viernes, 6 de julio de 2018

Jorge Maciel

Maciel, Pugliese y Belusi
Su nombre real era Carlos Pellegrini. Ignoro las razones por las que decidió llamarse Jorge Maciel, pero lo cierto es que este cantor de tangos, emblemático de la década del cuarenta, ya era conocido con ese nombre cuando integraba la orquesta de Alfredo Gobbi, previo haber hecho los primeros palotes en las orquestas de Juan Carlos Caviello, Miguel Zabala, Félix Guillán y Roberto Caló, el hermano de Miguel.
El hombre nació en el muy tanguero barrio de La Boca el 17 de septiembre de 1920 y antes de cumplir los treinta años ya era el cantor estrella de Gobbi, una de las orquestas mejor calificadas, en un tiempo en que este reconocimiento no lo ganaba cualquiera. Para 1954 Maciel ingresa a la orquesta de Osvaldo Pugliese, donde compartirá micrófonos con cantores de la talla de Alfredo Belusi, Miguel Montero, Carlos Guido y Abel Córdoba. En 1968 se integra al Sexteto tango, la formación musical creada por los músicos de Pugliese en un tiempo duro para quienes querían ganarse la vida con la música, en una época en que los honorarios que pagaban los empresarios de la noche no alcanzaban para financiar a las “multitudinarias” orquestas de los años cuarenta. En el Sexteto tango militan Julián Plaza, en el piano; Osvaldo Ruggiero y Víctor Lavallén en los bandoneones; Emilio Balcarce y Oscar Herrero con los violines, y Alcides Rossi en el contrabajo.
Ya para esos años, Maciel es un cantor consagrado, cuya presencia además de ser aclamada en los escenarios porteños y provincianos, se ha impuesto ante plateas tan diversas como las de Rusia, China y Japón, giras que realizó con Pugliese y los amigos del Sexteto tango.
El estilo de vida de los artistas no suele ser piadoso con su salud. Las trasnochadas alientan inevitables excesos y ello, tarde o temprano, impacta en la salud, pero sobre todo en la voz. No obstante, a los cincuenta y cinco años, Maciel seguía siendo un cantor con aptitudes y, sobre todo, mucho oficio. Lo fue hasta el momento en que se vio obligado a operarse de una hernia y su corazón no resistió los efectos de la anestesia. Murió en Buenos Aires el 25 de febrero de 1975.
Uno de los parámetros para apreciar a un cantor de jerarquía es evaluar los temas que supo consagrar, esos temas que lo distinguen y que nadie o casi nadie puede luego interpretar, porque es como si los hubiera marcado para siempre con su estilo. Es el caso de Carlos Gardel con “Mi Buenos Aires querido”, de Agustín Magaldi con “El penado catorce”, de Ignacio Corsini con “La que murió en París”, de Roberto Goyeneche con “Naranjo en flor”, de Floreal Ruiz con “Vieja amiga”, de Julio Sosa con “Mala suerte” o de Edmundo Rivero con “Escolaso”.
Maciel exhibe en su curriculum, por ejemplo, “Remembranzas”, un tango de Mario Melfi y Mario Battistella, el autor entre otros tangos de “No aflojés” y “Cuartito azul”. “Remembranzas” lo grabó para la RCA Víctor en 1948, acompañado por la orquesta de Gobbi, orquesta en la que dejó registrados dieciocho temas, uno acompañado por Ángel Díaz y tres con Héctor Coral. De “Remembranzas”, merecen citarse los primeros versos: “Cómo son largas las semanas / cuando no estás cerca de mí / no sé qué fuerzas sobrehumanas / me dan valor lejos de ti...”
También con esta orquesta grabó otro de sus clásicos. Se trata de “Canzoneta”, con música de Erma Suárez y letra de Enrique Lary, autor, entre otros temas, de “Noches de Brasil”, “Por las calles del tango” “Los largos del pibe”. “Canzoneta” fue interpretado entre otros por Héctor Mauré, Jorge Falcón y Alberto Marino, pero la versión de Maciel es considerada por sus seguidores como la más lograda. “La Boca... Callejón... Vuelta de Rocha / Bodegón... Genaro y su acordeón...”.
Al período con Gobbi pertenece otro clásico que en su momento apasionó y arrancó lágrimas a los oyentes futboleros. Me refiero a “La número cinco”, de Reinaldo Yiso y Orestes Cúfaro, grabada en junio de 1951, un poema que culmina con un escena antológica, el momento en que los jugadores del equipo de fútbol se hacen presentes en la sala del Hospital Muñiz para entregarle al pibe enfermo la pelota con la que jugaron ese domingo en la cancha. En la grabación se filtra en algún momento la voz de Fioravanti, merecido homenaje a quien fuera por lejos el mejor relator de partidos de todos los tiempos.
Con Osvaldo Pugliese, Maciel grabó sesenta y seis temas, tres de ellos con Montero, dos con Guido, seis con Belusi y tres con Córdoba. Pertenecen a ese período letras como “Por una muñeca”, de Emilio Balcarce y Manuel Barros, pero el tema que lo consagró, el que le valió el reconocimiento de los críticos más exigentes, fue “Recuerdo”. Jorge Faruk dice al respecto: “Una obra de antología, un tango tan difícil de cantar que parecía hecho para Maciel, cuya interpretación dejaba la sensación de no darle trabajo alguno”.
“Recuerdo” fue grabado por Pugliese en 1966. La letra es de Eduardo Moreno, pero acerca de la autoría de la música hay un debate aún no zanjado, ya que están los que sostienen que pertenece a Adolfo Pugliese, padre de Osvaldo; a su hermano Vicente Salvador, “Fito”, o al propio Osvaldo. Las tres hipótesis están bien fundamentadas, pero también son buenas las refutaciones. Coleccionistas e investigadores suelen dejar la vida en estas polémicas, pero más allá de los detalles -cuya importancia no desconozco- lo cierto es que “Recuerdo” es un tangazo que antes de ser interpretado por Pugliese con Maciel, fue estrenado por el cuarteto de Juan Fava en el café Mitre de Villa Crespo; en 1927 interpretó por primera vez la letra de Moreno la cantante Rosita Montemar. A esta versión hay que sumarle las de Julio de Caro, la de la Orquesta Típica Víctor, con la voz de Roberto Díaz y, en los años cuarenta, la de la formación de Ricardo Tanturi.
Se dice que en “Recuerdo”, la composición musical es superior a la calidad de la letra. Todo merece discutirse, pero lo seguro es que su interpretación es muy difícil y exige del cantor ductilidad y mucho cuidado.
“Recuerdo”, según se sabe, pudo haberse titulado como “Recuerdo para mis amigos” o “A mis amigos”. Se dice que a la melodía Pugliese la fue imaginando en sus habituales viajes en tranvía desde el barrio al centro. Y que en su momento la composición fue dedicada a los amigos de la barra “La cueva del Chancho”.
Una estrofa de “Recuerdo” merece evocarse: “Quedó su nombre grabado / por la mano del pasado / en la vieja mesa del café del barrio sud / donde anoche mismo una sombra de ayer, / por el recuerdo de su frágil juventud / y por la culpa de un olvido de mujer, / durmióse sin querer / en el Café Concert”.
Con respecto al autor, hay que decir que Moreno escribió, además de este tema, poemas como “Ausencia”, “Navidad” y “Barra de oro”: “Muchachada amiga, sincera y derecha, / muchachada de oro de la época azul / No quedó ninguno, se fugaron todos, / como el cigarrillo de la juventud”.
En el Sexteto Mayor, Maciel dejó grabados veinticuatro temas, un registro en el que se confunden tangos de la guardia vieja con letras como “Mi ciudad y mi gente” o “Chiquilín de Bachín”. Pertenecen a su repertorio letras como “Pasional”, “Así era ella”, “Estás en mi corazón”, “Cascabelito” o “Muchachos”.

