Nació en Buenos Aires, en el barrio de Villa Urquiza, el 27 de enero de 1932. Desde muy pibe se interesó por la música y sus primeros lucimientos en la radio no fueron como cantor sino como pianista, Sin embargo, a principios de los años cincuenta, el muchacho ya sabe que su destino será el canto. Es afinado, tiene muy buen gusto y empieza a ensayar en esos años lo que luego serán sus célebres “fiattos falseteados”, un recurso que transformará en una marca registrada.
Ingresa a la orquesta de Juan D’Arienzo en 1957 con Mario Bustos y en reemplazo de Alberto Echagüe y Armando Laborde. En mayo de ese año, graba algunos de sus éxitos, como son “Andate por Dios”, “La calesita” y el bolero “Reloj”. Valdez va a estar casi ocho años con D’Arienzo. En ese período, grabará alrededor de ciento veinte temas, entre los que merecen destacarse algunos tangos que hoy son clásicos de su repertorio: “Marinera”, “Hasta siempre amor”, “Remembranzas” o “Estrella”. Con Mario Bustos, interpreta uno de los grandes éxitos de ese tiempo: “Baldosa floja”, la milonga de Julio Bocazzi, Dante Gilardoni y Florindo Sassone.
“Amor de verano”, grabado en 1964, será su último tango en su ciclo con el Rey del Compás, para muchos su momento de oro como artista. A partir de esa fecha, iniciará su ciclo de solista acompañado por diferentes orquestas, entre las que merecen destacarse la del maestro Osvaldo Requena, con quien graba, entre otros temas, “Gricel”, “En esta tarde gris”, “Carrillón de la Merced”, “Verdemar” o “Nubes de humo”. Otros de sus momentos significativos transcurrirán con Alberto di Paulo. “Barrio de tango”, “Fuimos”, “La vi llegar” o “Mimí Pinsón” son algunos de los temas interpretados en ese período.
Con Jorge Ragone integró la troupe de embajadores del tango y recorrió América Latina. En Bogotá, el cantante Raúl Iriarte, devenido en empresario de la noche, lo convoca una temporada junto con Juan Carlos Godoy, Oscar Larroca y Jorge Ortiz. No es el cantor de los mejores tiempos de D’Arienzo, pero lo que le empieza a fallar de voz le sobra en cancha para lucir su talento. A las giras por Latinoamérica, se suman las excursiones a Europa y luego a Australia, donde será aclamado de pie en los escenarios de Sydney y Melbourne.
En abril de 1990, después de una actuación en La Plata, sufre un accidente en la autopista. Fue a la madrugada y seguramente el que manejaba tenía unas cuantas copas de más. Se llevaron por delante un guardarrail a la altura de Dock Sud. Valdez ingresó desvanecido al hospital, pero en la ocasión murieron dos de sus amigos. Él no sufrió heridas graves, salvo un corte profundo en la lengua, por lo que su carrera de cantor en ese momento pareció llegar a su fin.
Amigos y admiradores manifestaron la solidaridad con su desgracia y lo estimularon para que se recuperara. Le costó mucho hacerlo. Ejercicios vocales, cursos de reeducación de la voz, sesiones interminables con especialistas. No le resultó fácil recobrarla, pero finalmente lo hizo. A mediados de los noventa reapareció en “El rincón de los artistas” ese templo del tango ubicado en Álvarez Jonte y Boyacá. Una multitud de seguidores se hizo presente esa noche para hacerle el aguante al ídolo.
A sus condiciones de cantante, Valdez le sumó las de compositor. Dos temas grabados en su momento por D’Arienzo merecen destacarse: “Por favor no vuelvas” y el tango escrito por Santiago Odamini, “Olvidemos todo”.
La muerte de su mujer lo hundió en un pozo depresivo del que nunca pudo reponerse. Seguía siendo convocado por los empresarios de la noche y asistía a las citas, pero ya no era el de antes, su tristeza era profunda y persistente. Una dolencia hepática obligó a internarlo en el sanatorio de Colegiales, donde falleció el 21 de febrero de 2002. Tenía setenta años y medio siglo en los escenarios. Su última actuación la realizó en Tucumán, pocas semanas antes de su muerte. Jorge Valdez descansa en el panteón de Sadaic en el cementerio de la Chacarita. Yo por lo pronto sigo disfrutando con “Adiós Chantecler” y con ese tango bello y triste que se llama “No llores por favor”, de José Luis Ricardi y Alberto Longo, grabado con D’Arienzo en 1961.
