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miércoles, 9 de marzo de 2016

El Ciclo “Bahía Blanca NO Olvida” presenta “FLOREAL RUIZ 100 AÑOS”

El Ciclo “Bahía Blanca NO Olvida” presenta el primer homenaje Centenario 2016, se trata de un espectáculo dedicado a la memoria del “Tata” Floreal Ruíz con las páginas que hicieron historia en su voz, como solista y junto a las orquestas de Aníbal Troilo, Francisco Rotundo y José Basso.
Se llevará a cabo el sábado 19 de marzo 21,30 hs en el Café Histórico de Bahía Blanca. Allí se colocará una plaqueta homenaje , José Valle disertará sobre sobre la vida y obra del emblematico cantor y podrá disfrutarse de un show musical con Gaby "la voz sensual del tango" y Alicia Comignani
Floreal Ruiz nació en el porteño barrio de Flores, el 29 de Marzo de 1916. Su papá se llamaba José, su madre, Rosa Rimundo.El matrimonio tenía tres hijos, y dado que papá era de ideas anarquistas, era coherente que a su primera hija le pusiera de nombre Fraternidad, a su segundo hijoFloreal, y al tercero, Libertario. De pibe en su casa al chiquilín Floreal, lo apodaban Piruco. El padre era tapicero y le enseñó a su hijo el oficio, después fue repartidor de pan, y lechero a domicilio. En Flores para esa época había muchos potreros donde se practicaba fútbol, y Piruco como todo pibe, sentía pasión por jugar a la pelota. Se hizo hincha de Independiente, porque le gustaba el color rojo. En la década del veinte, siendo un pibe aun, escuchaba en radios y victrolas a Gardel, Corsini y Magaldi, cantar tangos , eso y el contar con un lindo color de voz ; fueron la influencia para que soñara con ser cantor. Eran épocas donde las serenatas, eran el vehículo mas directo para que los novios hicieran saber a sus pretendidas, sus aspiraciones amatorias. La barra de Flores tenían resuelto el problema, contaban con dos amigos con buena voz para expresar a sus noviecitas todo su cariño , quienes a su vez, estos noveles cantores, elegían un repertorio que aplicara para lograr el objetivo. Las responsabilidades caían justamente en Piruco , y otro pibe que no era otro que, Piero Fontana, ( con los años adoptaría el nombre artístico de (Hugo del Carril), quienes con sus virtudes canoras hacían el deleite de las pibas. El viejo de Floreal, que era muy realista, dado las épocas difíciles por la que había que transitar, y conociendo las aspiraciones de su hijo, se oponía a que Floreal cantara, porque opinaba que los que cantaban le esquivaban el bulto al laburo, y la vida para el si no se trabajaba no se comía, así de simple. Floreal , no era de contradecir a su padre, por lo tanto, trabajaba y colaboraba económicamente con el hogar, pero su vocación por el canto era muy fuerte, y en cada concurso que había de selección de cantores allí iba y se anotaba, por supuesto con nombre falso, eligiendo una vez el nombre de Fabian Conde y otra vez el de Carlos Martel. Los concursos generalmente los hacían en la radio , para ese entonces Fénix y Prieto.
Año 1936 - Después de tanto batallar, gana uno concurso, y José Otero que tenía un conjunto, que actuaba en Radio Prieto y Radio Belgrano, lo invita a integrarse con ellos.
También actúa fugazmente en la Orquesta Armenonville que dirigía Alberto Mancione.
Los comienzos de su vida profesional
La época de Oro para el Tango había comenzado, las agrupaciones Orquestales pulían sus estilos para captar al gran público, y los cantores eran pieza fundamental en este juego de seducción para lograr consenso entre los porteños.
Año 1941 – En ese año Alfredo De Angelis estaba buscando un cantor que hiciera pareja con Héctor Morea, el Colorado de Banfield, sabedor que su colega director , Otero, tenía un joven cantor que pintaba bien, hace los arreglos para que esta promesa se incorpore a su Orquesta, y previa prueba, lo invita a integrarse con el, y el joven Floreal con tan solo 26 años entra por la puerta Grande al Tango.
