martes, 23 de febrero de 2016

Monte Hermoso vibró al ritmo del 2x4

R. Lavié
La 3º edición del Festival Nacional de Tango de Monte Hermoso, que comenzó el pasado viernes 19 en el Centro de Convenciones y contó con la presencia de representativas figuras del género, tuvo anoche un cierre de lujo con la presencia de uno de los cantores más respetados del género, el reconocido y querido Raúl Lavié.
"El Negro" - como se lo conoce- desplegó en el Centro Cultural todo su carisma y dio vida a un repertorio en el que no faltaron los clásicos de más de seis décadas de trayectoria en el mundo de la canción, con incursiones en el teatro, cine y televisión.
La fiesta del tango en el balneario tuvo su apertura el viernes con la presencia del intendente Marcos Fernández quién destacó la convocatoria de estas jornadas de música ciudadana, organizadas en conjunto con la secretaría de la Tercera Edad Municipal y el productor José Valle , que en esta ocasión contó con una exposición de radios antiguas del Presidente del Círculo Gardeliano de Bahía Blanca, el Ingeniero Carlos Benítez; entre ellas, la que se regalará al Papa Francisco próximamente.
Posteriormente, cantaron Silvia Adami y Alberto Roche y, más tarde, se dictó una clase abierta de tango y se pudo disfrutar de la música en vivo del trío de Juan Carlos Polizzi y del show de Florencia Albanesi, en Peatonal Dufaur y Costanera.
El sábado, las actividades se desarrollaron nuevamente en el escenario de Dufaur y Costanera, sobre las 20. La encargada de romper el hielo en esta ocasión fue la cantante Paula Barrio junto a su cuarteto y luego llegó el turno del show de Jorge Maza y Raúl Islas, ganador del primer certamen “Roberto Achával”.
Gaby 

El domingo desde las 20.30 hs, en el escenario callejero montado en la calle peatonal y con el inigualable fondo de mar y luna llena, Gaby “La Voz sensual del tango" deleito a la multitud presente con su espectáculo "Nostalgias": tangos, valses, milongas y canciones populares son algunos de los ritmos que la morocha desplegó en el escenario permitiendo confirmar su ductilidad musical, su gran simpatía y su llegada al público que disfruta las historias, corea las canciones y comparte emociones desde la platea.
Una gran actuación de los jóvenes cantantes Gerónimo Blint y Valentina Etchebest y la pareja de baile Natalia y Gustavo completaron una velada inolvidable deleitando al publico con sus cortes y quebradas.
El secretario de la Tercera Edad, José Abraham, expresó su conformidad por la organización del evento y argumentó que la gente tuvo la oportunidad de disfrutar de estos espectáculos de manera gratuita.
"Monte Hermoso ofrece un calendario muy variado de alternativas y esta es una nueva opción que, tal como se vio estos días, llegó para quedarse", dijo Abraham.

jueves, 11 de febrero de 2016

"La fama es puro cuento" distinguido con el premio nacional "Faro de Oro Vip 2016"

El reconocido programa radial "La fama es puro cuento" que se emite los Sábados desde las 13 hs por RADIO MITRE Bahía Blanca (FM 100.3), conducido por Gaby "La voz sensual del tango", Galo y José Valle y en el que participaba como columnista el recientemente desaparecido Dr. Eduardo Giorlandini, recibió el premio Nacional "Faro de Oro Vip" otorgado por Asociación Civil Premio Nacional “FARO DE ORO”, declarado de Interés Nacional por Secretaría de Turismo de Presidencia de la Nación (Resolución Nº 328), declarado de Interés Turístico por el EMTUR en carácter permanente (Resolución Nº 104/5), declarado de Interés Municipal en carácter permanente por el Municipio de Gral. Pueyrredón (decreto Nº 124).
Los premios Faro de Oro son una distinción que se otorga a programas de radio y televisión como así también a personalidades del deporte y figuras del espectáculo nacional.Esta distinción nació el dí­a 16 de agosto del año 1992 en Mar del Plata, República Argentina
La gala de entrega se llevó a cabo el día Miércoles 10 de Febrero de 2016 a partir de las 21.00 horas en el centenario Club Español sito en la calle Hipólito Irigoyen 1653 de la ciudad de Mar del Plata, en el marco de una cena show
“La Fama es Puro Cuento” ya ha sido galardonado con el “Premio Nacional Quijote de Oro” 2012 y 2014 a mejor programa de música ciudadana y mejor programa de radio AM y Premio nacional “Lanín de Oro” 2012 como mejor programa de música ciudadana.