Toda la información de nuestra música nacional y popular el tango y el folclore
Mostrando entradas con la etiqueta JORGE VALDEZ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JORGE VALDEZ. Mostrar todas las entradas
martes, 21 de febrero de 2017
miércoles, 2 de enero de 2013
MARIO BUSTOS
A ver, Lázzari, probalo!» exclamó Curi, el representante de D'Arienzo. «¿Y para qué? ¿Yo, una prueba?... ¡No! A mí me vinieron a buscar, no vine a pedir trabajo. Yo no hago pruebas. Quiero hablar con D'Arienzo.»Tenía su carácter, por momentos soberbio. Finalmente vino D'Arienzo: «Quisiera hablar sólo un minuto con usted», le dijo en tono imperativo, pero D'Arienzo aceptó. Caminaron hasta un rincón del estudio donde había un piano, pero nadie se sentó al piano. Entonces le dijo: «Mire maestro... -y se lanzó-: "hace cinco días, loco de contento"...» Así se mandó la primera parte de "Justo el 31". D'Arienzo llamó a Curi y le ordenó que Lázzari lo escuchara y despidiera a los demás postulantes, que eran como cuarenta. Después se dirigió a Eduardo del Piano que lo había llevado y le dijo: «Eduardo, ya está, era lo que estaba buscando.»
Así comenzó el segundo y último dúo exitoso que tuvo la orquesta en su larga trayectoria, el primero Echagüe-Laborde, y ahora Jorge Valdez y Mario Bustos.
El hecho ocurrió en Radio El Mundo y fue una idea de Eduardo del Piano, amigo de D'Arienzo y de Bustos, en el momento que se enteraron que el dúo famoso estaba en retirada. Por aquel entonces, el joven vocalista actuaba en el Palacio con una orquesta propia que dirigía Osvaldo Piro.
Nació a metros de la esquina de Yatay y Díaz Vélez, barrio de Almagro. Fue el mayor de cinco hermanos traídos al mundo por el español Casimiro Álvarez y la italiana Mercedes Grazioti. Recién llegado el padre se estableció en el barrio de La Paternal, con un pequeño negocio de peluquería. Un día, en la trastienda, apareció un piano y desde entonces fue habitual que en un sector de la tapa, prolijamente protegido se ubicara un calentador "primus" donde casi todos los días se preparaban papas fritas al pimentón: "cachelos". Y como correspondía, el pequeño espacio se convirtió en tertulia de amigos, casi todos músicos, casi todos guitarreros, como el propio Don Casimiro, que tuvo el gusto de acompañar varias veces al mismísimo Magaldi, que era tan tartamudo comentaban, que no podían entender como hacía para cantar.
De pibe andaba canturreando por la casa, aparte de cumplir con el colegio y jugar al fútbol en la calle. De muchachito se inclina por el billar y cuando se aparecía por el café Cervantes de Méjico y Entre Ríos, ya es "el Duque", por su tendencia a mostrarse atildado, cuidando la pinta.
El secundario lo hizo en el industrial Otto Krause y entre sus compañeros surgen dos compinches: León Zuckerman, luego el cantor Leoncito Beltrán y Mauricio Borenstein, más tarde el actor Tato Bores. Ambos lo entusiasman para que se dedique al tango. El hermano de su madre, el actor de radio y teatro Tito Grassi lo conecta con el guitarrista José Canet, quien desenfundó la "viola", hizo un arpegio y le dijo: «¡Dale, cantá!». Y luego de escucharlo se lo llevó con él. Así comenzó su carrera de cantor.
Los dos compañeros y Canet lo presentan, a su vez, a Domingo Federico que buscaba reemplazar a Oscar Larroca. Gustó y el primero de agosto de 1948 debuta en Radio Splendid. Federico lo bautiza Mario Bustos, hasta entonces había cantado como Mario Escudero. Una curiosidad, tres cantores en una orquesta, porque junto a Mario se alineaban Enzo Valentino y Hugo Rocca. Debutó en el disco el 14 de octubre de 1949, cantando " Justo el 31".
