martes, 8 de septiembre de 2015

Gaby “La voz sensual del tango” estrenará un musical sobre Eva Perón


Tras una idea de José Valle y bajo un sugestivo nombre: “Tibio está el pañuelo todavía”. Escrito e interpretado por la cancionista Gaby “La voz sensual del tango”, el musical repasa la vida de la Sra. Eva Perón desde su habitación en la residencia presidencial cuando su mundo se redujo al pequeño espacio que delimitaban esas cuatro paredes y sus propios recuerdos.


La obra se estrenará en próximo viernes 11 de septiembre  a las 21hs.en el Teatro Español de la Ciudad de Pigüé, prosiguiendo con presentaciones varias en distintas ciudades del interior del país y la Ciudad de Buenos Aires. En este caso, acompañarán a Gaby el pianista Víctor Volpe, la pareja de baile integrada por Natalia Gastaminza y Gustavo Rodríguez y los cantantes pigüenses Nicolás Rodríguez y Valentina Etchebest.
 Declarada de interés legislativo por la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires.
El espectáculo busca destacar a la inolvidable María Eva Duarte de Perón, realzando su noble figura de servidora del pueblo, su incansable trabajo por una Argentina más justa y su perseverancia en el trabajo social hasta los últimos días de su vida cuando, desde su lecho de muerte, seguía ocupándose de los trabajadores y humildes de la patria. Sin embargo, no es una obra proselitista.
Está íntegramente musicalizado por páginas del repertorio tanguero, busca ser un desagravio ante todas las obras artísticas que, dedicadas a la figura de la abanderada de los humildes, la han desprestigiado distorsionando su historia en busca del atractivo que genera el escándalo y la vida inmoral, sólo alimentada de comentarios vacuos, sin prueba alguna. La obra y el amor que Evita brindó a sus descamisados no tuvo precedentes ni encuentra hoy comparación posible.
En nombre de ese legado que quedó en el corazón de los argentinos y para reflejar una lucha que comenzó en una familia monoparental sumida en la pobreza para llegar a la cima de los objetivos que puede plantearse una mujer, se presenta “Tibio está el pañuelo todavía”, porque su imagen, su recuerdo y su total entrega, no puede borrarlos el paso de los años.

