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viernes, 16 de enero de 2015

Oscar Alonso, bendecido por Gardel y Troilo

El Café Nacional de calle Corrientes al 900, fue uno de los notables santuarios del tango, el lugar donde se celebraban diariamente las ceremonias en su homenaje. Por allí desfilaron los mejores y, en ese palco, se consagraron los grandes músicos y cantores del género. Uno de ellos, considerado en su tiempo la gran promesa del tango canción, fue Pedro Carlos Brandán, conocido poco años después como Oscar Alonso.
En el tango, como en cualquier universo con historia, existen los mitos, las leyendas y los próceres. Como en toda celebración no faltan los maestros y los sacerdotes que inician a los aspirantes en la nueva fe. Alonso fue uno de los privilegiados. Aún no tenía veinte años y ya estaba bendecido por los grandes ases del tango. El primero fue nada más y nada menos que Carlos Gardel. Según cuenta Cátulo Castillo, alrededor de 1933 Gardel cantaba en una obra de teatro menor y cuando concluía su jornada se iba a tomar unas copas al Nacional. Allí, fue cuando escuchó por primera vez a Alonso y le dijo a Pascual Carcavallo: “Pucha que canta lindo ese morocho”. La otra versión proviene de Vaccarezza. Según sus palabras, Gardel lo fue a saludar a Alonso a su camarín y le dijo más o menos lo siguiente: “Yo me voy pibe, y el tango queda en tu garganta de oro. Cuidala, y no te engrupas”.
En estos casos, poco importa saber si la historia es verdadera o si hay documentos que la verifiquen, porque en el mundo mítico lo que vale siempre es la leyenda, que el rumor circule, que la imagen se instale en la memoria, que en la mesa de un bar, en la barra o en algún local nocturno, un grupo de hombres lo comente con asombro, con admiración.
Lo cierto es que Alonso ingresa al tango por la puerta grande y provisto de las mejores credenciales. Una de ellas se la otorga Homero Manzi, cuando le comenta a un amigo. “Cada vez que canta este muchacho, me hace temblar”. No concluyen allí los reconocimientos de los grandes. Según Serranito , Aníbal Troilo le confío una noche que “Alonso fue el más grande cantor de tangos después de Gardel, anotalo nomás sin ninguna duda”.
El hombre nació con el ángel en la garganta y el don del canto. No se le conocen estudios profesionales, pero escuchándolo daría la impresión de que no los necesitaba. Había nacido el 12 de octubre de 1912 en la localidad de Florentino Ameghino, un caserío vecino a San Antonio de Areco. Otra señal del destino. Pedro Brandán fue su padre, el hombre que Ricardo Güiraldes menciona entre los gauchos y reseros a quienes les dedica su libro “Don Segundo Sombra”.
A los catorce años, el muchacho ya vive con su familia en Buenos Aires. Dos años después debuta en un local de Florida y Esmeralda. Se dice que se inicia con el tema “La última copa”. Para esos años, actúa en el programa radial “La voz del aire”, acompañado por el trío dirigido por Vicente Fiorentino. En 1932, Anselmo Aieta lo lleva al Café Nacional. También con Aieta actúa en el viejo teatro San Martín.
Para esos años, se perfila como una de las grandes promesas del tango. Juan Canaro hace gestiones para que en 1938 ingrese a Radio Prieto, conocida después como Radio Argentina. Allí el director artístico de la emisora lo bautiza con el nombre con el que lo reconocerá la posteridad: Oscar Alonso. Es en esos años cuando se hace amigo de Hugo del Carril, con quien, además, compartirán futuros ideales políticos.
Se supone que al iniciarse la década del cuarenta, Alonso ya posee un perfil artístico definido. Su voz de barítono es una marca registrada en la noche porteña. Para esa fecha algunas de sus grabaciones en el sello Odeón empiezan a ser coleccionadas por los tangueros. Las dos primeras son en 1936. Se trata de los temas “Llueve”, de Horacio Petorossi y “Qué es lo que vez”, de Agustín Delamónica y Hugo Gutiérrez. Ese mismo año graba “San José de Flores” y “Comparancia”. Y en junio de 1937 se despacha con “Mañanitas camperas” y “Que nunca me falte”. No sólo graba, también escribe. Dos poemas pertenecen a su autoría, “Yo no quiero que le escribas” y “Tardecitas de campo”.