Francisco Rotundo y el cantor de tangos

El maestro Francisco Rotundo fue el que percibió con más claridad esta tendencia y actuó en consecuencia. Ya para fines de la década del cuarenta los cantores de orquesta eran importantes con Troilo, Di Sarli, Pugliese o Tanturi, pero el que lleva esa tendencia a su máxima expresión es Rotundo y el momento en que esa orientación se manifiesta con toda claridad es cuando incorpora a su orquesta al Tata Floreal Ruiz.
En realidad, ya para 1947 la orquesta de Francisco Rotundo se lucía en el mítico Café Nacional de calle Corrientes y sus cantores de entonces eran Horacio Quintana y Aldo Calderón, que luego serán desplazados por Carlos Roldán -formado al lado de Canaro- y Mario Corrales, un cantor que venía de la orquesta de Osmar Maderna y que luego de una breve temporada con Rotundo, se sumará a la orquesta de Di Sarli con el nombre de Mario Pomar.
En octubre de 1948 ingresa Floreal Ruiz a la orquesta. Unos meses antes Ruiz y Rotundo se encontraron una madrugada en un cafetín ubicado al frente del cabaret Tibidabo. El Tata era entonces la estrella estelar de la orquesta de Troilo. Tino Rossi, bandoneonista de Rotundo, cuenta que decidieron no reparar en gastos para contratarlo. No iba a ser fácil. Pichuco era muy celoso con sus cantores y se fastidiaba mucho cuando algún colega se los quería ganar. Pues bien, Rotundo hizo una oferta que, como dijera Michel Corleone, el Tata no le pudo decir que no. La oferta fue de tres mil pesos por mes durante cuarenta meses. Troilo le pagaba 700 pesos.
Demás está decir que Ruiz se fue con Rotundo y hasta 1957 fue la marca registrada de la orquesta. En esa década grabó 25 temas en el sello Odeón. Temas como “Infamia” de Enrique Santos Discépolo, “Esclavas blancas” de Horacio Pettorossi, “Melenita de oro” de Samuel Linning o “Un infierno” del propio Francisco Rotundo y letra de Reynaldo Yiso, pertenecen a ese período.
No terminaron allí las ambiciones de Rotundo. La orquesta para principios de los años cincuenta actuaba en los principales locales nocturnos de Buenos Aires con un notable éxito de taquilla. El público del café El Nacional de calle Corrientes, o de la Richmond de Suipacha disfrutaba de esta orquesta que contaba entre sus filas a músicos como Luis Staso, Ernesto Rossi y Mario Abramovich.
Sin embargo, el proyecto de Rotundo apuntaba a disponer de dos y, de ser posible tres cantores estrellas en su orquesta. Fiel a ese criterio, en 1952 incorporó a Enrique Campos, un uruguayo que se había desempeñado en la orquesta de Ricardo Tanturi imponiendo un estilo elegante, sutil, íntimo, un estilo que estaba en las antípodas del que practicaba ese otro gran cantante de Tanturi que fue Alberto Castillo.
Enrique Campos grabó con Rotundo, entre otros grandes éxitos, temas como “Por seguidora y por fiel” de Celedonio Flores, “Llorando la carta” de Juan Fulginiti y “Libertad” de Felipe Mitre Navas. También a esa época pertenece el tema de Charlo y González Castillo, “El viejo vals”, que Campos y Ruiz interpretaron a dúo constituyéndose en uno de los grandes éxitos de la época.
No conforme con estos dos cantores, al año siguiente sumó para la orquesta la presencia -nada más y nada menos- que de Julio Sosa, quien venía de actuar en la orquesta de Enrique Francini y Armando Pontier. También como en el caso de Ruiz y Campos, Rotundo le hizo una oferta irresistible de cinco mil pesos por mes al “Varón del tango”, quien no vaciló en decir que sí.
Sosa va a estar dos años con Rotundo. A ese período pertenecen tangos como “Mala suerte” de Francisco Gorrindo, una de sus grandes creaciones; “Levanta la frente” de Antonio Nápoli, que Agustín Magaldi había consagrado en su momento y “Secretos” y “Justo el 31” de Enrique Santos Discépolo. Sosa dejó esta orquesta por algunas dificultades vocales que luego, mediante una oportuna intervención quirúrgica, pudo superar. Problemas de salud al margen, siempre recordará con afecto esos dos años con Rotundo que le permitieron consolidar su estilo al lado de ese otro gran uruguayo como fue Enrique Campos.
En 1957 la orquesta sumó a sus filas a ese notable cantor que se llamó Jorge Durán, intérprete, entre otros grandes temas, de “Sus ojos se cerraron”, de Alfredo Lepera. La otra gran figura de la orquesta en estos años fue Alfredo del Río, un distinguido vocalista que provenía de las orquestas de Pedro Laurenz y Alfredo Gobbi. “Dicha pasada”, un tangazo de Guillermo Barbieri, es recuperado por Alfredo del Río gracias a la sugerencia de Rotundo.