Agustín Magaldi, la voz sentimental del tango

Era una voz triste, íntima, siempre al borde de lo sentimental, un cantor afinado, con un caudal de voz muy bueno y una singular personalidad musical. El dúo Magaldi-Noda y el Magaldi solista, constituyeron en sus mejores tiempos una presencia convocante, para un público tanguero que reclamaba con pasión su presencia en los diferentes escenarios del país.
Le canto al mundo de los pobres historias que narran con trazos gruesos y realistas los sufrimientos, las desgracias y las pasiones de los perdedores. Temas como “Dios te salve m’hijo”, “El penado 14”, “Consejo de oro”, son su marca registrada. Su particular manera de interpretarlos, arrancaban lágrimas de hombres poco habituaados a expresar sus sentimientos.
Pero no sólo los inmigrantes, o sus hijos, estuvieron entre sus incondicionales. También lo acompañaron con abnegada fidelidad criollos de tierra adentro, hombres del campo y la ciudad que se identificaban con su singular estilo, con esa manera tristona de cantar historias pequeñas pero cargadas de emotividad y dolor. No tengo noticias de que Magaldi alguna vez haya viajado a Europa, pero sus viajes al interior del país fueron frecuentes. En los pueblos, en improvisados escenarios, los paisanos asistían felices al espectáculo brindado por quien ya era conocido en la Argentina como “La voz sentimental de Buenos Aires”. A Magaldi, y no tanto a Gardel, deberían haberle dicho que a sus discos no los compraban los bacanes.
Magaldi es también uno de los pocos tangueros que en su repertorio le otorga un lugar destacado a la mujer. Temas como “Levanta la frente”, “Libertad”, “No quiero verte llorar”, por citar los más conocidos, cuentan como protagonista a una mujer que si bien desempeña un rol clásico, alejado del feminismo que como causa se iniciará tres décadas después, ese rol a través de sus interpretaciones adquiere una sorprendente dignidad.
Magaldi murió joven y su muerte fue llorada por muchos tangueros. En algún momento se pensó que su tragedia desplazaría a la de Gardel, pero no fue así. Por el contrario, con el paso de los años fue perdiendo vigencia hasta convertirse en una suerte de fetiche nostálgico de viejos tangueros leales al culto de “la voz sentimental de Buenos Aires”. A diferencia de Gardel, pero no sólo de Gardel, no supo vencer el paso del tiempo. Demasiado pintoresco para los tradicionalistas, demasiado cursi para la vanguardia, fue desapareciendo lentamente de los sellos discográficos hasta degradar en el anacronismo, una voz que se puede escuchar en algunas circunstancias especiales para tener una idea aproximada de cómo se vivía el tango hace más de setenta años.
El balance puede ser duro, pero es así. Se podrá decir que no se merecía ese destino o que contaba con interesantes recursos vocales, pero convengamos que, más allá de la nostalgia y los afectos, decididamente no está incorporado como un clásico. En estos temas, siempre es riesgoso elaborar pronósticos, pero no es temerario decir que dentro de algunas décadas los nombres de Gardel, Charlo, Rivero, Goyeneche, Ruiz, Vargas o Sosa, serán recordados, mientras que Magaldi seguramente sobrevivirá como curiosidad.
Se asegura -pero la opinión no es unánime- que Agustín Magaldi nació en Casilda, provincia de Santa Fe, el 1º de diciembre de 1898. Allí vivió su infancia, pero antes de los diez años ya estaba en Rosario. Al conservatorio musical y a Caruso, los descubrió en esa ciudad. A partir de ese momento, la influencia de la canción lírica será evidente. De todos modos, y luego de alguna que otra incursión en el género, pronto se volcará hacia la música popular, que a inicios de los años veinte ya era el tango, aunque acompañado por canciones camperas, cielitos, vidalitas, milongas, cuecas y zambas.