Inmediatamente, Morea se retira de la Orquesta, se incorpora en su reemplazo Julio Martel, y forman un dúo que ensamblan armoniosamente con la Orquesta , lo que provoca que actúen en uno de los reductos mas codiciados en los comienzos de la etapa de Oro del Tango, El Marzotto, y además se suman actuaciones en Radio El Mundo que no era poco, para las aspiraciones de esta incipiente agrupación orquestal.

Las orquestas para ese entonces tenían glosadores, que hacían la introducción ya sea al conjunto como también al tema que interpretarían, Nestor Rodi tenía esta responsabilidad, con De Angelis.
El joven Ruiz, con su cálida voz, y ese medio tono, cautivó inmediatamente a los porteños que compraban hasta agotar, los discos que grababa con la Orquesta, Marioneta, Déjame así, Como se muere de amor, Bajo el cono azul, Cero al As, Mi novia de Ayer, Madre y Guitarrera, fueron sus éxitos.
Pero como nada es para siempre en la vida, y el tema pasaba por la parte económica; había otras Orquestas que cobraban otros cachets mas elevados, por actuar, y esa situación les permitía a los directores buscar a los mejores profesionales (músicos o cantores), para incorporarlos, y de ese modo seguir en el pelotón de los conjuntos líderes.
El Cielo en las manos
Comentamos esto porque en una de esas orquestas preferidas, era justamente la de Anibal Troilo y en su mejor momento, Fiorentino abandona la misma.
Pichuco, que creía que esto jamás pasaría, se aboca inmediatamente a la tarea de encontrar un reemplazante, y era conciente que no sería fácil.
Alberto Marino, su otro cantor , sabedor de esto, le comenta “...yo soy amigo de Floreal, si usted lo seduce con un sueldo mayor creo que puedo hacer que cante con usted...”
Al Gordo , siempre le gustó Ruiz por su color de voz y su forma de cantar, acepta la propuesta, y le dice, “Alberto interéselo y si se decide favorablemente, dígale que le doblo el sueldo...”
Año 1943 -Así lo hace Marino, y Floreal sin dudarlo pasa con la orquesta de Pichuco, causando mucho malestar en De Angelis, pero se resigna al saber que la oferta económica era muy tentadora para despreciarla, (motivo muy justificado por otra parte) y el que era muy buen tipo, no era persona de cortarle el futuro a nadie, le deseó la mejor de las suertes, y lo dejó partir.
“No hay mal que por bien no venga”, reza un viejo refrán, en su reemplazo ingresa Carlitos Dante que con el tiempo sería uno de los íconos mas relevantes del conjunto, del maestro Alfredo De Angelis.
Su momento de Gloria
Año 1944 – En el mes de septiembre, Floreal Ruiz graba su primer tema con Troilo, el tango, "Marioneta".
Si bien Marino era la primera voz, la extraordinaria afinación de Floreal hizo que el Gordo le haga grabar, La noche que te Fuiste y Confesión, Flor de Lino y Romance de Barrio.
El dúo Marino-Floreal, uno de los mas destacados en esos tiempos, duró hasta el año 1947, en que el Tano Marino se aleja e ingresa Edmundo Rivero. reforzando a cabalidad la ausencia del barítono cantor , dado que Lionel Erdmundo, era un excelente profesional en toda la expresión de la palabra.
El época de Oro de nuestro Tango había abundancia de trabajo, los orquestas eran requeridas, de radios, clubes, Cabarets, etc...
Pichuco era en su estilo, rey y señor en el Marabú, Ocean Dancing, y El Tibidabo, además de las actuaciones permanentes en Radio Belgrano y El Mundo .
Músicos de la talla de Hugo Baralis, Reinaldo Nichele, Jose Basso , le daban el marco inconfundible al bandoneón cadenero de Pichuco.
Año 1947 – Jose Basso emigra del conjunto y es remplazado por Carlos Figari.
Para ese entonces había una orquesta que sin ser descollante, se jactaba de tener cantores selectos, tentaba a los interpretes con sumas de dinero que no ganaban en ninguna otra orquesta, era la de Francisco Rotundo.
Año 1949 – Rotundo le ofrece ganar por mes ; lo que Troilo le pagaba por año, y Floreal no lo piensa dos veces , acepta , y el querido Gordo experimentaba en carne propia el dolor de ver partir a un cantor inconfundible (como a el le gustaba recordarlo), sintió el mismo desencanto que sufriera De Angelis. cuando el se lo llevó con el, a Floreal.