El último cantor de Rotundo en esos años, fue Roberto Argentino. La interpretación que éste hace del tango “Qué tarde que has venido”, de Carlos Waiss -un amigazo de Rotundo- es muy buena y se la puede apreciar gracias a la excelente grabación del sello Odeón. Waiss -dicho sea de paso- fue su glosista cuando en 1945 un Rotundo joven dirigía la orquesta que actuaba en el club de San José de Flores. Otro de sus glosistas fue el gran Julián Centeya.
Se dice que para 1957, Rotundo no pudo soportar las prohibiciones y censuras ejercidas por el régimen de la llamada Revolución Libertadora. Es que, además de pianista, Rotundo era un hombre de clara filiación política peronista. Su identidad peronista se reforzaba porque su esposa era Juanita Larrauri, cantante de tangos y senadora peronista por la provincia de Córdoba.
Rotundo nunca fue pobre. Su padre era empresario y cuando las persecuciones políticas le hicieron la vida imposible desarmó la orquesta y retornó a la actividad de sus mayores. De todos modos, nunca dejó el ambiente del tango y a principios de los años setenta retornó a las andadas. Fue para esa época que inauguró, primero en Liniers y luego en Villa Luro, “La casa de Rotundo” por donde desfilaron personajes como Mario Bustos, Jorge Casal, Carlos Roldán, Alfredo del Río y el mismísimo Horacio Salgán.
Francisco Luis Rotundo nació en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Belgrano, el 4 de noviembre de 1919. Su destino familiar era la conducción de la empresa de sus mayores, pero pronto supo que su vocación real era la música y, muy en particular, el tango.
Era un adolescente cuando ya andaba curioseando en el ambiente tanguero. Pero su hora de gloria se dio en 1944 cuando su improvisada orquesta de entonces ganó el concurso organizado por el Palermo Palace, uno de esos templos del tango de los cuarenta, ubicado en Godoy Cruz entre Santa Fe y Cerviño y que para aquellos años era animado por la orquesta de Ricardo Tanturi y sus cantores emblemáticos: Alberto Castillo y Enrique Campos.
La orquesta de Francisco Rotundo no tuvo la dimensión de formaciones como las de Pugliese, Maderna, Di Sarli o Troilo. Pero sería injusto desconocerle aportes musicales y esfuerzos honestos para brindar un espectáculo digno y respetuoso. Sólo un músico de calidad podía disponer de ese “olfato” para seleccionar cantores excelentes que -dicho sea de paso- siempre le reconocieron maestría y hombría de bien. Francisco Rotundo murió en Buenos Aires el 26 de septiembre de 1997.

3er. Festival Nacional de Tango de Monte Hermoso :el "negro" Lavié, La voz sensual de Gaby y un homenaje a Pichuco

El 19 de febrero comenzará la tercera edición del Festival Nacional de Tango de Monte Hermoso con el auspicio de la Municipalidad de Monte Hermoso y la producción de José Valle.
A continuación detallamos la programación de los cuatro días de actividad, con la actuación estelar del cantante Raúl Lavié. El "Negro" se presentará el lunes 22, a las 21.30, en el Centro Cultural, en lo que será el cierre del encuentro. Gaby, la Voz Sensual del Tango, una de las artistas invitadas al encuentro de música ciudadana.
El festival dará inicio el viernes 19 a las 18, en el Centro de Convenciones, con una muestra y una charla sobre radios antiguas que brindará el presidente del Círculo Gardeliano de Bahía Blanca, el ingeniero Carlos Benítez, tras lo cual llegará el show de Silvia Adami y Alberto Roche.
Ese mismo día, sobre las 19.15, en Dufaur y costanera se descubrirá una plaqueta en homenaje a Aníbal Troilo, y luego se dictará una clase abierta de tango. Sobre el final habrá un show musical de milonga a cargo de Florencia Albanesi y el trío de Juan Carlos Polizzi.
El 20 las actividades continuarán en el escenario de Dufaur y costanera. Desde las 20, se presentarán la cantante Paula Barrio junto a su cuarteto, Jorge Maza y Raúl Islas.
Al día siguiente, en ese mismo sitio y a la misma hora, actuará Gaby La Voz Sensual del Tango, quien presentará su trabajo Nostalgias junto a Gerónimo Blint, Valentina Etchebest y el los bailarines Natalia y Gustavo.