jueves, 14 de junio de 2018

Comienzan las IX Jornadas Gardelianas de Bahía Blanca

Declaradas de Interés Cultural por la Cámara de Diputados de la Nación, de Interés Provincial y Cultural por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, de Interés Legislativo por el Senado Bonaerense y de Interés Municipal por el Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca.
Viernes 15 de junio, 22hs “Gardel en el BBPS”. En el escenario del Patio de comidas del Bahía Blanca Plaza Shopping (1° piso) se proyectarán imágenes inéditas de Carlos Gardel e imágenes a color del cantante y se brindará un show con destacados bailarines: Natalia Gastaminza, Gustavo Rodríguez, María Rial y Jesús Infante, seguido de una gran milonga popular como cierre de la velada.
Entrada libre y gratuita.
Lunes 18 de junio, 18 hs “Gardel en el cine”, Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560). Apertura Oficial con palabras del Director del Instituto Cultural Ricardo Margo y del Director del Ciclo Bahía Blanca No Olvida, José Valle. Habrá entrega de distinciones del CEDICUPO a Ariel Biagetti, Agustín Sagasti y al Diario La Nueva en su 120 aniversario. Finalmente se proyectará la película "Las luces de Buenos Aires", primer largometraje sonoro protagonizado por Carlos Gardel.
Entrada libre y gratuita.
Martes 19 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel I” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con Brisa Rulli, Cristina Isa, Juan Carlos Deambrosi y Chacho Tinervia.
Derecho de espectáculo $120.
Miércoles 20 de junio, 21.30 hs “Tributo por Gardel” en Tributo Resto Bar (Dorrego 20). Show musical con las cantantes Eugenia Colantonio, Alicia Comignani y la comediante Flavia Majluf.
Derecho de espectáculo $50.
Jueves 21 de junio, 19 hs “Un vermut por Gardel” en el Café Miravalles (Av. Cerri 777). Charla a cargo del Círculo Gardeliano de Bahía Blanca con proyección de audiovisuales del zorzal criollo y la actuación de la cantante Romi Benito. Entrega de distinción CEDICUPO a la trayectoria a Dario Lorenzini.
Entrada libre y gratuita.
Viernes 22 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel II” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con Silvia Adami, Guillermo Stemphelet, Silvia Mancini y Gerónimo Blint.
Derecho de espectáculo $120.
Sábado 23 de junio, 21.30 hs “Histórico Gardel III” en el Café Histórico (Av. Colón 602). Show musical con: Gastón Peralta, Gianlucca Pezzutti, Gloria Falappa y Cristina Marinissen.
Derecho de espectáculo $120.
Nora Roca y Gaby 
Domingo 24 de Junio, 21 hs: "Carlos Gardel, El Rey del Tango". Velada de Gala de las IX Jornadas Gardelianas de Bahía Blanca en el Teatro Municipal con la participación de Nora Roca, Gaby “La voz sensual del Tango”, Osvaldo Rojas, Víctor Volpe, Quique Lorenzi, el Ballet de Tango de las Peñas Folkóricas de las Escuelas Medias de la Universidad Nacional del Sur dirigido por Sonia Agüero y la participación de Galo Valle.
Entrada general numerada $250, anticipadas y jubilados 20% de descuento.

martes, 12 de junio de 2018

Angel Vargas, el ruiseñor de las calles porteñas

Nació en el barrio de Barracas, de la ciudad de Buenos Aires, el 22 de octubre de 1904.
Comenzó a cantar en la década de 1930 en la orquesta del bahiense Augusto Pedro Berto con el seudónimo de Carlos Vargas.
En 1932 conoció a Ángel D'Agostino e hicieron algunas presentaciones juntos.
En 1938 grabó algunas canciones con la Orquesta Típica Victor.
En 1940 alcanza notoriedad cuando ingresa como voz principal de la orquesta de Ángel D'Agostino y comienzan a grabar para el sello RCA Victor. Realizaron noventa y tres grabaciones entre aquel año y 1946, que constituyen una obra esencial del tango del siglo XX.
Su etapa como solista la encara formando su propia orquesta, alternativamente dirigida por distintos músicos: el bandoneonista Eduardo Del Piano, el pianista Armando Lacava, y los bandoneonistas Edelmiro D'Amario, Luis Stazo y José Libertella, en total deja registrado junto a su orquesta un total de 86 temas. También hizo interesantes grabaciones con el trío de Alejandro Scarpino.
Era apodado como "El ruiseñor de las calles porteñas".Sin exageraciones podría decirse que fue uno de los cantores más queridos del universo tanguero y en algún momento, uno de los más populares.
Sus tangos se siguen escuchando con la misma devoción que dominó a los tangueros de la década del cuarenta. En sus tangos, en la resonancia de su voz, hay momentos alegres y tristes, pero no hay tragedias. A Angelito Vargas se lo puede escuchar con una sonrisa o con una lágrima, pero esa voz suave, confidente, delicada e íntima no deja lugar a la angustia y mucho menos al resentimiento.
La nostalgia, la melancolía, el recuerdo de un tiempo que pasó y de personas queridas que se fueron para siempre, están presentes en sus tangos y en el tono inconfundible de su voz.
Entre sus discos se destacan las interpretaciones de los tangos “No aflojés”, “Tres esquinas”, “Ninguna” y “Muchacho”, el vals “Esquinas porteñas”, todos con la orquesta de Angel D'Agostino y, ya en su etapa solista el tango “Ya no cantas chingolo (Chingolito)” de Antonio Scatasso y Edmundo Bianchi, acompañado por su orquesta dirigida por Armando Lacava, que tiene la particularidad doble de ser su único registro en dúo con otro cantante y que además este cantante era su hermano Amadeo Lomio.
Murió tempranamente, a los cincuenta y cuatro años y en plena actividad.