La Orquesta de Francisco Rotundo se apoyaba en esa piedra angular que eran sus cantores, para mantenerse en la competencia, dado que no tenía un estilo propio que encendiera las pasiones tangueras, entre los porteños.
Por Rotundo pasaron todo el abanico de la primera línea de interpretes, de la época.
Los éxitos de Floreal con Rotundo fueron; Aquel Tapado de Armiño, Esclavas Blancas, Sobre el Pucho.
La opulencia económica de la que hacía derroche su Director , hacía que tanto músicos como cantores quisieran sumarse a esa Agrupación Orquestal.
Ruiz llega a Rotundo y los cantores eran Enrique Campos y Carlos Roldán, quiere decir que en un periodo corto tenía algo poco común en los conjuntos, tres intérpretes.
Al poco tiempo se retira Roldan y el hace dúo con Campos, de esa etapa hay una joya grabada, “El viejo Vals”.
Año 1952 – A fines de este año Enrique Campos se despide de la Orquesta, para hacer una experiencia como solista, y Rotundo sabiendo del poder del dinero para seducir, interesa a otro primerísimo cantor, que cantaba con Franchini-Pontier, Julio Sosa , para que acompañe a la estrella de su Orquesta, que era, Floreal Ruiz.
Floreal pasa a ser primer cantor, y graba temas como; Las vueltas de la Vida, Y no tenés perdón, y otros...
La orquesta de Rotundo estaba íntimamente ligada a la política, dado que su esposa, era la senadora, Juanita Larrauri, y el 1956 cuando se produce la Revolución Libertadora que derroca a Perón, Rotundo coincide en disolver la orquesta.
Músicos y cantores de la mismas, quedan en la calle, Floreal se toma unas vacaciones para meditar y ver donde se incorpora, el sabía que no tenía que ofrecerse que era una figura bastamente conocida en el ambiente.
Contribuía mucho además, positivamente, su personalidad, su forma de ser, amigo de todos, su bajo perfil, no tenía odios ni rencores por nada ni por nadie, su carácter jovial hacía que todos los colegas lo respetaran y valoraran sus condiciones profesionales.
Año 1956 – Jose Basso quien ya conocía a Ruiz dado que habían sido compañeros cuando actuaban con Troilo (todavía no lo habían bautizado TATA), lo interesa para incorporarse en reemplazo de Rodolfo Galé, quien hasta esos momentos, hacía pareja con Oscar Ferrari , y se incorporaba a la orquesta de Carlos Di Sarli para hacer dúo con Argentino Ledesma.
Año 1957 – Se retira también Ferrari y Ruiz graba 13 temas estando solo en la agrupación.
Los entendidos dicen que el binomio – Director–Cantor – era un ensamble tan armonioso, donde Basso por su definido estilo dando preeminencia a las cuerdas y bandoneónenos y su estilo tan personal para marcar el ritmo desde el piano, acompañaba , a Floreal, en esta, su nueva etapa, que ya contaba con una voz mas madura, dado que el tango no se cantaba sino mas bien se decía.
El primer maestro del fraseo, fue, Roberto Rufino, y Floreal inteligentemente comenzó el también a DECIR el tango, y esta nueva modalidad fue ganando adeptos entre otros grandes, como Goyeneche, Morán, Mauré, Sosa, Podestá, y otros...
Fueron 40 los temas que grabó Floreal con Basso.
Ocho años duró la brillante sociedad musical entre Basso y Floreal, con creaciones a dúo con colegas de la talla de Alfredo Belusi y Jorge Durán.
Sus compañeros en ese tiempo por orden cronológico fueron, Oscar Ferrari, (1956), Alfredo Belusi (1957/60), Alfredo Del Rio (1961), Roberto Florio, Jorge Durán 1962/63.
En 1964 - el Tango entra en, vía muerta, decreciendo vertiginosamente el interés en el gusto popular.
Que estaba sucediendo ?
Nos invadía la música foránea, y las autoridades de turno por su pasividad, abonaban el terreno que deberían haber preservado, por ser el Tango conjuntamente con el folklore nuestra máxima expresión cultural musical. Había una nueva generación de jóvenes muy influenciada por el sistema de vida Norteamericano, y trataban de copiar todo, desde como vestirse, que comer, hasta que bailar.