jueves, 28 de enero de 2016

Jorge Valdez un exquisito cantor

Yo era muy pibe cuando lo escuché cantar por primera vez el tango de Enrique Cadícamo “Adiós
Chantecler”, un cálido homenaje a uno de los cabaret más famosos de Buenos Aires, fundado en 1924 y que funcionó en calle Paraná al 440, entre avenida Corrientes y Lavalle. El poema de Cadícamo escrito en los sesenta es una evocación nostálgica al cabaret en el que la bellísima Giovanna Ritana se asomaba siempre “cubierta de alhajas bebiendo champagne”, mientras lucía sus encantos de bon vivant Ángel Sánchez Carreño, el mítico “Príncipe Cubano”, el mismo que, según la letra, se lo ve muy triste “pasar silencioso frente al Chantecler”.
No sé por qué motivo, la imaginación de los adolescentes suele ser misteriosa, siempre identifiqué con Valdez al milonguero que al “pasar de noche mirando tus ruinas”, se siente poeta al ver al Chantecler demolido “por la fría piqueta”. Muchos estiman que “Adiós Chantecler” fue la mejor interpretación de Jorge Valdez, el nombre artístico impuesto por Juan D’Arienzo a Leo Mario Vitale, el joven veinteañero que llegó a la orquesta del Rey del Compás de la mano del bandoneonista Carlos Lazzari que lo descubre cantando en el Cine Aconcagua de Villa Devoto.
De todos modos, muchos consideran que el tema emblemático de Valdez fue “Chirusa”, el tango escrito por Nolo López y que Juan D’Arienzo grabó en tres ocasiones: en 1928, con un estribillista llamado Carlos Dante; en 1940, con Alberto Reynal, y en 1958, con Jorge Valdez. La que sobrevive, por supuesto, es la grabación de Valdez, que transforma a “Chirusa” en el arquetipo de la pobre chica, con pocas luces y talento, invariablemente engañada por el galán de turno.
Jorge Valdez nació en Buenos Aires, en barrio Urquiza, el 27 de enero de 1932. Desde muy pibe se interesó por la música y sus primeros lucimientos en la radio no fueron como cantor sino como pianista, Sin embargo, a principios de los años cincuenta, el muchacho ya sabe que su destino será el canto. Es afinado, tiene muy buen gusto y empieza a ensayar en esos años lo que luego serán sus célebres “fiattos falseteados”, un recurso que transformará en una marca registrada.
Ingresa a la orquesta de Juan D’Arienzo en 1957 con Mario Bustos y en reemplazo de Alberto Echagüe y Armando Laborde. En mayo de ese año, graba algunos de sus éxitos, como son “Andate por Dios”, “La calesita” y el bolero “Reloj”. Valdez va a estar casi ocho años con D’Arienzo. En ese período, grabará alrededor de ciento veinte temas, entre los que merecen destacarse algunos tangos que hoy son clásicos de su repertorio: “Marinera”, “Hasta siempre amor”, “Remembranzas” o “Estrella”. Con Mario Bustos, interpreta uno de los grandes éxitos de ese tiempo: “Baldosa floja”, la milonga de Julio Bocazzi, Dante Gilardoni y Florindo Sassone.
“Amor de verano”, grabado en 1964, será su último tango en su ciclo con el Rey del Compás, para muchos su momento de oro como artista. A partir de esa fecha, iniciará su ciclo de solista acompañado por diferentes orquestas, entre las que merecen destacarse la del maestro Osvaldo Requena, con quien graba, entre otros temas, “Gricel”, “En esta tarde gris”, “Carrillón de la Merced”, “Verdemar” o “Nubes de humo”. Otros de sus momentos significativos transcurrirán con Alberto di Paulo. “Barrio de tango”, “Fuimos”, “La vi llegar” o “Mimí Pinsón” son algunos de los temas interpretados en ese período.
Una confidencia personal puedo permitirme. No importa qué estaba haciendo en Córdoba, pero en 1974 con un par de amigos fuimos a verlo en un cabaret que entonces funcionaba cerca de La Cañada. Para esa época, Valdez tenía algo más de cuarenta años, pero parecía estar por arriba de los sesenta. Estaba excedido de peso y su voz ya no era la de antes pero se le parecía, y esa semejanza a nosotros nos alcanzaba para pasar un buen momento al lado de una de las reliquias del tango. Recuerdo que en algún momento le solicité que cantara “Marinera”. Se rió y me dijo, con el mejor de sus modos, que ya no estaba para esos trotes. Disminuido y algo decadente, seguía siendo un placer escucharlo. Esa noche no hizo “Marinera”, pero nos dio el gusto de interpretar “Estrella”. “Estrella, todos, todos los que hablaron, una noche la lloraron, en la casa del zaguán”
Con Jorge Ragone integró la troupe de embajadores del tango y recorrió América Latina. En Bogotá, el cantante Raúl Iriarte, devenido en empresario de la noche, lo convoca una temporada junto con Juan Carlos Godoy, Oscar Larroca y Jorge Ortiz. No es el cantor de los mejores tiempos de D’Arienzo, pero lo que le empieza a fallar de voz le sobra en cancha para lucir su talento. A las giras por Latinoamérica, se suman las excursiones a Europa y luego a Australia, donde será aclamado de pie en los escenarios de Sydney y Melbourne.
En abril de 1990, después de una actuación en La Plata, sufre un accidente en la autopista. Fue a la madrugada y seguramente el que manejaba tenía unas cuantas copas de más. Se llevaron por delante un guardarrail a la altura de Dock Sud. Valdez ingresó desvanecido al hospital, pero en la ocasión murieron dos de sus amigos. Él no sufrió heridas graves, salvo un corte profundo en la lengua, por lo que su carrera de cantor en ese momento pareció llegar a su fin.
Amigos y admiradores manifestaron la solidaridad con su desgracia y lo estimularon para que se recuperara. Le costó mucho hacerlo. Ejercicios vocales, cursos de reeducación de la voz, sesiones interminables con especialistas. No le resultó fácil recobrarla, pero finalmente lo hizo. A mediados de los noventa reapareció en “El rincón de los artistas” ese templo del tango ubicado en Álvarez Jonte y Boyacá. Una multitud de seguidores se hizo presente esa noche para hacerle el aguante al ídolo.
A sus condiciones de cantante, Valdez le sumó las de compositor. Dos temas grabados en su momento por D’Arienzo merecen destacarse: “Por favor no vuelvas” y el tango escrito por Santiago Odamini, “Olvidemos todo”.
La muerte de su mujer lo hundió en un pozo depresivo del que nunca pudo reponerse. Seguía siendo convocado por los empresarios de la noche y asistía a las citas, pero ya no era el de antes, su tristeza era profunda y persistente. Una dolencia hepática obligó a internarlo en el sanatorio de Colegiales, donde falleció el 21 de febrero de 2002. Tenía setenta años y medio siglo en los escenarios. Su última actuación la realizó en Tucumán, pocas semanas antes de su muerte. Jorge Valdez descansa en el panteón de Sadaic en el cementerio de la Chacarita. Yo por lo pronto sigo disfrutando con “Adiós Chantecler” y con ese tango bello y triste que se llama “No llores por favor”, de José Luis Ricardi y Alberto Longo, grabado con D’Arienzo en 1961.

