembre de 2018

Murió el cantor de tangos Horacio Molina

Fue la propia Juana la que confirmó la noticia en su cuenta de Facebook. "Hoy se murió papá. Justo el día del maestro", lamentó la artista. "Papá, además de enseñarme el amor por la música y el consecuente baile, me enseñó a observar y asimilar, a criticar, viendo primero la viga en el propio ojo, a leer entre líneas, a ver más allá de lo que se ve y a desarrollar la intuición, la mejor manera de conocer el mundo".
H. Molina y el polaco Goyeneche
Horacio Manuel Molina había nacido el 2 de septiembre de 1935, y comenzó a cantar tangos en la década del ´60 cuando en Buenos Aires estallaba el rock nacional.Sobresalió por su delicadeza de su voz para entonar, y decir cada estrofa, y lo hizo de otra manera e impuso su estilo.
"Me parece original, de insuperable afinación y de una sensibilidad especial. Si bien, como dice un amigo, después de Gardel todo es un problema de gustos, yo me permito definir a Horacio, como un intérprete distinguido, sobrio, elegante, que canta como hay que cantar el tango, a media voz, sin estridencias", lo definió el historiador tanguero Ricardo García Blaya.
El escritor y productor cultural José Valle lo definió " un cantor intimista, notable, exquisito. Su interpretación de Rubí de Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián, es magnífica"
"Tenía cinco años y ya entonaba Sueños del pibe —contó en una entrevista de 2004— En mi casa había tres radios… era una escucha de radios que sintonizadas los cuatro programas donde pasaban a Gardel. Aprendía las canciones como un chico estudia un idioma".
R.Gropo, E. Riera, Gaby, H.Molina y J. Valle

Confeso gardeliano fue coleccionista y estudiosos del Zorzal porteño. "Gardel abrió una llave en mi alma, por eso guardo tanta información sobre él. Conozco sus versiones, sus fraseos, cómo respira y hasta cuando se equivoca", aseguró .
Nacido en Necochea , fue hincha de San Lorenzo y solía visitar las tribunas los domingos y cuando alguna señorita le quitaba el sueño no dudaba en pararse en una esquina y expresar su amor interpretando boleros.
Cuando joven iba a divertirse a los carnavales, pero no bailaba porque se sentía "pata dura" y se autodefinía como "tímido y un romántico total".
Conoció a la actriz Chunchuna Villafañe cuando estudiaba arquitectura, nació el amor entre ellos y tuvieron dos hijas, las actrices Juana Molina e Inés Molina.
Grabó más de doscientos títulos y compuso obras en colaboración con Eladia Bláquez (Lo vivido), Carlos Barocela (Nuestro refugio, Mi ciudad), Albino Gómez (Quiero contarle al viento)y Teresa Parodi (Corazón de pájaro).
Su primer disco fue Te esperaré mañana (CBS – 1967), siguió Por los amigos (CBS-1976), siguieron Volver para el mismo sello en 1977, Tangos (1984) y
Hoy (1987).
En la era digital quince CD, entre ellos una exquisita interpretación de Alfredo Le Pera, Alfredo Le Pera por Horacio Molina (2010) e impactó con Nosotros: En vivo, un trabajo invaluable en dupla con Amelita Baltar, en el mismo año, solo por citar algunos.
Fue miembro de la Academia Nacional del Tango.



jueves, 30 de agosto de 2018

José Canet

 Alberto Gómez y José Canet 
 Nació en el barrio porteño de Paternal, el 15 de diciembre de 1915, y desde muy pibe manifestó su afición por la música y muy en particular por el tango. Según sus biógrafos, Jesús González fue su primer profesor de guitarra, un oficio que supo ejercer con estilo propio, aunque siempre se declaró deudor de aquellas guitarras de Ignacio Corsini, particularmente cuando era acompañado por Armando Pagés, Rosendo Pesoa y Enrique Maciel.
En los primeros años, Canet trajinó por la noche porteña con diferentes conjuntos y en algún momento integró el elenco de Radio Stentor, pero su hora decisiva, la hora que lo consagró como un eximio guitarrista, se produjo cuando fue convocado por ese excelente y poco ponderado cantor que fue Alberto Gómez, quien después de haber cantado con la guitarra de Manuel Parada, Vicente Spina y José Aguilar, entre otros, decidió contar con sus aportes.
Canet estuvo con Gómez alrededor de treinta años y juntos recorrieron los países de América Latina, actuando como verdaderos embajadores del tango, una tarea que compartían con esos otros grandes cantores que fueron Irusta y Charlo. Lejos de la patria y celebrando al tango en cada escenario de América, Canet se sintió inspirado para borronear algunos de sus poemas, entre los que merecen destacarse “La abandoné y no sabía”, escrito en Chile en 1943 o “Tarde”, ese tango que en su momento fue estrenado por Nelly Omar, pero que también supieron interpretar Julio Sosa y Roberto Goyeneche.
Después de sus giras con Gómez, Canet se dio el gusto de acompañar a cantores como Oscar Alonso, Jorge Vidal, Juanita Larrauri, Alberto Marino y Nelly Omar, quien en su momento no vaciló en declarar que nunca en su vida se sintió tan bien acompañada. Sus presentaciones con grandes cantores no le impidieron brindar conciertos de guitarra en Radio Belgrano y en LV3 de Córdoba, y en algún momento se dio el gusto de constituir el “Quinteto Garufa”, una formación musical integrada por bandoneón, guitarra, contrabajo y la voz de Héctor Alvarado.
El “Quinteto Garufa” fundó el “baiango”, un estilo desenfadado y alegre de milonga y otros ritmos con el que se presentaron en la televisión y la radio y amenizaron temporadas bailables en Mar del Plata, donde el público pedía a gritos “Así se baila el tango”, uno de sus éxitos más resonantes que alguna vez llevaron al disco junto con “La última curda”. A mediados de los años sesenta los frecuentadores de los ambientes nocturnos podían disfrutar de su guitarra y su talento en “El rincón de José Canet”, un sótano ubicado en Callao al 451 y que durante más de cuatro años convocó a la flor y nata del tango.
Ya para entonces sus virtudes como guitarrista corrían parejas con su talento como poeta, como autor de tangos, valses y milongas interpretados por los mejores cantores de su tiempo. Una de sus primeras creaciones -en 1935, para ser más preciso- fue el vals “Me besó y se fue”, estrenado por su amigo de toda la vida, Hugo del Carril, luego interpretado por Nelly Omar, Enrique Campos y, mucho tiempo después, por Luis Cardei.
“Me besó y se fue” confirma la hipótesis de que aquellas canciones contaban historias con imágenes muy bien logradas que, sin exageraciones, podrían prestarse para ser el guión de una película cuyo primer actor muy bien podría ser Hugo del Carril. La historia del muchacho de pueblo que se enamora de una mujer misteriosa proveniente de la ciudad, está muy bien contada y es muy representativa de un tiempo en que un forastero -o una forastera en este caso- provocaban ilusiones y alentaban fantasías en personas para quienes la ciudad era una noticia lejana cargada de misterios e incertidumbres. “Ella era una diosa que llegó a mi pueblo, a olvidar su hastío vencida tal vez, se arrulló en mi canto divina, tirana y una gris mañana me besó y se fue”.
“La abandoné y no sabía”, dijimos que es un tango escrito en 1943 que estrenó Roberto Chanel con la orquesta de Osvaldo Pugliese en 1944, luego interpretada por Raúl Berón y, en los tiempos que corren, por Ariel Ardit. “La abandoné y no sabía”, pertenece a un momento en que el protagonista del tango es más introspectivo y, si se quiere más crítico, motivo por el cual la mujer empieza a dejar de ser la responsable de sus desgracias. “La abandoné y no sabía de que la estaba queriendo y ahora que ella se fue siento truncada mi fe que va muriendo, muriendo...”.
“Tarde” es para la mayoría de los críticos su mejor realización, el momento en que el poeta logra su máxima plenitud, cuando el fracaso, el fracaso del amor, no tiene atenuantes y clausura cualquier posibilidad a la esperanza. Los primeros versos son antológicos: “De cada amor que tuve tengo heridas, heridas que no cierran y sangran todavía ¡Error de haber querido ciegamente matando inútilmente la dicha de mis días!”. No hace falta forzar la imaginación para encontrar ciertas constantes entre este tango y “La abandoné y no sabía”, en tanto en ambos casos lo que se reitera es el fracaso del amor, o lo que viene a ser lo mismo, el fracaso del enamorado: “¡Todo te lo di! ¡Todo lo perdí! Siempre puse el alma entera, de cualquier manera, soportando afrentas y al final de cuentas me quedé sin fe”.
“Los cosos de al lao”, pertenece a otro linaje de tango, aunque de todos modos es un poema que sólo en las apariencias es costumbrista o descriptivo, ya que también aquí hay una historia, tal vez algo sentimental o cursi, pero historia al fin. En efecto, después de los sollozos de los violines y las quejas del fueye, después del botón que toca ronda y del galán chamuyando en el zaguán, llega la historia: “De pronto se escucha el rumor de una orquesta, es que están de fiesta los cosos de al lao, ha vuelto la piba que un día se fuera, cuando no tenía quince primaveras, hoy tiene un purrete y lo han bautizao, por eso es que bailan los cosos de al lao!”
La designación de los vecinos como “cosos” en este caso no es agresiva, pero es sintomática, ¿Quiénes son? ¿Desde dónde habla el que así los designa? ¿Qué pasa con la piba que llegó con un hijo? No hay respuestas a estas preguntas, una carencia que contra lo que puede suponerse, enriquece al poema. “Los cosos de al lao”, está escrito y compuesto por José Canet y el violinista Marcos Larrosa, y en su momento fue interpretado por Tito Reyes y Roberto Goyeneche, y en tiempos más recientes por Rubén Juárez y Luis Cardei.
“Y dicen que no te quiero”, es un tango escrito en 1947 y que interpretaron cantores como Floreal Ruiz, Nelly Omar, Alberto Gómez y Raúl Berón. Su primera estrofa es clásica: “La gente es mala y comenta, como no estando a tu lado, yo te puedo querer tanto y a tus encantos vivo amarrado”.
Pertenecen también al talento de Canet tango como “Hoy al recordarla”, interpretado por Carlos Di Sarli con la voz de Jorge Durán. “De seis a siete”, grabado por Tanturi y Campos o “Este corazón”, un clásico de Alberto Gómez: “¡Este corazón me tiene loco! Dan ganas de arrancarlo o qué se yo...”.
Murió el 10 de marzo de 1984.