Luego de dieciocho meses llegó la desvinculación. Ocurrió que Eduardo Del Piano decidió formar orquesta propia y le propuso ser su vocalista junto a Héctor de Rosas. El 17 de septiembre de 1951 comienza grabando "Margot", es su primer título registrado.
La relación laboral se prolongó hasta fines de 1954. Mucho trabajo y pocas grabaciones, un detalle nada grato que también persiguió a Del Piano, una orquesta de sonido limpio, claro, ideal para escuchar, con Mario, un barítono con un timbre de voz -excepción hecha de Rivero- a la que aún los productores discográficos no estaban acostumbrados. Tuvieron temporadas de seis meses en la confitería "Adlón", en un primer piso de la calle Florida, y en muchos otros locales. Su interpretación de "Tiburón" de Julio Pollero, Luis D'Abracio y letra de Enrique Dizeo, se constituyó en un gran éxito.
Ya como profesional, con Domingo Federico, tuvo un maestro de canto y éste fue quien le descubrió una serie de problemas en sus cuerdas vocales que se fueron acentuando de tal manera, que luego de Del Piano decidió alejarse de la actividad. Entró al diario La Prensa como corrector de pruebas y cada tanto hacía un "bolo", nada que lo esforzara mucho porque la voz no le daba, debía controlarse mucho.
Julio Sosa le aconsejó visitar al Dr. León Elkin. Operaciones de por medio, un tiempo de espera y la rehabilitación final. Pero no fue fácil el retorno, tenía ganas pero también sus dudas.
Fue su hermano Nenín y las circunstancias las que determinaron su regreso. Se encontró con uno de los socios de "El Palacio del Baile" que preguntó por su hermano y manifestó su deseo de contratarlo. Pidió una semana para contestar. Había que encontrar el acompañamiento y hacer el repertorio.
Convencieron a Osvaldo Piro, luego a unos músicos que estaban con Ricardo Pedevilla. Faltaba un pianista y apareció Oscar Palermo que solamente se dedicaba a la música clásica. Juntaron un dinero para imprimir afiches que rezaron "Mario Bustos y su orquesta dirigida por Osvaldo Piro". Ensayos, casi ninguno, todo a la parrilla.
El debut fue aceptable y más tarde bueno, porque la inmensa pista del Palacio -101 metros por 50 de ancho- se llenaba en cada reunión. Se quedaron tres meses, también actuaba la jazz de Rubén Granata. El conjunto continuó por otros escenarios de la ciudad hasta que llegó D'Arienzo que era un tipo sagaz, sabía lo que quería y supo explotar el estilo y el desenfado de Mario Bustos.
El debut fue en el "Marabú", enseguida comenzaron las grabaciones. Es posible que supiera poco de música, pero D'Arienzo tenía un ángel. En los ensayos, a su manera, daba las indicaciones y estaba en lo cierto, las partes salían mejor. Y en los locales, donde era costumbre hacer tres vueltas, él nunca aparecía en la primera y la orquesta nunca sonaba igual a cuando el maestro estaba al frente, su presencia la hacía crecer.
La relación entre ellos nunca fue buena y no terminó bien. Juan decía sus cosas de manera chocante y a Mario no le gustaba, él era difícil también. Hubo celos, pequeños enfrentamientos, un malestar permanente a cambio del buen trabajo y la popularidad. D'Arienzo gustaba de tener cámara y cuando estaban en la televisión se acercaba a los cantores y los dirigía con el dedo. Mario le dijo que no lo hiciera, no le gustaba. Hasta que un día se lo mordió. Todos lo tomaron como parte del show, pero en la intimidad se sabía que fue de bronca. Lo mismo cuando cantaba «no te quiero más ...» y Juan se acercaba al micrófono y decía el verso siguiente «ni te puedo ver».
Luego, la etapa como solista que comenzó acompañado por el trío de Carlos Galván, donde solían estar Jorge Dragone, a veces Julio Pane, también Marcheto... después Requena, Lacava, Ferri... En 1966 se va a Japón con Florindo Sassone pero como artista invitado. De regreso hicieron un mes en Radio El Mundo.