Historia del Festival Nacional de Folklore de Cosquín

El Festival Nacional de Folklore de Cosquín surge como una necesidad de un grupo de ciudadanos
deseosos de que el nombre de Cosquín se proyectara hacia los diversos estratos del país, con el fin de promover el turismo e incentivar la economía local.
Derivado de la “1a. y 2a. Semana de Cosquín” (1958-1959), festejos que se realizaban en conmemoración del día de la Virgen del Rosario, Patrona de Cosquín, El festival se realizaría ad-honorem de una “Comisión Municipal de Turismo y Fomento” (luego denominada Comisión Municipal de Folklore) creada a tal efecto, y que estaba constituida por vecinos de la Ciudad electos en Asamblea Popular el día 26 de Agosto de 1960.
Dicha comisión, que contaba con el apoyo municipal fue la encargada de crear un espectáculo que abarcó los distintos matices del folklore nacional, como el canto, la música, y la danza tradicionales del país. Es por ello que el Primer Festival Nacional de Folklore, realizado entre el 21 y 29 de enero de 1961 estuvieron presentes las delegaciones oficiales de la casi totalidad de las provincias Argentinas y los artistas de mayor prestigio, en una fiesta que sobrepasó las expectativas creadas por sus organizadores y del público asistente.
A partir de realización del 2° festival en el mes de enero de 1962, es transmitido durante las nueve noches por una radioemisora de la ciudad de Buenos Aires y la red de emisoras del interior del país, en esa primera oportunidad lo hizo radio Belgrano.
Año tras año la popularidad y concientización de quienes visitaban Cosquín en la última quincena de enero, que aquí se elevaba el conocimiento del arte popular, fue el incentivo definitivo para que los organizadores tuvieran miras al futuro y decidieran la obligación de que el festival no se redujera a un único espectáculo y añadieran a el la creación de un programa cultural cuyo eje fundamental sería el ateneo folklórico, del cual derivarían los diversos Seminarios y Conferencias, realizados paralelamente al festival de cada año ; como así también la organización de la Feria Nacional de Artesanías y Arte Popular, El Museo del Artesano.
En el año 1963, con fecha 28 de febrero, el Presidente de la Nación decreta con fuerza de ley bajo el número 1547 la “Institución de la semana nacional del folklore a través del Festival Nacional de Folklore de Cosquín”.