martes, 14 de agosto de 2018

Nora Roca y Victor Volpe en el Festival y Mundial de Tango

Nora Roca cantará junto al piano del maestro Víctor Volpe, en un mano a mano musical nostálgico y profundo. en el escenario de la Usina del arte (Caffarena 1, esq. Av . Pedro de Mendoza, LaBoca) el domingo 19 de agosto a las 18hs.en el marco del en el Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires
Nora Roca es dueña de una voz límpida y cristalina, perfecta afinación, excelente fraseo y una gran capacidad para encontrar el tono adecuado para cada tema que interpreta.
Al dia siguiente a las 19hs en el mismo lugar y para celebrar su trayectoria de 30 años, el Grupo Volpe llega desde su natal Bahía Blanca con un concierto donde conviven climas sutiles y pasión tanguera, en una propuesta instrumental a través de obras de Astor Piazzolla y composiciones de la autoría de Víctor y Antonio Volpe. El grupo desarrolló un intenso trabajo creativo, sin encasillamientos, que se destacó en los años 90 y quedó plasmado en sus grabaciones. Invitada: Nora Roca (voz). Dirección: Víctor Volpe.

Entrada gratuita. Se entregan hasta dos por persona desde dos horas antes del evento.

viernes, 10 de agosto de 2018

Oscar Ferrari

Oscar Ferrari, seudónimo de Oscar Manuel Rodríguez de Mendoza (Buenos Aires, 9 de agosto de 1924 - 21 de agosto de 2008), fue un cantor de tangos argentino. De baja estatura y potente voz, tuvo una vasta trayectoria como cantor en diversas orquestas y también se dedicó a la docencia y escribió un libro de recuerdos.
Era el hijo único de una pareja de bailarines que actuaba en los teatros de variedades, el padre se llamaba Roberto y la madre María Antonia, por lo cual desde pequeño asistió a las funciones desde las bambalinas de los teatros de revistas de Buenos Aires más importantes de Buenos Aires, tales como el Maipo y El Nacional, adonde era llevado por sus padres al no tener con quién dejarlo y fue así que a la edad de 4 años ya debutaba cantando un tango en la compañía de Arturo De Bassi. Su padre falleció a los 28 años de edad y su madre se fue a vivir al barrio obrero de Barracas.
Ferrari, que era bajo de estatura y tenía un nítido registro de tenor agudo y lírico comenzó a trabajar muy joven y después de una breve actuación en la orquesta de Atilio Felice, ingresó en 1943 a la Típica Gómez hasta que al participar ese mismo año en un concurso de radio el director Juan Caló lo escuchó cantar Alma de bohemio y lo contrató. En 1945 pasó a la orquesta que dirigía el violinista Alfredo Gobbi, luego actuó en el conjunto Los Cantores de América, junto con el guitarrista Adolfo Berón y Alberto Suárez Villanueva en el piano. Más adelante entró a la orquesta de Edgardo Donato con la que interpretó el que sería uno de sus grandes éxitos, el tango Galleguita de Horacio Pettorossi y Alfredo Navarrine. Fue así que actuó en el café Marzotto de la calle de Corrientes, en el Tango Bar, el Chantecler y el Marabú.
Tras un corto paso por la orquesta de Astor Piazzolla integró la orquesta de José Basso haciendo pareja primero con el inolvidable Francisco Fiorentino y luego con Jorge Durán, para pasar después a la de Armando Pontier en la cual hacía dúo con Julio Sosa. Uno de sus grandes éxitos fue su interpretación del tango Venganza de Rubistein en la orquesta de José Basso, del que se vendieron cuatro millones de discos en la primera impresión. Cuando Ferrari ingresó a la orquesta para reemplazar a Ricardo Ruiz, tomó ese tango, que aquél interpretaba con un estilo fresediano y le imprimió una característica diferente «con un poquito más de barro, un poquito más de arrabal» según describe Ferrari, y cuando decía «morí como un perro», la frase prendió en la gente y tanto es así que en el año 1950 se vendieron cuatro millones de discos.
Trabajó luego como solista e hizo giras artísticas en el interior del país y en el exterior y en 1970 vuelve a integrar la orquesta de Armando Pontier y en 1973 la de Leo Lipersker, para luego retomar su carrera como solista. En año 1995 se incorpora a la orquesta de Beba Pugliese, con quien tiene oportunidad de actuar en París. A partir de 1997 vuelve a presentarse como solista, acompañado a veces por el bandoneonista Carlos Missorini a la vez que da clases de canto en la Escuela Argentina de Tango.
En los últimos 35 años se dedicó a la enseñanza y además escribió el libro Historias de cabaret, prologado por Julián Centeya, donde relata su experiencia en cabarés del interior, Versos de amor y barricada y A mis colegas, en el que traza con un enfoque humano y fraterno la semblanza de varios compañeros de profesión.
Actuó junto a un gran elenco de tangueros veteranos en la película documental Café de los maestros (2008) dirigido por Miguel Kohan y en el disco Café de los Maestros Vol. 1 y 2 (2005) producido por Gustavo Santaolalla, en el que registró Será una noche. También participó en la película La cantante de tangos del bahiense Diego Martínez Vignatti, todavía no estrenada.
Ferrari fue distinguido con la «Orden del Porteño», el «Discepolín de Oro», el «Homero Manzi de Oro» y en diciembre del año 2002 recibió de la Academia Porteña del Lunfardo el «Diploma a la Gloria del Tango». La ley n*2193 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires del 5 de diciembre de 2006 declaró «Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires» al «Profesor Oscar Ferrari»

miércoles, 18 de julio de 2018

Hoy cumpliría 91 años Ángel Cárdenas

La localidad de Chacabuco dio a varios reconocidos tangueros. Uno de ellos fue Angel Cárdenas, que nació en ese pago bonaerense, en 1927. En Buenos Aires no pasó la década de oro del tango como parte de algún binomio orquestal de los más celebrados sino acompañado por un grupo de guitarras. Recién en la década siguiente, a mediados de los cincuenta, tuvo el honor de ser convocado por Aníbal Troilo y la posibilidad de crear un dúo de voces con Roberto Goyeneche que dejó algunas versiones memorables.
Otro de sus méritos fue haber logrado en poco tiempo varios éxitos con versiones como "Te llaman malevo", "Callejón" y "Chuzas", (de ahí el apodo con diminutivo que se menciona al principio de estas líneas). Incluso se destacó con versiones de temas como "La flor de la canela", clásico peruano que difícilmente esté asociado al repertorio tanguero. Esa etapa de trabajo con Pichuco duró unos pocos años, porque en la década del sesenta volvió a probar suerte como solista. Con los años tomó otros rumbos de trabajo, sobre todo en el hemisferio norte. Arrancó por Perú, Venezuela, Puerto Rico y luego pasó algunas temporadas en Nueva York, con el impulso que le dio Fernando Lamas.
En los Estados Unidos continuó desarrollando su carrera como cantante y en la Argentina matizó su oficio de cantor con incursiones en el cine. Tuvo pequeñas intervenciones en "Juvenilia", "Y mañana serán hombres" y "Sabaleros". En 1960 participó en "Sábado a la noche", bajo las órdenes de Fernando Ayala.
Durante su paso por las pantallas no se conformó con el simple rol de actor, o de cantante que actúa. En 1967 regresó a Buenos Aires con la idea de actuar y dirigir un libro propio que se llamó "Una cabaña en La Pampa". El film se estrenó en 1971. "No sé si será bueno, pero tengo la seguridad de que tendrá autenticidad", decía por aquellos años. Es que lo campero siempre estuvo presente en su trabajo, incluso en la elección de repertorios.
Siempre muy inquieto, en una de las últimas charlas con LA NACION, a fines de 2004, decía que "Los cantores no cumplen años, cumplen ciclos", y hablaba de varios proyectos: un documental, un libro, un nuevo CD, y sus actuaciones en distintos países.
La muerte lo encontró solitario,el 4 diciembre 2005, en su casa, luego de su última presentación en el Bar Tuñón.
Cárdenas fue uno de los mejores intérpretes del género milonga —con un estilo creativo y muy campero—, un gran difusor de la cultura popular y un personaje muy pintoresco de la bohemia tanguera.

viernes, 6 de julio de 2018

En Bahía Blanca preparan sus Clásicas jornadas en Homenaje a Aníbal Troilo

El Ciclo Cultural Bahía Blanca NO Olvida,dirigido por el escritor y productor cultural José Valle , presenta la sexta edición de Homenaje a Aníbal Troilo, PICHUCO X SIEMPRE, cuatro jornadas de espectáculos para recordar al Bandoneón Mayor de Buenos Aires que visitara la ciudad en numerosas ocasiones.