Alonso fue un típico cantor solista. Pasó por algunas orquestas, como las de Agustín Galván, Héctor María Artola y Carlos García, pero lo que definió su identidad fue su condición de solista, y siempre acompañado por muy buenas guitarras, como la de José Canet, por ejemplo. Según los entendidos, las mejores grabaciones pertenecen al período con Artola, pero las que han trascendido al gran público son las que hizo a partir de 1967 con Carlos García.
Una pregunta legítima en este caso, es por qué un cantor con dotes excepcionales como las de Alonso, no llegó a tener el reconocimiento que sus condiciones acreditaban. Las respuestas son diversas. Algunos dicen que su condición de solista conspiró en su contra, en un tiempo en que la consagración del canto la daban las grandes orquestas. Otros, hablan de su inconstancia, de su vida disipada, de sus largas giras por América Latina, de su prolongada estadía en Cuba. Lo cierto, de todos modos, es que la gran esperanza del tango, el hombre bendecido por Gardel, Manzi y Troilo, no pudo o no supo estar a la altura de esas expectativas.
Sin embargo, allí están sus grabaciones, alrededor de cien, que testimonian la calidad de su canto. Temas como “Jamás lo vas a saber”, “Rubí”, “Tus besos fueron míos”, “Barrio pobre”, “No me pregunten por qué” , “Yo también”, “Cuando tallan los recuerdos”, “Aquel muchacho triste”, merecen escucharse, porque dan cuenta de su calidad interpretativa, del registro de su voz, de los matices que era capaz de trabajar.
Oscar Alonso se identificó con el peronismo desde su nacimiento en 1943. En esos años, graba “Versos de un payador al general Juan Domingo Perón y Eva Perón”. Años más tarde le dedica un tango a Augusto Timoteo Vandor con letra y música de Alberto Caroprese. Para los amigos de las curiosidades, graba dos temas, “Seguí como sos” y “San Isidro”. Las letras son de quien fuera durante años el intendente de San Isidro, Melchor Posse.
A todas esas hazañas, Alonso siempre permitió que se las mencionaran con afecto, pero a la hora de evocar su recuerdo más querido como cantor, siempre se refería a las veinticinco funciones seguidas a sala llena en el cine 25 de Mayo del barrio porteño de Villa Urquiza. Sus giras por la provincia de Buenos Aires, también fueron memorables por la respuesta del público
Como todo artista popular de su tiempo, incursionó en el cine en películas que no fueron gran cosa, pero que permiten apreciar el tono de su voz. En 1934, actúa en “Los locos del cuarto piso”, dirigida por Lisandro de la Tea. Y en “Pampa y cielo”, de Raúl Guruchaga. Los más veteranos recuerdan de aquellas lejanas tardes de cine, el famoso noticiero “Sucesos argentinos”. Pues bien, hay dos cortometrajes que cuentan con su participación. Allí interpreta “Senda florida” acompañado de la orquesta de Juan Polito y los cantores Carlos Roldán y Chola Luna.
En 1952, Lucas Demare filma “Mi noche triste” donde es posible apreciar a su voz en off cantando el tango de Pascual Contursi. Por último, cómo no recordar su participación en la obra “Boite rusa”, en el famoso Teatro Liceo. Allí, durante dos años 1939 a 1941- estuvo acompañado por los actores José Olarra y Pierina Dealesi.
A partir de 1966 y hasta 1974, Alonso grabó en diferentes ocasiones acompañado por la orquesta de Carlos García. Su voz mantenía su temple, pero empezaba a declinar. Algo deteriorado por los años y los excesos, mantuvo hasta el final de sus días, es decir, hasta el 15 de enero de 1980, su lealtad incondicional al peronismo.

