Mostrando entradas con la etiqueta ALBERTO MORAN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ALBERTO MORAN. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de octubre de 2018

Foro de Gastronomía & Tango en Bahía Blanca

El Foro de Gastronomía & Tango, es una de las ideas y pilares de la 8° Semana de la Gastronomía en Bahía Blanca, que con gran éxito y concurrencia se realizaron las ediciones anteriores sobre temáticas que giraron en torno a la Literatura y el Arte.
El tango ha participado en el quehacer diario de los argentinos, las distintas manifestaciones del vivir, han quedado perpetuadas en sus letras.
La degustación de comidas y bebidas han quedado atrapadas en soberbios registros donde perduran costumbres y hábitos que reflejan con precisión, las costumbres de los argentinos a la hora de comer y de beber.
Existen tangos que evocan lugares gastronómicos, el más emotivo, tal vez, puede ser “Café de los Angelitos”, que Troilo instrumentaba, y decía: Yo te alegré con mis gritos / en los tiempos de Carlitos / por Rivadavia y Rincón...
El comer es uno de los placeres que más disfrutamos, además de ser una excelente excusa para la ocasión del encuentro, comer ya no sólo como una simple necesidad de orden biológico, sino como un valor placentero, hedonista y vivencial.
El Foro tiene por objetivo promover un abordaje diferente a la Gastronomía, por este evento pasarán diversos personajes icónicos del tango como Aníbal Troilo, Carlos Gardel , Julio Sosa, Carlos Di Sarli, Horacio Ferrer, Astor Piazzola, Alberto Moran entre otros.
La Asociación de Hoteles, Restaurantes, Bares, Confiterías y Afines de Bahía Blanca y Región Sudoeste, a través de Dandy Producciones ha convocado a expertos en la materia: Ricardo Margo Director del instituto Cultural, Carlos Benítez presidente Circulo Gardeliano, José Valle director ciclo cultural Bahía Blanca No Olvida, el periodista Ariel Biagetti y las reconocidas cantantes Nora Roca y Gaby "la voz sensual del tango". Este evento se llevará a cabo el día 6 de noviembre a las 18hs en la sala Payró del Teatro Municipal de Bahía Blanca con entrada libre y gratuita

miércoles, 25 de julio de 2012

Recordamos a Osvaldo Pugliese, en el 17º aniversario de su fallecimiento


nació en Argentina en el año 1905. A los 14 años tuvo su debut profesional tocando el piano en un trío que dirigía el bandoneonista Domingo Faillac y completaba Alfredo Ferrito en violín. Después, estudió piano con profundidad y tocó en varios de los conjuntos de la época, incluido el suyo propio: el Sexteto Vardaro – Pugliese.
Comenzó su carrera con su maestro D´Agostino, pero quien lo perfeccionó y ascendió a otro nivel fue Vincenzo Scaramuzza. En 1926 se integró a la orquesta de Roberto Firpo. A los pocos meses, al año siguiente fue convocado al sexteto de Pedro Mafia, que también dejó al poco tiempo para formar parte del sexteto de Vardaro, con grandes artistas como Aníbal Troilo y Alfredo Gobbi. Entre 1934 y 1936, actuó con las orquestas de Pedro Laurenz, Roberto Firpo y Miguel Caló. Fue recién para 1939 cuando, ya consagrado, formó su orquesta propia en el café Nacional de Buenos Aires. En 1943 grabó su primer disco.

Dentro de la década del '40, Pugliese grabó algunos temas instrumentales propios con los que se anticipó a la vanguardia. Es el caso de "La yumba" (convertido en algo así como el himno de su orquesta), "Negracha" y "Malandraca". Por estos dos últimos se lo considera un precursor en el empleo de la síncopa y el contrapunto, adelantándose a Horacio Salgán y Astor Piazzolla. Otros importantes tangos que Pugliese escribió e interpretó son, ante todo, el mencionado "Recuerdo", y "La beba", "Adiós Bardi", "Recién", "Barro", "Una vez" y "El encopao".

Por años, la orquesta de Osvaldo Pugliese estuvo prohibida para la radiodifusión, como medida de censura política, pero ello no logró mermar su popularidad.
Sus actuaciones en radio, cine, teatro y televisión en Argentina y Uruguay le dieron fama mundial. En el año 1960 dio una espectacular gira por la Unión Soviética y China, demostrando que ni el Tango ni su talento tenían fronteras. Cinco años más tarde, dio otra gira por Japón. Actuó en escenarios de todo el mundo durante más de 70 años.

Cuando cumplió ochenta años recibió un merecido homenaje en el Teatro Colón. Osvaldo Pugliese murió el 25 de julio de 1995 en la ciudad de Buenos Aires.