Miércoles 11, 21.30 hs en Tributo Resto Bar (Dorrego 20): Dentro del clásico espectáculo “Tributo a la nostalgia” donde actuarán la joven Tizi Petris, el folklorista Alberto Roche y la conductora Paola Marcó, se entregará una distinción a la trayectoria del Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina al bandoneonista Alberto Haedo.
Jueves 12, 21.30 hs en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560): Documental sobre la vida y obra de Aníbal Troilo, entrega de distinción del CEDICUPO a la trayectoria al periodista Agustín Sagasti y participación musical de Gaby “La voz sensual del tango”.
Viernes 13, 21,30 hs en el Café Histórico (Av. Colón 602): Show musical de la reconocida Rosana Soler, Omar Olea y Santiago Pérez acompañados por las guitarras de Juan Carlos Brigante y Nacho Cabrera. Reservas: 291-154161711.
 
Gaby
Sábado 14, 21.30 hs en el Café Histórico (Av. Colón 602): Show musical de los consagrados Nora Roca y Víctor Volpe. Reservas: 291-154161711.
ANIBAL TROILO:
El bandoneón lo atrapó cuando lo escuchó sonar en cafés de su barrio. Tenía 10 años cuando convenció a la madre de que le comprara uno. Lo obtuvieron a 140 pesos de entonces, a pagar en 14 cuotas, pero luego de la cuarta el comerciante murió y nunca nadie les reclamó el resto. Con ese instrumento tocó casi toda su vida. Su primer contacto con el público fue a los 11 años, en un escenario próximo al Abasto, bullicioso mercado frutihortícola convertido hoy en un shopping center. Luego integró una orquesta de señoritas, y a los 14 años ya tuvo la ocurrencia de formar un quinteto. En diciembre de 1930 integró el renombrado sexteto conducido por el violinista Elvino Vardaro y el pianista Osvaldo Pugliese, donde Pichuco tuvo de ladero por primera vez a Ciriaco Ortiz. El segundo violín del conjunto era Alfredo Gobbi, luego célebre director de orquesta. De ese mítico sexteto no quedó ningún registro discográfico.
En 1931 realizó Troilo una breve incursión en la orquesta de Juan Maglio (Pacho). Al promediar ese año se reencontró con Ortiz en la orquesta Los Provincianos, una de las varias creadas por el sello Victor, fundamentalmente para grabaciones. Más tarde se integró a una orquesta gigante formada por el violinista Julio De Caro para presentarse en un concurso en el Luna Park (estadio cerrado para boxeo y espectáculos diversos). Pasó luego brevemente por las orquestas de Juan D'Arienzo, Ángel D'Agostino, Luis Petrucelli y por la Orquesta Típica Victor, dirigida en ese momento por otro bandoneonista de nombradía, Federico Scorticati.
Troilo formó parte del Cuarteto del 900, con el acordeonista Feliciano Brunelli, Elvino Vardaro y el flautista Enrique Bour. Luego se suma a la orquesta gigante del pianista Juan Carlos Cobián para los carnavales de 1937, su última parada antes de lanzarse con su propia orquesta. El hecho ocurrió el 1 de julio de ese año en la boite Marabú, donde un letrero anunciaba: «Hoy debut: Aníbal Troilo y su orquesta». Y otro proclamaba: «Todo el mundo al Marabú / la boite de más alto rango / donde Pichuco y su orquesta / harán bailar buenos tangos».
Ese mismo año conoce a Ida Calachi, muchacha de origen griego empleada en un local nocturno. Se casa con ella al año siguiente, cuando también llega por primera vez al disco. Esto ocurrió en el sello Odeón el 7 de marzo de 1938 con los tangos “Comme il faut”, de Eduardo Arolas, y “Tinta verde”, de Agustín Bardi. Sin embargo, por conflictos con la empresa no registró ninguna otra placa, hasta que en 1941 volvió a grabar para Victor. Lo hizo el día 4 de marzo de aquel año con su cantor emblemático, Francisco Fiorentino, popularmente conocido como Fiore. La orquesta de Troilo grabó hasta el 24 de junio de 1971, día en que dejó registrada la última de sus 449 versiones. A éstas hay que agregar las inolvidables realizaciones plasmadas por Pichuco junto al guitarrista Roberto Grela, con la colaboración de Edmundo Zaldívar en guitarrón y Enrique Kicho Díaz en contrabajo. Este admirable cuarteto grabó doce temas a lo largo del período junio 1955 - septiembre 1956. En 1962 volvieron a reunirse para llevar al disco diez temas más, aunque esa vez junto a Troilo-Grela estaban Roberto Láinez en guitarra, Ernesto Báez en guitarrón y Eugenio Pro en contrabajo.
Nora Roca
En 1968, formó el Cuarteto Aníbal Troilo para grabar en Victor 11 tangos y una milonga. Lo acompañaban Ubaldo De Lío (guitarra), Rafael del Bagno (contrabajo) y Osvaldo Berlingieri (piano). Habría que sumar dos dúos de bandoneón con Astor Piazzolla en 1970, cuando registraron “El motivo (Pobre paica)”, de Cobián, y “Volver”, de Carlos Gardel. Se arriba así a un total de 485 grabaciones editadas, aunque se supone que existen varias otras que no llegaron al público.
Cantores que pasaron por su orquesta, Francisco Fiorentino, Aldo Calderon, Alberto Marino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero, Jorge Casal, Raúl Berón, Roberto Rufino, Ángel Cárdenas , Roberto Goyeneche,Tito Reyes, el bahiense Roberto Achaval entre otros.. Sus pianistas se convirtieron sistemáticamente en directores de orquesta: así ocurrió con Orlando Goñi, José Basso, Carlos Figari, Osvaldo Manzi, Osvaldo Berlingieri y José Colángelo.
Como compositor, Troilo creó un extenso número de obras fundamentales. Algunos de sus títulos más notables son “Toda mi vida”, “Barrio de tango”, “Pa' que bailen los muchachos”, “Garúa”, “María”, “Sur”, “Romance de barrio”, “Che bandoneón”, “Discepolín”, “Responso”, “Patio mío”, “Una canción”, “La cantina”, “Desencuentro” y “La última curda”.
Fue un personaje mítico de Buenos Aires, a quien, como describió el poeta, Adrián Desiderato: «Fue un 18 de mayo, ese día al bandoneón, se le cayó Pichuco de las manos».