Paulatinamente el Festival va creciendo y con el su importancia tanto en el ámbito nacional como en el exterior. Comienzan a concurrir, trayendo su mensaje de camaradería y confraternidad, numerosas delegaciones de países latinoamericanos, como así también populares músicos y cantores.
La red nacional de radioemisoras que trasmiten en directo el festival durante las nueve noches de desarrollo, se incorpora la “Cadena Latinoamericana de Folklore” integrada especialmente para este fin. Paralelamente se amplia la concurrencia del periodismo para cubrir el ya denominado “Fenómeno Cosquín”. Es así como representantes de diversas naciones están acreditados en nuestra sala de prensa, portando a su partida una cosecha de experiencias y emociones que volcarán en sus países para que Cosquín sea conocido por sus propios compatriotas.
La Organización de Estados Americanos conciente de la trascendencia del festival, ha sido permanente y estimulante colaboradora. El siguiente párrafo es extraído de una nota enviada a la Comisión Municipal de Folklore: “Esta secretaria general comprende la amplia trascendencia de este evento cultural y desea manifestarles que se halla vitalmente interesada en estimular y fortalecer actividades como ésta, en todos los estados miembros…”. “Por los antecedentes anotados y por la notoria importancia alcanzada por el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, tengo mucho agrado en informarles que esta Secretaría General patrocinará el Festival…”.
Desde París, enviado por el Museo del Hombre, viajó especialmente un representante, con el propósito de grabar y filmar los acontecimientos que se desarrollaban tanto en el escenario como en la parte cultural para incluir este material en el citado organismo.
Paulatinamente fueron uniéndose a las tradicionales delegaciones provinciales y latinoamericanas, delegaciones europeas que viajaban a participar de un acontecimiento auténticamente folklórico, trayendo su propio arte vernáculo desde latitudes tan lejanas como Japón, Polonia, Italia, etc.
El periodismo de todo el mundo se interesa vivamente en receptar y difundir el inmenso espectáculo que es sinónimo de Cosquín, y es por ello que periódicamente llegan a nuestra ciudad a presenciar el Festival, representantes de: Francia, España, Italia, Alemania – en la ciudad de Stuttgart se ha denominado “Cosquín” a una plaza céntrica, Londres, Holanda, Canadá, Estados Unidos, Japón, China y de países latinoamericanos deseosos de experimentar y descubrir el verdadero espíritu de todo un pueblo, reflejado en apenas nueve noches en torno a las raíces culturales y populares que se fusionan en todos los ámbitos de la ciudad.
En 1975 en la ciudad de Kawamata – 15000 habitantes – en Japón, se organiza por vez primera un encuentro denominado “Cosquín en Japón” donde participan aficionados japoneses haciendo música y danzas nativas argentinas, ataviados con típicas vestimentas logrando, en su medida, el espíritu latinoamericano tan caro al gusto del pueblo nipón. De allí en más, y hasta la actualidad, todos los años en el mes de octubre Kawamata se convierte en un Cosquín errante de música y poesía.
En el año 1984 durante la realización de la 24a edición del Festival, se produce por primera vez la emisión en directo a todo el país, a través de Argentina Televisora Color (A.T.C.), de las dos primeras horas del espectáculo de cada noche. Este hecho que es consecuencia directa del pensamiento cultural que deriva del retorno de la democracia de nuestra nación, se ha repetido a partir de ese año en forma consecutiva, logrando en casi todas las oportunidades el rating más alto correspondiente en la programación de los cuatro canales televisivos de la Capital Federal.
En diversas oportunidades las ediciones de Festival han sido tema fundamental para el logro de largometrajes, tanto nacionales como extranjeros. Para citar uno, diremos que en el año 1983, la Compañía Vía Le Monde Canadá Inc. de Montreal filmó durante las nueve noches el desarrollo del Festival de Cosquín y por el día los paisajes aledaños a nuestra ciudad, para lograr un film de 2 horas de duración denominado “Cosquín 83”.