jueves, 15 de marzo de 2012

ALBERTO MORAN

Morán había nacido en Streve (Italia) el 15 de marzo de 1922, pero las calles de Buenos Aires lo vieron crecer desde niño.Su carrera vocal había comenzado en la orquesta de Alberto Las Heras. Se destacó por su voz de tenor y su fina estampa. Dicen que en los años ´50 las muchachas se peleaban bajo el palco de la orquesta para llevarse de recuerdo un botón de su saco.
Alto, flaco, pintón, provocó la admiración de las mujeres desde que pisó por primera vez un escenario porteño. Su poderosa atracción no tenía solamente como centro su seductora figura, sino que también provenía de una voz inconfundible, de impar estilo. En un tiempo en el que el panorama tanguero contaba con voces privilegiadas, que no se parecían entre sí (Alberto Marino, Jorge Casal, Roberto Rufino, Alberto Podestá…), no era poco mérito destacarse con luces propias.
Morán se ubicó con armas nobles en el singular espacio de los triunfadores a punta de sensibilidad y temperamento.
Y si en el contexto de su amplio repertorio fuera necesario rescatar tres títulos significativos, Pasional, San José de Flores y El abrojito no dejarán de ser jamás las canciones de Morán. Aquellas que se indentificaron de manera insoslayable con su peculiar forma de frasear, de decir las letras.
Vida en Pompeya
Nacido como Remo Andrés Domingo Recagno, en la localidad italiana de Steve, desembarcó en Buenos Aires cuando todavía era un chico. Consustanciado con Pompeya -el barrio en el que recaló-, allá por el 45 se unió a la orquesta del inolvidable Osvaldo Pugliese, haciendo dupla con Roberto Chanel, otro cantor personal.
Eran los tiempos, bellos tiempos, de trajinar los escenarios de los clubes de barrio. Verdaderas fiestas populares en las que participaban por igual la orquesta típica, la de jazz y un público que se largaba a la pista a bailar tangos sin el criterio deformante de esa línea for export que suele gambetear la autenticidad.
En ese marco se movió y brilló aquel cantor que no se codeaba seguido con el tango arrabalero y que, por el contrario, prefería letras de tratamiento acaso más pulcro. Sin que se perdiera por eso la arrasadora fuerza que nutría el espíritu de la canción ciudadana. Luego de separarse de Pugliese -con el que compartió nueve años intensos de trabajo-, Morán se largó como solista, secundado por el conjunto de Armando Cupo. El éxito siguió siendo su compañero de ruta.
Cordial, modesto, un italiano que abrazó la porteñidad por pura convicción, Morán esta en el podio de los que son eternos como el Sol, de los que dejan huella. La muerte no acallará su voz, que seguirá viva a través de Pasional, de San José de Flores, o de cualquier otro tango que, en su garganta, continuará haciendo vibrar los cien barrios de Buenos Aires. De este Buenos Aires que, pese a todo, no olvida a quienes supieron convertirse en verdaderos ídolos.

martes, 16 de agosto de 2011

EL FLACO MORAN

Alto, flaco, pintón, provocó la admiración de las mujeres desde que pisó por primera vez un escenario porteño. Su poderosa atracción no tenía solamente como centro su seductora figura, sino que también provenía de una voz inconfundible, de impar estilo. En un tiempo en el que el panorama tanguero contaba con voces privilegiadas, que no se parecían entre sí (Alberto Marino,Raul Beron, Jorge Casal, Roberto Rufino, Alberto Podestá…), no era poco mérito destacarse con luces propias.
Morán se ubicó con armas nobles en el singular espacio de los triunfadores a punta de sensibilidad y temperamento.
Y si en el contexto de su amplio repertorio fuera necesario rescatar tres títulos significativos, Pasional, San José de Flores y El abrojito no dejarán de ser jamás las canciones de Morán. Aquellas que se indentificaron de manera insoslayable con su peculiar forma de frasear, de decir las letras.
Vida en Pompeya
Nacido como Remo Andrés Domingo Recagno, en la localidad italiana de Steve, desembarcó en Buenos Aires cuando todavía era un chico. Consustanciado con Pompeya -el barrio en el que recaló-, allá por el 45 se unió a la orquesta del inolvidable Osvaldo Pugliese, haciendo dupla con Roberto Chanel, otro cantor personal.
Eran los tiempos, bellos tiempos, de trajinar los escenarios de los clubes de barrio. Verdaderas fiestas populares en las que participaban por igual la orquesta típica, la de jazz y un público que se largaba a la pista a bailar tangos sin el criterio deformante de esa línea for export que suele gambetear la autenticidad.
En ese marco se movió y brilló aquel cantor que no se codeaba seguido con el tango arrabalero y que, por el contrario, prefería letras de tratamiento acaso más pulcro. Sin que se perdiera por eso la arrasadora fuerza que nutría el espíritu de la canción ciudadana. Luego de separarse de Pugliese -con el que compartió nueve años intensos de trabajo-, Morán se largó como solista, secundado por el conjunto de Armando Cupo. El éxito siguió siendo su compañero de ruta.
El final
En octubre del 96, despuntando el vicio, participó en un show tanguero (en el Club del Vino), junto a su hija Roxana y al actor Franklin Caicedo. Al día siguiente del debut sufrió una descompostura en su domicilio y fue internado en el hospital Tornú, iniciando un proceso que ya no tendría boleto de regreso. Aunque zafó en esa oportunidad, en junio de este año tuvo que ser trasladado de urgencia al mismo lugar, donde murió ayer, a los 77 años, tras una larga y grave descompensación respiratoria.
Cordial, modesto, un italiano que abrazó la porteñidad por pura convicción, Morán acaba de subirse al podio de los que son eternos como el Sol, de los que dejan huella. La muerte no acallará su voz, que seguirá viva a través de Pasional, de San José de Flores, o de cualquier otro tango que, en su garganta, continuará haciendo vibrar los cien barrios de Buenos Aires. De este Buenos Aires que, pese a todo, no olvida a quienes supieron convertirse en verdaderos ídolos.