
El maestro bahiense conjugaba tango con talento, personalidad, ritmo, armonía y caballerosidad. El señor del tango, tan memorable como su famosa mano izquierda, adorado por los milongueros como por los amantes del tango de tesitura romántica y a la vez acompasada, melodiosa y matizada como para abrazar a una compañera y al son de sus compases sentir que una declaración de amor se deslizara por los movimientos, fue reconocido por el público y por sus colegas. Aníbal Troilo lo llamó "maestro de maestros", Juan Carlos Cobián se autodeclaró como "primer admirador" y los milongueros del mundo entero esperan la "tanda de Di Sarli" para colmar la pista de baile.
Las obras y las grabaciones de Di Sarli perduran en el tiempo como joyas del género y su estilo irrepetible como uno de los misterios más atesorados de la mística tanguera.
A pesar de la mala intención con la que se manchó su nombre durante décadas, hoy Carlos Di Sarli goza del reconocimiento que jamás debió acallarse. Se editó su biografía en un libro (CARLOS DI SARLI, El Señor con alma de niño) y un documental audiovisual (CARLOS DI SARLI, El Señor del Tango), se le han realizado numerosos homenajes (incluyendo un show temático dentro del Festival y Mundial de Tango de la Ciudad de Buenos Aires en 2012 y una Reparación histórica en el Congreso de la Nación en 2013) y hasta cuenta con un Festival Nacional de Tango que lleva su nombre en la ciudad que lo vio nacer
No hay comentarios:
Publicar un comentario