miércoles, 18 de julio de 2018

Hoy cumpliría 91 años Ángel Cárdenas

La localidad de Chacabuco dio a varios reconocidos tangueros. Uno de ellos fue Angel Cárdenas, que nació en ese pago bonaerense, en 1927. En Buenos Aires no pasó la década de oro del tango como parte de algún binomio orquestal de los más celebrados sino acompañado por un grupo de guitarras. Recién en la década siguiente, a mediados de los cincuenta, tuvo el honor de ser convocado por Aníbal Troilo y la posibilidad de crear un dúo de voces con Roberto Goyeneche que dejó algunas versiones memorables.
Otro de sus méritos fue haber logrado en poco tiempo varios éxitos con versiones como "Te llaman malevo", "Callejón" y "Chuzas", (de ahí el apodo con diminutivo que se menciona al principio de estas líneas). Incluso se destacó con versiones de temas como "La flor de la canela", clásico peruano que difícilmente esté asociado al repertorio tanguero. Esa etapa de trabajo con Pichuco duró unos pocos años, porque en la década del sesenta volvió a probar suerte como solista. Con los años tomó otros rumbos de trabajo, sobre todo en el hemisferio norte. Arrancó por Perú, Venezuela, Puerto Rico y luego pasó algunas temporadas en Nueva York, con el impulso que le dio Fernando Lamas.
En los Estados Unidos continuó desarrollando su carrera como cantante y en la Argentina matizó su oficio de cantor con incursiones en el cine. Tuvo pequeñas intervenciones en "Juvenilia", "Y mañana serán hombres" y "Sabaleros". En 1960 participó en "Sábado a la noche", bajo las órdenes de Fernando Ayala.
Durante su paso por las pantallas no se conformó con el simple rol de actor, o de cantante que actúa. En 1967 regresó a Buenos Aires con la idea de actuar y dirigir un libro propio que se llamó "Una cabaña en La Pampa". El film se estrenó en 1971. "No sé si será bueno, pero tengo la seguridad de que tendrá autenticidad", decía por aquellos años. Es que lo campero siempre estuvo presente en su trabajo, incluso en la elección de repertorios.
Siempre muy inquieto, en una de las últimas charlas con LA NACION, a fines de 2004, decía que "Los cantores no cumplen años, cumplen ciclos", y hablaba de varios proyectos: un documental, un libro, un nuevo CD, y sus actuaciones en distintos países.
La muerte lo encontró solitario,el 4 diciembre 2005, en su casa, luego de su última presentación en el Bar Tuñón.
Cárdenas fue uno de los mejores intérpretes del género milonga —con un estilo creativo y muy campero—, un gran difusor de la cultura popular y un personaje muy pintoresco de la bohemia tanguera.

viernes, 6 de julio de 2018

En Bahía Blanca preparan sus Clásicas jornadas en Homenaje a Aníbal Troilo

El Ciclo Cultural Bahía Blanca NO Olvida,dirigido por el escritor y productor cultural José Valle , presenta la sexta edición de Homenaje a Aníbal Troilo, PICHUCO X SIEMPRE, cuatro jornadas de espectáculos para recordar al Bandoneón Mayor de Buenos Aires que visitara la ciudad en numerosas ocasiones.

Miércoles 11, 21.30 hs en Tributo Resto Bar (Dorrego 20): Dentro del clásico espectáculo “Tributo a la nostalgia” donde actuarán la joven Tizi Petris, el folklorista Alberto Roche y la conductora Paola Marcó, se entregará una distinción a la trayectoria del Centro de Estudios y Difusión de la Cultura Popular Argentina al bandoneonista Alberto Haedo.
Jueves 12, 21.30 hs en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560): Documental sobre la vida y obra de Aníbal Troilo, entrega de distinción del CEDICUPO a la trayectoria al periodista Agustín Sagasti y participación musical de Gaby “La voz sensual del tango”.
Viernes 13, 21,30 hs en el Café Histórico (Av. Colón 602): Show musical de la reconocida Rosana Soler, Omar Olea y Santiago Pérez acompañados por las guitarras de Juan Carlos Brigante y Nacho Cabrera. Reservas: 291-154161711.
 
Gaby
Sábado 14, 21.30 hs en el Café Histórico (Av. Colón 602): Show musical de los consagrados Nora Roca y Víctor Volpe. Reservas: 291-154161711.
ANIBAL TROILO:
El bandoneón lo atrapó cuando lo escuchó sonar en cafés de su barrio. Tenía 10 años cuando convenció a la madre de que le comprara uno. Lo obtuvieron a 140 pesos de entonces, a pagar en 14 cuotas, pero luego de la cuarta el comerciante murió y nunca nadie les reclamó el resto. Con ese instrumento tocó casi toda su vida. Su primer contacto con el público fue a los 11 años, en un escenario próximo al Abasto, bullicioso mercado frutihortícola convertido hoy en un shopping center. Luego integró una orquesta de señoritas, y a los 14 años ya tuvo la ocurrencia de formar un quinteto. En diciembre de 1930 integró el renombrado sexteto conducido por el violinista Elvino Vardaro y el pianista Osvaldo Pugliese, donde Pichuco tuvo de ladero por primera vez a Ciriaco Ortiz. El segundo violín del conjunto era Alfredo Gobbi, luego célebre director de orquesta. De ese mítico sexteto no quedó ningún registro discográfico.
En 1931 realizó Troilo una breve incursión en la orquesta de Juan Maglio (Pacho). Al promediar ese año se reencontró con Ortiz en la orquesta Los Provincianos, una de las varias creadas por el sello Victor, fundamentalmente para grabaciones. Más tarde se integró a una orquesta gigante formada por el violinista Julio De Caro para presentarse en un concurso en el Luna Park (estadio cerrado para boxeo y espectáculos diversos). Pasó luego brevemente por las orquestas de Juan D'Arienzo, Ángel D'Agostino, Luis Petrucelli y por la Orquesta Típica Victor, dirigida en ese momento por otro bandoneonista de nombradía, Federico Scorticati.
Troilo formó parte del Cuarteto del 900, con el acordeonista Feliciano Brunelli, Elvino Vardaro y el flautista Enrique Bour. Luego se suma a la orquesta gigante del pianista Juan Carlos Cobián para los carnavales de 1937, su última parada antes de lanzarse con su propia orquesta. El hecho ocurrió el 1 de julio de ese año en la boite Marabú, donde un letrero anunciaba: «Hoy debut: Aníbal Troilo y su orquesta». Y otro proclamaba: «Todo el mundo al Marabú / la boite de más alto rango / donde Pichuco y su orquesta / harán bailar buenos tangos».
Ese mismo año conoce a Ida Calachi, muchacha de origen griego empleada en un local nocturno. Se casa con ella al año siguiente, cuando también llega por primera vez al disco. Esto ocurrió en el sello Odeón el 7 de marzo de 1938 con los tangos “Comme il faut”, de Eduardo Arolas, y “Tinta verde”, de Agustín Bardi. Sin embargo, por conflictos con la empresa no registró ninguna otra placa, hasta que en 1941 volvió a grabar para Victor. Lo hizo el día 4 de marzo de aquel año con su cantor emblemático, Francisco Fiorentino, popularmente conocido como Fiore. La orquesta de Troilo grabó hasta el 24 de junio de 1971, día en que dejó registrada la última de sus 449 versiones. A éstas hay que agregar las inolvidables realizaciones plasmadas por Pichuco junto al guitarrista Roberto Grela, con la colaboración de Edmundo Zaldívar en guitarrón y Enrique Kicho Díaz en contrabajo. Este admirable cuarteto grabó doce temas a lo largo del período junio 1955 - septiembre 1956. En 1962 volvieron a reunirse para llevar al disco diez temas más, aunque esa vez junto a Troilo-Grela estaban Roberto Láinez en guitarra, Ernesto Báez en guitarrón y Eugenio Pro en contrabajo.
Nora Roca
En 1968, formó el Cuarteto Aníbal Troilo para grabar en Victor 11 tangos y una milonga. Lo acompañaban Ubaldo De Lío (guitarra), Rafael del Bagno (contrabajo) y Osvaldo Berlingieri (piano). Habría que sumar dos dúos de bandoneón con Astor Piazzolla en 1970, cuando registraron “El motivo (Pobre paica)”, de Cobián, y “Volver”, de Carlos Gardel. Se arriba así a un total de 485 grabaciones editadas, aunque se supone que existen varias otras que no llegaron al público.
Cantores que pasaron por su orquesta, Francisco Fiorentino, Aldo Calderon, Alberto Marino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero, Jorge Casal, Raúl Berón, Roberto Rufino, Ángel Cárdenas , Roberto Goyeneche,Tito Reyes, el bahiense Roberto Achaval entre otros.. Sus pianistas se convirtieron sistemáticamente en directores de orquesta: así ocurrió con Orlando Goñi, José Basso, Carlos Figari, Osvaldo Manzi, Osvaldo Berlingieri y José Colángelo.
Como compositor, Troilo creó un extenso número de obras fundamentales. Algunos de sus títulos más notables son “Toda mi vida”, “Barrio de tango”, “Pa' que bailen los muchachos”, “Garúa”, “María”, “Sur”, “Romance de barrio”, “Che bandoneón”, “Discepolín”, “Responso”, “Patio mío”, “Una canción”, “La cantina”, “Desencuentro” y “La última curda”.
Fue un personaje mítico de Buenos Aires, a quien, como describió el poeta, Adrián Desiderato: «Fue un 18 de mayo, ese día al bandoneón, se le cayó Pichuco de las manos».