Asimismo organismos extranjeros se han vinculado con la Comisión Municipal de Folklore de Cosquín con el fin de llevar desde Cosquín el folklore argentino y a su vez, y por medio de diferentes festivales del exterior, enviar muestras del arte en el canto y la danza del país representado.
Todo lo antedicho en cuanto a la difusión, promoción y crecimiento de Cosquín, la afluencia masiva de turismo y convivencia con el festival más importante de América, no ha sido, ni lo es, motivo de millonarios ingresos para la organización del festival como se puede suponer. Por el contrario, todos los años la comisión municipal de folklore debe enfrentarse con la ardua tarea de lograr, por sus propios medios, el dinero necesario para montar toda la infraestructura de calidad, necesaria para el mejor espectáculo.
Cosquín no cuenta con ningún tipo de subvención oficial, y es por ello que solamente con la venta de abonos y entradas para presenciar el espectáculo y la publicidad estática y dinámica de algunas importantes empresas que han estado presentes en el festival, se han podido solventar hasta el presente los ingentes costos que demandan las contrataciones artísticas, sumamente elevadas por el gran número de primeras figuras que participan, montaje de sonido, iluminación, personal en todos los ámbitos de oficinas, puesta en escena y demás tareas que hacen al desenvolvimiento de lo artístico, así como también la organización y realización del Programa Cultural.
A todo esto debemos sumar la desalentadora situación económica de nuestro país, muy bien conocida por quienes se preocupan por el porvenir de la Argentina.
Cosquín luego de treinta y seis años, representa indudablemente, una necesidad para el quehacer vernáculo de nuestro país. No solo por el espectáculo mayúsculo que noche tras noche, durante todo su historial ha brindado a sus millones de concurrentes; sino también por la importante tarea cultural que ha venido desarrollando, rescatando y llevando a su merecido lugar una gran cantidad de elementos dispersos, capaces de representar en su conjunto, los componentes básicos de un principio de identidad nacional y los fundamentos clave para facilitar el desarrollo en nuestro pueblo, de una verdadera conciencia latinoamericana.
Representa también el camino obligado que debe recorrer quien desee el reconocimiento popular, siendo una prueba acabada de ello el hecho de que no exista un artista de renombre que no haya tenido la necesidad de obtener el espaldarazo definitivo de este festival mayor, y aun mas, la mayoría de ellos nacieron de él.
Por otra parte con una concepción clara y evolucionada evitó a través de los años caer en la esclerosis conceptual de un tradicionalismo equivocado y pernicioso, dando consecuentemente, cabida a todas las expresiones de raíz nacional e indoamericana y poniéndolas a consideración de su público con la finalidad de transmitir masivamente las nuevas formas de propuestas y permitir a sus cultores la evaluación del grado de aceptación de las mismas.
Esta amplitud de criterios fue asimilada por el público en forma progresiva, facilitando la evolución del patrimonio musical. Es por ello que podemos afirmar, sin temor a la exageración, que Cosquín ha sido el motor de nuestro folklore.
Este Festival está considerado por los estudiosos de los fenómenos socio/culturales, como el más importante de Latinoamérica y ocupa el tercer lugar en el mundo en su género; lo que resume, indudablemente, todo el curriculum detallado hasta aquí.
En la edición Cosquín 96, el objetivo primordial fue recuperar la esencia del festival, consistente no solamente en el espectáculo que se presentara noche tras noche en el escenario “Atahualpa Yupanqui”, sino la participación del público que colmó las instalaciones de las Tradicionales Peñas Folklóricas, las cuales fueron incentivadas y organizadas por artistas de primera línea que deseaban realizar su aporte para la recuperación del “Duende Coscoíno”.
Es indudable que el Festival Nacional de Folklore de Cosquín deberá perdurar para siempre porque se ha transformado en la expresión de un país, nuestro país…