Además las empresas grabadoras que manejaban el mercado eran Americanas, como R.C.A. Victor, que contrataban a los cantantes americanos para actuar en el país en televisión y distintos show.
Eso dio origen al Club del Clan, armado justamente por esta empresa, donde se mostraba tibiamente (para atenuar el malestar), el Tango a través de jóvenes cantores como Raul Lavié y Enrique Dumas.
Elvis Presley, Billy Haley, Neil Sedaca, y otros, eran los espejos donde se miraran los jóvenes imitadores argentinos, y así el Rock and Roll comienza a remplazar a nuestro tango...
Las orquestas para sobrevivir, no tenían mas remedio que achicarse, cuartetos, sextetos, dúos, eran la opción, los cantores se convirtieron en solistas para no relegar posiciones, un caso fue el de Julio Sosa que elige a Leopoldo Federico, (para que lo acompañe en sus actuaciones) , que hasta allí era el Director Musical de Radio Belgrano.
Este cantor fue , fue uno de los que marcó la nueva senda.
Floreal no era la excepción , con el gran maestro compositor y arreglador, Osvaldo Requena continuó actuando y grabó para el sello Microfón y actuó con mucho éxito en los Canal 9 y 11.
Nace el apodo El Tata
Empiezan a venir ofertas de Colombia, Venezuela, México y otros países de América, donde el público sentía mucho respeto por el Tango y querían ver actuando en sus ciudades a esos solistas que otrora, produjeron grandes éxitos.
Fue justamente en uno de esos viajes que Floreal encabezando un grupo de interpretes, y lógicamente por ser el , el de mas edad en el grupo y además el mas serio, se encarga de cobrar el cachet y repartir el dinero que le correspondía a cada uno.
Sabedor de muchos años que la plata del cantor dura poco en los bolsillos, el propone hacerse cargo, y distribuir a cada cual lo suyo; cuando retornaran a Buenos Aires, postura que aceptada en forma unánime.
Allí nació en apodo de Tata, dado que todos sabían que la guita estaba bien segura porque la tenía el Viejo, y por mas que le pidieran a cuenta el no aflojaba, el quería que cada uno retornara con dinero para su familia. Cariñosamente lo bautizaron Tata, y el que era un ser bonachón aceptó el apodo, dado que por experiencia y por edad, era un poco el padre de ellos.
Cuando un infarto lo postró allá por l977 y estuvo internado en el Hospital Durand, todos sus colegas , músicos e interpretes, lo visitaron para desearle pronta mejoría.
El 17 de Abril de 1978 , siendo joven aun con 61 años, su corazón dijo basta, y fallecía este ser querible, uno de los interpretes mas relevantes y queridos que quedarán en la memoria de todos lo que aman la mejor música del mundo, El Tango.

martes, 20 de enero de 2015

Orlando Goñi, el mariscal del tango

Su amigo desde la adolescencia, Alfredo Gobbi, compuso en 1949 cuatro años después de su muerte el tango “Orlando Goñi”, un tango grabado por el propio Gobbi y más adelante por Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, un merecido y poético homenaje a quien fuera considerado el gran pianista del tango, “el pulpo del piano”, como lo calificara un admirador.
Orlando Cayetano Goñi nació en Buenos Aires, en la zona del mercado Spinetto, el 20 de enero de 1914, y murió en Montevideo, en la casa de su amigo el bandoneonista Juan Esteban Martínez, el 5 de febrero de 1945, cuando apenas había cumplido treinta y un años y tenía la salud hecha trizas por los excesos del alcohol y las drogas.
Con la música se relacionó desde pibe y su maestro fue Vicente Scaramuzza, el mismo que le dio clases a ese otro grande del piano que fue Osvaldo Pugliese. Se asegura que a los 13 años estaba en la orquesta de Alfredo Calabró, pero lo seguro es que su primer grupo musical lo formó con su amigo Alfredo Gobbi, Alfredo Attadía, un Troilo muy jovencito, Luis Adesso en el bajo y su hermano José Goñi, en el violín.