Jorge Maciel

Maciel, Pugliese y Belusi
Su nombre real era Carlos Pellegrini. Ignoro las razones por las que decidió llamarse Jorge Maciel, pero lo cierto es que este cantor de tangos, emblemático de la década del cuarenta, ya era conocido con ese nombre cuando integraba la orquesta de Alfredo Gobbi, previo haber hecho los primeros palotes en las orquestas de Juan Carlos Caviello, Miguel Zabala, Félix Guillán y Roberto Caló, el hermano de Miguel.
El hombre nació en el muy tanguero barrio de La Boca el 17 de septiembre de 1920 y antes de cumplir los treinta años ya era el cantor estrella de Gobbi, una de las orquestas mejor calificadas, en un tiempo en que este reconocimiento no lo ganaba cualquiera. Para 1954 Maciel ingresa a la orquesta de Osvaldo Pugliese, donde compartirá micrófonos con cantores de la talla de Alfredo Belusi, Miguel Montero, Carlos Guido y Abel Córdoba. En 1968 se integra al Sexteto tango, la formación musical creada por los músicos de Pugliese en un tiempo duro para quienes querían ganarse la vida con la música, en una época en que los honorarios que pagaban los empresarios de la noche no alcanzaban para financiar a las “multitudinarias” orquestas de los años cuarenta. En el Sexteto tango militan Julián Plaza, en el piano; Osvaldo Ruggiero y Víctor Lavallén en los bandoneones; Emilio Balcarce y Oscar Herrero con los violines, y Alcides Rossi en el contrabajo.
Ya para esos años, Maciel es un cantor consagrado, cuya presencia además de ser aclamada en los escenarios porteños y provincianos, se ha impuesto ante plateas tan diversas como las de Rusia, China y Japón, giras que realizó con Pugliese y los amigos del Sexteto tango.
El estilo de vida de los artistas no suele ser piadoso con su salud. Las trasnochadas alientan inevitables excesos y ello, tarde o temprano, impacta en la salud, pero sobre todo en la voz. No obstante, a los cincuenta y cinco años, Maciel seguía siendo un cantor con aptitudes y, sobre todo, mucho oficio. Lo fue hasta el momento en que se vio obligado a operarse de una hernia y su corazón no resistió los efectos de la anestesia. Murió en Buenos Aires el 25 de febrero de 1975.
Uno de los parámetros para apreciar a un cantor de jerarquía es evaluar los temas que supo consagrar, esos temas que lo distinguen y que nadie o casi nadie puede luego interpretar, porque es como si los hubiera marcado para siempre con su estilo. Es el caso de Carlos Gardel con “Mi Buenos Aires querido”, de Agustín Magaldi con “El penado catorce”, de Ignacio Corsini con “La que murió en París”, de Roberto Goyeneche con “Naranjo en flor”, de Floreal Ruiz con “Vieja amiga”, de Julio Sosa con “Mala suerte” o de Edmundo Rivero con “Escolaso”.
Maciel exhibe en su curriculum, por ejemplo, “Remembranzas”, un tango de Mario Melfi y Mario Battistella, el autor entre otros tangos de “No aflojés” y “Cuartito azul”. “Remembranzas” lo grabó para la RCA Víctor en 1948, acompañado por la orquesta de Gobbi, orquesta en la que dejó registrados dieciocho temas, uno acompañado por Ángel Díaz y tres con Héctor Coral. De “Remembranzas”, merecen citarse los primeros versos: “Cómo son largas las semanas / cuando no estás cerca de mí / no sé qué fuerzas sobrehumanas / me dan valor lejos de ti...”
También con esta orquesta grabó otro de sus clásicos. Se trata de “Canzoneta”, con música de Erma Suárez y letra de Enrique Lary, autor, entre otros temas, de “Noches de Brasil”, “Por las calles del tango” “Los largos del pibe”. “Canzoneta” fue interpretado entre otros por Héctor Mauré, Jorge Falcón y Alberto Marino, pero la versión de Maciel es considerada por sus seguidores como la más lograda. “La Boca... Callejón... Vuelta de Rocha / Bodegón... Genaro y su acordeón...”.
Al período con Gobbi pertenece otro clásico que en su momento apasionó y arrancó lágrimas a los oyentes futboleros. Me refiero a “La número cinco”, de Reinaldo Yiso y Orestes Cúfaro, grabada en junio de 1951, un poema que culmina con un escena antológica, el momento en que los jugadores del equipo de fútbol se hacen presentes en la sala del Hospital Muñiz para entregarle al pibe enfermo la pelota con la que jugaron ese domingo en la cancha. En la grabación se filtra en algún momento la voz de Fioravanti, merecido homenaje a quien fuera por lejos el mejor relator de partidos de todos los tiempos.
Con Osvaldo Pugliese, Maciel grabó sesenta y seis temas, tres de ellos con Montero, dos con Guido, seis con Belusi y tres con Córdoba. Pertenecen a ese período letras como “Por una muñeca”, de Emilio Balcarce y Manuel Barros, pero el tema que lo consagró, el que le valió el reconocimiento de los críticos más exigentes, fue “Recuerdo”. Jorge Faruk dice al respecto: “Una obra de antología, un tango tan difícil de cantar que parecía hecho para Maciel, cuya interpretación dejaba la sensación de no darle trabajo alguno”.
“Recuerdo” fue grabado por Pugliese en 1966. La letra es de Eduardo Moreno, pero acerca de la autoría de la música hay un debate aún no zanjado, ya que están los que sostienen que pertenece a Adolfo Pugliese, padre de Osvaldo; a su hermano Vicente Salvador, “Fito”, o al propio Osvaldo. Las tres hipótesis están bien fundamentadas, pero también son buenas las refutaciones. Coleccionistas e investigadores suelen dejar la vida en estas polémicas, pero más allá de los detalles -cuya importancia no desconozco- lo cierto es que “Recuerdo” es un tangazo que antes de ser interpretado por Pugliese con Maciel, fue estrenado por el cuarteto de Juan Fava en el café Mitre de Villa Crespo; en 1927 interpretó por primera vez la letra de Moreno la cantante Rosita Montemar. A esta versión hay que sumarle las de Julio de Caro, la de la Orquesta Típica Víctor, con la voz de Roberto Díaz y, en los años cuarenta, la de la formación de Ricardo Tanturi.
Se dice que en “Recuerdo”, la composición musical es superior a la calidad de la letra. Todo merece discutirse, pero lo seguro es que su interpretación es muy difícil y exige del cantor ductilidad y mucho cuidado.
“Recuerdo”, según se sabe, pudo haberse titulado como “Recuerdo para mis amigos” o “A mis amigos”. Se dice que a la melodía Pugliese la fue imaginando en sus habituales viajes en tranvía desde el barrio al centro. Y que en su momento la composición fue dedicada a los amigos de la barra “La cueva del Chancho”.
Una estrofa de “Recuerdo” merece evocarse: “Quedó su nombre grabado / por la mano del pasado / en la vieja mesa del café del barrio sud / donde anoche mismo una sombra de ayer, / por el recuerdo de su frágil juventud / y por la culpa de un olvido de mujer, / durmióse sin querer / en el Café Concert”.
Con respecto al autor, hay que decir que Moreno escribió, además de este tema, poemas como “Ausencia”, “Navidad” y “Barra de oro”: “Muchachada amiga, sincera y derecha, / muchachada de oro de la época azul / No quedó ninguno, se fugaron todos, / como el cigarrillo de la juventud”.
En el Sexteto Mayor, Maciel dejó grabados veinticuatro temas, un registro en el que se confunden tangos de la guardia vieja con letras como “Mi ciudad y mi gente” o “Chiquilín de Bachín”. Pertenecen a su repertorio letras como “Pasional”, “Así era ella”, “Estás en mi corazón”, “Cascabelito” o “Muchachos”.

jueves, 14 de junio de 2018

Comienzan las IX Jornadas Gardelianas de Bahía Blanca

Declaradas de Interés Cultural por la Cámara de Diputados de la Nación, de Interés Provincial y Cultural por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, de Interés Legislativo por el Senado Bonaerense y de Interés Municipal por el Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca.
Viernes 15 de junio, 22hs “Gardel en el BBPS”. En el escenario del Patio de comidas del Bahía Blanca Plaza Shopping (1° piso) se proyectarán imágenes inéditas de Carlos Gardel e imágenes a color del cantante y se brindará un show con destacados bailarines: Natalia Gastaminza, Gustavo Rodríguez, María Rial y Jesús Infante, seguido de una gran milonga popular como cierre de la velada.
Entrada libre y gratuita.
Lunes 18 de junio, 18 hs “Gardel en el cine”, Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560). Apertura Oficial con palabras del Director del Instituto Cultural Ricardo Margo y del Director del Ciclo Bahía Blanca No Olvida, José Valle. Habrá entrega de distinciones del CEDICUPO a Ariel Biagetti, Agustín Sagasti y al Diario La Nueva en su 120 aniversario. Finalmente se proyectará la película "Las luces de Buenos Aires", primer largometraje sonoro protagonizado por Carlos Gardel.
Entrada libre y gratuita.
Martes 19 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel I” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con Brisa Rulli, Cristina Isa, Juan Carlos Deambrosi y Chacho Tinervia.
Derecho de espectáculo $120.
Miércoles 20 de junio, 21.30 hs “Tributo por Gardel” en Tributo Resto Bar (Dorrego 20). Show musical con las cantantes Eugenia Colantonio, Alicia Comignani y la comediante Flavia Majluf.
Derecho de espectáculo $50.
Jueves 21 de junio, 19 hs “Un vermut por Gardel” en el Café Miravalles (Av. Cerri 777). Charla a cargo del Círculo Gardeliano de Bahía Blanca con proyección de audiovisuales del zorzal criollo y la actuación de la cantante Romi Benito. Entrega de distinción CEDICUPO a la trayectoria a Dario Lorenzini.
Entrada libre y gratuita.
Viernes 22 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel II” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con Silvia Adami, Guillermo Stemphelet, Silvia Mancini y Gerónimo Blint.
Derecho de espectáculo $120.
Sábado 23 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel III” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con: Gastón Peralta, Gianlucca Pezzutti, Gloria Falappa y Cristina Marinissen.
Derecho de espectáculo $120.
Nora Roca y Gaby 
Domingo 24 de Junio, 21 hs: "Carlos Gardel, El Rey del Tango". Velada de Gala de las IX Jornadas Gardelianas de Bahía Blanca en el Teatro Municipal con la participación de Nora Roca, Gaby “La voz sensual del Tango”, Osvaldo Rojas, Víctor Volpe, Quique Lorenzi, el Ballet de Tango de las Peñas Folkóricas de las Escuelas Medias de la Universidad Nacional del Sur dirigido por Sonia Agüero y la participación de Galo Valle.
Entrada general numerada $250, anticipadas y jubilados 20% de descuento.