En 1978 fue a su hermano Nenín, entonces presentador en el "Marabú", que se le ocurrió festejar los 30 años de Mario con el tango y también fue una prueba, pués el "Marabú" no abría los domingos y el festival se hizo un domingo y fue exitoso, a tal punto que las funciones continuaron varios meses con un promedio de 700 personas por presentación.
Y llegó el final. Terminaba el año 1979 y su hermano piensa para el día treinta de diciembre juntar nuevamente al dúo Bustos-Valdez, pero no pudo ser. El día 26 por la mañana estaba hablando por teléfono con Jorge Dragone, ya que esa noche se presentan en "El Viejo Almacén", cuando no se siente bien. El mismo tomó un taxi y se fue al Hospital Italiano. Tenía un infarto. Fueron unos días de incertidumbre hasta el 2 de enero que falleció.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Jorge Valdez Fue cantor de Juan D'Arienzo, con quien llegó a realizar alrededor de 150 grabaciones.
Leo Mario Vitale (su nombre verdadero) había alcanzado la fama de la mano de Juan D'Arienzo, con quien llegó a realizar más de 150 grabaciones, además de numerosas giras por el país y el extranjero.D'Arienzo lo hizo debutar oficialmente en 1957; Carlos Lázzari, bandoneonista de la orquesta, lo había descubierto un año antes en el cine Aconcagua de Villa Devoto, donde el joven Vitale tenía un número vocal. Pero sus primeros tiros no fueron vocales sino instrumentales: su madre lo indujo a estudiar piano desde los diez años y a los quince intervino como solista en un programa de Radio Splendid.
Con D'Arienzo inició una larga lista de éxitos, entre los que brillan Chirusa (uno de los mayores booms de los años 60), La calesita, Andate por Dios, Remembranzas y La casita de nácar, Durante su labor en la orquesta grabó 117 temas, trece de los cuales lo hizo en dúo, el primero de ellos acompañado por Mario Bustos y después -en orden cronológico- por Horacio Palma, Héctor Millán y Armando Laborde, quien en 1964 se había reincorporado a la orquesta. De los temas que Jorge Valdez cantó a dúo, el que obtuvo mayor éxito fue la milonga "Baldosa floja", grabada con Mario Bustos.
Entre las grabaciones con la orquesta de D'Arienzo, recordamos: "Adiós Chantecler", posiblemente su tema más logrado, "Remembranza", "Estrella", "La calesita", "En el cielo", "Casita de nácar", "Hasta siempre amor", "Se llamaba Eduardo Arolas", "Ave de paso", "Clavel del aire", "Adiós corazón", "Un solo minuto de amor", "Marinera", "Tu noche es mi noche" y "Chirusa", el más popular.
A propósito de este último tema, deseamos destacar que "Chirusa", compuesto por Juan D'Arienzo y Nolo López en la década del veinte, fue grabado por su autor en tres oportunidades. La primera de ellas en el año 1928, con el estribillo a cargo de Carlos Dante. La segunda el 17 de mayo de 1940 con Alberto Reynal y la tercera el 29 de octubre de 1958 con Valdez.
Este "gordo divino" o "Cuore", como lo llamaba en la intimidad su amigo el cantor Roberto Mancini, era dueño de un fraseo fácil e inconfundible, de voz atenorada, cálida y melodiosa. Parecía una alondra haciendo "fiattos falseteados", plenos de ricos matices.
Registra su último tango con Juan D'Arienzo, "Amor de verano", el 18 de noviembre de 1964, al año siguiente se aleja de la orquesta y es reemplazado por Osvaldo Ramos, quien cantaba con Florindo Sassone con su nombre real: Osvaldo De Sanctis.
Posteriormente grabó con el maestro Osvaldo Requena, con quien reeditó canciones de su repertorio, a los que sumó "Gricel", "En esta tarde gris", "Carillón de la Merced", "Verdemar" y "Nubes de humo", entre otras. Graba luego con el acompañamiento de la orquesta de Alberto Di Paulo muy buenas versiones de "Barrio de tango", "Fuimos", "La canción de Buenos Aires", "La vi llegar", "Mimí Pinsón", "Por una cabeza", "Una piba como vos" y "Cuando un amigos se va".