No ha cumplido veinte años y su destino definitivo ya es el tango, una vocación que la desarrollará desde el piano donde, quienes lo conocieron, aseguran que demostró un inusual talento para la interpretación. Al respecto, las consideraciones de los críticos son casi unánimes: el piano de Goñi se distingue por un fraseo claro, un ritmo inconfundible, un estilo donde es evidente la influencia del jazz, la síncopa y el swing, variaciones aprendidas escuchando muy de pibe las sesiones de tango de Julio de Caro en el Cine Select de calle Lavalle o disfrutando de la música de su admirado jazzista Tedy Wilson.
Después de una muy breve temporada con Miguel Caló, está en radio Fénix con Cayetano Puglisi, acompañado de Eladio Blanco, Totó Rodríguez y Alfredo Calabró en la línea de bandoneones; Mauricio Nise en el violín y Francisco Vitale en el bajo. En otro momento, está el LR1 Radio el Mundo con los bandoneonistas Ciriaco Ortiz y Totó Rodríguez, los violinistas Holgado Barrios, Pedro Sapochnik y el propio Cayetano Puglisi; en el bajo está Vicente Sciareta y las voces son las de Susy del Carril y el mítico Antonio Rodríguez Lesende.
En ese deambular por diferentes formaciones musicales -una excepcional y privilegiada escuela de aprendizaje-, participa en la Orquesta Típica Paraguaya y en un improvisado cuarteto constituido para acompañar al cantante riojano Enrique Arbel, ocasión en la que grabarán “En un beso la vida” y “Charlemos”. En los carnavales de 1936, se lo ubica en la orquesta de Francisco Canaro y Luis Ricardi; también se sabe que en algún momento estuvo en el Café Nacional con la orquesta de Manuel Buzón, el hombre que en su momento le presentó a Troilo, motivo por el cual en 1937 será convocado por éste para integrar la orquesta que acaba de constituir. Más de seis años estuvo Goñi con Troilo, un tiempo en el que grabará 71 temas, un detalle menor comparado con su gravitación en esa formación musical, al punto que se llegó a decir que el alma real del grupo era el piano de Goñi, un detalle que captó rápidamente Astor Piazzolla, quien dirá al respecto: “Su forma de tocar el piano marcó el sonido de la primera orquesta de Troilo”.
Verlo frente al piano era un espectáculo aparte. Desdeñaba los rigores formales; se sentaba frente al piano como si estuviera en la mesa del café, no usaba los pedales, apenas prestaba atención al pentagrama; su genio era la improvisación, aquello que un crítico llamó la imaginación creadora. En ciertos momentos, daba la sensación de mover las manos con desgano, pero a las teclas les arrancaba sonidos únicos, recreando un fraseo delicado con la mano derecha, mientras la mano izquierda marcaba los bajos.
La orquesta de Troilo contaba con los bandoneones además del suyo- de Totó Rodríguez y Gianitelli; los violines de Reinaldo Michele, Pedro Sapochnik y José Stilman; Fazio en el bajo y, por supuesto, Goñi en el piano. Troilo debutó en el cabaret Marabú y en esas sesiones de hacha y tiza Goñi dictó cátedra interpretando temas como “Uno”, “Cuando tallan los recuerdos”, “Farolito de papel”, o “Corazón no le hagas caso”.
El pasaje de Goñi por esta orquesta fue tan brillante como conflictivo. A su talento increíble se sumaban sus impuntualidades, las inconstancias profesionales de una vida disipada que fueron minando la paciencia de un veterano de la noche como fue Troilo. Piazzolla recuerda que en diferentes ocasiones él debía hacerse cargo del piano, pero lo cierto es que estas ausencias, que se fueron reiterando con el paso del tiempo, se cortaron por la sano cuando Troilo se presentó con un escribano en el Café Germinal, donde Goñi estaba dado vuelta, trámite legal que le permitió cesantearlo, vacante que en poco tiempo será ocupada por José Basso.
Expulsado de la orquesta de Troilo, decide formar su propia orquesta que debutará el 1º de diciembre de 1943 en el Café Nacional, ocasión en la que un cronista del diario El Mundo lo calificará como “El mariscal del tango”. En esa formación, están en la línea de bandoneones el excepcional músico rosarino Antonio Ríos, el impecable Eduardo Rovira, Luis Bonnat y Roberto Di Filippo; en los violines se destacan Rolando Curcel, José Amatrain, Antonio Blanco y Emilio González; en el bajo, Domingo Domaruma y Enrique Storani en el cello. Los cantantes merecen un capítulo aparte, porque allí van a estar Rodríguez Lesende, Osvaldo Cabrera, Raúl Aldao y el gran Francisco Fiorentino, quien se retira al poco tiempo fastidiado por las impuntualidades de Goñi. Lamentablemente, esta orquesta que en su mejor momento convocó a multitudes e hizo una muy buena temporada en Radio Belgrano, sólo dejó como testimonio de su arte una deficiente grabación en la que se destacan cuatro temas: “Y siempre igual”, “Mi regalo”, “Chiqué” y “El taura”.