Jorge Maciel

Maciel, Pugliese y Belusi
Su nombre real era Carlos Pellegrini. Ignoro las razones por las que decidió llamarse Jorge Maciel, pero lo cierto es que este cantor de tangos, emblemático de la década del cuarenta, ya era conocido con ese nombre cuando integraba la orquesta de Alfredo Gobbi, previo haber hecho los primeros palotes en las orquestas de Juan Carlos Caviello, Miguel Zabala, Félix Guillán y Roberto Caló, el hermano de Miguel.
El hombre nació en el muy tanguero barrio de La Boca el 17 de septiembre de 1920 y antes de cumplir los treinta años ya era el cantor estrella de Gobbi, una de las orquestas mejor calificadas, en un tiempo en que este reconocimiento no lo ganaba cualquiera. Para 1954 Maciel ingresa a la orquesta de Osvaldo Pugliese, donde compartirá micrófonos con cantores de la talla de Alfredo Belusi, Miguel Montero, Carlos Guido y Abel Córdoba. En 1968 se integra al Sexteto tango, la formación musical creada por los músicos de Pugliese en un tiempo duro para quienes querían ganarse la vida con la música, en una época en que los honorarios que pagaban los empresarios de la noche no alcanzaban para financiar a las “multitudinarias” orquestas de los años cuarenta. En el Sexteto tango militan Julián Plaza, en el piano; Osvaldo Ruggiero y Víctor Lavallén en los bandoneones; Emilio Balcarce y Oscar Herrero con los violines, y Alcides Rossi en el contrabajo.
Ya para esos años, Maciel es un cantor consagrado, cuya presencia además de ser aclamada en los escenarios porteños y provincianos, se ha impuesto ante plateas tan diversas como las de Rusia, China y Japón, giras que realizó con Pugliese y los amigos del Sexteto tango.
El estilo de vida de los artistas no suele ser piadoso con su salud. Las trasnochadas alientan inevitables excesos y ello, tarde o temprano, impacta en la salud, pero sobre todo en la voz. No obstante, a los cincuenta y cinco años, Maciel seguía siendo un cantor con aptitudes y, sobre todo, mucho oficio. Lo fue hasta el momento en que se vio obligado a operarse de una hernia y su corazón no resistió los efectos de la anestesia. Murió en Buenos Aires el 25 de febrero de 1975.
Uno de los parámetros para apreciar a un cantor de jerarquía es evaluar los temas que supo consagrar, esos temas que lo distinguen y que nadie o casi nadie puede luego interpretar, porque es como si los hubiera marcado para siempre con su estilo. Es el caso de Carlos Gardel con “Mi Buenos Aires querido”, de Agustín Magaldi con “El penado catorce”, de Ignacio Corsini con “La que murió en París”, de Roberto Goyeneche con “Naranjo en flor”, de Floreal Ruiz con “Vieja amiga”, de Julio Sosa con “Mala suerte” o de Edmundo Rivero con “Escolaso”.
Maciel exhibe en su curriculum, por ejemplo, “Remembranzas”, un tango de Mario Melfi y Mario Battistella, el autor entre otros tangos de “No aflojés” y “Cuartito azul”. “Remembranzas” lo grabó para la RCA Víctor en 1948, acompañado por la orquesta de Gobbi, orquesta en la que dejó registrados dieciocho temas, uno acompañado por Ángel Díaz y tres con Héctor Coral. De “Remembranzas”, merecen citarse los primeros versos: “Cómo son largas las semanas / cuando no estás cerca de mí / no sé qué fuerzas sobrehumanas / me dan valor lejos de ti...”
También con esta orquesta grabó otro de sus clásicos. Se trata de “Canzoneta”, con música de Erma Suárez y letra de Enrique Lary, autor, entre otros temas, de “Noches de Brasil”, “Por las calles del tango” “Los largos del pibe”. “Canzoneta” fue interpretado entre otros por Héctor Mauré, Jorge Falcón y Alberto Marino, pero la versión de Maciel es considerada por sus seguidores como la más lograda. “La Boca... Callejón... Vuelta de Rocha / Bodegón... Genaro y su acordeón...”.
Al período con Gobbi pertenece otro clásico que en su momento apasionó y arrancó lágrimas a los oyentes futboleros. Me refiero a “La número cinco”, de Reinaldo Yiso y Orestes Cúfaro, grabada en junio de 1951, un poema que culmina con un escena antológica, el momento en que los jugadores del equipo de fútbol se hacen presentes en la sala del Hospital Muñiz para entregarle al pibe enfermo la pelota con la que jugaron ese domingo en la cancha. En la grabación se filtra en algún momento la voz de Fioravanti, merecido homenaje a quien fuera por lejos el mejor relator de partidos de todos los tiempos.
Con Osvaldo Pugliese, Maciel grabó sesenta y seis temas, tres de ellos con Montero, dos con Guido, seis con Belusi y tres con Córdoba. Pertenecen a ese período letras como “Por una muñeca”, de Emilio Balcarce y Manuel Barros, pero el tema que lo consagró, el que le valió el reconocimiento de los críticos más exigentes, fue “Recuerdo”. Jorge Faruk dice al respecto: “Una obra de antología, un tango tan difícil de cantar que parecía hecho para Maciel, cuya interpretación dejaba la sensación de no darle trabajo alguno”.
“Recuerdo” fue grabado por Pugliese en 1966. La letra es de Eduardo Moreno, pero acerca de la autoría de la música hay un debate aún no zanjado, ya que están los que sostienen que pertenece a Adolfo Pugliese, padre de Osvaldo; a su hermano Vicente Salvador, “Fito”, o al propio Osvaldo. Las tres hipótesis están bien fundamentadas, pero también son buenas las refutaciones. Coleccionistas e investigadores suelen dejar la vida en estas polémicas, pero más allá de los detalles -cuya importancia no desconozco- lo cierto es que “Recuerdo” es un tangazo que antes de ser interpretado por Pugliese con Maciel, fue estrenado por el cuarteto de Juan Fava en el café Mitre de Villa Crespo; en 1927 interpretó por primera vez la letra de Moreno la cantante Rosita Montemar. A esta versión hay que sumarle las de Julio de Caro, la de la Orquesta Típica Víctor, con la voz de Roberto Díaz y, en los años cuarenta, la de la formación de Ricardo Tanturi.
Se dice que en “Recuerdo”, la composición musical es superior a la calidad de la letra. Todo merece discutirse, pero lo seguro es que su interpretación es muy difícil y exige del cantor ductilidad y mucho cuidado.
“Recuerdo”, según se sabe, pudo haberse titulado como “Recuerdo para mis amigos” o “A mis amigos”. Se dice que a la melodía Pugliese la fue imaginando en sus habituales viajes en tranvía desde el barrio al centro. Y que en su momento la composición fue dedicada a los amigos de la barra “La cueva del Chancho”.
Una estrofa de “Recuerdo” merece evocarse: “Quedó su nombre grabado / por la mano del pasado / en la vieja mesa del café del barrio sud / donde anoche mismo una sombra de ayer, / por el recuerdo de su frágil juventud / y por la culpa de un olvido de mujer, / durmióse sin querer / en el Café Concert”.
Con respecto al autor, hay que decir que Moreno escribió, además de este tema, poemas como “Ausencia”, “Navidad” y “Barra de oro”: “Muchachada amiga, sincera y derecha, / muchachada de oro de la época azul / No quedó ninguno, se fugaron todos, / como el cigarrillo de la juventud”.
En el Sexteto Mayor, Maciel dejó grabados veinticuatro temas, un registro en el que se confunden tangos de la guardia vieja con letras como “Mi ciudad y mi gente” o “Chiquilín de Bachín”. Pertenecen a su repertorio letras como “Pasional”, “Así era ella”, “Estás en mi corazón”, “Cascabelito” o “Muchachos”.

jueves, 14 de junio de 2018

Comienzan las IX Jornadas Gardelianas de Bahía Blanca

Declaradas de Interés Cultural por la Cámara de Diputados de la Nación, de Interés Provincial y Cultural por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, de Interés Legislativo por el Senado Bonaerense y de Interés Municipal por el Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca.
Viernes 15 de junio, 22hs “Gardel en el BBPS”. En el escenario del Patio de comidas del Bahía Blanca Plaza Shopping (1° piso) se proyectarán imágenes inéditas de Carlos Gardel e imágenes a color del cantante y se brindará un show con destacados bailarines: Natalia Gastaminza, Gustavo Rodríguez, María Rial y Jesús Infante, seguido de una gran milonga popular como cierre de la velada.
Entrada libre y gratuita.
Lunes 18 de junio, 18 hs “Gardel en el cine”, Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560). Apertura Oficial con palabras del Director del Instituto Cultural Ricardo Margo y del Director del Ciclo Bahía Blanca No Olvida, José Valle. Habrá entrega de distinciones del CEDICUPO a Ariel Biagetti, Agustín Sagasti y al Diario La Nueva en su 120 aniversario. Finalmente se proyectará la película "Las luces de Buenos Aires", primer largometraje sonoro protagonizado por Carlos Gardel.
Entrada libre y gratuita.
Martes 19 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel I” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con Brisa Rulli, Cristina Isa, Juan Carlos Deambrosi y Chacho Tinervia.
Derecho de espectáculo $120.
Miércoles 20 de junio, 21.30 hs “Tributo por Gardel” en Tributo Resto Bar (Dorrego 20). Show musical con las cantantes Eugenia Colantonio, Alicia Comignani y la comediante Flavia Majluf.
Derecho de espectáculo $50.
Jueves 21 de junio, 19 hs “Un vermut por Gardel” en el Café Miravalles (Av. Cerri 777). Charla a cargo del Círculo Gardeliano de Bahía Blanca con proyección de audiovisuales del zorzal criollo y la actuación de la cantante Romi Benito. Entrega de distinción CEDICUPO a la trayectoria a Dario Lorenzini.
Entrada libre y gratuita.
Viernes 22 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel II” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con Silvia Adami, Guillermo Stemphelet, Silvia Mancini y Gerónimo Blint.
Derecho de espectáculo $120.
Sábado 23 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel III” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con: Gastón Peralta, Gianlucca Pezzutti, Gloria Falappa y Cristina Marinissen.
Derecho de espectáculo $120.
Nora Roca y Gaby 
Domingo 24 de Junio, 21 hs: "Carlos Gardel, El Rey del Tango". Velada de Gala de las IX Jornadas Gardelianas de Bahía Blanca en el Teatro Municipal con la participación de Nora Roca, Gaby “La voz sensual del Tango”, Osvaldo Rojas, Víctor Volpe, Quique Lorenzi, el Ballet de Tango de las Peñas Folkóricas de las Escuelas Medias de la Universidad Nacional del Sur dirigido por Sonia Agüero y la participación de Galo Valle.
Entrada general numerada $250, anticipadas y jubilados 20% de descuento.