jueves, 17 de mayo de 2018

A 43 años del fallecimiento de Aníbal “Pichuco” Troilo

Aníbal Troilo nacio el 11 de julio de 1914, en la calle Cabrera 2937, entre Anchorena y Laprida, es decir, en pleno barrio del Abasto pero se crió en Palermo. Su padre murió cuando "Pichuco" tenía 8 años y su vocación por el "fueye" despertó cuando todavía cursaba la escuela primaria, años despues comentaría "Mi viejo era carnicero y murió cuando yo tenía ocho años... A los diez, el fueye me atraía tanto como una pelota de fútbol. Jugaba de centrojás en el Regional Palermo. La vieja se hizo rogar un poco, pero al final me dio el gusto y tuve mi primer bandoneón: diez pesos por mes en catorce cuotas. Y desde entonces nunca me separé de él".
Una tardecita de 1928, un gordito retacón, con ojos de japonés, bajó del tranvía 31 y encaró para el lado de la calle Soler, en la frontera sur de Palermo Viejo con el Abasto y Almagro. El pibe venía del Carlos Pellegrini, del colegio. En la esquina, lo pararon los amigos: el jorobadito Goyo, Duve, el flaco Cutaro, Luisito el peluquero... "¡Dogor! –le gritó el jorobadito- ¿te querés ganar unos mangos? Te conseguimos una actuación en el Petit Colón".
El fue al tango, como instrumentista, lo que Carlos Gardel a su interpretación cantada.
Así empezó la historia. El gordito retacón con ojos de japonés tenía 14 años, los pantalones cortos y todo el barrio adentro. Se llamaba Aníbal Carmelo Troilo.
Ejecutante de bandoneón, justamente el instrumento símbolo del género, su apodo familiar de "Pichuco" trascendió a la sociedad y coexistió armoniosamente con el artístico de "El Bandoneón Mayor de Buenos Aires", según lo bautizara el poeta lunfardo Julián Centeya.

Varios factores contribuyeron a hacer de Troilo un mito viviente: su manera de tocar "hacía hablar" al bandoneón en los fraseos, del mismo modo que la trompeta de Louis Armstrong "enseñaba" a cantar jazz a sus contemporáneos. Pero además, Troilo fue un melodista inigualable, cuyo talento para la composición quedó registrado en temas como los que escribió para letras de Homero Manzi ("Barrio de tango", "Sur", "Discepolín", "Che Bandoneón"), o de Cátulo Castillo ("María", "La última curda") o en su "Responso", a la muerte, justamente, de Homero Manzi, en 1951. Fue un tío llamado Juan Amendolaro quien le impartió las primeras nociones de ejecución de bandoneón. Y ya en 1926, con apenas 12 años, estaba tocando en un festival benéfico del Petit Colón, un cine de su barrio. Nunca más se bajó de las tablas. Por su orquesta pasarían, entre una larga constelación de grandes, un joven bandoneonista marplatense llamado Astor Piazzolla, a quien distinguió prontamente con la confianza que el director dispensa a quien se convierte en su arreglador, y a quien solía hacer una sola recomendación: "La gente tiene que bailar, no perdamos el baile, si perdemos la milonga, sonamos".
Remolón, parsimonioso, "fiaca" confeso, Troilo se volvía frenético cuando lo asaltaba la inspiración o cuando sus kilos de más y la jaula sobre sus rodillas conjugaban un solo cuerpo de pasión tanguera.
La gente le tenía cariño, siempre lo reconoció; y él siempre decía: "Los que caminan al bardo, como yo, siempre quieren a los que les hacen bien". Al bardo, para él, era caminar sin ton ni son. Los que lo conocieron muy de cerca afirman que un hijo podría haberle cambiado la vida. Pero, no lo tuvo, siempre se jactó de su amor por la noche. Un día, entró a una Iglesia y discutió con el párroco que pretendió darle un sermón. "El recién tenía treinta años y me quería enseñar a vivir a mí, justo a mí, que me pasé la vida en la calle, a los golpes con la vida, con la gente y conmigo mismo, porque yo siempre fui mi peor enemigo. Pichuco fue el peor enemigo de Aníbal Troilo".
Solía cerrar los ojos cuando tocaba y nunca supo explicar porqué. Si lo apuraban, decía que era porque, posiblemente, se sentía dentro de sí mismo. Era así, parecía que se dormía sobre el fueye. Los aplausos lo despertaban. Entonces, comprendía que todo había sido en vano, que nunca había estado solo.
El 17 de mayo de 1975, un día antes de su muerte, en el teatro Odeón, fue su última actuación. El espectáculo se titulaba Simplemente Pichuco y se escucharon Danzarín, A mis viejos, La última curda, Pa'que bailen los muchachos, Sur.
Quedaron 64 composiciones entre tangos, valses y milongas. Y también un imaginario de actos nobles y buenos, de amistades blindadas, de sobremesas y correrías. Una idea vaga de que Aníbal Carmelo Troilo hacía feliz a la gente. Quizá sea verdad. 
Anecdotario:
Bandoneón
"Antes de ponerme el fuelle en las rodillas me ponía la almohada de la cama. Hasta que un día fuimos a un picnic en lo que había sido el viejo Hipódromo nacional. Habían llevado a dos bandonenistas y tres guitarras, y cuando se fueron a comer yo subí unos escalones, agarré un bandoneón y me lo puse en las rodillas. Esa fue la primera vez. Yo tendría nueve años."

El Tango
"No hay tango viejo ni tango nuevo. El tango es uno sólo. Tal vez la única diferencia está en los que lo hacen bien y los que lo hacen mal."

Buenos Aires
"De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires."