Para resaltar mejor la gran sensibilidad de Jorge Valdez, rescatamos esta anécdota referida por Rafael Brescia, quien también lo acompañó en diversas oportunidades con sus guitarras. En la década del noventa Brescia había registrado una cinta con la voz de Carlos Gardel, reemplazando las guitarras que lo acompañaban por otras cinco dirigidas por él. «Cierto día llevaba a Jorge en mi auto y puse la cinta. Mientras la escuchaba vi una lágrima en sus ojos. Fue la mejor recompensa para mi trabajo.»
Durante su actuación como solista Valdez integró diversas "embajadas de tango" junto a Carlos Dante, Alberto Morán, Floreal Ruiz y Ricardo Ruiz y bajo la dirección orquestal de Jorge Dragone, estas giras le permitieron actuar en distintos escenarios de toda América.
Sus discos, desde la época en que actuó junto a D'Arienzo, ganaron al pueblo hermano de Colombia, quien lo convirtió en ídolo y sus actuaciones en teatros, coliseos y plazas de toros, aún hoy son recordadas con cariño y admiración. Raúl Iriarte, ex cantor de Miguel Caló y próspero empresario en Bogotá, también lo convocó para actuar junto a Juan Carlos Godoy, Armando Moreno, Jorge Ortiz, Oscar Larroca y Roberto Mancini. Su último paso por ese país ocurrió en el año 2001. También actuó en Australia, donde las ciudades de Melbourne y Sydney gozaron con su voz y su estilo inconfundible.
Previamente a todo esto, en abril de 1990, Jorge sufrió un serio accidente automovilístico en el tramo habilitado de la nueva autopista Buenos Aires-La Plata, a la altura de Dock Sur. En este incidente sufre diversas heridas y es llevado al hospital Fiorito para su atención. Le cosen la lengua que había sufrido un corte muy profundo y luego de un largo trabajo de rehabilitación supera el mal trance.
En ese entonces Jorge se mostraba muy desanimado y con deseos de abandonar el canto. Son sus amigos quienes lo alientan a seguir y logran que se someta a nuevos y exigentes ejercicios de reeducación y foniatría. Vuelve a actuar en el "Rincón de los Artistas", clásico reducto tanguero ubicado en Álvarez Jonte y Boyacá, pero él siente que ya no es el mismo. Tanto es así que un día al bajar del escenario, molesto por no escucharse bien, le dijo a sus compañeros: «Estoy engañando a la gente. Esto no es lo que yo quiero.»
No obstante ello, Jorge continuó con los trabajos de reeducación, hasta lograr colocar nuevamente su voz a la altura de su registro normal, lo cual no le resultó sencillo, pues su estilo le exigía muchísimo esfuerzo. El era un cantante de registro alto y no un "diseur" acostumbrado a musitar las letras. Sus innatas condiciones técnicas y su gran fuerza de voluntad lo ayudaron a dejar atrás el mal trance y reinsertarse en el mundo del canto.
Sin embargo, aquel Jorge Valdez que había superado todas las consecuencias de ese ingrato episodio, no pudo años después, recuperarse de la angustia que le causó el fallecimiento de su esposa Laura y no obstante contar una vez más con el apoyo de sus amigos y el entrañable cariño de su hija, en lugar de luchar, se dejó estar y entró en una profunda depresión.
Continuó actuando en reductos tangueros de Buenos Aires, Mar del Plata y Tucumán, pero ya no era el mismo y así, con su corazón destrozado sentimentalmente, falleció en el Sanatorio Colegiales de la Capital Federal como consecuencia de una afección hepática.
Compuso dos temas, "Por favor no vuelvas" en colaboración con Celso Amato y letra de Raúl Hormaza y "Olvidemos todo" con versos de Santiago Adamini. Ambos temas los grabó con la orquesta de Juan D'Arienzo.
. En 1966 Jorge Valdez comenzó su etapa solista, primero acompañado por la orquesta de Osvaldo Requena y luego por diversos conjuntos más chicos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