Su primer dúo fue con Héctor Palacios. Luego su acompañante será Nicolás Rossi. En 1923 se radica en Buenos Aires decidido a ganarse un lugar como cantor popular. Gracias al apoyo de Rosita Quiroga empieza a grabar en el sello Víctor, pero el punto de partida de su verdadera carrera profesional se produce en 1925, cuando constituye el dúo con Pedro Noda, acompañado por las guitarras de Enrique Maciel y José María Aguilar al principio. Éstos luego serán sucedidos por Genaro Veiga, Rosendo Pesoa, Diego Centeno y Angel Domingo Riverol.
El dúo Magaldi-Noda durará diez años. Para muchos magaldianos, éste es el mejor momento del maestro. La presencia en los escenarios porteños se extenderá luego a las principales ciudades de las provincias argentinas. En 1935, el dúo se disuelve. Noda se irá con Carlos Dante y Magaldi como solista será acompañado por las guitarras de Centeno, Ortiz y Francino y el arpa de Félix Pérez Cardozo.
Para esa época, Magaldi ya es una estrella de la radio, de las radios que en diversos momentos funda ese pionero del medio que fue Jaime Yanquelevich . Es probable que para esa época haya conocido a Evita, pero ese encuentro no tuvo ninguna importancia en su carrera profesional. Su primer escenario será Radio Nacional, luego Radio Belgrano y finalmente Radio Splendid. En Belgrano, su programa fue un verdadero suceso de popularidad. Magaldi y la Gomina Brancato se constituyeron en una marca registrada.
Agustín Magaldi murió antes de cumplir los cuarenta años. Una operación de vesícula en el Sanatorio Otamendi se complicó y lo llevó al silencio el 8 de septiembre de 1938. Una multitud lo acompañó al cementerio de la Chacarita.

viernes, 28 de agosto de 2015

SE PRESENTÓ EL LIBRO EN EL NAIPE DEL VIVIR

El pasado jueves 27 de agosto a las 19hs en el mítico café Miravalles de Bahía Blanca, José Valle presentó su nueva producción literaria, “En el Naipe del vivir, historias de tango, boxeo y turf” dentro del  prestigioso ciclo mensual “Un vermut con la historia”; la conducción del evento estuvo a cargo del reconocido periodista Lorenzo Natali.
Ante un Bar repleto de gente y con  unas 50 personas en la vereda, Valle contó experiencias personales por unos veinte minutos desgranando jugosísimas anécdotas de Carlos Gardel, Irineo Leguisamo, Jose María Gatica, Alfredo Prada, Pedrito Quartucci, Alberto Morán, Víctor Galíndez, Juan Carlos Lamas, El Flaco Calígula, Délfor Medina, Vilmar Sanguinetti, Pascual Pérez, Carlos Monzón, Gogó Andreu, entre otros.
Fuera de programa, la cancionista Gaby “la voz sensual del tango” emocionó al público presente con magníficas interpretaciones de los tangos de Chico Novarro dedicados al noble arte de los puños “Un sábado más” y “El último round”.
Seguidamente, se desarrolló un show con populares páginas del 2x4 a cargo de Juan Carlos Deambrosi y Alberto Mansi.
Para finalizar Lorenzo Natali y Galo Valle procedieron a sortear entre la concurrencia una remera estampada con el diseño de tapa del libro, obra de Guillermo Arena.
Se vivió una noche mágica e inolvidable llena de emociones y nostalgia, en la que afloraron muchísimas anécdotas de un pasado glorioso del tango, el noble deporte de los puños y la pasión por los burros.