martes, 12 de junio de 2018

Angel Vargas, el ruiseñor de las calles porteñas

Nació en el barrio de Barracas, de la ciudad de Buenos Aires, el 22 de octubre de 1904.
Comenzó a cantar en la década de 1930 en la orquesta del bahiense Augusto Pedro Berto con el seudónimo de Carlos Vargas.
En 1932 conoció a Ángel D'Agostino e hicieron algunas presentaciones juntos.
En 1938 grabó algunas canciones con la Orquesta Típica Victor.
En 1940 alcanza notoriedad cuando ingresa como voz principal de la orquesta de Ángel D'Agostino y comienzan a grabar para el sello RCA Victor. Realizaron noventa y tres grabaciones entre aquel año y 1946, que constituyen una obra esencial del tango del siglo XX.
Su etapa como solista la encara formando su propia orquesta, alternativamente dirigida por distintos músicos: el bandoneonista Eduardo Del Piano, el pianista Armando Lacava, y los bandoneonistas Edelmiro D'Amario, Luis Stazo y José Libertella, en total deja registrado junto a su orquesta un total de 86 temas. También hizo interesantes grabaciones con el trío de Alejandro Scarpino.
Era apodado como "El ruiseñor de las calles porteñas".Sin exageraciones podría decirse que fue uno de los cantores más queridos del universo tanguero y en algún momento, uno de los más populares.
Sus tangos se siguen escuchando con la misma devoción que dominó a los tangueros de la década del cuarenta. En sus tangos, en la resonancia de su voz, hay momentos alegres y tristes, pero no hay tragedias. A Angelito Vargas se lo puede escuchar con una sonrisa o con una lágrima, pero esa voz suave, confidente, delicada e íntima no deja lugar a la angustia y mucho menos al resentimiento.
La nostalgia, la melancolía, el recuerdo de un tiempo que pasó y de personas queridas que se fueron para siempre, están presentes en sus tangos y en el tono inconfundible de su voz.
Entre sus discos se destacan las interpretaciones de los tangos “No aflojés”, “Tres esquinas”, “Ninguna” y “Muchacho”, el vals “Esquinas porteñas”, todos con la orquesta de Angel D'Agostino y, ya en su etapa solista el tango “Ya no cantas chingolo (Chingolito)” de Antonio Scatasso y Edmundo Bianchi, acompañado por su orquesta dirigida por Armando Lacava, que tiene la particularidad doble de ser su único registro en dúo con otro cantante y que además este cantante era su hermano Amadeo Lomio.
Murió tempranamente, a los cincuenta y cuatro años y en plena actividad.

jueves, 17 de mayo de 2018

A 43 años del fallecimiento de Aníbal “Pichuco” Troilo

Aníbal Troilo nacio el 11 de julio de 1914, en la calle Cabrera 2937, entre Anchorena y Laprida, es decir, en pleno barrio del Abasto pero se crió en Palermo. Su padre murió cuando "Pichuco" tenía 8 años y su vocación por el "fueye" despertó cuando todavía cursaba la escuela primaria, años despues comentaría "Mi viejo era carnicero y murió cuando yo tenía ocho años... A los diez, el fueye me atraía tanto como una pelota de fútbol. Jugaba de centrojás en el Regional Palermo. La vieja se hizo rogar un poco, pero al final me dio el gusto y tuve mi primer bandoneón: diez pesos por mes en catorce cuotas. Y desde entonces nunca me separé de él".
Una tardecita de 1928, un gordito retacón, con ojos de japonés, bajó del tranvía 31 y encaró para el lado de la calle Soler, en la frontera sur de Palermo Viejo con el Abasto y Almagro. El pibe venía del Carlos Pellegrini, del colegio. En la esquina, lo pararon los amigos: el jorobadito Goyo, Duve, el flaco Cutaro, Luisito el peluquero... "¡Dogor! –le gritó el jorobadito- ¿te querés ganar unos mangos? Te conseguimos una actuación en el Petit Colón".
El fue al tango, como instrumentista, lo que Carlos Gardel a su interpretación cantada.
Así empezó la historia. El gordito retacón con ojos de japonés tenía 14 años, los pantalones cortos y todo el barrio adentro. Se llamaba Aníbal Carmelo Troilo.
Ejecutante de bandoneón, justamente el instrumento símbolo del género, su apodo familiar de "Pichuco" trascendió a la sociedad y coexistió armoniosamente con el artístico de "El Bandoneón Mayor de Buenos Aires", según lo bautizara el poeta lunfardo Julián Centeya.

Varios factores contribuyeron a hacer de Troilo un mito viviente: su manera de tocar "hacía hablar" al bandoneón en los fraseos, del mismo modo que la trompeta de Louis Armstrong "enseñaba" a cantar jazz a sus contemporáneos. Pero además, Troilo fue un melodista inigualable, cuyo talento para la composición quedó registrado en temas como los que escribió para letras de Homero Manzi ("Barrio de tango", "Sur", "Discepolín", "Che Bandoneón"), o de Cátulo Castillo ("María", "La última curda") o en su "Responso", a la muerte, justamente, de Homero Manzi, en 1951. Fue un tío llamado Juan Amendolaro quien le impartió las primeras nociones de ejecución de bandoneón. Y ya en 1926, con apenas 12 años, estaba tocando en un festival benéfico del Petit Colón, un cine de su barrio. Nunca más se bajó de las tablas. Por su orquesta pasarían, entre una larga constelación de grandes, un joven bandoneonista marplatense llamado Astor Piazzolla, a quien distinguió prontamente con la confianza que el director dispensa a quien se convierte en su arreglador, y a quien solía hacer una sola recomendación: "La gente tiene que bailar, no perdamos el baile, si perdemos la milonga, sonamos".
Remolón, parsimonioso, "fiaca" confeso, Troilo se volvía frenético cuando lo asaltaba la inspiración o cuando sus kilos de más y la jaula sobre sus rodillas conjugaban un solo cuerpo de pasión tanguera.
La gente le tenía cariño, siempre lo reconoció; y él siempre decía: "Los que caminan al bardo, como yo, siempre quieren a los que les hacen bien". Al bardo, para él, era caminar sin ton ni son. Los que lo conocieron muy de cerca afirman que un hijo podría haberle cambiado la vida. Pero, no lo tuvo, siempre se jactó de su amor por la noche. Un día, entró a una Iglesia y discutió con el párroco que pretendió darle un sermón. "El recién tenía treinta años y me quería enseñar a vivir a mí, justo a mí, que me pasé la vida en la calle, a los golpes con la vida, con la gente y conmigo mismo, porque yo siempre fui mi peor enemigo. Pichuco fue el peor enemigo de Aníbal Troilo".
Solía cerrar los ojos cuando tocaba y nunca supo explicar porqué. Si lo apuraban, decía que era porque, posiblemente, se sentía dentro de sí mismo. Era así, parecía que se dormía sobre el fueye. Los aplausos lo despertaban. Entonces, comprendía que todo había sido en vano, que nunca había estado solo.
El 17 de mayo de 1975, un día antes de su muerte, en el teatro Odeón, fue su última actuación. El espectáculo se titulaba Simplemente Pichuco y se escucharon Danzarín, A mis viejos, La última curda, Pa'que bailen los muchachos, Sur.
Quedaron 64 composiciones entre tangos, valses y milongas. Y también un imaginario de actos nobles y buenos, de amistades blindadas, de sobremesas y correrías. Una idea vaga de que Aníbal Carmelo Troilo hacía feliz a la gente. Quizá sea verdad. 
Anecdotario:
Bandoneón
"Antes de ponerme el fuelle en las rodillas me ponía la almohada de la cama. Hasta que un día fuimos a un picnic en lo que había sido el viejo Hipódromo nacional. Habían llevado a dos bandonenistas y tres guitarras, y cuando se fueron a comer yo subí unos escalones, agarré un bandoneón y me lo puse en las rodillas. Esa fue la primera vez. Yo tendría nueve años."

El Tango
"No hay tango viejo ni tango nuevo. El tango es uno sólo. Tal vez la única diferencia está en los que lo hacen bien y los que lo hacen mal."

Buenos Aires
"De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires."

La Calle
"La calle es el mejor lugar de todos. Se aprende. En el hogar se aprende la educación, pero en la calle se aprende a vivir... y si no quen me lo digan a mí. Todo lo que aprendí, lo poco y extraño que aprendí, lo aprendí en la calle."

La calle Corrientes
"En la calle Corrientes yo trabajé en dos lugares y muy distintos: en el Germinal y en el Tibidabo. En el viejo café Germinal debuté con Juan Maglio Pacho. Fue una rentré que hizo él después de muchos años sin trabajar. Imagine en la calle Corrientes, angosta, los carteles anunciando a Pacho. El no tocaba, la orquesta se la formé yo con elementos como Héctor Lagnafietta; el cantor era Antonio Maida y otros muchachos como Guisado... Se volcó todo Mataderos, la provincia, había gente hasta en la vereda de enfrente, no podían pasar los tranvías..."

Con el alma
-¿Por qué cuando coloca su paño de terciopelo sobre las rodillas y toma su bandoneón entrecierra los ojos?
- Honestamente no sabría explicarlo. Posiblemente sea porque me meto adentro de mí mismo. Yo creo que todos los artistas tienen que entregarse cuando hacen algo.

Respeto
Hay cosas que tienen que ser fundamentales en un hombre: la bonhomía y el repeto. El respeto sobre todas las cosas. Yo tenía 17 años y trabajaba en un cabaret. sabe cómo les decía a las bailarinas? Cómo está señora? Señora, les decía...

Troilo por Troilo
- ¿Cómo se portó el mundo contigo?
- Maravillosamente. Me dio la madre más linda del mundo y no sé cuantos amigos.
- ¿Y vos, cómo te portaste con el mundo?
- A veces mal. Fueron las veces que me porté mal con Aníbal Troilo.
- ¿Qué pensás de Aníbal Troilo?
- Que es una buena persona, amiga en el dolor, y con una gran pretención: la de darse cuenta alguna vez de que hizo algo importante en su vida.
- ¿Qué harías si desapareciera el tango?
- Creo que me moriría.

Anhelo
"Yo sé que la gente me quiere... No sé si soy un ídolo... Por otra parte no soy tan vanidoso como para creerme eso... ¿Buenos Aires? No, que voy a ser Buenos Aires... Pero yo quisiera ser media calle de un barrio cualquiera de mi ciudad..."

Amigos
"Sí, son emociones que se van juntando y juntando, y tengo tantas! Por ejemplo aquel 19 de febrero, cuando cumplí 40 años de vida artística y me hicieron aquella fiesta en el Luna Park, algo inolvidable... Todos mis amigos, todos estaban allí: Cátulo Castillo, Mercedes Simone, Tania, Roberto Ruffino... A veces pienso que habría sido de mí sin el cariño de mis amigos. A alguna gente le llama la atención que sea tan afectuosos con ellos, que nos abracemos y por ahí hasta nos demos un beso, pero ¡eso es cariño de hombre a hombre! hay que comprender que soy un hombre simple pero muy afectivo..."

Responso

"Hay algunos temas que son mis preferidos, mejor dicho los que más quiero: Sur y Responso... Responso salió una noche que estábamos en mi casa; había una gente ahí jugando al bacará y yo, no sé... no sentía que estaba ahí. Eran las 4 de la madrugada, y de repente agarré, me fui a mi habitación y empecé a tocar unas notas, así hasta que salió Responso. Creo que era el mejor homenaje que podíamos hacerle a Homero."

"Cuando volvía a Buenos Aires inauguré con mi conjunto electrónico un hermoso lugar que se llamaba La Ciudad. Una noche vino Zita y me regaló uno de los bandoneones que tenía el Gordo. Fue una de las emociones más lindas de mi vida". Astor Piazzolla

"Si uno escucha a Troilo desde su origen hasta el final, ve una evolución muy marcada, constante, en su forma de expresar la música y de vincularse con ella. Piazzolla, en cambio, arrancó en quinta velocidad y siguió en quinta."