martes, 12 de junio de 2018

Angel Vargas, el ruiseñor de las calles porteñas

Nació en el barrio de Barracas, de la ciudad de Buenos Aires, el 22 de octubre de 1904.
Comenzó a cantar en la década de 1930 en la orquesta del bahiense Augusto Pedro Berto con el seudónimo de Carlos Vargas.
En 1932 conoció a Ángel D'Agostino e hicieron algunas presentaciones juntos.
En 1938 grabó algunas canciones con la Orquesta Típica Victor.
En 1940 alcanza notoriedad cuando ingresa como voz principal de la orquesta de Ángel D'Agostino y comienzan a grabar para el sello RCA Victor. Realizaron noventa y tres grabaciones entre aquel año y 1946, que constituyen una obra esencial del tango del siglo XX.
Su etapa como solista la encara formando su propia orquesta, alternativamente dirigida por distintos músicos: el bandoneonista Eduardo Del Piano, el pianista Armando Lacava, y los bandoneonistas Edelmiro D'Amario, Luis Stazo y José Libertella, en total deja registrado junto a su orquesta un total de 86 temas. También hizo interesantes grabaciones con el trío de Alejandro Scarpino.
Era apodado como "El ruiseñor de las calles porteñas".Sin exageraciones podría decirse que fue uno de los cantores más queridos del universo tanguero y en algún momento, uno de los más populares.
Sus tangos se siguen escuchando con la misma devoción que dominó a los tangueros de la década del cuarenta. En sus tangos, en la resonancia de su voz, hay momentos alegres y tristes, pero no hay tragedias. A Angelito Vargas se lo puede escuchar con una sonrisa o con una lágrima, pero esa voz suave, confidente, delicada e íntima no deja lugar a la angustia y mucho menos al resentimiento.
La nostalgia, la melancolía, el recuerdo de un tiempo que pasó y de personas queridas que se fueron para siempre, están presentes en sus tangos y en el tono inconfundible de su voz.
Entre sus discos se destacan las interpretaciones de los tangos “No aflojés”, “Tres esquinas”, “Ninguna” y “Muchacho”, el vals “Esquinas porteñas”, todos con la orquesta de Angel D'Agostino y, ya en su etapa solista el tango “Ya no cantas chingolo (Chingolito)” de Antonio Scatasso y Edmundo Bianchi, acompañado por su orquesta dirigida por Armando Lacava, que tiene la particularidad doble de ser su único registro en dúo con otro cantante y que además este cantante era su hermano Amadeo Lomio.
Murió tempranamente, a los cincuenta y cuatro años y en plena actividad.

jueves, 17 de mayo de 2018

A 43 años del fallecimiento de Aníbal “Pichuco” Troilo

Aníbal Troilo nacio el 11 de julio de 1914, en la calle Cabrera 2937, entre Anchorena y Laprida, es decir, en pleno barrio del Abasto pero se crió en Palermo. Su padre murió cuando "Pichuco" tenía 8 años y su vocación por el "fueye" despertó cuando todavía cursaba la escuela primaria, años despues comentaría "Mi viejo era carnicero y murió cuando yo tenía ocho años... A los diez, el fueye me atraía tanto como una pelota de fútbol. Jugaba de centrojás en el Regional Palermo. La vieja se hizo rogar un poco, pero al final me dio el gusto y tuve mi primer bandoneón: diez pesos por mes en catorce cuotas. Y desde entonces nunca me separé de él".
Una tardecita de 1928, un gordito retacón, con ojos de japonés, bajó del tranvía 31 y encaró para el lado de la calle Soler, en la frontera sur de Palermo Viejo con el Abasto y Almagro. El pibe venía del Carlos Pellegrini, del colegio. En la esquina, lo pararon los amigos: el jorobadito Goyo, Duve, el flaco Cutaro, Luisito el peluquero... "¡Dogor! –le gritó el jorobadito- ¿te querés ganar unos mangos? Te conseguimos una actuación en el Petit Colón".
El fue al tango, como instrumentista, lo que Carlos Gardel a su interpretación cantada.
Así empezó la historia. El gordito retacón con ojos de japonés tenía 14 años, los pantalones cortos y todo el barrio adentro. Se llamaba Aníbal Carmelo Troilo.
Ejecutante de bandoneón, justamente el instrumento símbolo del género, su apodo familiar de "Pichuco" trascendió a la sociedad y coexistió armoniosamente con el artístico de "El Bandoneón Mayor de Buenos Aires", según lo bautizara el poeta lunfardo Julián Centeya.

Varios factores contribuyeron a hacer de Troilo un mito viviente: su manera de tocar "hacía hablar" al bandoneón en los fraseos, del mismo modo que la trompeta de Louis Armstrong "enseñaba" a cantar jazz a sus contemporáneos. Pero además, Troilo fue un melodista inigualable, cuyo talento para la composición quedó registrado en temas como los que escribió para letras de Homero Manzi ("Barrio de tango", "Sur", "Discepolín", "Che Bandoneón"), o de Cátulo Castillo ("María", "La última curda") o en su "Responso", a la muerte, justamente, de Homero Manzi, en 1951. Fue un tío llamado Juan Amendolaro quien le impartió las primeras nociones de ejecución de bandoneón. Y ya en 1926, con apenas 12 años, estaba tocando en un festival benéfico del Petit Colón, un cine de su barrio. Nunca más se bajó de las tablas. Por su orquesta pasarían, entre una larga constelación de grandes, un joven bandoneonista marplatense llamado Astor Piazzolla, a quien distinguió prontamente con la confianza que el director dispensa a quien se convierte en su arreglador, y a quien solía hacer una sola recomendación: "La gente tiene que bailar, no perdamos el baile, si perdemos la milonga, sonamos".
Remolón, parsimonioso, "fiaca" confeso, Troilo se volvía frenético cuando lo asaltaba la inspiración o cuando sus kilos de más y la jaula sobre sus rodillas conjugaban un solo cuerpo de pasión tanguera.
La gente le tenía cariño, siempre lo reconoció; y él siempre decía: "Los que caminan al bardo, como yo, siempre quieren a los que les hacen bien". Al bardo, para él, era caminar sin ton ni son. Los que lo conocieron muy de cerca afirman que un hijo podría haberle cambiado la vida. Pero, no lo tuvo, siempre se jactó de su amor por la noche. Un día, entró a una Iglesia y discutió con el párroco que pretendió darle un sermón. "El recién tenía treinta años y me quería enseñar a vivir a mí, justo a mí, que me pasé la vida en la calle, a los golpes con la vida, con la gente y conmigo mismo, porque yo siempre fui mi peor enemigo. Pichuco fue el peor enemigo de Aníbal Troilo".
Solía cerrar los ojos cuando tocaba y nunca supo explicar porqué. Si lo apuraban, decía que era porque, posiblemente, se sentía dentro de sí mismo. Era así, parecía que se dormía sobre el fueye. Los aplausos lo despertaban. Entonces, comprendía que todo había sido en vano, que nunca había estado solo.
El 17 de mayo de 1975, un día antes de su muerte, en el teatro Odeón, fue su última actuación. El espectáculo se titulaba Simplemente Pichuco y se escucharon Danzarín, A mis viejos, La última curda, Pa'que bailen los muchachos, Sur.
Quedaron 64 composiciones entre tangos, valses y milongas. Y también un imaginario de actos nobles y buenos, de amistades blindadas, de sobremesas y correrías. Una idea vaga de que Aníbal Carmelo Troilo hacía feliz a la gente. Quizá sea verdad. 
Anecdotario:
Bandoneón
"Antes de ponerme el fuelle en las rodillas me ponía la almohada de la cama. Hasta que un día fuimos a un picnic en lo que había sido el viejo Hipódromo nacional. Habían llevado a dos bandonenistas y tres guitarras, y cuando se fueron a comer yo subí unos escalones, agarré un bandoneón y me lo puse en las rodillas. Esa fue la primera vez. Yo tendría nueve años."

El Tango
"No hay tango viejo ni tango nuevo. El tango es uno sólo. Tal vez la única diferencia está en los que lo hacen bien y los que lo hacen mal."

Buenos Aires
"De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires."

La Calle
"La calle es el mejor lugar de todos. Se aprende. En el hogar se aprende la educación, pero en la calle se aprende a vivir... y si no quen me lo digan a mí. Todo lo que aprendí, lo poco y extraño que aprendí, lo aprendí en la calle."

La calle Corrientes
"En la calle Corrientes yo trabajé en dos lugares y muy distintos: en el Germinal y en el Tibidabo. En el viejo café Germinal debuté con Juan Maglio Pacho. Fue una rentré que hizo él después de muchos años sin trabajar. Imagine en la calle Corrientes, angosta, los carteles anunciando a Pacho. El no tocaba, la orquesta se la formé yo con elementos como Héctor Lagnafietta; el cantor era Antonio Maida y otros muchachos como Guisado... Se volcó todo Mataderos, la provincia, había gente hasta en la vereda de enfrente, no podían pasar los tranvías..."

Con el alma
-¿Por qué cuando coloca su paño de terciopelo sobre las rodillas y toma su bandoneón entrecierra los ojos?
- Honestamente no sabría explicarlo. Posiblemente sea porque me meto adentro de mí mismo. Yo creo que todos los artistas tienen que entregarse cuando hacen algo.

Respeto
Hay cosas que tienen que ser fundamentales en un hombre: la bonhomía y el repeto. El respeto sobre todas las cosas. Yo tenía 17 años y trabajaba en un cabaret. sabe cómo les decía a las bailarinas? Cómo está señora? Señora, les decía...

Troilo por Troilo
- ¿Cómo se portó el mundo contigo?
- Maravillosamente. Me dio la madre más linda del mundo y no sé cuantos amigos.
- ¿Y vos, cómo te portaste con el mundo?
- A veces mal. Fueron las veces que me porté mal con Aníbal Troilo.
- ¿Qué pensás de Aníbal Troilo?
- Que es una buena persona, amiga en el dolor, y con una gran pretención: la de darse cuenta alguna vez de que hizo algo importante en su vida.
- ¿Qué harías si desapareciera el tango?
- Creo que me moriría.