miércoles, 13 de enero de 2016

“La última curda”

Es un hombre, es un bandoneón y es una curda. El escenario tanguero perfecto. La angustia, la música y el alcohol. El alcohol y la lucidez, ese momento de revelación donde un hombre descubre, tal vez por un breve instante, una verdad o la verdad de su vida que se revela como un relámpago o una iluminación. El poema pertenece a Cátulo Castillo. Pudo haber sido escrito en 1956 o antes. No es un problema de fechas. Lo seguro es que la primera grabación fue en agosto de ese año, el 8 de agosto si no me falla la memoria. Aníbal Troilo, su orquesta y la voz de Edmundo Rivero. Ocho años después, Troilo lo grabará con el Polaco Roberto Goyeneche.
No es el primer tango en el que el fueye es el protagonista. “Bandoneón arrabalero”, “Fueye”, “Mi bandoneón y yo”, “Che bandoneón”, por mencionar algunos de los más conocidos, se inspiran en ese verdadero ícono del tango que es el bandoneón. No, no es el primer tango en donde el fueye es un personaje, pero creo no subestimar a nadie si digo que “La última curda” es el más profundo, el que va más a fondo y, también, el más bello.
Como se dijera en algún momento -medio en broma medio en serio-, “La última curda” es un poema que podría haberlo firmado Jean-Paul Sartre. ¿Tango existencialista? Puede ser, pero también podríamos decirle tango discepoliano y no nos equivocaríamos, aunque, para qué buscarle otras fuentes si no hay mejor presentación que decir que lo escribió Cátulo Castillo, el mismo autor de poemas que dialogan con “La última curda” como es el caso de “Desencuentro” o “A Homero”. ¿O acaso el personaje del tango no es muy parecido al hombre cuya “frente triste de pensar la vida tiraba madrugada por los ojos”?
Los grandes poetas son creadores de una obra. Ése es el rasgo que los distingue. En el caos que nos ocupa, Manzi y Discépolo, por ejemplo, valen por cada uno de sus tangos, pero valen sobre todo porque en la totalidad de su obra hay una visión del mundo, una mirada sobre la vida y sobre la muerte que los distingue. Lo mismo puede decirse de Cátulo Castillo. “La última curda” en ese sentido es el eslabón, el último eslabón, de una obra perfecta por su coherencia interna.
Este tango, dicen algunos críticos, puede ser también el último tango. No olvidemos que Castillo es el poeta donde la palabra “último” está siempre primera. Pensemos si no, en “El último farol” o “El último café”. ¿Y “La última curda”? Es como que allí el tango agotara sus posibilidades poéticas. No es un problema de inspiración, es una cuestión de ciclos, de ciclos internos que se cumplen y que en este caso lo hacen con una expresión que clausura un tiempo, una sensibilidad, una manera de percibir la vida y el dolor de la vida. ¿Complicado? Tal vez. Pero Castillo era un tipo complicado. Si no lo hubiera sido no habría escrito lo que escribió.
Después, está la riqueza del lenguaje, la destreza para construir imágenes definitivas, imágenes que se parecen a conceptos, a definiciones que no se pueden expresar de otra manera. Imágenes que sólo un poeta es capaz de construir con las palabras. “La ronca maldición maleva” del fueye, es de una precisión maravillosa. Como lo es “la lágrima de ron” o “el hondo bajo fondo donde el barro se subleva”.
Uno de los rasgos que distinguen a los grandes poemas populares es su capacidad para transformar algunos versos en refranes o aforismos cargados de sabiduría popular. “La vida es una herida absurda”, es un giro incorporado a nuestro habla popular. O, “Y es todo, todo tan fugaz que es una curda, nada más, mi confesión”.
Se dirá que estamos ante el tango que se solaza con el espectáculo de un hombre derrotado, de un hombre vencido. Puede ser. Pero, aunque a algunos amigos de cierta literatura de autoayuda esta verdad les moleste, nunca está de más recordar que en la vida el dolor, el fracaso y la culpa existen. También la derrota y la muerte, la sensación de que la función termina y la caída del telón es eso, el final.
En “La ultima curda” no hay lugar para la sonrisa o las distracciones livianas. Es un poema que a sus oyentes no les da tregua. Se canta con los labios apretados y se lo escucha en silencio. Goyeneche lo interpretó muchísimas veces, incluso cuando ya no le quedaba voz, pero en todos los casos la ceremonia se cumplía al pie de la letra. “La última curda” es un caso serio. El público sabía que estaba viviendo un momento sagrado, escuchando una confesión: “Contame tu condena, decime tu fracaso, ¿no ves la pena que me ha herido? Y hablame simplemente de aquel amor ausente tras un retazo del olvido. ¡Ya sé que te lastimo!, ¡ya sé que te hago daño llorando mi sermón de vino!, pero es el viejo amor que tiembla, bandoneón, y busca en el licor que aturde, la curda que al final termina la función corriéndole un telón al corazón”
Y después ese final que es una metáfora de la soledad, la pena y la melancolía, pero también, por qué no, una metáfora de los argentinos: “No vez que vengo de un país que está de angustia siempre gris tras el alcohol”.
No es fácil cantar este tango. No es un problema de dar con la nota justa, sino con la interpretación precisa. La tentación de caer en la sensiblería o el sentimentalismo es fuerte. Y para algunos cantores, irresistible. ¿Cómo cantar el dolor, el fracaso, la derrota y ser al mismo tiempo sobrio y trágico? Ésa es la gran pregunta que debe hacerse un cantor a la hora de cantar “La última curda”. A esa pregunta la pudieron responder muy pocos y, por las dudas no se haya entendido, reitero sus nombres: Rivero, Goyeneche y la Tana Rinaldi. Puesto a elegir entre los tres con un revólver en el pecho, me quedo con la versión del Polaco de 1964. Pero sólo si me ponen un revólver en el pecho.
De todos modos, este tango existe a partir del momento en que se juntan Troilo y Rivero. En su libro, “Una luz de almacén”, don Leonel Edmundo cuenta la historia de esa creación. Y lo hace muy bien. Recuerda que en esa época Troilo vivía en un segundo piso cuyo balcón estaba iluminado por el inmenso letrero luminoso del cabaret Chantecler. Una calurosa noche de verano, una noche, escribe, apenas enfriada por el hielo del whisky, empezamos a jugar con “La última curda”. En algún momento uno de los presentes dijo: “Gordo, chapa la jaula” y allí se inició la sesión entre Rivero y Troilo. Rivero cuenta que estuvieron varias horas ensayando y tomando whisky. Como hacía calor, la ventana del balcón estaba abierta y, según Rivero, estábamos tan concentrados en lo nuestro que si algún plato volador hubiera aterrizado no le habríamos prestado atención. En algún momento, sintieron un rumor que llegaba de la calle. Debe de haber sido fuerte, porque dejaron de ensayar y salieron al balcón. Como se dice en estos casos, alguien hizo correr la bolilla de que en ese departamento estaban Rivero y Troilo haciendo música y una multitud se había agolpado en la vereda de enfrente. Rivero y Troilo se miraron entre ellos y como en el truco se entendieron sin necesidad de hacer señas. La gente en la calle los aclamaba. Deben de haber sido muchos porque en algún momento se interrumpió el tránsito. De acuerdo con la versión de Rivero, “La última curda” se estrenó en esas circunstancias. Desde un balcón, Pichuco con el fueye y Rivero con su voz. No hacía falta nada más. Rivero concluye su relato a toda orquesta. La noche estaba tan linda -escribe- que cantar “la vida es una herida absurda” sonaba a macana.