Gaby Estrena " Contame una historia", un musical sobre Eladia Blázquez

Llega un nuevo musical al universo tanguero:" Contame una historia", que narra la vida de Eladia Blázquez, escrito e interpretado por la cancionista bahiense Gaby, “La voz sensual del tango”.
La obra se estrenará el viernes 18 de mayo a las 21,30hs en el Café Histórico, Av. Colón 602 (esquina Italia) de Bahía Blanca, prosiguiendo con presentaciones varias en distintas localidades del interior del país y la Ciudad de Buenos Aires.
GABY “La Voz sensual del Tango”Nacida en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires.
Cantante de tango con seis discos editados, un DVD con distribución y venta nacional e internacional. Es guionista e integrante del grupo de tango Muñecas Bravas, junto a Geraldine trenza Cobre y Patricia Malanca y del show “Noche de Brujas” junto a Florencia. En 2014 escribió el musical “La Novia de América” con guión propio bajo la producción de José Valle y el musical “Lluvia de estrellas” en homenaje a las más grandes orquestas de música ciudadana. En 2015 estrenó el musical “Tibio está el pañuelo todavía” sobre la vida de Eva Perón con libro de su autoría y “El zorzal” en homenaje a Carlos Gardel. En 2016 se presentó su libreto “Carlos Gardel, El rey del tango” y “Rumores de milonga”, musicales en los que intervino como cantante.
Ha recorrido en los últimos años los escenarios y festivales de tango más importantes de nuestro país (Festival y Mundial de Tango de la Ciudad de Buenos Aires, Festival Internacional de Tango de Justo Daract, Festival de Tango Carlos Di Sarli, Fiesta de la Soberanía Patagónica, Festival de Tango de Monte Hermoso, Festival Itinerante Discepolín, entre otros), especializándose en recorrer el interior llevando la música ciudadana con novedosas propuestas y originales puestas en escena; llegó con sus tangos a Cuba (Festival Internacional de la Música de Varadero), Uruguay (Café Fun Fun y Radisson Victoria Plaza) y Chile (Festival de Tango del Adulto Mayor en Arica).
Es autora de la obra ensayística “Montoneros, ¿peronistas?” (su tesina de grado) y co-autora de los libros “Carlos Di Sarli, El Señor con Alma de Niño” (junto a J. A. L. Valle y E. Giorlandini), “Roberto Achával, el último cantor de Pichuco”, “Chaco, Una provincia que enamora” (junto a J. A. L. Valle), “El silencio que mastica el pucho” (junto a J. A. L. Valle, M. Estrada, E. Benítez, E. Giorlandini y E. A. Hosni) y “TANGUITO, Historia, personajes y anécdotas del 2x4” (junto a José Valle, recientemente presentado en el 6to Festival Nacional de Tango de Bahía Blanca 2016), todos editados por EN UN FECA.
Desde 2012 presenta el espectáculo “Divertango” en Jardines de Infantes y escuelas de educación primaria para introducir la música ciudadana en las nuevas generaciones. Complementando este proyecto escribió su último libro (“Tanguito”) para ser utilizado por docentes y alumnos como material de estudio.
Desde 2005 conduce programas radiales de tango: “Un sábado más en Buenos Aires” (Radio El Mundo y AM 840, Gral. Belgrano de Bs. As.), “Música a mi manera”, (Radio Identidad de Bs. As. FM), “Música a mi manera”, (LU3 de Bahía Blanca) y “LA FAMA ES PURO CUENTO”, emitido hasta la actualidad por Radio Mitre de Bahía Blanca.
Eladia Blázquez: Hija de una humilde familia, Eladia nació el 24 de febrero de 1931 en Gerli (Buenos Aires). En 1970 grabó su primer disco de tango, irrumpiendo en el machismo tanguero cuando este género se encontraba en plena crisis. Además de cantante, compositora y autora, se consagró como pianista y guitarrista.
Escribió dos libros: Mi ciudad y mi gente y Buenos Aires cotidiana. También varias letras para los folkloristas Ramona Galarza y Los Fronterizos. Fue nombrada «Hija dilecta de la ciudad de Avellaneda» en 1988 y «Ciudadana ilustre de Buenos Aires» en 1992. La apodaban «la Discépolo con falda», debido a su gran talento para escribir. Sin embargo, durante su carrera y aun en la actualidad sigue siendo muy criticada por los puristas tangueros, quienes la acusan de ser irregular respecto a la calidad de sus piezas musicales.Compuso temas de variados estilos, los que contaron siempre con intérpretes de primer nivel. Primero fue la canción española, luego la melódica y sudamericana; más tarde, el folklore, y finalmente la atraparon el tango y la balada.
Entre sus canciones más populares encontramos «El corazón al sur», «Sueño de barrilete», «Mi ciudad y mi gente», «Honrar la vida», «Que vengan los bomberos», «Bien nosotros», «A un semejante», «Si te viera Garay», «Viejo Tortoni», «Con las alas del alma», «Si Buenos Aires no fuera así», «Somos como somos», «Sin piel», «Prohibido prohibir», «Si somos gente» y «Convencernos». Puso letra al famoso tango instrumental de Astor Piazzolla «Adiós Nonino».
Recibió el Premio Konex de Platino en 1995 y en 2005, ambos como mejor autor/compositor de tango de la década en la Argentina.
Murió el 31 de agosto de 2005, en la clínica Bazterrica, ubicada en la ciudad de Buenos Aires, a los 74 años, debido a un cáncer terminal que padecía desde varios años.

lunes, 14 de mayo de 2018

Tito Lusiardo el amigo del Zorzal

Un baluarte de la escena argentina, trasformado en una verdadera enciclopedia de la "belle époque" porteña, desgrana reminiscencias
-Nací en San Telmo, en la calle Venezuela, entre Bolívar y Defensa; y me crié en México, entre Paseo Colón y Balcarce; barrio de guapos. Y de tangos también. Mi padre (Francisco Lusiardo) era toldero, socio de la firma Longobardi; le dieron unos pesos y vendió su parte: era un hombre como yo, así, sencillo, sin pensar en el futuro, que le gusta la salud; porque con salud se araña.
—¿Así que podría haber sido millonario?
—Yo tengo los millones encima, ¿no le parece?; andar caminando por estas calles, viendo todo esto que lo he caminado tanto, ¿no vale una fortuna ya?
—Cuénteme de su madre.
—La toldería de papá estaba frente al correo viejo, en Bolívar y Moreno, y mamá (Elvira Amuedo) se sacaba "la diaria" —como decimos nosotros los porteños— poniéndole el lacre a las cartas. Era española de Vigo y me decía Titinho (Recuerda una hermana muerta, Titinha, y tres hermanos varones: Mario, Alejandro y César, "que soy yo"). Papá era uruguayo; mi abuelo tenía una gran toldería, muy famosa, en Montevideo. Tengo mucha familia allí; todas mis primas son dotoras que se dedican hace años a la parálisis infantil.
—¿Y a usted no le dio por estudiar? (Niega con un gesto). ¿Cómo era de chico?
—Un vago. Más o menos; bailaba. Bailaba siempre ahí, en Bolívar y Moreno, al compás del organito; qué tendría: doce, trece años.
—¿Terminó el colegio primario?
—Sí, el quinto grado terminé; acá en el colegio Catedral Norte, en Reconquista entre Lavalle y Corrientes. Yo vivía por allí, porque mi padre tenía ahora la toldería en la calle Tucumán, entre Cerrito y Artes, que ahora es Pellegrini; en la esquina estaba el Colón. Yo vivía en Corrientes 540; tendría cinco o seis años; era un chiquilín y me acuerdo que lo veía al general Mitre, mire; siempre pasaba por allí. Era un hombre alto, pero éstos son recuerdos muy viejos.
—¿Dónde vive ahora?
(Con satisfacción). —En Paraná y Corrientes, frente al teatro San Martín.
—Siempre en la calle Corrientes: no afloja.
—Uno de los dormitorios daba al Chantecler; se veían las pistas, cuando estaban allí, bailando.
—¿Volvemos a la infancia? (Admite con un gesto amable, pero ligeramente compadrón.) ¿Qué travesuras hacia?
—Aparte de llegar tarde a la escuela, jugábamos al fútbol, hacíamos guerrilla barrio contra barrio ...
—... ¿y usted qué tal era? ...
—... más o menos bien, sí; sabía dar y me daban también, pero ...
—... ¿le quedan amigos de esa época?
—No; imagínese: ya cumplí setenta y un años (Por las dudas). Sí, tengo, tengo edad, sí, pero no vejez (alardeando un poco, haciendo casi un corte, allí, en plena silla, en la que está sentado), y bailando todavía. Yo debo estar embalsamado (y se ríe con ganas, pero para adentro), porque hacer
dos programas (de televisión), estudiarme de memoria dos programas de hora y media, es estar embalsamado.
—¿Quién le enseñó a bailar?
—Solo. A mamá le gustaba mucho el baile. En aquella época se hacían fiestas en las casas, los domingos a la tarde. Allí aprendí a bailar. Venían a veces una guitarra y un bandoneón; se bailaba tango, entre vecinos, porque en esa época se hacía un culto de la amistad. (Pausa.) Por esos años mi padre adornaba todos los corsos de Buenos Aires, en los carnavales; los corsos de Florida y de Corrientes.
—¿A usted de qué le gustaba disfrazarse?
—Nunca me ha gustado; nunca.
—¿El asunto del teatro cómo empezó?
—El asunto del tiatro fue porque mi padre alquilaba el sótano del negocio para los aficionados (tiatros de aficionados); el sótano de Tucumán y Artes; le estoy hablando del año seis o siete, ya tendría doce años. Y ahí empecé yo a entusiasmarme con el tiatro. Yo era empleado del bazar París, que estaba en Chacabuco y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), y me gustaba pasar por el Café de los Inmortales; me interesaban las crónicas, ver a los actores.
—¿Qué otros trabajos hizo?
—Fui empleado de Escasany; del bazar París, fui cadete, y de una gran ferretería en Pellegrini y Tucumán. Y ahí pasé al tiatro como utilero en el Nacional. Ganaba un peso por noche, le estoy hablando del año trece, tendría dicisiete años. Y como actor empecé del diciocho pal dicinueve. Estaban haciendo "El cabaret", de Carlos María Pacheco, y un día se enfermó la pareja de baile y tuve que salir yo. Me pusieron el smoking y bailé. Y salí bien. (Pausa.) Ahí empezó; me contrataron, me hablaron para que siguiera como partiquino en una obra de Pelay, "Bajo Belgrano", donde tiré dos bocadillos; hacía de vareador. (Pausa.) Y así siguió la cosa, hasta que salimos de gira, que era algo peligroso.
—¿Por qué?
—Porque a veces nos dejaban varados en cualquier parte; porque no entraba plata y había que venirse (haciendo un gesto, casi un requiebro), o saltar por la ventana. (Pausa.) Una vez que salimos con la compañía de Ramírez, El Cabezón, nos llevó toda la plata: "el monte"; tuvimos que hacer un lío para que pudiéramos salir todos de la fonda: nos escapamos y nos escondimos en un vagón, pero el fondero nos siguió con la policía. (Sintetizando.) Ramírez arregló las cosas, de palabra. (Pausa.) Después de esa gira me contrataron para el Variedades, frente a plaza Constitución, y una noche en El Tropezón vino un autor y me habló para El Nacional. En aquella época decir El Nacional era como decir.. .
—... el Follies Bergere.
(Admite con un leve gesto.) —Yo estaba haciendo una pieza que había estrenado Arata-Simari-Franco, "Cabaret Montmartre"; ahí me bailaba como seis tangos por noche.
—¿Qué le gusta más: bailar o actuar?
—El teatro, por sobre todas las cosas: usted está frente a las fieras. He bailado porque el actor necesita siempre...; bailo cuando lo requiere la escena, y como he hecho siempre esos papeles porteños y como parece que los he sacado bien (algo en broma, algo en serio), porque todavía estoy ahí, dándole, dándole al asunto, ¿no es verdad?; que hasta la gente ya se admira de verme seguir.
—¿Conoció otros buenos bailarines?