37 años de la trágica muerte de Jorge Cafrune

El artista folclórico Jorge Cafrune, de barbada estampa gaucha y gran magnetismo, murió víctima de un trágico y a la vez confuso accidente, nunca esclarecido, que ocurrió la madrugada del 1 de febrero de 1978 en la localidad bonaerense de Benavídez.
El cantor, de 40 años, sufrió el accidente que le ocasionó la muerte en la ruta 27, a la altura de Benavídez, al ser embestido por una camioneta conducida por Héctor Emilio Díaz, de 19 años.
Cafrune iba montando a caballo rumbo a Yapeyú (Corrientes), junto a su amigo Fino Gutiérrez, para participar del homenaje por el bicentenario del nacimiento del general San Martín.
Días antes había actuado en el Festival de Folclore de Cosquín, donde no solamente incluyó en su repertorio una canción prohibida por la dictadura militar (al respecto hay dos versiones contrapuestas, una indica que fue “Zamba de mi esperanza” y la otra que se trató de “El orejano”), sino que anunció que haría un raid hípico al lugar del nacimiento del prócer llevando consigo un cofre con tierra de Boulogne Sur Mer, la ciudad francesa en la que murió el Libertador.
En el libro “Jorge Cafrune-memoria de un hombre libre”, publicado en Córdoba en 2004 por Héctor Ramos, se recupera el anuncio de esa travesía y se dice que Cafrune expresó al respecto: “Me amenazaron diciéndome que si hago el viaje moriré. Dicen que un zurdo no puede mancillar la tierra de San Martín. Siempre dije que no soy comunista, que soy nacionalista con `c` y no con `z` y que no me alineé como cantor de protesta. Yo le canto al pueblo”.
Las crónicas de la época consignaron que el conductor no sólo atropelló a Cafrune y a su caballo blanco, sino al otro jinete (Gutiérrez) que marchaba varios metros adelante; detuvo la camioneta recién a 200 metros del lugar donde se había producido el impacto y luego se alejó del lugar, sin ayudar a las víctimas.
Aunque sufría la rotura de diez costillas y politraumatismo de cráneo, Cafrune llegó con vida a la asistencia pública de Benavídez.
De allí lo trasladaron al Hospital Municipal de Tigre, y más tarde volvieron a trasladarlo, esta vez al Instituto del Tórax de Vicente López, trayecto en el que murió.
En “Militancia de la canción. Política en el canto folclórico de la Argentina 1944-1975”, libro donde volcó su tesis de Maestría en Historia de la Universidad Di Tella, el especialista Carlos Molinero indica que un Cafrune agonizante expresó: “Es mejor que me maten…no aguanto más…Te encargo mis hijos, que no les pase nada”.
La investigación recuerda que Cafrune cometió la osadía de entonar una canción prohibida en Cosquín alegando que “aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar”.
“Son las palabras de Cafrune las que resultan ácidas, más aún que la canción. Era claro que eran reveladoras de un secreto a voces: había canciones prohibidas y Cafrune se preciaba de no acatar prohibiciones pues el pueblo era más que el gobierno, por terrorífico y poderoso que éste fuera”, escribe Molinero en la página 385 de su volumen.
Sumándole signos de interrogación al carácter de accidente que acabó con la vida del creador nacido el 8 de agosto de 1937 en Perico del Carmen, Jujuy, Molinero recurre al testimonio de Teresa Celia Meschiati que aparece en el Nunca Más, quien desde el 25 de septiembre de 1976 y durante 26 meses estuvo detenida-desaparecida en el centro clandestino de detención La Perla.
“Los militares allí presentes (en La Perla) coincidieron en que había que matarlo para prevenir a los otros (el que dijo esto fue el Teniente Primero Carlos Villanueva)…”, señaló la presa política al Nunca Más.
En otro tramo de su alegato, Meschiati apuntó que “el clima esa semana en La Perla fue de gran nerviosismo. Decían que estaban preparando una `operación especial`…Después Cafrune que volvía a caballo por la ruta fue arrollado por una camioneta que huyó…Grandes abrazos y enormes risas de satisfacción. Dijeron que el operativo especial `se había cumplido`”.
Cafrune saltó a la popularidad en el festival de Cosquín de 1962, luego de haber participado de los grupos Las Voces de Huayra y Los Cantores del Alba.
El "Turco" fue quizás una de las personalidades más magnéticas del folclore. Serio, barbado, de entonación clara y tonos bajos, mucho más joven que lo que se creía, el trovador que popularizó la "Zamba de mi esperanza" nutría su repertorio con la temática yupanquiana ("Coplas del payador perseguido", "La alabanza").
"Virgen india", "Mi luna cautiva", "Santafesino de veras", "Chiquillada", "No te puedo olvidar" y "Resolana" fueron algunas de las canciones más celebradas por su público.
En su voz, que evocó el drama del gaucho perseguido, revivían los caudillos federales y los versos del "Martín Fierro". Sus presentaciones públicas y sus actuaciones incluyeron, allá por 1973, su participación en la película "Argentinísima" y el programa de igual nombre que se emitía por Canal 11.
Proveniente de familia campesina, antes de ser cantor se recibió de bachiller y trabajó como chofer en un aserradero. Años más tarde llegaría a los escenarios españoles como un símbolo de la vida libre y errante del gaucho.
Cuatro hijas de su primer matrimonio -la cantante Yamila es la mayor- y dos hijos del segundo -que concretó con una española- componen la familia del hombre que desde 1972 alternaba su estadía entre Europa y la Argentina.