La Calle
"La calle es el mejor lugar de todos. Se aprende. En el hogar se aprende la educación, pero en la calle se aprende a vivir... y si no quen me lo digan a mí. Todo lo que aprendí, lo poco y extraño que aprendí, lo aprendí en la calle."

La calle Corrientes
"En la calle Corrientes yo trabajé en dos lugares y muy distintos: en el Germinal y en el Tibidabo. En el viejo café Germinal debuté con Juan Maglio Pacho. Fue una rentré que hizo él después de muchos años sin trabajar. Imagine en la calle Corrientes, angosta, los carteles anunciando a Pacho. El no tocaba, la orquesta se la formé yo con elementos como Héctor Lagnafietta; el cantor era Antonio Maida y otros muchachos como Guisado... Se volcó todo Mataderos, la provincia, había gente hasta en la vereda de enfrente, no podían pasar los tranvías..."

Con el alma
-¿Por qué cuando coloca su paño de terciopelo sobre las rodillas y toma su bandoneón entrecierra los ojos?
- Honestamente no sabría explicarlo. Posiblemente sea porque me meto adentro de mí mismo. Yo creo que todos los artistas tienen que entregarse cuando hacen algo.

Respeto
Hay cosas que tienen que ser fundamentales en un hombre: la bonhomía y el repeto. El respeto sobre todas las cosas. Yo tenía 17 años y trabajaba en un cabaret. sabe cómo les decía a las bailarinas? Cómo está señora? Señora, les decía...

Troilo por Troilo
- ¿Cómo se portó el mundo contigo?
- Maravillosamente. Me dio la madre más linda del mundo y no sé cuantos amigos.
- ¿Y vos, cómo te portaste con el mundo?
- A veces mal. Fueron las veces que me porté mal con Aníbal Troilo.
- ¿Qué pensás de Aníbal Troilo?
- Que es una buena persona, amiga en el dolor, y con una gran pretención: la de darse cuenta alguna vez de que hizo algo importante en su vida.
- ¿Qué harías si desapareciera el tango?
- Creo que me moriría.

Anhelo
"Yo sé que la gente me quiere... No sé si soy un ídolo... Por otra parte no soy tan vanidoso como para creerme eso... ¿Buenos Aires? No, que voy a ser Buenos Aires... Pero yo quisiera ser media calle de un barrio cualquiera de mi ciudad..."

Amigos
"Sí, son emociones que se van juntando y juntando, y tengo tantas! Por ejemplo aquel 19 de febrero, cuando cumplí 40 años de vida artística y me hicieron aquella fiesta en el Luna Park, algo inolvidable... Todos mis amigos, todos estaban allí: Cátulo Castillo, Mercedes Simone, Tania, Roberto Ruffino... A veces pienso que habría sido de mí sin el cariño de mis amigos. A alguna gente le llama la atención que sea tan afectuosos con ellos, que nos abracemos y por ahí hasta nos demos un beso, pero ¡eso es cariño de hombre a hombre! hay que comprender que soy un hombre simple pero muy afectivo..."

Responso

"Hay algunos temas que son mis preferidos, mejor dicho los que más quiero: Sur y Responso... Responso salió una noche que estábamos en mi casa; había una gente ahí jugando al bacará y yo, no sé... no sentía que estaba ahí. Eran las 4 de la madrugada, y de repente agarré, me fui a mi habitación y empecé a tocar unas notas, así hasta que salió Responso. Creo que era el mejor homenaje que podíamos hacerle a Homero."

"Cuando volvía a Buenos Aires inauguré con mi conjunto electrónico un hermoso lugar que se llamaba La Ciudad. Una noche vino Zita y me regaló uno de los bandoneones que tenía el Gordo. Fue una de las emociones más lindas de mi vida". Astor Piazzolla

"Si uno escucha a Troilo desde su origen hasta el final, ve una evolución muy marcada, constante, en su forma de expresar la música y de vincularse con ella. Piazzolla, en cambio, arrancó en quinta velocidad y siguió en quinta."