—He conocido. El vasco Aín, que bailó ante el Papa, en el veinticinco; he conocido al Mocho, al Cachafaz —un hombre sereno—, y a un gran bailarín y actor cómico que se mató en El Nacional, Delfor Robledo; daban la obra "Los reservistas" y estaban tirando tiros; en el momento en que tiraban tiros en la escena, él tiraba tiros en el patiecito que había en El Nacional viejo; no entraba en el segundo acto; esa vez se olvidó que había quedado una bala y dijo (acompañando con el gesto de llevarse el revólver a la sien), "así se mata un hombre", y se mató.
—¿Cuál ha sido el mejor bailarín, para usted?
—Todos. He conocido a gente muy bien, de la aristocracia, bailando.
—¿Es cierto que Ricardo Güiraldes era muy bueno para bailar?
—Sí, cómo no. Güiraldes, Imagínese; y toda esa gente, Macoco Alzaga Unzué, toda esa gente bien. Los he visto en los cabarets, cuando uno iba; aquí el Pigalle, el Maipú Pigalle, el Royal que es el Tabarís, el Ca-sino Pigalle y en el Palais de Glace que funcionaba en ese edificio que hay en la Recoleta, y el Armenonville, que estaba donde estamos nosotros, en el Canal 9; si yo a veces, cuando entro al canal, digo: "pero hombre, pero qué cosa, qué alegría me da estar todavía aquí".
—¿Usted iba siempre?
—Iba de vez en cuando, ya era actor, ¿no es verdad? Me llevaban, iba con amigos. No todas las noches.
—¿Es cierto que cuando debutó el dúo Gardel-Razzano en el Armenonville, en una mesa estaban sentados Güiraldes y Newbery?
—Posiblemente, porque frecuentaba mucho, cómo no. Se pasaba a la glorieta a cantar y después se pasaba el platito. De ahí Carcavallo los contrató a los dos para El Nacional.
—¿Se acuerda de alguna "bronca" memorable en uno de esos cabarets?
(Tratando de acordarse.) Me acuerdo. (Animado.) Recuerdo cuando le pegaron el tiro a Carlitos (Gardel.) Yo no estaba presente, pero estaba Morganti y Alippi; creo que al salir del Palais de Glace en unas volantas, no sé qué discusión habrá habido y Carlitos les gritó "tirá, tirá", y de la otra volanta le tiraron; parece que no era para él, sino para Alippi. Habría habido un lío de mujeres, porque los actores eran muy populares y alguna mujer habrá querido bailar con Alippi. (Terminando.) Creo que el asunto fue más o menos así.
—¿Cómo lo conoció a Gardel?
—Lo conocí ahí, en El Nacional, cuando yo era comparsa; yo le colocaba las sillas para que actuara el dúo (Gardel-Razzano) y al salir (se pone de pie reproduciendo la situación), después de haber dejado las sillas, estaba Carlitos preparado para entrar a escena y me dice: "Pibe, sos un fenómeno poniendo sillas." (Se sienta.) Después, a la vuelta de tantos años, nos tocó en el treinta y tres trabajar juntos; fue cuando él debutó con "De Gabino a Gardel" y yo ya era primera figura en El Nacional. Un día, en el intervalo de la vermú pa la noche, tomando mate con mi esposa, salió el asunto para filmar: "Delia, le dice Carlitos, nos vamos a ir a filmar para Nueva York"; y ahí fue el asunto.
—¿Y qué le pareció Nueva York?
—Ah, muy bien: maravilloso. Imagínese en el año treinta y cinco era una cosa. Bueno; pero, ya estando al lado de Carlos todo era maravilloso. Yo tenía que haber hecho la última gira con él; iba ir haciendo la primera parte con mi esposa, pa que entrara Carlitos en la segunda parte a cantar: era mucho que él hiciera todo. (Pausa.) Pero resulta que mi señora no se animó a ir, y aquí me tiene, mi amigo, aquí me tiene salvao.
—¿Estaba en Buenos Aires cuando murió?
—Estaba en Córdoba de gira —eran otras épocas, había que salir a "buscar"; el canillita en la puerta del teatro, después de la función vermú, decía "la muerte de Carlos Gardel" y yo no le llevé el apunte, imagínese; pensé que sería una propaganda de esas. Parábamos en el City Hotel, al lado del teatro Comedia, de Córdoba, y estábamos cenando, pero no cenábamos: lo que había dicho ese canillita. (Pausa.) Digo, "voy a averiguar esto", y le pregunto al corresponsal de La Prensa. (Pausa.) Entonces ahí, a las nueve de la noche (su voz apenas se quiebra) me dio la noticia de que se había muerto Carlitos. (Recomponiéndose.) Así en Córdoba me agarró la muerte de Carlos; recién empecé yo a lagrimear cuando estaba de vuelta, en el tren, leyendo los diarios, dos días después. Ahí me agarró.
—¿Qué cosa de Gardel recuerda en este momento?
(Después de una respetuosa pausa.) —Le voy a contar cómo terminó la última filmación; la fiesta se hizo cuando terminaron la última toma, que fue la jota de "Tango Bar". Ahí se acostumbra a romper los libretos y se brinda con champagne. Carlitos invitó a todo el equipo y esa noche me cantó como seis tangos; me cantó "Mano a mano" y me terminó con "Buenos Aires". "Y ahora bailá, Tito", me dijo cuando dejó de cantar, y bailé con la chica con la que bailo en Tango Bar. Los americanos me hicieron bailar como seis veces. Y después, cuando me acompañaron a bordo para despedirme —vino Carlitos, Lepera, un gran poeta, un gran escritor—, no pudieron aguantar y media hora antes se fueron. (Su voz vuelve a quebrarse casi imperceptiblemente); me besó Carlos, me besó Lepera.
—¿Me han dicho que usted, cada vez que pasa frente a una iglesia, se persigna?
—Es cierto. (Saca de su bolsillo diversas medallitas y anillos). Esta es de la virgencita de Luján y del Valle; ésta es de una señora en Salta, la virgen de los Milagros. (Guardándola.) Son recuerdos de giras.
—¿Es muy católico usted, muy religioso?
—Muy religioso.
—¿Va mucho a misa?
—No mucho, pero en Córdoba sí, porque he hecho una promesa cuando yo me he enfermado mucho. Tuve una embolia purulenta.
—¿De qué, del cigarrillo?
—No, de una pleuresía; no la cuidé bien. Me agarré un enfriamiento. Fue Finochietto el que me salvó, Ricardo. Entonces hice una promesa y, desde entonces, cuando estoy allá en la sierra (todos los años pasa dos meses de vacaciones en Córdoba), cuando no hay nadie, no fallo un día; un día no fallo. (Como diciendo "ahí tiene"). Y aquí no: entro en una iglesia, cuando paso.
—¿Tiene miedo a morirse?
—Absolutamente.
—¿Así que usted cree en el Paraíso, en el Purgatorio ...?
—Sí, señor. Siempre hay que tener fe; el hombre sin fe ..., me parece a mí...
—¿Usted anduvo en política alguna vez?
—Absolutamente.
—¿Tuvo alguna preferencia por alguien, algún político que le gustara?
—Sí, señor: don Hipólito Yrigoyen. (Ha dicho esto casi con orgullo; luego piensa)... Alvear...
—¿... Y Perón le gustaba?
—No. La primera presidencia de él fue muy buena, muy buena. Si ese hombre ... Hubiera quedado en la historia, hubiera quedado ese hombre, pero después ... Pero como yo no vivo de eso, mi "rebusque" es otro, siempre está en otra parte, porque me debo todo al público, me entiende: lo mejor es no embanderarse con nada. Yo antes votaba por los socialistas; por Alfredo Palacios, ese gran hombre.
—¿Para esa época ser socialista era ser medio subversivo?
—Sí, tenía ideas raras; éramos jóvenes. Después, muchos años después, me gustó mucho un hombre que no conocía: Horacio Thedy, un hombre muy elegante.
—Usted lo votó a Yrigoyen (asiente), a pesar de que era socialista, porque los socialistas no votaron por Yrigoyen ...
—Sí, claro. Porque ya eso no era el socialismo del principio; como ahora. ¿Qué es el socialismo?
—Me resulta raro, tan católico y socialista.
—Como me habían inculcado tanto, me llevaba tanto mi madre de chico a la iglesia de San Ignacio, aquí en Bolívar y Alsina. (Pausa.) Hoy pasé, después de tantos años, y entré. Solito, y no había nadie.
—¿Pide algo?
—Salud. Para mí y para los míos, nada más. Por lo demás si he arañado tanto, cómo no voy a arañar: salud, salud. Porque mire, que no le pase nunca; cuando una persona está enferma, está en un sanatorio, es ahí donde dice "para qué habré hecho tantas macanas".
—¿Usted hizo muchas macanas en su vida?
(Mientras hace un corte, sin levantarse de la silla.) —La macana que hice fue meterme en el tiatro. (Y se ríe abiertamente, pero hacia adentro.)
—Me refiero a las otras macanas. ¿Tiene algo de qué arrepentirse?
—Absolutamente.
—¿Algo que le hubiese gustado ser y no fue?
—Lo que soy. Me ha dado muchas satisfacciones mi trabajo y si volviera a nacer elegiría el tiatro otra vez. Porque lo que he sido antes, un hombre calavera... (Se diluye.)
—¿Muy calavera?
—He sido, sí, algo. Y al casarme... He mantenido un hogar treinta y pico de años.
—Y dejó de ser calavera.
—Absolutamente.
—¿Y no extraña?
—Absolutamente. Yo nunca necesité ningún amigo para divertirme; con mi señora me bastaba. Porque hay gente que necesita amigos para divertirse; yo no. Con mi esposa íbamos a las boítes, a todas partes juntos. Ella era actriz y después del tiatro, del Apolo, nos íbamos al guindado de Federico Lacroze; así cayera piedra no faltábamos una noche.
—¿Tuvo alguna vez miedo de morirse?
—No, no. Ni siquiera cuando estuve tan enfermo: eso me salvó; me salvó mi espíritu. Nunca; nunca, nunca. Nunca. (Haciendo una seña con sus dedos.) Ni por esto. Y eso que tuve dos operaciones bravas de las costillas: no quería salir el pus y tuvieron que abrirme, sentado así, con anestesia local. Pero en manos de esa eminencia. (Se refiere al doctor Finochietto.)
—¿Al dolor físico le tiene miedo?
—Sí, al dolor físico le tengo miedo. (Confesando.) Tengo miedo que me fallen un poquito las piernas. (Pausa.) Que no pueda seguir bailando.
—Como para que no se ponga triste: dígame, ¿cuál fue el mejor día de su vida?
—El día que me casé con mi mujer. (Pausa breve.) Me casé con mi esposa, Adela Delia Codebó, primera actriz, cuando ella era dama joven de Casaux. Ella entró en El Nacional por el año treinta, y ahí me casé. (Otra pausa.) Estaba metida Tita Merello. . .
—¿Asi que Tita Merello le hizo de Celestina?
(Con picardía.) —Más o menos. Ocurrió una cosa muy simpática: estábamos fijando fecha en la Pasteur —dicho sea de paso, me casé con cincuenta pesos en el bolsillo— y el pibe Ernesto, cuando se entera de lo que estamos conversando, le dice a mi mujer (remedando): "Cuidado, Delia, cuidado." (Actualmente es padre de una hija, Mabel, y abuelo de dos nietos —doce y once años—: Juan José y Gonzalo. Con ellos pasa sus veraneos en Córdoba, en su chalet. También tiene un auto.) Es como yo, viejo, del cuarenta y seis. Un Chevrolet.
—¿Entonces sería hincha de Fangio, por supuesto?
(Levantando la voz como para saludar de lejos.) —Síiii, como no. Y de aquel corredor Pascuali; también de Riganti, muy amigo.
—¿Y a usted nunca le dio por correr con el auto?
—Nunca. Si yo voy a sesenta. Para mí el veraneo empieza en la calle Corrientes; ahí empieza el veraneo: para qué voy a correr. Si no llego a Córdoba, llego a Rosario.
—¿Es hincha de Boca?
—Boca salió del barrio mío, de Tucumán y Cerrito; ahí estaban todos los jugadores, en el año catorce, quince: Pierallini, Capellini, todos con "ini" eran.
—¿Y sigue siendo hincha de Boca?
—Simpatizo.
—¿Y el boxeo, le gusta?
—Y sí: he sido muy amigo de Firpo. Lo hemos pasado ahí, en La Real, años juntos. En La Real nos juntábamos con Cadícamo, Charlo: una peña muy grande. A mediodía estaba Benavente, Bayón Herrera. Pero todo eso ha pasado; ha pasado: es otra generación.
—¿Qué opinión tiene usted de esta generación?
—Muy bien (como diciendo "epa" o "attenti", o mejor mezclando interjección e italianismo); ¡eh, eh!, de empuje es, no se duerme nada: va a pasos agigantados, de veras.
—¿No le gustaría vivir como esta generación?
—Ya le he dicho, no cambio mi vida: he tenido muchas satisfacciones. Si parece mentira, en el Maipo mismo, donde va tanta gente tanguera: ovaciones cuando termino de bailar. (Tomando distancia.) Ahora digo yo: ¿no será cosa que me aplauden porque ven la edad mía? Ahora en la gira, en Tucumán, antes de "bisar", en esa pausa para hacer el bis, un chango desde arriba me dijo: "Ah Tito, sos como el arroio, no te secas nunca". (Se ríe, luego se pone serio y reflexiona.) No sé si el público está identificado conmigo, no sé. (Como pidiendo una gauchada.) Tiene que pintarme como usted me conoció en este momento. Eso es lo lindo, no exagerar.
Francisco Urondo
Revista Panorama
mayo de 1968