Argentino Ledesma

Pertenece al extendido lote de cantores de tangos de tierra adentro. Se llamaba Corazón Argentino Ledesma, hijo de Corazón de María Ledesma y Segunda Marcelina Paz. Todos santiagueños, todos amigos de la música, porque pareciera que en esa provincia la excepción es que alguien no nazca con habilidades con los instrumentos o con la voz. Corazón Argentino pasó a llamarse, gracias al oído artístico de un directivo de la radio local, Argentino, Argentino Ledesma. Había nacido el 24 de junio de 1928, fecha que siete años más tarde sería emblemática en el tango, porque ese día Carlos Gardel moría en Medellín.
Hace quince años yo andaba de paso por las Termas de Río Hondo y en un local nocturno observé que lo anunciaban como figura estelar de la noche. En el acto recordé que cincuenta años atrás la persona a la que hoy lo recibían a toda orquesta, había recorrido como cartero las calles de la ciudad. Calculé que para esa época el hombre había pasado los setenta, pero no obstante valía la pena escucharlo más allá de su deterioro físico, porque a un personaje como ésos siempre vale la pena conocerlos, aunque más no sea al pie de la tumba.
No me pude dar el gusto de oírlo cantar porque las entradas estaban agotadas, pero luego en el hotel compensé la frustración escuchando algunas de sus grandes revelaciones. Estoy hablando, por ejemplo, de “Silueta porteña”, “Dame mi libertad”, “Cuartito azul”, “Qué tarde que has venido”, “Baldosa floja” o “Fueron tres años”. Algunos grabados con la orquesta de Héctor Varela, otros como solista, pero en todos los casos, versiones excelentes de este santiagueño que los amigos conocían con el apodo de “Negro”.
Ledesma desde pibe, desde chango dirían en Santiago del Estero, se relacionó con la música y el trabajo. También con el fútbol, donde se destacó como delantero de Atlético de Tucumán, vocación que en algún momento dejó de lado porque el deporte era incompatible con la vida nocturna del aspirante a cantor. En el camino también se frustró la fantasía paterna de tener un hijo militar, cuando lo rechazaron en el examen de ingreso en el Colegio Militar de la Nación.
O sea que por un motivo o por otro su destino fue el tango, donde de entrada manifestó condiciones notables en una provincia exigente en materia musical. Puede que su primera incursión profesional haya sido en Radio Aconcagua, acompañado en la ocasión de las guitarras de Méndez, Navarro y Bernal. También se habla de una breve participación en la orquesta de Oscar Segundo Carrizo.
Alguna importancia el muchacho habrá tenido como cantor lugareño, para que cuando se haga presente en Tucumán la orquesta de Alberto D’Ángelo, su director lo invite a cantar, ocasión en la que se lució interpretando “Mi noche triste”, “Siga el corso” y “Volvamos a querernos”. Se dice que atendiendo sus condiciones vocales lo entusiasmaron para que se instale en la ciudad de Buenos Aires, oferta que rechazó por razones familiares.
Sin embargo, los dioses ya habían dispuesto que su lugar fuera la ciudad capital del tango. Allí llegó como empleado público en 1952 y, como buen provinciano, una de sus primeras visitas fue a La Querencia, de Avenida de Mayo 870. Allí le presentarán al maestro Julio de Caro y su primera prueba con ese prócer del tango fue en el cabaret Empire, de calle Corrientes. De Caro le explica que reemplazará al cantor Roberto Medina, pero dentro de tres meses. Es mucho tiempo para un pibe que vive acelerado. Es así como se da el lujo de decirle que no al gran maestro.
Pocos días después, Jaime Más, director de orquesta de Radio Belgrano, lo convoca para hacerle una prueba. Allí conoce a Guillermo Brizuela Méndez, el popular Negro. La trama del destino se cierra. Brizuela Méndez le presentará a Héctor Varela que necesita a un cantor capaz de reemplazar a Armando Laborde. El “As del tango” quedó fascinado con la voz del santiagueño y lo contrató en el acto. El gran debut se produjo el 24 de junio de 1952 en el Chantecler. Lo acompañó en la ocasión otro grande del tango: Rodolfo Lesica.