Gaby Estrena " Contame una historia", un musical sobre Eladia Blázquez

Llega un nuevo musical al universo tanguero:" Contame una historia", que narra la vida de Eladia Blázquez, escrito e interpretado por la cancionista bahiense Gaby, “La voz sensual del tango”.
La obra se estrenará el viernes 18 de mayo a las 21,30hs en el Café Histórico, Av. Colón 602 (esquina Italia) de Bahía Blanca, prosiguiendo con presentaciones varias en distintas localidades del interior del país y la Ciudad de Buenos Aires.
GABY “La Voz sensual del Tango”Nacida en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires.
Cantante de tango con seis discos editados, un DVD con distribución y venta nacional e internacional. Es guionista e integrante del grupo de tango Muñecas Bravas, junto a Geraldine trenza Cobre y Patricia Malanca y del show “Noche de Brujas” junto a Florencia. En 2014 escribió el musical “La Novia de América” con guión propio bajo la producción de José Valle y el musical “Lluvia de estrellas” en homenaje a las más grandes orquestas de música ciudadana. En 2015 estrenó el musical “Tibio está el pañuelo todavía” sobre la vida de Eva Perón con libro de su autoría y “El zorzal” en homenaje a Carlos Gardel. En 2016 se presentó su libreto “Carlos Gardel, El rey del tango” y “Rumores de milonga”, musicales en los que intervino como cantante.
Ha recorrido en los últimos años los escenarios y festivales de tango más importantes de nuestro país (Festival y Mundial de Tango de la Ciudad de Buenos Aires, Festival Internacional de Tango de Justo Daract, Festival de Tango Carlos Di Sarli, Fiesta de la Soberanía Patagónica, Festival de Tango de Monte Hermoso, Festival Itinerante Discepolín, entre otros), especializándose en recorrer el interior llevando la música ciudadana con novedosas propuestas y originales puestas en escena; llegó con sus tangos a Cuba (Festival Internacional de la Música de Varadero), Uruguay (Café Fun Fun y Radisson Victoria Plaza) y Chile (Festival de Tango del Adulto Mayor en Arica).
Es autora de la obra ensayística “Montoneros, ¿peronistas?” (su tesina de grado) y co-autora de los libros “Carlos Di Sarli, El Señor con Alma de Niño” (junto a J. A. L. Valle y E. Giorlandini), “Roberto Achával, el último cantor de Pichuco”, “Chaco, Una provincia que enamora” (junto a J. A. L. Valle), “El silencio que mastica el pucho” (junto a J. A. L. Valle, M. Estrada, E. Benítez, E. Giorlandini y E. A. Hosni) y “TANGUITO, Historia, personajes y anécdotas del 2x4” (junto a José Valle, recientemente presentado en el 6to Festival Nacional de Tango de Bahía Blanca 2016), todos editados por EN UN FECA.
Desde 2012 presenta el espectáculo “Divertango” en Jardines de Infantes y escuelas de educación primaria para introducir la música ciudadana en las nuevas generaciones. Complementando este proyecto escribió su último libro (“Tanguito”) para ser utilizado por docentes y alumnos como material de estudio.
Desde 2005 conduce programas radiales de tango: “Un sábado más en Buenos Aires” (Radio El Mundo y AM 840, Gral. Belgrano de Bs. As.), “Música a mi manera”, (Radio Identidad de Bs. As. FM), “Música a mi manera”, (LU3 de Bahía Blanca) y “LA FAMA ES PURO CUENTO”, emitido hasta la actualidad por Radio Mitre de Bahía Blanca.
Eladia Blázquez: Hija de una humilde familia, Eladia nació el 24 de febrero de 1931 en Gerli (Buenos Aires). En 1970 grabó su primer disco de tango, irrumpiendo en el machismo tanguero cuando este género se encontraba en plena crisis. Además de cantante, compositora y autora, se consagró como pianista y guitarrista.
Escribió dos libros: Mi ciudad y mi gente y Buenos Aires cotidiana. También varias letras para los folkloristas Ramona Galarza y Los Fronterizos. Fue nombrada «Hija dilecta de la ciudad de Avellaneda» en 1988 y «Ciudadana ilustre de Buenos Aires» en 1992. La apodaban «la Discépolo con falda», debido a su gran talento para escribir. Sin embargo, durante su carrera y aun en la actualidad sigue siendo muy criticada por los puristas tangueros, quienes la acusan de ser irregular respecto a la calidad de sus piezas musicales.Compuso temas de variados estilos, los que contaron siempre con intérpretes de primer nivel. Primero fue la canción española, luego la melódica y sudamericana; más tarde, el folklore, y finalmente la atraparon el tango y la balada.
Entre sus canciones más populares encontramos «El corazón al sur», «Sueño de barrilete», «Mi ciudad y mi gente», «Honrar la vida», «Que vengan los bomberos», «Bien nosotros», «A un semejante», «Si te viera Garay», «Viejo Tortoni», «Con las alas del alma», «Si Buenos Aires no fuera así», «Somos como somos», «Sin piel», «Prohibido prohibir», «Si somos gente» y «Convencernos». Puso letra al famoso tango instrumental de Astor Piazzolla «Adiós Nonino».
Recibió el Premio Konex de Platino en 1995 y en 2005, ambos como mejor autor/compositor de tango de la década en la Argentina.
Murió el 31 de agosto de 2005, en la clínica Bazterrica, ubicada en la ciudad de Buenos Aires, a los 74 años, debido a un cáncer terminal que padecía desde varios años.

lunes, 14 de mayo de 2018

Tito Lusiardo el amigo del Zorzal

Un baluarte de la escena argentina, trasformado en una verdadera enciclopedia de la "belle époque" porteña, desgrana reminiscencias
-Nací en San Telmo, en la calle Venezuela, entre Bolívar y Defensa; y me crié en México, entre Paseo Colón y Balcarce; barrio de guapos. Y de tangos también. Mi padre (Francisco Lusiardo) era toldero, socio de la firma Longobardi; le dieron unos pesos y vendió su parte: era un hombre como yo, así, sencillo, sin pensar en el futuro, que le gusta la salud; porque con salud se araña.
—¿Así que podría haber sido millonario?
—Yo tengo los millones encima, ¿no le parece?; andar caminando por estas calles, viendo todo esto que lo he caminado tanto, ¿no vale una fortuna ya?
—Cuénteme de su madre.
—La toldería de papá estaba frente al correo viejo, en Bolívar y Moreno, y mamá (Elvira Amuedo) se sacaba "la diaria" —como decimos nosotros los porteños— poniéndole el lacre a las cartas. Era española de Vigo y me decía Titinho (Recuerda una hermana muerta, Titinha, y tres hermanos varones: Mario, Alejandro y César, "que soy yo"). Papá era uruguayo; mi abuelo tenía una gran toldería, muy famosa, en Montevideo. Tengo mucha familia allí; todas mis primas son dotoras que se dedican hace años a la parálisis infantil.
—¿Y a usted no le dio por estudiar? (Niega con un gesto). ¿Cómo era de chico?
—Un vago. Más o menos; bailaba. Bailaba siempre ahí, en Bolívar y Moreno, al compás del organito; qué tendría: doce, trece años.
—¿Terminó el colegio primario?
—Sí, el quinto grado terminé; acá en el colegio Catedral Norte, en Reconquista entre Lavalle y Corrientes. Yo vivía por allí, porque mi padre tenía ahora la toldería en la calle Tucumán, entre Cerrito y Artes, que ahora es Pellegrini; en la esquina estaba el Colón. Yo vivía en Corrientes 540; tendría cinco o seis años; era un chiquilín y me acuerdo que lo veía al general Mitre, mire; siempre pasaba por allí. Era un hombre alto, pero éstos son recuerdos muy viejos.
—¿Dónde vive ahora?
(Con satisfacción). —En Paraná y Corrientes, frente al teatro San Martín.
—Siempre en la calle Corrientes: no afloja.
—Uno de los dormitorios daba al Chantecler; se veían las pistas, cuando estaban allí, bailando.
—¿Volvemos a la infancia? (Admite con un gesto amable, pero ligeramente compadrón.) ¿Qué travesuras hacia?
—Aparte de llegar tarde a la escuela, jugábamos al fútbol, hacíamos guerrilla barrio contra barrio ...
—... ¿y usted qué tal era? ...
—... más o menos bien, sí; sabía dar y me daban también, pero ...
—... ¿le quedan amigos de esa época?
—No; imagínese: ya cumplí setenta y un años (Por las dudas). Sí, tengo, tengo edad, sí, pero no vejez (alardeando un poco, haciendo casi un corte, allí, en plena silla, en la que está sentado), y bailando todavía. Yo debo estar embalsamado (y se ríe con ganas, pero para adentro), porque hacer
dos programas (de televisión), estudiarme de memoria dos programas de hora y media, es estar embalsamado.
—¿Quién le enseñó a bailar?
—Solo. A mamá le gustaba mucho el baile. En aquella época se hacían fiestas en las casas, los domingos a la tarde. Allí aprendí a bailar. Venían a veces una guitarra y un bandoneón; se bailaba tango, entre vecinos, porque en esa época se hacía un culto de la amistad. (Pausa.) Por esos años mi padre adornaba todos los corsos de Buenos Aires, en los carnavales; los corsos de Florida y de Corrientes.
—¿A usted de qué le gustaba disfrazarse?
—Nunca me ha gustado; nunca.
—¿El asunto del teatro cómo empezó?
—El asunto del tiatro fue porque mi padre alquilaba el sótano del negocio para los aficionados (tiatros de aficionados); el sótano de Tucumán y Artes; le estoy hablando del año seis o siete, ya tendría doce años. Y ahí empecé yo a entusiasmarme con el tiatro. Yo era empleado del bazar París, que estaba en Chacabuco y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), y me gustaba pasar por el Café de los Inmortales; me interesaban las crónicas, ver a los actores.
—¿Qué otros trabajos hizo?
—Fui empleado de Escasany; del bazar París, fui cadete, y de una gran ferretería en Pellegrini y Tucumán. Y ahí pasé al tiatro como utilero en el Nacional. Ganaba un peso por noche, le estoy hablando del año trece, tendría dicisiete años. Y como actor empecé del diciocho pal dicinueve. Estaban haciendo "El cabaret", de Carlos María Pacheco, y un día se enfermó la pareja de baile y tuve que salir yo. Me pusieron el smoking y bailé. Y salí bien. (Pausa.) Ahí empezó; me contrataron, me hablaron para que siguiera como partiquino en una obra de Pelay, "Bajo Belgrano", donde tiré dos bocadillos; hacía de vareador. (Pausa.) Y así siguió la cosa, hasta que salimos de gira, que era algo peligroso.
—¿Por qué?
—Porque a veces nos dejaban varados en cualquier parte; porque no entraba plata y había que venirse (haciendo un gesto, casi un requiebro), o saltar por la ventana. (Pausa.) Una vez que salimos con la compañía de Ramírez, El Cabezón, nos llevó toda la plata: "el monte"; tuvimos que hacer un lío para que pudiéramos salir todos de la fonda: nos escapamos y nos escondimos en un vagón, pero el fondero nos siguió con la policía. (Sintetizando.) Ramírez arregló las cosas, de palabra. (Pausa.) Después de esa gira me contrataron para el Variedades, frente a plaza Constitución, y una noche en El Tropezón vino un autor y me habló para El Nacional. En aquella época decir El Nacional era como decir.. .
—... el Follies Bergere.
(Admite con un leve gesto.) —Yo estaba haciendo una pieza que había estrenado Arata-Simari-Franco, "Cabaret Montmartre"; ahí me bailaba como seis tangos por noche.
—¿Qué le gusta más: bailar o actuar?
—El teatro, por sobre todas las cosas: usted está frente a las fieras. He bailado porque el actor necesita siempre...; bailo cuando lo requiere la escena, y como he hecho siempre esos papeles porteños y como parece que los he sacado bien (algo en broma, algo en serio), porque todavía estoy ahí, dándole, dándole al asunto, ¿no es verdad?; que hasta la gente ya se admira de verme seguir.
—¿Conoció otros buenos bailarines?