martes, 17 de abril de 2018

Homenaje a Tita Merello y Guillermo Battaglia en Bahía Blanca.

El jueves 19 de abril a las 17hs en “Historia y tango en el cine” del Ciclo cultural Bahía Blanca NO Olvida, se proyectará "Filomena Marturano"en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560) de Bahía Blanca.
Bajo producción de José Valle quien, como de costumbre, presentará la película y a los homenajeados de turno; en este caso Tita Merello y Guillermo Battaglia.
Filomena Marturano es una película argentina en blanco y negro dirigida por Luis Mottura según el guion escrito por Ariel Cortazzo y María Luz Regás basado en la obra teatral homónima de Eduardo De Filippo que se estrenó el 20 de enero de 1950 y que tuvo como actores principales a Tita Merello, Guillermo Battaglia, Gloria Ferrandiz, Alberto de Mendoza y Tito Alonso.
Tita Merello (11 de octubre de 1904, Buenos Aires, Argentina - 24 de diciembre de 2002, Argentina), fue una reconocida actriz y cantante de tango . Considerada por muchos especialistas, la mejor actriz dramática del país, trabajó en Argentina y durante un largo exilio, en México, donde filmó Cinco rostros de mujer, por la cual recibió el premio Ariel. Participó de la época de oro, consagrándose en películas de los años 40 y 50 como Mercado de abasto, Deshonra, La morocha o Filomena Marturano. Con 33 títulos en su haber, ha recibido una gran cantidad de premios. Una de las más grandes estrellas del cine argentino, incursionó en todos los medios: televisión, radio, cine y teatro, donde se destacó. Fue declarada "Ciudadana Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires" a pricipios de los 90.
Guillermo Battaglia fue un actor y director de cine y de teatro y actor de radio y televisión que nació en Buenos Aires el 7 de diciembre de 1899 y falleció en la misma ciudad por un paro cardíaco el 26 de septiembre de 1988. Al morir estaba casado con la actriz Nora Cullen.
En cine protagonizó más de 100 películas. Su versatilidad le permitió encarnar a los más diversos personajes, desde el actor supuestamente ruso Boris Andreieff en la policial La muerte camina en la lluvia o el abuelo en Miss Mary hasta los realizados en comedias como El hombre invisible ataca o Patapúfete. Durante muchos años, además, transmitió su experiencia como docente de actuación.

Floreal Ruiz

 Poseedor de notables cualidades vocales y de gran temperamento, creador de un fraseo inconfundible, sus interpretaciones se caracterizaron por el hondo dramatismo que supo imprimirles. Considerado uno de los mejores cantores de tango, dejó grabadas versiones ejemplares.
Su nacimiento estuvo tutelado por las flores: fue en el barrio porteño de ese nombre y el padre, fervoroso anarquista, quiso que el niño se llamara como el octavo mes, el florido, del calendario revolucionario francés.
Cuentan los biógrafos que el joven Floreal aprendió de don José, que así se llamaba el padre, el oficio de tapicero, y a la vez colaboraba con la frugal economía familiar repartiendo pan y leche.
En cuanto a su faceta artística, despuntó cantando serenatas en el barrio junto con su amigo Piero Fontana, quien años después sería conocido como Hugo del Carril.
Pero el padre se oponía a que iniciara una carrera profesional porque no creía que cantar, y mucho menos tangos, fuera un modo digno de ganarse la vida. Así, Floreal se presentaba a los concursos, frecuentes en la época, usando seudónimos como el de Fabián Conde. (Curiosamente, se trata del nombre del protagonista de El escándalo, una novela de propósito moralizante de Pedro Antonio de Alarcón).
Fue así como, según los biógrafos, en 1936 ganó un concurso radial, lo que le valió ser convocado por José Otero, con cuyo conjunto debutó, ya con su verdadero nombre.
Pocos años después lo encontramos en la orquesta de Alfredo De Angelis, con la que graba ocho tangos, entre ellos Bajo el cono azul, Cómo se muere de amor y su primera versión de Marionetas. Pronto se hicieron conocidos su clara y recia voz de barítono, su temperamento dramático, su fraseo inconfundible; poseía además, como muy pocos elegidos (Gardel el primero), la rara cualidad de crear en el oyente la ilusión de que para él solo estaba cantando.
En 1943, a instancias de Alberto Marino, ingresa a la orquesta de Aníbal Troilo. Bajo la dirección del gran maestro, la voz de Floreal se hace más tersa y adquiere mayor musicalidad; Pichuco le encauza a la vez el instinto dramático, volviéndolo más intenso cuanto más contenido.
Asimismo, Troilo le hace abordar un repertorio exquisito: baste citar, entre otros, los valses Romance de barrio y Flor de lino y los tangos La noche que te fuiste, Yuyo verde y Equipaje; todas esas piezas quedaron unidas para siempre al nombre de Floreal, quien como nadie supo dar vida a sus dolientes protagonistas. Hay que recordar también la magnífica versión, a dúo con Marino, del vals Palomita blanca, que solo admite comparación con la de Gardel.
Es conocida la anécdota de la desvinculación de la orquesta de Troilo para pasar a la de Francisco Rotundo, quien, según cuentan, estaba en condiciones de pagar a sus músicos y cantores mucho más que los otros directores, y le ofreció a Floreal ganar en un mes lo que Troilo le pagaba en un año. Cuentan que el cantor lo conversó con Pichuco, quien, al principio dolido, terminó por comprender y a su vez le preguntó, irónicamente, si Rotundo no andaba buscando también un bandoneonista.
Vale la pena consignar que la orquesta de Rotundo no estaba a la altura de las mejores de la época, y su director no era precisamente un músico brillante. Estaba casado con Juana Larrauri, cancionista no tan conocida por sus dotes vocales como por las políticas: conspicua dirigente peronista, había llegado a ocupar una banca en el Senado.
Durante su permanencia en esa orquesta, el talento de Floreal logra versiones como la de Melenita de oro, insoslayable, o la de Un infierno, tango del propio Rotundo y Reinaldo Yiso, del que el cantor hace una creación, a pesar de la melodía de escaso vuelo y de los versos mediocres.
Por esas cosas de los ciclos políticos en la Argentina, derrocado Perón en 1955, Rotundo disuelve la orquesta, y al año siguiente Floreal pasa a la de José Basso, a quien conocía por haber sido pianista de Troilo.
Floreal está en sus cuarenta años, en la plenitud de sus recursos vocales e interpretativos; muchos coinciden en que con Basso desarrolla la mejor etapa de su carrera. Con el digno y adecuado complemento orquestal que aquel le brinda (dicho sea de paso, Basso merece una revalorización que los especialistas aún le deben), graba unas cuarenta piezas, en su mayoría románticas, de entre las que cabe mencionar, por no citar más que algunas, las siguientes, en las que la ductilidad del cantor expresa una amplísima gama de sentimientos y emociones: la íntima felicidad del reencuentro (Por la vuelta); el lamento por la fugacidad del placer (Después del carnaval); el tierno reclamo amoroso (Un placer, a dúo con Alfredo Belusi, versión antológica); la comprobación de la crueldad del tiempo que pasa (Como dos extraños); la resignación ante el abandono (La reja); el orgullo que se yergue ante la esperanza de amor (Vieja amiga); la compasión y el acompañamiento en la caída (Mundana, tango con música de Basso y Floreal); y, por qué no, las risas del amor triunfante (La fulana).
Por razones conocidas, que no vamos a reiterar aquí, en la década del 60 el tango ya está en baja: las grandes orquestas se disuelven, los músicos se agrupan en pequeños conjuntos, los cantores se desenvuelven como solistas.
Así debió hacerlo también Floreal, alternando las presentaciones en distintos locales con las apariciones por televisión. Junto con otros cantores realiza también giras por distintos países de América latina; dicen que en una de ellas comenzaron a apodarlo El Tata.
Si bien aún era joven, la voz comenzó a opacársele y a perder sonoridad; pero su expresividad buscó constantemente renovar recursos, y sus interpretaciones comenzaron a enriquecerse con facetas inesperadas y novedosas.
Así lo demuestran las grabaciones de esta última etapa, como la muy matizada versión que, acompañado por la orquesta de Osvaldo Requena, realiza de Destellos, o las de su último disco, que contaron con el acompañamiento de la Orquesta Típica Porteña, dirigida por Raúl Garello.
Contiene este trabajo, elaborado en 1977, versiones ejemplares como la de Buenos Aires conoce, entrañable declaración de amor a la ciudad; la de Triste comedia, en la que el cantor describe vívidamente la pugna entre los sentimientos encontrados que abruman al protagonista; y la de Divina. Calificada por muchos como clase magistral de canto, esta interpretación muestra a un Floreal con sus recursos vocales evidentemente disminuidos que consigue, a fuerza de inteligencia y sensibilidad, expresar cabalmente el sentido de este bello tango; nadie antes había logrado plasmar con esa sutileza la mirada indulgente y comprensiva con que un hombre maduro contempla las primeras penas de amor de una joven.
Nunca dejó de cantar. Solo pudo acallarlo la muerte, el 17 de abril de 1978.