Orlano Goñi vivió al límite y en esas condiciones a nadie le debería extrañar que haya muerto tan joven. Piazzolla, poco afecto a las efusiones sentimentales lo describe con palabras tiernas; “Tenía unas manos hermosas como no he visto en otro pianista. Era uno de esos personajes del tango: tenía en la cara la palidez de los músicos de cabaret y unas ojeras enormes. No le gustaba la música clásica ni el jazz, pero tocando el piano era algo supremo”. Desde otro lugar, Horacio Ferrer dice algo parecido: “Sería injusto para la valoración de otros ejecutantes, afirmar que fue el mejor pianista del género, pero sería también muy difícil afirmar lo contrario”.
Singular presencia la de Goñi en el tango: su vida fue breve, su bohemia desenfrenada seguramente debe de haber conspirado contra su propia formación musical; recién en los dos últimos años de su vida tuvo una orquesta donde sus indisciplinas eran célebres. No dejó escuela ni dejó discípulos y el único tema que compuso fue “Mi regalo”, pero sin embargo todos los críticos coinciden en destacar su genio, esa inspiración que le otorgaba a su piano un sello inconfundible.

viernes, 16 de enero de 2015

Ángel D’Agostino

El propio D’Agostino se jactaba de cultivar un perfil bajo, aunque esa deliberada discreción no le impidió, por ejemplo,que el programa “Ronda de ases” le otorgara en 1943 el primer premio como mejor director de orquesta. El reconocimiento no debe de haber sido menor, porque iba acompañado de la suma de 1.800 pesos, una muy buena cantidad de plata para aquellos tiempos .
Con el paso de los años el juicio, o el prejuicio, acerca de la “orquestita” se fue relativizando. Sobre todo porque hasta el día de hoy los discos de los dos grandes “ángeles” del tango: D’Agostino y Vargas, se siguen vendiendo como pan caliente y no hay tanguero que se precie de tal que no admita que esa dupla constituye uno de los momentos más felices del tango. Por otra parte, mal se puede “ningunear” a una orquesta por la que pasaron músicos de la calidad de Gabriel Clausi, José Basso, Atilio Stamponi, Jorge Caldara, Ismael Spitalnik y Ernesto Baffa.
Con estos antecedentes, no se puede decir alegremente que se trataba de una orquesta menor. D’Agostino para la década del cuarenta era un pianista con más de veinte años trajinando por los escenarios de locales nocturnos, cines, clubes de barrio, salas de teatro y emisoras de radio. No era Pugliese, pero no estaba muy lejos del maestro. Sus recursos eran básicos, pero los manejaba muy bien. Siempre sostuvo que durante toda su carrera respetó dos criterios musicales básicos: respeto por la línea melódica y acentuación rítmica para facilitar el baile. Durante más de cuarenta años se mantuvo fiel a esa línea y a la hora del balance los resultados están a la vista.
Ángel Emilio Domingo D’Agostino nació en Buenos Aires el 25 de mayo de 1900. La calle de su infancia fue Moreno al 1600, entre Virrey Ceballos y Solís. Se crió en un hogar de músicos. El padre, los tíos, los amigos de la familia tocaban el piano, la guitarra y algunos se le animaban al bandoneón. Manuel Aróztegui y Adolfo Bebilacqua, el autor del tango “Independencia”, eran amigos de la casa.
A los seis años, tocaba el piano y a los doce armó su primera orquesta que actuó en el teatro Guignol, casi en el traspatio del Zoológico. Los otros dos pibes que lo acompañaban eran Ernesto Bianchi y Juan D’Arienzo. Su adolescencia y primera juventud transcurrió alrededor de la música. En nombre de esa vocación abandonó los estudios y empezó a predicar los beneficios de la soltería, pasión que compartió con su amigo Enrique Cadícamo, por lo menos hasta el día en que con más de cincuenta años a cuestas, el autor de “Los mareados” decidió arrear las banderas, capitulación que, según dice la leyenda, D’Agostino no le perdonó nunca.