Argentino Ledesma ingresó en el Olimpo del tango por la puerta grande. Del Chantecler la orquesta se trasladó al Marabu de calle Maipú 365 y el 21 de agosto grabó con Varela su primer tema: “Novia provinciana”, de Horacio Sanguinetti y Carlos García Dávila. En el reverso instaló “Yo también” de Luis Rubistein y Luis Visca.
Con Héctor Varela el Negro Ledesma estuvo hasta 1956, una buena temporada de aprendizaje al lado de los grandes. A principios de ese año Jorge Durán le presentó a Carlos Di Sarli e inició su experiencia con el autor de “Bahía Blanca”. Los escenarios ahora son Radio el Mundo y el Marabú. En esa temporada la orquesta amenizó los bailes de carnaval de San Lorenzo de Almagro.
Héctor Varela no era hombre dispuesto a renunciar a un cantor sin dar pelea. Habla, convence, eleva la oferta económica y antes del año, Ledesma decide regresar a esta orquesta para asombro de un Di Sarli poco acostumbrado a que los cantores lo dejen plantado.
Durante este nuevo período, la dupla Ledesma-Lesica se consolidará como un clásico de la noche porteña y particular encanto tendrán las habituales interpretaciones a dúo de valses y milongas. Dicho a modo de anécdota, “Silueta porteña” estaba pensada como una versión a dúo, pero una inesperada ausencia de Lesica habilitó que Ledesma la interpretara como solista y que se constituyera en el acto en una de sus grandes revelaciones.
De todos modos, Ledesma ya estaba decidido a volar con sus propias alas. Edmundo Rivero le dio un consejo decisivo: “Váyase de la orquesta, pero asegúrese bien porque usted es muy joven”. El “seguro” en este período inicial como solista será Mario Battistella. Un año después dejó la orquesta de Varela y empezó su periplo como solista, acompañado por músicos de la talla de Jorge Dragone, Francisco Canaro, Osvaldo Fresedo, Mariano Mores y, en algún momento, con Osvaldo Pugliese en los ochenta, ocasión en la que dijo: “Después de esto puedo dormir tranquilo”.
En realidad, famoso ya era desde antes. En 1960 fue convocado por el director de cine Kurt Land para participar del film “El asalto”, en el que actúan Alberto de Mendoza, Egle Martin y Tato Bores. En la ocasión interpretó tres temas: “Cafetín de Buenos Aires”, “Dame mi libertad” y “El asalto”. También incursiona en las tablas, en la obra “Patio de tango” donde trabajan Fidel Pintos y Tito Lusiardo.
Por supuesto, los portales de los grandes programas de televisión de aquellos años se le abren sin reservas. Pienso, por ejemplo, en “Sábados Circulares” y “Grandes valores del tango”. En 1964 Canaro preparó doce temas de Gardel para que los grabara Lucho Gatica. No se sabe qué pasó con el cantor de boleros, pero lo cierto es que los grabó Ledesma: los seis primeros con Canaro y los restantes con el maestro Carlos García.
A mediados de los años setenta, inauguró “La Casa de Argentino Ledesma” en pleno barrio de la Boca. Allí lucieron su talento, entre otros, Edmundo Rivero, Roberto Rufino, Rosana Falasca y Osvaldo Requena, para mencionar los más conocidos. Por último, entre 1957 y 1971 grabó para el sello EMI Odeón y luego para Microfón, Magenta y CBS.
A todo este panorama de actividades, hay que sumarle giras por las capitales de la Argentina y los principales países del mundo. Digamos que el hombre se dio todos los gustos. Alguna vez declaró en una entrevista: “Mi idea fue hacer siempre un tango melódico, porque pienso que es lo que perdura a través del tiempo. Mi vida es un eterno agradecimiento a la canción popular que me permitió ser alguien. Siempre tuve una humilde pero auténtica expresión de gratitud de provinciano al que Buenos Aires y su gente convirtieron en triunfador y, sobre todo, lo hicieron sentirse porteño”. Argentino Ledesma falleció en Buenos Aires, el 6 de agosto de 2004.