martes, 3 de abril de 2018

Karen Arránz y Gaby hacen "POR LA VUELTA" para los 190 años de Bahía Blanca

Dos representativas voces de la canción nacional vuelven a darse cita en el Teatro Municipal en el mes aniversario de la ciudad de Bahía Blanca.
 Y no es en vano, esta ciudad las vio crecer musicalmente y acompañó la trayectoria de ambas desde diferentes géneros nacionales: Karen Arránz abrazando la guitarra y el canto surero desde sus primeros años y Gaby haciendo alarde de tanguera desde pequeña y buscando hacerse un lugar en la cuna del 2x4 desde adolescente.
Se conocieron hace décadas, cuando desde el micrófono de Radio Nacional Bahía Blanca Karen difundía desinteresadamente los primeros demos de la otra morocha. El destino las mantuvo en contacto pero a la distancia hasta que José Valle no tuvo mejor idea que reunirlas para homenajear a Bahía Blanca, que tanto les ha dado, y a la música criolla que llevan en el alma.
En abril de 2017, Karen y Gaby ofrecieron una selección de lo mejor de su repertorio en el Coliseo local y esbozaron algunas notas juntas que dieron un cierre inolvidable a una noche con sello bien argentino. Dicen que las segundas partes nunca son buenas, pero este “Por la vuelta” será una de las excepciones que confirme la regla porque la química entre estas dos talentosas cantantes trasciende el escenario. El tiempo compartido sobre y bajo las tablas las ha hermanado en una lucha común defendiendo la bandera del canto nacional y con fundamento. Vale la pena verlas porque juntas, parafraseando a Benedetti, son mucho más que dos.
La cita es el sábado 7 de abril a las 21,30 hs en el Teatro Municipal. Karen y Gaby serán secundadas por Alejandro Lavigne, Jorge Vignales y la pareja de baile de Natalia y Gustavo. El espectáculo será a beneficio del Centro Luis Braille. La entrada general numerada tendrá un valor de $250, con descuento para jubilados y por venta anticipada

jueves, 8 de marzo de 2018

Vuelve un clásico de la radio: "NOCHE DE KO"

 José Valle Y "Cacho" Fontana
El próximo sábado 10 de marzo vuelve un clásico de la radiofonía: "Noche de KO", desde las 22 hs por AM 1240, Radio Universidad Nacional del Sur.“Noche de KO” es un programa radial con lo mejor del boxeo local, nacional e internacional con la conducción de su creador José Valle. Entrevistas, anécdotas, historias, lo mejor del boxeo de ayer, hoy y siempre acompañado de música ciudadana y nacional.
“Noche de KO” es el único Programa radial especializado en el deporte de los puños de la ciudad de Bahía Blanca, ideado y conducido por uno de los productores más respetados del boxeo argentino que se ha desempeñado durante décadas a la promoción y representación de boxeadores, producción de veladas boxísticas, de programas radiales y edición de revistas y publicaciones del mismo deporte. Esta emisión vio la luz en los años ´90 Radio Nacional Buenos Aires y fue el primero de varios programas temáticos producidos por Valle como: “Perfume de KO” (Radio del Pueblo), “Boxingmania” (Radio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires) y "Un sábado más en Buenos Aires" (Radio El Mundo).
José Valle es autor de los libros “En el naipe del vivir. Historias de Tango, Boxeo y Turf”, “Tambaleando madrugadas” y “Leyendas de pugilandia”, tres relatos riquísimos en anécdotas boxísticas, joyas del género para los amantes del deporte.
 Además produjo charlas como "Historia de dos pasiones: tango y box” con la participación de Osvaldo Príncipi, Julio Ernesto Vila y Oscar Himschoot, fue durante varios años productor de “BOX X EL 9” por Canal 9 de Buenos Aires y productor de contenidos para “Boxeo de Primera” (TyC Sports), editó numerosos artículos en publicaciones especializadas y fue Director de la revista “Noche de KO”, entre otras actividades relacionadas con este apasionante deporte.

sábado, 24 de febrero de 2018

Reportaje a Roberto Rufino, año 1973

A 37 años de su debut profesional, el veterano cantante y autor mantiene incólumes su fama y pasión tangueras. En vísperas de presentar su último longplay, evoca sus comienzos y define su personal, inconfundible estilo.Cuando aparezca el próximo long-play de Roberto Rufino (52, tres hijos) se habrá consumado una hazaña casi sin precedentes en la música popular argentina: un cantor de tangos que desde hace 37 años se mantiene en los primeros puestos del ranking de su especialidad. Claro que en la dilatada carrera de RR se produjeron altibajos, frustraciones y períodos oscuros; pero una y otra vez logró superar esas caídas, reconquistando con creces su sitial en el panorama tanguístico nacional. Tal vez el secreto de Rufino sea su decisión de desdeñar la adopción de un estilo definido y rígido, para darle a cada interpretación un sabor propio. Esa circunstancia, unida el hecho de que en su repertorio intercaló siempre los éxitos tradicionales del compás porteño con las más modernas creaciones de la especialidad, le permitió adaptarse al gusto popular con el correr de los años. De esa manera, el próximo disco permitirá a los fanáticos del 2x4 comparar las primeras grabaciones de RR en 1935 con las actuales, pudiendo establecer diferencias concretas entre el tango de antaño y el de 1973, que al decir del veterano cantor, "no ha muerto ni mucho menos".
Esa superposición de estilos —siempre en tono romántico— de que hace gala Rufino parece también haber ganado su vida cotidiana. Así, el lujoso chalet en el que vive, en la coqueta localidad bonaerense de Acassuso exhibe un curioso cartel: Disneylandia, reza. Sucede que allí funciona un centro de recreación infantil, guardería, natatorio y colonia de vacaciones, que Rufino regentea junto con su mujer. Debido a esa razón, la entrevista que el veterano cantante mantuvo la semana pasada con Siete Días tuvo un desarrollo muy peculiar: debía ser interrumpida frecuentemente ante la irrupción de bulliciosos grupos de niños. De esa manera, no extrañó que las primeras palabras de Rufino fueran referidas, precisamente, a su niñez.
—Desde muy chico me gustó el tango. En realidad toda mi vida estuve mezclado con la música de Buenos Aires. Por eso, a mi familia no le pareció raro que yo debutara como cantor profesional a los 14 años. ¡Usaba pantalones cortos!
—¿Cómo fue su debut profesional?
—Empecé cantando en el café Nacional y en Radio Mitre, con el maestro Francisco de Rosel. El Nacional era un café típico del Buenos Aires de la década del 30. Estaba en la calle Corrientes casi esquina Carlos Pellegrini. Era angosto y largo como la calle. Mi primer tango como profesional fue Milonguero viejo, que en aquella época se cantaba y hoy ya no. La letra decía: "linda pebeta de mi sueño en tango llorón..." y no me acuerdo más. ¡Cuánto hace que no lo canto!
—En una carrera tan larga debe haber conocido a todos los grandes maestros del tango...
—¡Uff! Actué con todos, absolutamente todos. Hasta con el tío de Ringo Bonavena, don Antonio Bonavena, en el famoso Petit Salón, que estaba en Montevideo y Corrientes. Actué con Pichuco Troilo, Francini y Pontier, Carlos Di Sarli, qué sé yo, canté con todo el país...
—¿Lo conoció a Gardel?
—No, no tuve esa suerte aunque nací en la zona del mercado de Abasto en Agüero y Zelaya, cerca de la casa de él. Después fui amigo de Armando Delfino, su apoderado. Un día, estaba actuando en un teatro, se me acerca y me dice: "Roberto, te quiere conocer la madre de Gardel". Entonces lo acompañé y la conocí.
—¿Cuál fue su mejor época?
—Sin duda, los cinco años que pasé con el maestro Di Sarli. Calcule que él me contrató cuando yo recién empezaba y todavía usaba pantalones cortos. A veces, cuando me daba vergüenza, le robaba un traje a mi hermano, de pantalones largos, gris a rayitas. Así anduve un tiempo, hasta que el maestro Di Sarli me compró mi primer traje en Los 49 Auténticos.
—¿Y no había problemas en que actuara un chico de pantalones cortos en confiterías?
—Cuando actuaba de noche, sí. Yo, para disimular, trataba de cantar medio escondido detrás del piano. Pero una vez, en la boîte Moulin Rouge, tocaron los dos timbrazos que indicaban que había llegado la taquería. Entonces, Di Sarli me tiró un sobretodo largo, que me llegaba hasta los pies y me hizo salir por una puerta de atrás. Después de eso, no actué de noche hasta que me compraron el traje con los pantalones largos.
—Usted habla de actuaciones nocturnas. ¿Las orquestas de tango ofrecían funciones durante las horas del día en aquella época?
—¡Claro! Antes el tango era cosa seria. Empezaba en el café Nacional a las 9 de la mañana y terminaba recién a la madrugada.
—De todas las cosas que se fueron perdiendo con el correr del tiempo en la vida de la ciudad, ¿cuál es la que usted más siente?
—Sin duda, la gran cantidad de clubes y bares que han cerrado sus puertas, especialmente los de la calle Corrientes. Aquellos locales, además de un reducto del buen tango, constituían una fuente segura de trabajo para muchos compañeros.
—¿Y el público varió de una época a otra?
—Yo me acuerdo de algunas actuaciones mías, por ejemplo en la audición radial Ronda de Ases, o los bailes de Marabú, que tenían un público numeroso y entusiasmado. En aquel momento actuaban casi simultáneamente duplas sensacionales, como la de Pichuco con Florentino, D'Agostino con Angelito Vargas, D'Arienzo con Alberto Echagüe y Di Sarli conmigo. Ahora hay menos público y un poco distinto. Algo menos de fervor. Aunque, en mis últimas actuaciones en un boliche, Cheyenne, de Martínez, el público me hizo acordar un poco al de antes. Creo que hay una especie de resurgir del tango.
—Usted nombró unos cuantos valores del pasado, ¿no surgen nuevos, de recambio?
—Sí, en la última hornada están Néstor Fabián, Alberto Marino y Marina Dorell, por ejemplo.
—¿Le gustaba más el tango de antes que el de ahora?
—Mire, a mí me gusta llegar al público. A veces, el público quiere el tango de antes, pero hay muchos temas nuevos que también llegan a la gente. Yo también voy a cantar esos nuevos temas. Tampoco hago distingos entre mi profesión de cantor y la de autor de temas. En los dos aspectos y a lo largo de mi carrera, lo que siempre me interesó fue estar en contacto con el público. Y fíjese que eso lo logré antes de ser profesional y cuando era un adolescente. En 37 años de actividad creo que logré bastantes cosas.
—¿Cómo fue su carrera de autor?
—Empecé a escribir temas después de unos 10 años de actuación como cantor, y esa actividad terminó siendo una de mis labores más trascendentes. Tuve muchos grandes éxitos y no me acuerdo ni del número de ellos ni de la mayoría de sus nombres. Le podría citar, por ejemplo, El clavelito, Déjame vivir mi vida, Manos adoradas, Soñemos, Calla, En el lago azul, Cómo nos cambia la vida, Romance del pueblo, El bazar de los juguetes, qué sé yo, un montón. Hasta hice varios boleros. Uno de ellos, La Luna y el Sol, de 1950, tuvo 199 grabaciones en todo el mundo. Fue un gran éxito internacional. En realidad, tengo que agradecer a todas las orquestas y a todos los cantores que constantemente me piden temas para interpretar.
—¿Está conforme con su trayectoria?
—Yo no estoy nunca conforme con lo que hago. Siempre trato de mejorarlo. De no haber sido por esa actitud de permanente crítica, posiblemente mi carrera no habría durado ni la décima parte de lo que duró.
—¿Cuáles fueron sus mejores éxitos a lo largo de su carrera?
—Curiosamente, los tangos que a mí más me gustaron y que más fueron pedidos por el público, por una serie de imponderables nunca los grabé. Ellos son Cambalache, Alma de bandoneón y Buenos Aires. También me gustó mucho A la luz de un candil, pero ése lo grabé varias veces.
—¿Cuál es su verdadero estilo?
—iMás bien romántico. Creo que debo ser el último romántico del tango.
—¿Y en la vida privada también así romántico?
—¡Mucho más!
Fuente:Revista Siete Días Ilustrados15.10.1973