Anhelo
"Yo sé que la gente me quiere... No sé si soy un ídolo... Por otra parte no soy tan vanidoso como para creerme eso... ¿Buenos Aires? No, que voy a ser Buenos Aires... Pero yo quisiera ser media calle de un barrio cualquiera de mi ciudad..."

Amigos
"Sí, son emociones que se van juntando y juntando, y tengo tantas! Por ejemplo aquel 19 de febrero, cuando cumplí 40 años de vida artística y me hicieron aquella fiesta en el Luna Park, algo inolvidable... Todos mis amigos, todos estaban allí: Cátulo Castillo, Mercedes Simone, Tania, Roberto Ruffino... A veces pienso que habría sido de mí sin el cariño de mis amigos. A alguna gente le llama la atención que sea tan afectuosos con ellos, que nos abracemos y por ahí hasta nos demos un beso, pero ¡eso es cariño de hombre a hombre! hay que comprender que soy un hombre simple pero muy afectivo..."

Responso

"Hay algunos temas que son mis preferidos, mejor dicho los que más quiero: Sur y Responso... Responso salió una noche que estábamos en mi casa; había una gente ahí jugando al bacará y yo, no sé... no sentía que estaba ahí. Eran las 4 de la madrugada, y de repente agarré, me fui a mi habitación y empecé a tocar unas notas, así hasta que salió Responso. Creo que era el mejor homenaje que podíamos hacerle a Homero."

"Cuando volvía a Buenos Aires inauguré con mi conjunto electrónico un hermoso lugar que se llamaba La Ciudad. Una noche vino Zita y me regaló uno de los bandoneones que tenía el Gordo. Fue una de las emociones más lindas de mi vida". Astor Piazzolla

"Si uno escucha a Troilo desde su origen hasta el final, ve una evolución muy marcada, constante, en su forma de expresar la música y de vincularse con ella. Piazzolla, en cambio, arrancó en quinta velocidad y siguió en quinta."

Gaby Estrena " Contame una historia", un musical sobre Eladia Blázquez

Llega un nuevo musical al universo tanguero:" Contame una historia", que narra la vida de Eladia Blázquez, escrito e interpretado por la cancionista bahiense Gaby, “La voz sensual del tango”.
La obra se estrenará el viernes 18 de mayo a las 21,30hs en el Café Histórico, Av. Colón 602 (esquina Italia) de Bahía Blanca, prosiguiendo con presentaciones varias en distintas localidades del interior del país y la Ciudad de Buenos Aires.
GABY “La Voz sensual del Tango”Nacida en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires.
Cantante de tango con seis discos editados, un DVD con distribución y venta nacional e internacional. Es guionista e integrante del grupo de tango Muñecas Bravas, junto a Geraldine trenza Cobre y Patricia Malanca y del show “Noche de Brujas” junto a Florencia. En 2014 escribió el musical “La Novia de América” con guión propio bajo la producción de José Valle y el musical “Lluvia de estrellas” en homenaje a las más grandes orquestas de música ciudadana. En 2015 estrenó el musical “Tibio está el pañuelo todavía” sobre la vida de Eva Perón con libro de su autoría y “El zorzal” en homenaje a Carlos Gardel. En 2016 se presentó su libreto “Carlos Gardel, El rey del tango” y “Rumores de milonga”, musicales en los que intervino como cantante.
Ha recorrido en los últimos años los escenarios y festivales de tango más importantes de nuestro país (Festival y Mundial de Tango de la Ciudad de Buenos Aires, Festival Internacional de Tango de Justo Daract, Festival de Tango Carlos Di Sarli, Fiesta de la Soberanía Patagónica, Festival de Tango de Monte Hermoso, Festival Itinerante Discepolín, entre otros), especializándose en recorrer el interior llevando la música ciudadana con novedosas propuestas y originales puestas en escena; llegó con sus tangos a Cuba (Festival Internacional de la Música de Varadero), Uruguay (Café Fun Fun y Radisson Victoria Plaza) y Chile (Festival de Tango del Adulto Mayor en Arica).
Es autora de la obra ensayística “Montoneros, ¿peronistas?” (su tesina de grado) y co-autora de los libros “Carlos Di Sarli, El Señor con Alma de Niño” (junto a J. A. L. Valle y E. Giorlandini), “Roberto Achával, el último cantor de Pichuco”, “Chaco, Una provincia que enamora” (junto a J. A. L. Valle), “El silencio que mastica el pucho” (junto a J. A. L. Valle, M. Estrada, E. Benítez, E. Giorlandini y E. A. Hosni) y “TANGUITO, Historia, personajes y anécdotas del 2x4” (junto a José Valle, recientemente presentado en el 6to Festival Nacional de Tango de Bahía Blanca 2016), todos editados por EN UN FECA.
Desde 2012 presenta el espectáculo “Divertango” en Jardines de Infantes y escuelas de educación primaria para introducir la música ciudadana en las nuevas generaciones. Complementando este proyecto escribió su último libro (“Tanguito”) para ser utilizado por docentes y alumnos como material de estudio.
Desde 2005 conduce programas radiales de tango: “Un sábado más en Buenos Aires” (Radio El Mundo y AM 840, Gral. Belgrano de Bs. As.), “Música a mi manera”, (Radio Identidad de Bs. As. FM), “Música a mi manera”, (LU3 de Bahía Blanca) y “LA FAMA ES PURO CUENTO”, emitido hasta la actualidad por Radio Mitre de Bahía Blanca.
Eladia Blázquez: Hija de una humilde familia, Eladia nació el 24 de febrero de 1931 en Gerli (Buenos Aires). En 1970 grabó su primer disco de tango, irrumpiendo en el machismo tanguero cuando este género se encontraba en plena crisis. Además de cantante, compositora y autora, se consagró como pianista y guitarrista.
Escribió dos libros: Mi ciudad y mi gente y Buenos Aires cotidiana. También varias letras para los folkloristas Ramona Galarza y Los Fronterizos. Fue nombrada «Hija dilecta de la ciudad de Avellaneda» en 1988 y «Ciudadana ilustre de Buenos Aires» en 1992. La apodaban «la Discépolo con falda», debido a su gran talento para escribir. Sin embargo, durante su carrera y aun en la actualidad sigue siendo muy criticada por los puristas tangueros, quienes la acusan de ser irregular respecto a la calidad de sus piezas musicales.Compuso temas de variados estilos, los que contaron siempre con intérpretes de primer nivel. Primero fue la canción española, luego la melódica y sudamericana; más tarde, el folklore, y finalmente la atraparon el tango y la balada.
Entre sus canciones más populares encontramos «El corazón al sur», «Sueño de barrilete», «Mi ciudad y mi gente», «Honrar la vida», «Que vengan los bomberos», «Bien nosotros», «A un semejante», «Si te viera Garay», «Viejo Tortoni», «Con las alas del alma», «Si Buenos Aires no fuera así», «Somos como somos», «Sin piel», «Prohibido prohibir», «Si somos gente» y «Convencernos». Puso letra al famoso tango instrumental de Astor Piazzolla «Adiós Nonino».
Recibió el Premio Konex de Platino en 1995 y en 2005, ambos como mejor autor/compositor de tango de la década en la Argentina.
Murió el 31 de agosto de 2005, en la clínica Bazterrica, ubicada en la ciudad de Buenos Aires, a los 74 años, debido a un cáncer terminal que padecía desde varios años.