Beba Bidart

En los años cincuenta y sesenta -y tal vez me quedo corto- era imposible no saber de ella. En la radio, en el cine, en la televisión, en los grandes locales nocturnos su voz, su rostro, su presencia estaban presentes como un símbolo de Buenos Aires. La recuerdo con Bergara Leumann en “La Botica del Ángel”, cantando “Yira yira”; con Dringue Farías haciendo un sketch donde representa a una sufrida mujer de barrio dueña de un humor ácido y desencantado; con Silvio Soldán, donde todavía se puede recuperar por Internet una versión de “Pa lo que te va a durar”, ese extraordinario tango de Celedonio Flores; o con Enrique Dumas, cantando a dúo y en contrapunto.
En 1962 rompe el complejo de inferioridad del tango frente a la avasallante nueva ola. Es el momento en que ella con Julio Sosa bailan “El firulete” delante de los chicos rockeros. Gracias a esa exhibición, en esos meses de principio de los años sesenta, los discos de Julio Sosa y las escenas de esa película conquistan más espectadores y escuchas que los imbatibles “Explosivos”, entonces sinónimo y símbolo de rock and roll y nueva ola.
Al cine y la revista, Bidart suma el género de las telenovelas. Dos de ellas batirán los récords en su momento: “La cruz de María Cruces” y “Rolando Rivas taxista”, la creación de Alberto Migré, serie que contó con la participación, entre otros, de Claudio García Satur y Soledad Silveyra. En “Rolando Rivas’’, Beba maneja un taxi, en un tiempo en que nadie hubiera imaginado a una mujer en ese trabajo.
Como para que nada faltara a ese romance con la fama, durante todos estos años estuvo en pareja con Cacho Fontana, el paradigma del locutor exitoso, el hombre de la voz inconfundible y la sonrisa irresistible. Dicen los entendidos que Fontana fue su gran amor, pero lo que nosotros nos importa es su amor al espectáculo, una consigna que Bidart vivía intensamente, con esa rigurosa profesionalidad de los artistas que saben que pase lo que pase en la vida privada de cada uno, el espectáculo debe seguir.
Elianne Renée Schiani Bidart nació en el barrio porteño de Boedo, el 3 de abril de 1924. De muy pequeñita se relacionó con los escenarios. A los cuatro años ingresó al Teatro Infantil Labardén; a los ocho, estuvo en la Compañía de Obras para Niños, dirigida por Concepción del Valle.
Actúa en el cine por primera vez en el film dirigido por Carlos Hugo Christensen, “Los pulpos”, película en la que interviene Olga Zubarry y Roberto Escalada. Su última película fue “Funes, un gran amor”, filmada un año antes de su muerte. Se estima que participó en más de treinta películas, algunas buenas, algunas regulares, muchas olvidables. Pero en ese prolongado itinerario profesional -casi medio siglo- merecen destacarse “La vendedora de fantasías”, dirigida por Daniel Tinayre; “El túnel”, de León Klimovsky”; “La casa grande”, de León Fleider.
La danza, el baile del tango, la contaron como un personaje destacado. De muy jovencita hizo pareja con Tito Lusiardo, pero además se dio el lujo de bailar con Juan Domingo Perón, Pedro Eugenio Aramburu, Juan Carlos Onganía y Carlos Saúl Menem. Como se podrá apreciar, a la hora de bailar, Bebe no hacía distinciones ideológicas o políticas, aunque a Menem se ocupó en decirle expresamente que bailaba con él, pero ella era radical.
El personaje que fue forjando a fuerza de voluntad, estudio y talento, debe haber sido consistente para que Mariano Mores le dedique una de sus grandes creaciones: “Taquito militar”. Años después inaugurará una tanguería -“Taconeando”- que la contará como artista de primer nivel. Su relación con el universo del tango debe de haber sido fuerte para que José Gobello y Sebastián Piana la propongan para integrar la Academia Porteña de Lunfardo, institución a la que ingresa para reemplazar a la escritora Nydia Cuniverti.
Postulo que Beba Bidart con Tita Merello representan en el campo de la creación de arquetipos, las dos grandes mujeres del tango. Ni Tita ni ella son excelentes cantantes, pero poseen otra cosa: ductilidad, percepción, sensibilidad para captar lo que es el tango y cuál es el rol que el tango le asigna a la mujer, un rol que más allá de sus pinceladas pintorescas, es artísticamente digno.
Recuerdo sus actuaciones con Dringue Farías. Realmente era un placer disfrutar la puesta en escena que montaban. Un gesto preciso, un leve movimiento de la mano, una manera de colocar la voz, la sonrisa insinuante, una palabra con el sonido exacto, el modo de caminar, de sostener el cigarrillo, eran los recursos que trabajaban para dar con un “tipo” actoral perfecto en su registro.
Jorge Göttling dijo de ella: “La Beba fue la versión de la Bardot de nuestro mundo. Fue la mina de enorme ratoneo. El deseo estaba puesto también en la lícita envidia o admiración de millones de mujeres con ruleros y batones, para las cuales significaba una suerte de vocera de sus cerradas proyecciones, una reivindicación de ciclos de vida cerrados nada más que en la imaginación”.
Se dice que fue el productor de Dringue Farías el que entusiasmó a Beba para que comenzara a cantar tangos. Su calidad vocal no se compara con la de Mercedes Simone y Ada Falcón, para no hablar de Nelly Omar o Susana Rinaldi, pero Bidart sabe de tango, lo sabe interpretar y además se toma el trabajo de educar la voz para estar a la altura de los desafíos que se propone. O sea que a partir del momento en que empieza a cantar sus primeros tangos el espectáculo que brinda es completo: canto, baile, teatro, todo ello acompañado de su belleza y una personalidad consistente, creíble, capaz de llegar al gran público. Hablo en definitiva, de una notable profesional que mantendrá su estilo hasta el último día de su vida.
En algún momento, Beba se da el lujo de ser acompañada por Francisco Canaro. Para placer de sus seguidores deja alrededor de treinta tangos grabados. Allí merecen destacarse “Pero yo sé”, “Madreselva”, “Muchacho”, “Te parece todavía”, “Ventarrón”, “El firulete” o “Me bautizaron milonga”. Escucharla da gusto, pero el espectáculo es completo si la vemos cantar, privilegio que la tecnología nos brinda en los tiempos que corren.
Beba Bidart murió el 27 de agosto de 1994. Coincidencia de la vida. Ese mismo día murió Roberto Goyeneche, uno de los grandes cantores de tango de todos los tiempos. Para esos años Beba animaba las noches de su propio local, Taconeando. Ella murió en su casa después de haber actuado por última vez en los salones del local de su creación. Fiel a su destino, exigió a sus seres queridos que cuando muriese sus restos fueran desparramados en la vereda de Taconeando. Es lo que se hizo. Hoy esa vereda de calle Balcarce se llama con justicia la vereda de Beba Bidart.