jueves, 8 de febrero de 2018

Osvaldo Berlingieri

Nació el 20 de febrero de 1928. Pianista, director y compositor. Comenzó como pianista de la orquesta de Héctor Maure. Continuó en las de Domingo Federico, Edgardo Donato y Roberto Caló. Acompañó a Raúl Iriarte en su gira por Centroamérica. Luego se incorporó a la orquesta de Aníbal Troilo (1957). En forma paralela integró el trío Los modernos y el cuarteto Los notables del Tango (1959). En 1967 el trío formado dos años antes junto a Ernesto Baffa (PK) (bandoneón) y Fernando Cabarcos (contrabajo) se convierte en la Orquesta Baffa-Berlingieri (PK), acompañante de Roberto Goyeneche (PK) a fines de esa década. También fue colaborador de Héctor Stamponi (PK) en las grabaciones de Edmundo Rivero (PK), compartió un trío con Leopoldo Federico (PK) y, en 1989, editó con su propia orquesta el álbum Identificación. Sus obras son tocadas por orquestas de distintos lugares del mundo. Entre sus composiciones se destacan los instrumentales: Siempre otoño, A mis viejos, Contacto en Buenos Aires y Tiempo imaginario
Osvaldo Berlingieri fue un músico reconocido por sus cualidades artísticas que junto a un sector de admiradores y seguidores de un estilo y virtuosismo que lo ubican en la escuela pianística inaugurada por Osmar Maderna y continuada por Horacio Salgán. Tiene también otro sector que opinan que no tiene el yeite ​ tanguero y de utilizar formas jazzísticas que desnaturalizan al género.
Falleció el 8 febrero 2015

LA HISTORIA DEL FINAL DE JORGE CAFRUNE

La madrugada del 31 de enero de 1978, cuando marchaba a caballo rumbo a Yapeyú para depositar un cofre con tierra de Bolougne Sur Mer en homenaje al general Jose de San Martín, el folklorista Jorge Cafrune fue atropellado por una camioneta. Quedó demasiadas horas tirado en la ruta con las costillas incrustadas en los pulmones, y al día siguiente falleció. A la camioneta y a su conductor se los tragó la noche: sólo pudo saberse un nombre –Héctor– susurrado por los habitantes de Benavídez.
Por entonces Yamila, la hija mayor del legendario creador de Zamba de mi esperanza, tenía 12 años. A los 18 decidiría seguir la carrera de abogacía. “Siempre sostuve la idea de que es posible hacer justicia hablando con la verdad, pero desde que pasó lo de mi papi supe lo que es empezar por casa”, dice Yamila. “Hasta el ‘83 fue imposible averiguar nada. Ese año empecé la facultad, y con mi madre y mis hermanas intentamos por todos los medios encontrar algún otro dato. Pero la investigación llegó a un punto muerto”.
Sin embargo, dice Yamila, hay numerosas conjeturas posibles. “Que detrás del accidente estuvo Gendarmería, o la Triple A. Es sabido que López Rega dijo que Cafrune era más peligroso con una guitarra que un ejército con armas. Es sabido que sus discos estaban prohibidos: En Radio Nacional de Córdoba guardan un disco que tiene los temas que no podían pasarse tachados con birome en la tapa y rayados con un clavo adentro. Entre ellos estaba Zamba de mi esperanza. ¿Sabés cuál era la palabra prohibida...? Era la palabra esperanza”.
Hay otros datos, que involucran nombres que Yamila ha preferido no retener en la memoria. Graciela Geuna, sobreviviente del campo clandestino de concentración La Perla, declaró haber escuchado cómo el por entonces teniente primero Carlos Enrique Villanueva dispuso en ese lugar la muerte del folklorista, luego de que éste cantara en Cosquín Luna cautiva, una zamba “no autorizada”. “Esto no deja de ser una conjetura, algo que alguien dice que escuchó”, apunta Yamila en una entrevista con Página/12. “Nosotros preferimos creer que fue un accidente. Llegó un punto en que priorizamos nuestra salud mental. La decisión de la familia es llegar hasta acá”, resume.
Jorge Antonio Cafrune Herrera nació en el seno de una familia argentina jujeña de típicas costumbres gauchescas y antepasados de orígenes árabes, en la que sus abuelos paternos y maternos eran inmigrantes provenientes de Siria y el Líbano. Sus padres fueron José Jorge Cafrune y Matilde Argentina Herrera. Recibió el apodo de "El Turco" tal y como llamaban a su padre, un popular gaucho de la región que cantaba bagualas y supo protagonizar duros duelos criollos.
Nació en la finca "La Matilde" de El Sunchal, cerca de Perico del Carmen (provincia de Jujuy),el 8 de agosto de 1937 .
A los diecisiete años tuvo su primera guitarra, que aprendió a tocar con músicos locales.
En 1957 se trasladó a Salta, donde cantó en el bar Madrid y poco después integró Las Voces del Huayra hasta 1959.
Fue con este grupo, con el que actuó en la Compañía de Ariel Ramírez y efectuó grabaciones. Pasado algún tiempo, formó parte de Los Cantores del Alba y cantó a dúo con Alberto Sauad.
A principios de 1961, ya solista, hizo presentaciones radiales y televisivas en Uruguay y Brasil. Un año después viajó a Cosquín, a cuyo escenario principal llegó después de triunfar en las peñas. EnBuenos Aires actúa en "La Pulpería de Mandinga" por el Canal 9 de televisión, y en radios y teatros.
Obtuvo el primer premio del 2º Festival Odol de la Canción con la zamba de Marta Mendicute Que seas vos y, casi de inmediato, su versión de Zamba de mi esperanza, de Luis Morales, se convirtió en un extraordinario éxito.
Realizó varias temporadas en el Teatro Odeón y giras nacionales con el espectáculo "Otra vez folklore".
En 1972 visitó España, país donde residió hasta 1976, presentándose también en otros países europeos.
Cuando regresó a su país, planeó un viaje a caballo de Buenos Aires a Yapeyú (Pcia. Corrientes) para conmemorar el bicentenario del nacimiento del general San Martín.
ElTurco decía de sí mismo: no soy poeta, soy cantor y hago canción lo que escriben los poetas de mi país. El emblema fue la Zamba de mi esperanza.
La última entrevista, días antes de partir en el viaje en el que perdería la vida y se volvería inmaterial pero trascendente, la concedió por radio al programa 'Un alto en la huella', de Miguel Franco. Allí leyó un poema de José Pedroni, Quinta Luna, para honrar a su esposa, embarazada entonces de su sexta hija, que nacería apenas un mes más tarde. No la vería pero no podía saberlo. Bromeaban, entonces jocosos, sobre aquellos que no creían en su travesía. Él, siempre poético, contestó: "A mí me controlan los que viven a la vera de los caminos, pero como no tienen ni medios ni periodismo, no lo escucha nadie. Si quieren verme, que me sigan el rastro". Iba hasta Yapeyú pero no llegó. Su muerte fue un aullido en medio del silencio.