—He conocido. El vasco Aín, que bailó ante el Papa, en el veinticinco; he conocido al Mocho, al Cachafaz —un hombre sereno—, y a un gran bailarín y actor cómico que se mató en El Nacional, Delfor Robledo; daban la obra "Los reservistas" y estaban tirando tiros; en el momento en que tiraban tiros en la escena, él tiraba tiros en el patiecito que había en El Nacional viejo; no entraba en el segundo acto; esa vez se olvidó que había quedado una bala y dijo (acompañando con el gesto de llevarse el revólver a la sien), "así se mata un hombre", y se mató.
—¿Cuál ha sido el mejor bailarín, para usted?
—Todos. He conocido a gente muy bien, de la aristocracia, bailando.
—¿Es cierto que Ricardo Güiraldes era muy bueno para bailar?
—Sí, cómo no. Güiraldes, Imagínese; y toda esa gente, Macoco Alzaga Unzué, toda esa gente bien. Los he visto en los cabarets, cuando uno iba; aquí el Pigalle, el Maipú Pigalle, el Royal que es el Tabarís, el Ca-sino Pigalle y en el Palais de Glace que funcionaba en ese edificio que hay en la Recoleta, y el Armenonville, que estaba donde estamos nosotros, en el Canal 9; si yo a veces, cuando entro al canal, digo: "pero hombre, pero qué cosa, qué alegría me da estar todavía aquí".
—¿Usted iba siempre?
—Iba de vez en cuando, ya era actor, ¿no es verdad? Me llevaban, iba con amigos. No todas las noches.
—¿Es cierto que cuando debutó el dúo Gardel-Razzano en el Armenonville, en una mesa estaban sentados Güiraldes y Newbery?
—Posiblemente, porque frecuentaba mucho, cómo no. Se pasaba a la glorieta a cantar y después se pasaba el platito. De ahí Carcavallo los contrató a los dos para El Nacional.
—¿Se acuerda de alguna "bronca" memorable en uno de esos cabarets?
(Tratando de acordarse.) Me acuerdo. (Animado.) Recuerdo cuando le pegaron el tiro a Carlitos (Gardel.) Yo no estaba presente, pero estaba Morganti y Alippi; creo que al salir del Palais de Glace en unas volantas, no sé qué discusión habrá habido y Carlitos les gritó "tirá, tirá", y de la otra volanta le tiraron; parece que no era para él, sino para Alippi. Habría habido un lío de mujeres, porque los actores eran muy populares y alguna mujer habrá querido bailar con Alippi. (Terminando.) Creo que el asunto fue más o menos así.
—¿Cómo lo conoció a Gardel?
—Lo conocí ahí, en El Nacional, cuando yo era comparsa; yo le colocaba las sillas para que actuara el dúo (Gardel-Razzano) y al salir (se pone de pie reproduciendo la situación), después de haber dejado las sillas, estaba Carlitos preparado para entrar a escena y me dice: "Pibe, sos un fenómeno poniendo sillas." (Se sienta.) Después, a la vuelta de tantos años, nos tocó en el treinta y tres trabajar juntos; fue cuando él debutó con "De Gabino a Gardel" y yo ya era primera figura en El Nacional. Un día, en el intervalo de la vermú pa la noche, tomando mate con mi esposa, salió el asunto para filmar: "Delia, le dice Carlitos, nos vamos a ir a filmar para Nueva York"; y ahí fue el asunto.
—¿Y qué le pareció Nueva York?
—Ah, muy bien: maravilloso. Imagínese en el año treinta y cinco era una cosa. Bueno; pero, ya estando al lado de Carlos todo era maravilloso. Yo tenía que haber hecho la última gira con él; iba ir haciendo la primera parte con mi esposa, pa que entrara Carlitos en la segunda parte a cantar: era mucho que él hiciera todo. (Pausa.) Pero resulta que mi señora no se animó a ir, y aquí me tiene, mi amigo, aquí me tiene salvao.
—¿Estaba en Buenos Aires cuando murió?
—Estaba en Córdoba de gira —eran otras épocas, había que salir a "buscar"; el canillita en la puerta del teatro, después de la función vermú, decía "la muerte de Carlos Gardel" y yo no le llevé el apunte, imagínese; pensé que sería una propaganda de esas. Parábamos en el City Hotel, al lado del teatro Comedia, de Córdoba, y estábamos cenando, pero no cenábamos: lo que había dicho ese canillita. (Pausa.) Digo, "voy a averiguar esto", y le pregunto al corresponsal de La Prensa. (Pausa.) Entonces ahí, a las nueve de la noche (su voz apenas se quiebra) me dio la noticia de que se había muerto Carlitos. (Recomponiéndose.) Así en Córdoba me agarró la muerte de Carlos; recién empecé yo a lagrimear cuando estaba de vuelta, en el tren, leyendo los diarios, dos días después. Ahí me agarró.
—¿Qué cosa de Gardel recuerda en este momento?
(Después de una respetuosa pausa.) —Le voy a contar cómo terminó la última filmación; la fiesta se hizo cuando terminaron la última toma, que fue la jota de "Tango Bar". Ahí se acostumbra a romper los libretos y se brinda con champagne. Carlitos invitó a todo el equipo y esa noche me cantó como seis tangos; me cantó "Mano a mano" y me terminó con "Buenos Aires". "Y ahora bailá, Tito", me dijo cuando dejó de cantar, y bailé con la chica con la que bailo en Tango Bar. Los americanos me hicieron bailar como seis veces. Y después, cuando me acompañaron a bordo para despedirme —vino Carlitos, Lepera, un gran poeta, un gran escritor—, no pudieron aguantar y media hora antes se fueron. (Su voz vuelve a quebrarse casi imperceptiblemente); me besó Carlos, me besó Lepera.
—¿Me han dicho que usted, cada vez que pasa frente a una iglesia, se persigna?
—Es cierto. (Saca de su bolsillo diversas medallitas y anillos). Esta es de la virgencita de Luján y del Valle; ésta es de una señora en Salta, la virgen de los Milagros. (Guardándola.) Son recuerdos de giras.
—¿Es muy católico usted, muy religioso?
—Muy religioso.
—¿Va mucho a misa?
—No mucho, pero en Córdoba sí, porque he hecho una promesa cuando yo me he enfermado mucho. Tuve una embolia purulenta.
—¿De qué, del cigarrillo?
—No, de una pleuresía; no la cuidé bien. Me agarré un enfriamiento. Fue Finochietto el que me salvó, Ricardo. Entonces hice una promesa y, desde entonces, cuando estoy allá en la sierra (todos los años pasa dos meses de vacaciones en Córdoba), cuando no hay nadie, no fallo un día; un día no fallo. (Como diciendo "ahí tiene"). Y aquí no: entro en una iglesia, cuando paso.
—¿Tiene miedo a morirse?
—Absolutamente.