El Negro Miguel Montero

Alguna vez Roberto Casinelli lo bautizó como el “Negro de oro del tango”. Había nacido en Tucumán, el 9
de julio de 1922, pero a los pocos años estaba viviendo con su familia en Córdoba, para luego trasladarse a Buenos Aires, al barrio de Saavedra, el mismo que acunó al Polaco Goyeneche.
Montero pertenecía a una familia donde cantar era una actividad cotidiana. Lo hacían en las fiestas familiares, en las sobremesas y en las reuniones de amigos. Él y uno de sus hermanos fueron los que más se destacaron en este oficio casero de improvisar canciones para la ronda de seres queridos.Era muy joven el Negro cuando debutó con el nombre de Alberto Luna en Radio del Pueblo acompañado por las guitarras de los hermanos Legarreta y José Di Nápoli. Como cantor de orquesta se inició luego en las improvisadas formaciones del barrio. Los biógrafos destacan que en esos años estuvo con la típica de Eliseo Minotti y luego con el maestro Miguel Brunetti.
El muchacho debe de haber sido bueno, porque apenas iniciada la década del cuarenta Pedro Maffia lo convocó como cantor y sus primeras presentaciones fueron en la popular Radio el Mundo y “su red azul y blanca de emisoras argentinas”. En 1943, un Juan Carlos Cobián que recién regresaba de Estados Unidos lo sumó a su flamante orquesta, por lo que antes de cumplir los veinte años el Negro Montero ya estaba jugando por mérito propio en las primeras divisiones y de la mano de los mejores.
La fama ya lo estaba acariciando, pero se puede vivir para el canto pero no vivir del canto. Fue por ello que durante unos años Montero se ganaría la vida como pintor y decorador, un oficio que compartía con sus padres y hermanos.
Sin embargo, en 1949 Juan Carlos Hogard, pianista de la orquesta de Francisco Lomuto, lo contrataría para las presentaciones que hacía por su propia cuenta. A los pocos meses ya estaba incorporado por derecho propio a la orquesta de Lomuto en reemplazo de Carlos Galarce.
A su debut lo hizo en Radio Belgrano, acompañado por ese otro cantor poco conocido pero de muy buen nivel llamado Alberto Rivero.
Con Lomuto concretaría cuatro o cinco grabaciones. La primera, con el sello Víctor y de nombre “Muñequita”, un poema escrito en 1918 por Adolfo Herschel y musicalizado por el propio Lomuto. “Me acuerdo que por Florida paseaba en voiturette y siempre andaba vestida por Paquín o por Georgette, hasta tenía carruaje, lancha en el Tigre y un Ford, garconniere en el Pasaje con todo lujo y confort”.
Lomuto murió en diciembre de 1950 y entonces Montero se incorporaría a la orquesta de Roberto Dimas y luego a la de Carlos Demaría, con quien grabaría ese notable tango de Discépolo, escrito en 1928: “Esta noche me emborracho”.
El año 1953 lo encontraría al Negro cantando en Radio Splendid, en la orquesta de Mario Demarco. Justamente sería Demarco el que lo presentaría al maestro Osvaldo Pugliese, con quien debutaría el 16 de julio de 1954 en los bailes del Club Huracán de Parque Patricios.
Montero alcanzaba el punto culminante de su carrera. Como Maciel, Belussi, Córdoba, sería uno de los grandes cantores de la orquesta considerada por los críticos como una de las mejores del género. Cuatro años y medio estaría Montero luciendo sus atributos con Pugliese. Su primer tango con el maestro sería el tema de Julio Navarrine y Carlos Vicente Geroni Flores, “A la luz de un candil”. Y su última grabación, “Dicha pasada”, de Guillermo Barbieri, el tango cuyos primeros versos todos conocemos de memoria: “Ayer cuando te vi tan altanera, pasear con el que fuera mi rival, pensé en aquellas quince primaveras que dieron hermosura a tu mirar, pero hoy no sos la misma que eras antes, la luz que hubo en tus ojos se apagó, tenés una amargura en el semblante, que nadie ha de saberla como yo”.
Dieciséis grabaciones realizaría Montero con Pugliese y cuatro más en dúo con Jorge Maciel. A ese período pertenece su exclusiva creación o, por lo menos, la que lo hizo más famoso. Me refiero al tango de Eduardo Marvezzi, “Antiguo reloj de cobre”, que grabó para el sello Odeón y que llegaría a vender más de treinta y cinco mil placas. En efecto, todo cantor que se precie de tal tiene su tema emblemático. Gardel y “Mi Buenos Aires querido”, Magaldi y “El penado catorce”, Ángel Vargas y “Tres esquinas”, Roberto Goyeneche y “Naranjo en flor, “Edmundo Rivero” y “Pucherito de gallina”, Julio Sosa y “Mala suerte”. Pues bien: “Antiguo reloj de cobre”, pertenece por mérito propio, destino o talento al Negro Miguel Montero.
De Pugliese se separó en 1959 e inició su trayectoria como solista. En esa condición debutó en Radio Splendid con su propia orquesta dirigida por José Libertella. Después lo hizo con Eduardo Corti, Armando Cupo, Aquiles Roggero, Juan José Paz y Ángel Domínguez.
A lo largo de la década del sesenta grabaría dos temas con la orquesta de Miguel Caló, uno en 1961 y otro en 1969, y dos temas con Marianito Mores en 1966.
El primer disco que tuve de Montero fue precisamente el que grabó con la orquesta de Domínguez. En la tapa está él con un cigarrillo en la boca, Morocho, sonrisa ganadora y una camisa azul con cuello abierto. De ese disco recuerdo entre otros temas a “Viejo ciego” y “De puro guapo”. También para esa época compré el disco “Sus primeras grabaciones”, con la orquesta de Libertella.
Se sabe que en 1971 grabó dos discos de larga duración con acompañamiento de guitarras y en 1973 “Los cosos de Buenos Aires”, una placa de doce temas acompañados por la orquesta de Horacio Salgán.
En 1974 grabaría otro disco para el sello Odeón con la orquesta de Pascual Mamone. A sus atributos como vocalista, Montero le sumaría su condición de compositor en temas como “Pa la muchachada” de Carlos Johnson y grabado por Osvaldo Pugliese. También corresponde mencionar a “La noche tiene ojos negros”, “Celos por quererte”, “Carbonilla”, “Qué diablos pasa” y “No te hagas el pituquito”, con letra de Reynaldo Yiso.
¿Qué tangos merecen escucharse de Montero? Todos. Pero para relativizar la afirmación recomendaría, además de los que se mencionan a lo largo de la nota, a “Por qué la quise tanto” con Mores, “Acquaforte” con Pugliese o “Me quedé mirándola” y “Tinta roja”. Con esos temas solamente, ya hay música como para pasar un muy buen momento.
Miguel Montero murió el 29 de agosto de 1975. Era joven, cincuenta y tres años, y tenía mucho para dar.