«Me eligieron para “Cuesta abajo” de una manera muy singular: por teléfono. Estaba en California y me enteré de que la Paramount estaba buscando dos actrices con tipo latino para hacer los papeles de una niña bien y una vampiresa. Las candidatas eran Rosita Moreno, Raquel Torres y yo. Acababa de filmar con Cary Grant "El templo de las hermosas", dirigida por Harlan Thompson.

«Empecé haciendo personajes de niña tonta, pero con el tiempo me di cuenta de que las mujeres fatales eran doblemente interesantes. Lo que no entendí en ese momento fue la razón por la que me eligieron. Nunca tuve acento argentino. De Buenos Aires me fui siendo muy pequeña, con apenas cuatro años, a vivir con mi abuela, a Francia, a los Altos Pirineos. Prácticamente había perdido mi idioma original. Lo recuperé en Los Angeles, hablando con los mexicanos.

«En el trabajo era muy solidario con sus compañeros, sobre todo con aquellos que comenzaban. Además tenía una enorme honestidad, algo poco común en una figura de su fama. Era consciente de que tenía muchas dificultades como actor y lo confesaba sin ningún pudor. No sabía qué hacer con las manos, pero ponía una gran dedicación y estoy segura de que hubiera llegado a ser un muy buen actor, como lo fueron Bing Crosby o Frank Sinatra, quienes también llegaron al cine como cantantes y fueron excelentes intérpretes.
«A Carlos lo vi por última vez en Nueva York, en agosto de 1934. Fue en una cena. Habíamos terminado “Cuesta abajo” y quedamos en comunicamos telefónicamente para continuar filmando. Regresé a Los Ángeles y posteriormente me fui a Europa. Una mañana estando en el hotel Savoy de Londres, el maitre, de apellido Santarelli, gran admirador del Zorzal Criollo, me dio la noticia de su muerte. Tuve una reacción muy peligrosa: estuve un mes sin querer hacer nada.

«Era muy cálido, muy generoso, con una seducción fuera de lo común, pero también muy tímido. Esa timidez lo hacía muy particular en sus relaciones, sobre todo con las mujeres.
«Era muy respetuoso de las mujeres, nada agresivo en el terreno del amor, pese a que todas las mujeres lo perseguían. Gardel fue muy hombre, lo conocí lo suficientemente bien como para asegurarlo.
«Gardel no fue un mito, es una realidad, y lo sigue siendo. Interpretó como nadie la música de su pueblo, y la gente lo que hace es seguir reconociéndoselo.»
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