Desde muy pibe se entreveró en el mundo de la música y se esforzó por ganarse la vida con lo que le gustaba. Así fue como se inició como maestro de piano para las señoras y señoritos del patriciado. A los catorce años, era el pianista preferido de Saturnino Unzué. Desde esa época, datan sus relaciones con las clases altas, a las que nunca perteneció por origen familiar, pero sí por adscripción. Soltero empedernido, nunca dejó de asistir a las veladas del Club Progreso, sobre todo a la timba de hacha y tiza que se armaba en el trasnoche.
Retornemos. Recién acababa de enrolarse cuando conoció al violinista Enrico Bolognini, con quien se presentó en el Jockey Club, el Empire, el Florida y el Apolo. Con Bolognini una noche tocaron La Marsellesa en el balcón de su departamento para festejar el fin de la primera guerra mundial. A sus actividades musicales le sumó sus intervenciones en el teatro con la compañía de Fernando Díaz de Mendoza y María Guerrero, los fundadores del Teatro Cervantes. Para esos años, fundó su primera orquesta “en serio”. Se trataba de una orquesta más dedicada a ritmos populares y el jazz que al tango. No estaba solo en el emprendimiento. Lo acompañaba el violinista Agesilao Ferrazzano. La flamante formación musical debutó en el Teatro Nacional y después se instaló en el célebre Palais de Glace. Para la misma época, funda lo que se considera como la primera orquesta para el cine mudo. Allí está presente un bandoneonista recién llegado de Córdoba: Ciriaco Ortiz
Su primera orquesta de tango nació en 1934. Allí estaban, entre otros, los bandoneonistas Jorge Argentino Fernández y Aníbal Troilo, el violinista Hugo Baralis (h) y el cantor Alberto Echagüe. En 1936, la orquesta animaba las noches de El Chantecler, funciones que se mantendrán hasta 1940. En esos años, lo conoce a Ángel Vargas, quien entonces trabajaba de tornero en un frigorífico. El que los presentó fue un empresario de apellido Vázquez, marido de Paulina Singerman. Con Vargas se conocieron en esos años pero el encuentro artístico definitivo de “los dos ángeles”, el encuentro que los consagrará en la historia del tango, se dio en 1940 y el debut se produjo en el cine Florida y luego en radio el Mundo.
El 12 de noviembre de ese mismo año, editaron para el sello Víctor “No aflojés” y “Muchacho”. Los arreglos musicales estuvieron a cargo de Alfredo Attadía y Eduardo del Piano. No hizo falta más publicidad ni presentaciones. La “magia” del cantor y el pianista se encargaron del resto. Noventa y tres tangos grabaron D’Agostino y Vargas para regocijo de los tangueros. Allí están, entre otros, verdaderos tesoros del género como “Tres esquinas”, “Ahora no me conocés”, “A pan y agua”, “Viejo coche”, “Ninguna”, “Trasnochando”, “Agua florida”, “Pero yo sé”, “Barrio de tango”, Adiós arrabal” y “Café Domínguez”, con un extraordinario recitado de Julián Centeya . Temas como “Tres esquinas”, “Lo llamaban Eduardo Arolas” , “Pobre piba”, eran composiciones de D’Agostino, a las que se deberían agregar “Pasión milonguera”, “El cocherito” y “Dice un refrán”.
Cuando Vargas se retira de la orquesta a mediados de los cuarenta, lo sucede Tino García, con quien graba dieciocho temas. García será reemplazado por Roberto Álvar, que se quedará en la orquesta hasta 1958. En 1952, llega Rubén Cané. También se lucen como cantores Roberto Aldao y Ricardo Ruiz, que graba “Cascabelito”, tema que equivocadamente se le atribuye a Vargas. El último cantor de la orquesta será Raúl Lavié, quien grabará con el maestro en 1962. Ese mismo año D’Agostino se retira de los espectáculos públicos. No lo hará de la noche y de su pasión, el póker. Muere el 16 de enero de 1991. Los coleccionistas se disputaron durante un tiempo el famoso reloj despertador de exclusivo diseño que en su momento le regaló Evita.