—¿Así que usted cree en el Paraíso, en el Purgatorio ...?
—Sí, señor. Siempre hay que tener fe; el hombre sin fe ..., me parece a mí...
—¿Usted anduvo en política alguna vez?
—Absolutamente.
—¿Tuvo alguna preferencia por alguien, algún político que le gustara?
—Sí, señor: don Hipólito Yrigoyen. (Ha dicho esto casi con orgullo; luego piensa)... Alvear...
—¿... Y Perón le gustaba?
—No. La primera presidencia de él fue muy buena, muy buena. Si ese hombre ... Hubiera quedado en la historia, hubiera quedado ese hombre, pero después ... Pero como yo no vivo de eso, mi "rebusque" es otro, siempre está en otra parte, porque me debo todo al público, me entiende: lo mejor es no embanderarse con nada. Yo antes votaba por los socialistas; por Alfredo Palacios, ese gran hombre.
—¿Para esa época ser socialista era ser medio subversivo?
—Sí, tenía ideas raras; éramos jóvenes. Después, muchos años después, me gustó mucho un hombre que no conocía: Horacio Thedy, un hombre muy elegante.
—Usted lo votó a Yrigoyen (asiente), a pesar de que era socialista, porque los socialistas no votaron por Yrigoyen ...
—Sí, claro. Porque ya eso no era el socialismo del principio; como ahora. ¿Qué es el socialismo?
—Me resulta raro, tan católico y socialista.
—Como me habían inculcado tanto, me llevaba tanto mi madre de chico a la iglesia de San Ignacio, aquí en Bolívar y Alsina. (Pausa.) Hoy pasé, después de tantos años, y entré. Solito, y no había nadie.
—¿Pide algo?
—Salud. Para mí y para los míos, nada más. Por lo demás si he arañado tanto, cómo no voy a arañar: salud, salud. Porque mire, que no le pase nunca; cuando una persona está enferma, está en un sanatorio, es ahí donde dice "para qué habré hecho tantas macanas".
—¿Usted hizo muchas macanas en su vida?
(Mientras hace un corte, sin levantarse de la silla.) —La macana que hice fue meterme en el tiatro. (Y se ríe abiertamente, pero hacia adentro.)
—Me refiero a las otras macanas. ¿Tiene algo de qué arrepentirse?
—Absolutamente.
—¿Algo que le hubiese gustado ser y no fue?
—Lo que soy. Me ha dado muchas satisfacciones mi trabajo y si volviera a nacer elegiría el tiatro otra vez. Porque lo que he sido antes, un hombre calavera... (Se diluye.)
—¿Muy calavera?
—He sido, sí, algo. Y al casarme... He mantenido un hogar treinta y pico de años.
—Y dejó de ser calavera.
—Absolutamente.
—¿Y no extraña?
—Absolutamente. Yo nunca necesité ningún amigo para divertirme; con mi señora me bastaba. Porque hay gente que necesita amigos para divertirse; yo no. Con mi esposa íbamos a las boítes, a todas partes juntos. Ella era actriz y después del tiatro, del Apolo, nos íbamos al guindado de Federico Lacroze; así cayera piedra no faltábamos una noche.
—¿Tuvo alguna vez miedo de morirse?
—No, no. Ni siquiera cuando estuve tan enfermo: eso me salvó; me salvó mi espíritu. Nunca; nunca, nunca. Nunca. (Haciendo una seña con sus dedos.) Ni por esto. Y eso que tuve dos operaciones bravas de las costillas: no quería salir el pus y tuvieron que abrirme, sentado así, con anestesia local. Pero en manos de esa eminencia. (Se refiere al doctor Finochietto.)
—¿Al dolor físico le tiene miedo?
—Sí, al dolor físico le tengo miedo. (Confesando.) Tengo miedo que me fallen un poquito las piernas. (Pausa.) Que no pueda seguir bailando.
—Como para que no se ponga triste: dígame, ¿cuál fue el mejor día de su vida?
—El día que me casé con mi mujer. (Pausa breve.) Me casé con mi esposa, Adela Delia Codebó, primera actriz, cuando ella era dama joven de Casaux. Ella entró en El Nacional por el año treinta, y ahí me casé. (Otra pausa.) Estaba metida Tita Merello. . .
—¿Asi que Tita Merello le hizo de Celestina?
(Con picardía.) —Más o menos. Ocurrió una cosa muy simpática: estábamos fijando fecha en la Pasteur —dicho sea de paso, me casé con cincuenta pesos en el bolsillo— y el pibe Ernesto, cuando se entera de lo que estamos conversando, le dice a mi mujer (remedando): "Cuidado, Delia, cuidado." (Actualmente es padre de una hija, Mabel, y abuelo de dos nietos —doce y once años—: Juan José y Gonzalo. Con ellos pasa sus veraneos en Córdoba, en su chalet. También tiene un auto.) Es como yo, viejo, del cuarenta y seis. Un Chevrolet.
—¿Entonces sería hincha de Fangio, por supuesto?
(Levantando la voz como para saludar de lejos.) —Síiii, como no. Y de aquel corredor Pascuali; también de Riganti, muy amigo.
—¿Y a usted nunca le dio por correr con el auto?
—Nunca. Si yo voy a sesenta. Para mí el veraneo empieza en la calle Corrientes; ahí empieza el veraneo: para qué voy a correr. Si no llego a Córdoba, llego a Rosario.
—¿Es hincha de Boca?
—Boca salió del barrio mío, de Tucumán y Cerrito; ahí estaban todos los jugadores, en el año catorce, quince: Pierallini, Capellini, todos con "ini" eran.
—¿Y sigue siendo hincha de Boca?
—Simpatizo.
—¿Y el boxeo, le gusta?
—Y sí: he sido muy amigo de Firpo. Lo hemos pasado ahí, en La Real, años juntos. En La Real nos juntábamos con Cadícamo, Charlo: una peña muy grande. A mediodía estaba Benavente, Bayón Herrera. Pero todo eso ha pasado; ha pasado: es otra generación.
—¿Qué opinión tiene usted de esta generación?
—Muy bien (como diciendo "epa" o "attenti", o mejor mezclando interjección e italianismo); ¡eh, eh!, de empuje es, no se duerme nada: va a pasos agigantados, de veras.
—¿No le gustaría vivir como esta generación?
—Ya le he dicho, no cambio mi vida: he tenido muchas satisfacciones. Si parece mentira, en el Maipo mismo, donde va tanta gente tanguera: ovaciones cuando termino de bailar. (Tomando distancia.) Ahora digo yo: ¿no será cosa que me aplauden porque ven la edad mía? Ahora en la gira, en Tucumán, antes de "bisar", en esa pausa para hacer el bis, un chango desde arriba me dijo: "Ah Tito, sos como el arroio, no te secas nunca". (Se ríe, luego se pone serio y reflexiona.) No sé si el público está identificado conmigo, no sé. (Como pidiendo una gauchada.) Tiene que pintarme como usted me conoció en este momento. Eso es lo lindo, no exagerar.
Francisco Urondo
Revista Panorama
mayo de 1968