lunes, 14 de mayo de 2018

Tito Lusiardo el amigo del Zorzal

Un baluarte de la escena argentina, trasformado en una verdadera enciclopedia de la "belle époque" porteña, desgrana reminiscencias
-Nací en San Telmo, en la calle Venezuela, entre Bolívar y Defensa; y me crié en México, entre Paseo Colón y Balcarce; barrio de guapos. Y de tangos también. Mi padre (Francisco Lusiardo) era toldero, socio de la firma Longobardi; le dieron unos pesos y vendió su parte: era un hombre como yo, así, sencillo, sin pensar en el futuro, que le gusta la salud; porque con salud se araña.
—¿Así que podría haber sido millonario?
—Yo tengo los millones encima, ¿no le parece?; andar caminando por estas calles, viendo todo esto que lo he caminado tanto, ¿no vale una fortuna ya?
—Cuénteme de su madre.
—La toldería de papá estaba frente al correo viejo, en Bolívar y Moreno, y mamá (Elvira Amuedo) se sacaba "la diaria" —como decimos nosotros los porteños— poniéndole el lacre a las cartas. Era española de Vigo y me decía Titinho (Recuerda una hermana muerta, Titinha, y tres hermanos varones: Mario, Alejandro y César, "que soy yo"). Papá era uruguayo; mi abuelo tenía una gran toldería, muy famosa, en Montevideo. Tengo mucha familia allí; todas mis primas son dotoras que se dedican hace años a la parálisis infantil.
—¿Y a usted no le dio por estudiar? (Niega con un gesto). ¿Cómo era de chico?
—Un vago. Más o menos; bailaba. Bailaba siempre ahí, en Bolívar y Moreno, al compás del organito; qué tendría: doce, trece años.
—¿Terminó el colegio primario?
—Sí, el quinto grado terminé; acá en el colegio Catedral Norte, en Reconquista entre Lavalle y Corrientes. Yo vivía por allí, porque mi padre tenía ahora la toldería en la calle Tucumán, entre Cerrito y Artes, que ahora es Pellegrini; en la esquina estaba el Colón. Yo vivía en Corrientes 540; tendría cinco o seis años; era un chiquilín y me acuerdo que lo veía al general Mitre, mire; siempre pasaba por allí. Era un hombre alto, pero éstos son recuerdos muy viejos.
—¿Dónde vive ahora?
(Con satisfacción). —En Paraná y Corrientes, frente al teatro San Martín.
—Siempre en la calle Corrientes: no afloja.
—Uno de los dormitorios daba al Chantecler; se veían las pistas, cuando estaban allí, bailando.
—¿Volvemos a la infancia? (Admite con un gesto amable, pero ligeramente compadrón.) ¿Qué travesuras hacia?
—Aparte de llegar tarde a la escuela, jugábamos al fútbol, hacíamos guerrilla barrio contra barrio ...
—... ¿y usted qué tal era? ...
—... más o menos bien, sí; sabía dar y me daban también, pero ...
—... ¿le quedan amigos de esa época?
—No; imagínese: ya cumplí setenta y un años (Por las dudas). Sí, tengo, tengo edad, sí, pero no vejez (alardeando un poco, haciendo casi un corte, allí, en plena silla, en la que está sentado), y bailando todavía. Yo debo estar embalsamado (y se ríe con ganas, pero para adentro), porque hacer
dos programas (de televisión), estudiarme de memoria dos programas de hora y media, es estar embalsamado.
—¿Quién le enseñó a bailar?
—Solo. A mamá le gustaba mucho el baile. En aquella época se hacían fiestas en las casas, los domingos a la tarde. Allí aprendí a bailar. Venían a veces una guitarra y un bandoneón; se bailaba tango, entre vecinos, porque en esa época se hacía un culto de la amistad. (Pausa.) Por esos años mi padre adornaba todos los corsos de Buenos Aires, en los carnavales; los corsos de Florida y de Corrientes.
—¿A usted de qué le gustaba disfrazarse?
—Nunca me ha gustado; nunca.
—¿El asunto del teatro cómo empezó?
—El asunto del tiatro fue porque mi padre alquilaba el sótano del negocio para los aficionados (tiatros de aficionados); el sótano de Tucumán y Artes; le estoy hablando del año seis o siete, ya tendría doce años. Y ahí empecé yo a entusiasmarme con el tiatro. Yo era empleado del bazar París, que estaba en Chacabuco y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), y me gustaba pasar por el Café de los Inmortales; me interesaban las crónicas, ver a los actores.
—¿Qué otros trabajos hizo?
—Fui empleado de Escasany; del bazar París, fui cadete, y de una gran ferretería en Pellegrini y Tucumán. Y ahí pasé al tiatro como utilero en el Nacional. Ganaba un peso por noche, le estoy hablando del año trece, tendría dicisiete años. Y como actor empecé del diciocho pal dicinueve. Estaban haciendo "El cabaret", de Carlos María Pacheco, y un día se enfermó la pareja de baile y tuve que salir yo. Me pusieron el smoking y bailé. Y salí bien. (Pausa.) Ahí empezó; me contrataron, me hablaron para que siguiera como partiquino en una obra de Pelay, "Bajo Belgrano", donde tiré dos bocadillos; hacía de vareador. (Pausa.) Y así siguió la cosa, hasta que salimos de gira, que era algo peligroso.
—¿Por qué?
—Porque a veces nos dejaban varados en cualquier parte; porque no entraba plata y había que venirse (haciendo un gesto, casi un requiebro), o saltar por la ventana. (Pausa.) Una vez que salimos con la compañía de Ramírez, El Cabezón, nos llevó toda la plata: "el monte"; tuvimos que hacer un lío para que pudiéramos salir todos de la fonda: nos escapamos y nos escondimos en un vagón, pero el fondero nos siguió con la policía. (Sintetizando.) Ramírez arregló las cosas, de palabra. (Pausa.) Después de esa gira me contrataron para el Variedades, frente a plaza Constitución, y una noche en El Tropezón vino un autor y me habló para El Nacional. En aquella época decir El Nacional era como decir.. .
—... el Follies Bergere.
(Admite con un leve gesto.) —Yo estaba haciendo una pieza que había estrenado Arata-Simari-Franco, "Cabaret Montmartre"; ahí me bailaba como seis tangos por noche.
—¿Qué le gusta más: bailar o actuar?
—El teatro, por sobre todas las cosas: usted está frente a las fieras. He bailado porque el actor necesita siempre...; bailo cuando lo requiere la escena, y como he hecho siempre esos papeles porteños y como parece que los he sacado bien (algo en broma, algo en serio), porque todavía estoy ahí, dándole, dándole al asunto, ¿no es verdad?; que hasta la gente ya se admira de verme seguir.
—¿Conoció otros buenos bailarines?