martes, 17 de abril de 2018

Homenaje a Tita Merello y Guillermo Battaglia en Bahía Blanca.

El jueves 19 de abril a las 17hs en “Historia y tango en el cine” del Ciclo cultural Bahía Blanca NO Olvida, se proyectará "Filomena Marturano"en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560) de Bahía Blanca.
Bajo producción de José Valle quien, como de costumbre, presentará la película y a los homenajeados de turno; en este caso Tita Merello y Guillermo Battaglia.
Filomena Marturano es una película argentina en blanco y negro dirigida por Luis Mottura según el guion escrito por Ariel Cortazzo y María Luz Regás basado en la obra teatral homónima de Eduardo De Filippo que se estrenó el 20 de enero de 1950 y que tuvo como actores principales a Tita Merello, Guillermo Battaglia, Gloria Ferrandiz, Alberto de Mendoza y Tito Alonso.
Tita Merello (11 de octubre de 1904, Buenos Aires, Argentina - 24 de diciembre de 2002, Argentina), fue una reconocida actriz y cantante de tango . Considerada por muchos especialistas, la mejor actriz dramática del país, trabajó en Argentina y durante un largo exilio, en México, donde filmó Cinco rostros de mujer, por la cual recibió el premio Ariel. Participó de la época de oro, consagrándose en películas de los años 40 y 50 como Mercado de abasto, Deshonra, La morocha o Filomena Marturano. Con 33 títulos en su haber, ha recibido una gran cantidad de premios. Una de las más grandes estrellas del cine argentino, incursionó en todos los medios: televisión, radio, cine y teatro, donde se destacó. Fue declarada "Ciudadana Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires" a pricipios de los 90.
Guillermo Battaglia fue un actor y director de cine y de teatro y actor de radio y televisión que nació en Buenos Aires el 7 de diciembre de 1899 y falleció en la misma ciudad por un paro cardíaco el 26 de septiembre de 1988. Al morir estaba casado con la actriz Nora Cullen.
En cine protagonizó más de 100 películas. Su versatilidad le permitió encarnar a los más diversos personajes, desde el actor supuestamente ruso Boris Andreieff en la policial La muerte camina en la lluvia o el abuelo en Miss Mary hasta los realizados en comedias como El hombre invisible ataca o Patapúfete. Durante muchos años, además, transmitió su experiencia como docente de actuación.