—He conocido. El vasco Aín, que bailó ante el Papa, en el veinticinco; he conocido al Mocho, al Cachafaz —un hombre sereno—, y a un gran bailarín y actor cómico que se mató en El Nacional, Delfor Robledo; daban la obra "Los reservistas" y estaban tirando tiros; en el momento en que tiraban tiros en la escena, él tiraba tiros en el patiecito que había en El Nacional viejo; no entraba en el segundo acto; esa vez se olvidó que había quedado una bala y dijo (acompañando con el gesto de llevarse el revólver a la sien), "así se mata un hombre", y se mató.
—¿Cuál ha sido el mejor bailarín, para usted?
—Todos. He conocido a gente muy bien, de la aristocracia, bailando.
—¿Es cierto que Ricardo Güiraldes era muy bueno para bailar?
—Sí, cómo no. Güiraldes, Imagínese; y toda esa gente, Macoco Alzaga Unzué, toda esa gente bien. Los he visto en los cabarets, cuando uno iba; aquí el Pigalle, el Maipú Pigalle, el Royal que es el Tabarís, el Ca-sino Pigalle y en el Palais de Glace que funcionaba en ese edificio que hay en la Recoleta, y el Armenonville, que estaba donde estamos nosotros, en el Canal 9; si yo a veces, cuando entro al canal, digo: "pero hombre, pero qué cosa, qué alegría me da estar todavía aquí".
—¿Usted iba siempre?
—Iba de vez en cuando, ya era actor, ¿no es verdad? Me llevaban, iba con amigos. No todas las noches.
—¿Es cierto que cuando debutó el dúo Gardel-Razzano en el Armenonville, en una mesa estaban sentados Güiraldes y Newbery?
—Posiblemente, porque frecuentaba mucho, cómo no. Se pasaba a la glorieta a cantar y después se pasaba el platito. De ahí Carcavallo los contrató a los dos para El Nacional.
—¿Se acuerda de alguna "bronca" memorable en uno de esos cabarets?
(Tratando de acordarse.) Me acuerdo. (Animado.) Recuerdo cuando le pegaron el tiro a Carlitos (Gardel.) Yo no estaba presente, pero estaba Morganti y Alippi; creo que al salir del Palais de Glace en unas volantas, no sé qué discusión habrá habido y Carlitos les gritó "tirá, tirá", y de la otra volanta le tiraron; parece que no era para él, sino para Alippi. Habría habido un lío de mujeres, porque los actores eran muy populares y alguna mujer habrá querido bailar con Alippi. (Terminando.) Creo que el asunto fue más o menos así.
—¿Cómo lo conoció a Gardel?
—Lo conocí ahí, en El Nacional, cuando yo era comparsa; yo le colocaba las sillas para que actuara el dúo (Gardel-Razzano) y al salir (se pone de pie reproduciendo la situación), después de haber dejado las sillas, estaba Carlitos preparado para entrar a escena y me dice: "Pibe, sos un fenómeno poniendo sillas." (Se sienta.) Después, a la vuelta de tantos años, nos tocó en el treinta y tres trabajar juntos; fue cuando él debutó con "De Gabino a Gardel" y yo ya era primera figura en El Nacional. Un día, en el intervalo de la vermú pa la noche, tomando mate con mi esposa, salió el asunto para filmar: "Delia, le dice Carlitos, nos vamos a ir a filmar para Nueva York"; y ahí fue el asunto.
—¿Y qué le pareció Nueva York?
—Ah, muy bien: maravilloso. Imagínese en el año treinta y cinco era una cosa. Bueno; pero, ya estando al lado de Carlos todo era maravilloso. Yo tenía que haber hecho la última gira con él; iba ir haciendo la primera parte con mi esposa, pa que entrara Carlitos en la segunda parte a cantar: era mucho que él hiciera todo. (Pausa.) Pero resulta que mi señora no se animó a ir, y aquí me tiene, mi amigo, aquí me tiene salvao.
—¿Estaba en Buenos Aires cuando murió?
—Estaba en Córdoba de gira —eran otras épocas, había que salir a "buscar"; el canillita en la puerta del teatro, después de la función vermú, decía "la muerte de Carlos Gardel" y yo no le llevé el apunte, imagínese; pensé que sería una propaganda de esas. Parábamos en el City Hotel, al lado del teatro Comedia, de Córdoba, y estábamos cenando, pero no cenábamos: lo que había dicho ese canillita. (Pausa.) Digo, "voy a averiguar esto", y le pregunto al corresponsal de La Prensa. (Pausa.) Entonces ahí, a las nueve de la noche (su voz apenas se quiebra) me dio la noticia de que se había muerto Carlitos. (Recomponiéndose.) Así en Córdoba me agarró la muerte de Carlos; recién empecé yo a lagrimear cuando estaba de vuelta, en el tren, leyendo los diarios, dos días después. Ahí me agarró.
—¿Qué cosa de Gardel recuerda en este momento?
(Después de una respetuosa pausa.) —Le voy a contar cómo terminó la última filmación; la fiesta se hizo cuando terminaron la última toma, que fue la jota de "Tango Bar". Ahí se acostumbra a romper los libretos y se brinda con champagne. Carlitos invitó a todo el equipo y esa noche me cantó como seis tangos; me cantó "Mano a mano" y me terminó con "Buenos Aires". "Y ahora bailá, Tito", me dijo cuando dejó de cantar, y bailé con la chica con la que bailo en Tango Bar. Los americanos me hicieron bailar como seis veces. Y después, cuando me acompañaron a bordo para despedirme —vino Carlitos, Lepera, un gran poeta, un gran escritor—, no pudieron aguantar y media hora antes se fueron. (Su voz vuelve a quebrarse casi imperceptiblemente); me besó Carlos, me besó Lepera.
—¿Me han dicho que usted, cada vez que pasa frente a una iglesia, se persigna?
—Es cierto. (Saca de su bolsillo diversas medallitas y anillos). Esta es de la virgencita de Luján y del Valle; ésta es de una señora en Salta, la virgen de los Milagros. (Guardándola.) Son recuerdos de giras.
—¿Es muy católico usted, muy religioso?
—Muy religioso.
—¿Va mucho a misa?
—No mucho, pero en Córdoba sí, porque he hecho una promesa cuando yo me he enfermado mucho. Tuve una embolia purulenta.
—¿De qué, del cigarrillo?
—No, de una pleuresía; no la cuidé bien. Me agarré un enfriamiento. Fue Finochietto el que me salvó, Ricardo. Entonces hice una promesa y, desde entonces, cuando estoy allá en la sierra (todos los años pasa dos meses de vacaciones en Córdoba), cuando no hay nadie, no fallo un día; un día no fallo. (Como diciendo "ahí tiene"). Y aquí no: entro en una iglesia, cuando paso.
—¿Tiene miedo a morirse?
—Absolutamente.
—¿Así que usted cree en el Paraíso, en el Purgatorio ...?
—Sí, señor. Siempre hay que tener fe; el hombre sin fe ..., me parece a mí...
—¿Usted anduvo en política alguna vez?
—Absolutamente.
—¿Tuvo alguna preferencia por alguien, algún político que le gustara?
—Sí, señor: don Hipólito Yrigoyen. (Ha dicho esto casi con orgullo; luego piensa)... Alvear...
—¿... Y Perón le gustaba?
—No. La primera presidencia de él fue muy buena, muy buena. Si ese hombre ... Hubiera quedado en la historia, hubiera quedado ese hombre, pero después ... Pero como yo no vivo de eso, mi "rebusque" es otro, siempre está en otra parte, porque me debo todo al público, me entiende: lo mejor es no embanderarse con nada. Yo antes votaba por los socialistas; por Alfredo Palacios, ese gran hombre.
—¿Para esa época ser socialista era ser medio subversivo?
—Sí, tenía ideas raras; éramos jóvenes. Después, muchos años después, me gustó mucho un hombre que no conocía: Horacio Thedy, un hombre muy elegante.
—Usted lo votó a Yrigoyen (asiente), a pesar de que era socialista, porque los socialistas no votaron por Yrigoyen ...
—Sí, claro. Porque ya eso no era el socialismo del principio; como ahora. ¿Qué es el socialismo?
—Me resulta raro, tan católico y socialista.
—Como me habían inculcado tanto, me llevaba tanto mi madre de chico a la iglesia de San Ignacio, aquí en Bolívar y Alsina. (Pausa.) Hoy pasé, después de tantos años, y entré. Solito, y no había nadie.
—¿Pide algo?
—Salud. Para mí y para los míos, nada más. Por lo demás si he arañado tanto, cómo no voy a arañar: salud, salud. Porque mire, que no le pase nunca; cuando una persona está enferma, está en un sanatorio, es ahí donde dice "para qué habré hecho tantas macanas".
—¿Usted hizo muchas macanas en su vida?
(Mientras hace un corte, sin levantarse de la silla.) —La macana que hice fue meterme en el tiatro. (Y se ríe abiertamente, pero hacia adentro.)
—Me refiero a las otras macanas. ¿Tiene algo de qué arrepentirse?
—Absolutamente.
—¿Algo que le hubiese gustado ser y no fue?
—Lo que soy. Me ha dado muchas satisfacciones mi trabajo y si volviera a nacer elegiría el tiatro otra vez. Porque lo que he sido antes, un hombre calavera... (Se diluye.)
—¿Muy calavera?
—He sido, sí, algo. Y al casarme... He mantenido un hogar treinta y pico de años.
—Y dejó de ser calavera.
—Absolutamente.
—¿Y no extraña?
—Absolutamente. Yo nunca necesité ningún amigo para divertirme; con mi señora me bastaba. Porque hay gente que necesita amigos para divertirse; yo no. Con mi esposa íbamos a las boítes, a todas partes juntos. Ella era actriz y después del tiatro, del Apolo, nos íbamos al guindado de Federico Lacroze; así cayera piedra no faltábamos una noche.
—¿Tuvo alguna vez miedo de morirse?
—No, no. Ni siquiera cuando estuve tan enfermo: eso me salvó; me salvó mi espíritu. Nunca; nunca, nunca. Nunca. (Haciendo una seña con sus dedos.) Ni por esto. Y eso que tuve dos operaciones bravas de las costillas: no quería salir el pus y tuvieron que abrirme, sentado así, con anestesia local. Pero en manos de esa eminencia. (Se refiere al doctor Finochietto.)
—¿Al dolor físico le tiene miedo?
—Sí, al dolor físico le tengo miedo. (Confesando.) Tengo miedo que me fallen un poquito las piernas. (Pausa.) Que no pueda seguir bailando.
—Como para que no se ponga triste: dígame, ¿cuál fue el mejor día de su vida?
—El día que me casé con mi mujer. (Pausa breve.) Me casé con mi esposa, Adela Delia Codebó, primera actriz, cuando ella era dama joven de Casaux. Ella entró en El Nacional por el año treinta, y ahí me casé. (Otra pausa.) Estaba metida Tita Merello. . .
—¿Asi que Tita Merello le hizo de Celestina?
(Con picardía.) —Más o menos. Ocurrió una cosa muy simpática: estábamos fijando fecha en la Pasteur —dicho sea de paso, me casé con cincuenta pesos en el bolsillo— y el pibe Ernesto, cuando se entera de lo que estamos conversando, le dice a mi mujer (remedando): "Cuidado, Delia, cuidado." (Actualmente es padre de una hija, Mabel, y abuelo de dos nietos —doce y once años—: Juan José y Gonzalo. Con ellos pasa sus veraneos en Córdoba, en su chalet. También tiene un auto.) Es como yo, viejo, del cuarenta y seis. Un Chevrolet.
—¿Entonces sería hincha de Fangio, por supuesto?
(Levantando la voz como para saludar de lejos.) —Síiii, como no. Y de aquel corredor Pascuali; también de Riganti, muy amigo.
—¿Y a usted nunca le dio por correr con el auto?
—Nunca. Si yo voy a sesenta. Para mí el veraneo empieza en la calle Corrientes; ahí empieza el veraneo: para qué voy a correr. Si no llego a Córdoba, llego a Rosario.
—¿Es hincha de Boca?
—Boca salió del barrio mío, de Tucumán y Cerrito; ahí estaban todos los jugadores, en el año catorce, quince: Pierallini, Capellini, todos con "ini" eran.
—¿Y sigue siendo hincha de Boca?
—Simpatizo.
—¿Y el boxeo, le gusta?
—Y sí: he sido muy amigo de Firpo. Lo hemos pasado ahí, en La Real, años juntos. En La Real nos juntábamos con Cadícamo, Charlo: una peña muy grande. A mediodía estaba Benavente, Bayón Herrera. Pero todo eso ha pasado; ha pasado: es otra generación.
—¿Qué opinión tiene usted de esta generación?
—Muy bien (como diciendo "epa" o "attenti", o mejor mezclando interjección e italianismo); ¡eh, eh!, de empuje es, no se duerme nada: va a pasos agigantados, de veras.
—¿No le gustaría vivir como esta generación?
—Ya le he dicho, no cambio mi vida: he tenido muchas satisfacciones. Si parece mentira, en el Maipo mismo, donde va tanta gente tanguera: ovaciones cuando termino de bailar. (Tomando distancia.) Ahora digo yo: ¿no será cosa que me aplauden porque ven la edad mía? Ahora en la gira, en Tucumán, antes de "bisar", en esa pausa para hacer el bis, un chango desde arriba me dijo: "Ah Tito, sos como el arroio, no te secas nunca". (Se ríe, luego se pone serio y reflexiona.) No sé si el público está identificado conmigo, no sé. (Como pidiendo una gauchada.) Tiene que pintarme como usted me conoció en este momento. Eso es lo lindo, no exagerar.
Francisco Urondo
Revista Panorama
mayo de 1968