martes, 15 de enero de 2013

AZUCENA MAIZANI "LA ÑATA GAUCHA"


Azucena Josefina Maizani, nació en Buenos Aires, en el Hospital Rivadavia el día 17 de noviembre de 1902. Vivía en la calle Guatemala en Capital Federal y a los 5 años por razones de salud tuvo que mudarse a la isla Martín García (algunos investigadores dicen que la mudanza se debió a un contrato de trabajo de su padre, de oficio ebanista)
Vivió en la isla hasta entrados los quince años y en 1917, ya restablecida, retornó con su familia a Buenos Aires. La precaria situación económica de su familia la llevó a buscar trabajo para ayudar a solventar los gastos del hogar. Consiguió empleo como modista en una fábrica de camisas. 
Su barrio fue el Abasto, en donde en tertulias familiares cantaba a modo de diversión, pero el canto además era su gran pasión. Ferviente admiradora del dúo Gardel - Razzano, aprendió varias canciones de su repertorio escuchando las grabaciones del famoso dúo en un gramófono. Con otras muchachas de su edad realizaban por entretenimiento actuaciones teatrales en los patios, en donde Azucena  desarrollaba su histrionismo interpretando roles inventados para esas ocasiones entre sus amigas. 
El maestro Francisco Canaro contaba en su libro de memorias, como conoció a Azucena: "Al Pigall donde yo actuaba con mi orquesta solía concurrir una jovencita bonita y de cabello renegrido, una noche conversando conmigo me dijo que sabía cantar, entonces se me ocurrió preguntarle si no se animaría a cantar en público, previo unos ensayos. Yo mismo la acompañaría con mi orquesta. Ella, muy animosa aceptó, y después de ensayarla un poco la anunciamos al público presentándola yo mismo con el nombre de "Azabache" por lo renegrido de su cabello. Cantó "El rebenque plateado" y la milonga "La verdolaga", canciones que ella había aprendido de oírselas a Carlitos Gardel, y no hay para que decir que de entrada nomás obtuvo un éxito colosal porque en realidad cantaba muy bien y con mucho sentimiento" 
Sin embargo  no volvió más por el cabaret ni a contactarse con Canaro. Azucena tenía en ese momento 18 años. 
En 1923 el teatro "Apolo" puso un aviso en el diario solicitando coristas para la compañía de César Ratti para la obra "El bailarín del cabaret", que sería interpretada en los roles protagónicos, por el  galán cantor Ignacio Corsini y por la actriz Eva Franco. 
Después de meditarlo, Azucena tomó la decisión de anotarse para la prueba. Pasada con éxito la misma, fue contratada para hacer un pequeño bolo musical. Fue entones que Delia Rodríguez, una compañera del coro la invitó a su fiesta de cumpleaños, la que se realizó en su departamento. Azucena concurrió y en esa reunión festiva conoció al pianista Enrique Delfino, que por ese entonces estaba por estrenar un tango que había compuesto para el sainete de Vacarezza, "A mi no me hablen de penas". 
En esa ocasión Azucena cantó a dúo con Delia Rodríguez "La tranquera", acompañadas en el piano por Delfino. Este quedó deslumbrado por la voz y la personalidad de Azucena y le propuso que cantara su tango en dicha obra, la cual se pondría en escena en breve en el "Teatro Nacional". El tango en cuestión era "Padre nuestro". 
Quedó de acuerdo con Delfino para tener una entrevista con  Alberto Vacarezza y Pascual Carcavallo, dueño y  director del teatro. El gran escritor del teatro criollo quiso escucharla; Azucena cantó y el maestro del sainete quedó impresionado y  fue automáticamente contratada. Debutó el 23 de julio de 1923.
Cuando Azucena cantó  "Padre nuestro" fue tan grande la ovación que le tributó el público, que debió repetir el mismo cinco veces. Ese tango le abrió definitivamente las puertas como cancionista. En 1924  trabajó en la sala del teatro "Smart" con la compañía de Tomás Simari. Posteriormente actuó en el teatro "Argentino" donde debutó como actriz en la obra "Cristóbal Colón en la Facultad de Medicina" con la compañía de Florencio Parravicini. Luego pasaría por las compañías de José González Castillo, Alippi-Morganti y Héctor Quiroga, hasta que decidió  formar su propia compañía junto al actor Enrique Rando, debutando en el "Teatro de la Comedia". Estrenó  los tangos "Cascabelito" y "La cabeza del italiano”. 
Mientras tanto, su carrera de cancionista siguió sumando éxitos y fervorosos admiradores. Francisco Canaro le brindó la oportunidad de grabar con su orquesta y bajo la dirección de "Pirincho" haría sus primeras grabaciones para el sello "Nacional Odeón". Fue en esos primeros tiempos cuando Libertad Lamarque la bautizó con el apodo de "La Ñata gaucha". 
Como dijimos anteriormente Azucena había formado junto al actor Enrique Rando su propia compañía y saldría de gira por el interior del país. "Estoy un poco cansada de la revista, con este nuevo proyecto me olvido un poco del trajín", diría en un reportaje. Visitaron varias ciudades del interior con relevante éxito. Sus canciones fueron lo más destacado de las presentaciones. Obras como "Señorita, dos palabras" y "Valentina" serían las pedidas por el público en todas las actuaciones, además de cantar sus tangos, y alguno que otro "Shimmy", muy de moda por esos tiempos. 
Al regresar a Buenos Aires  se puso a organizar un nuevo elenco para formar una revista, debutando con la misma en la sala de "La Comedia" el 10 de octubre de 1926. Pasarían luego al "Hipodrome" en el que tenían pensado estrenar en diciembre, pero previamente hicieron una presentación en el teatro "Roma" de Avellaneda, actuación esta que termina en un escándalo monumental  suspendiéndose la función ya que unos inadaptados intentaron incendiar la sala. 
Al año siguiente, en 1927, la figura de Azucena fue codiciada por todos los empresarios, quienes se interesaban por contratarla.  Actuó en el "Porteño" y  luego en el "Maipo". Entre 1928 y 1929, se presentaría prácticamente en todas las salas porteñas. En 1928 firmó contrato con la casa grabadora "Brunswick" y con radio "Prieto", luego pasaría a radio "Nacional" y haría sus primeras giras por los países limítrofes de Uruguay y Chile. 
En sociedad con  el músico Roberto Zerrillo, formó la "Compañía Argentina de Arte Menor" dirigida por Mario Bellini. Partieron rumbo a España junto al violinista y al pianista Orestes Cúfaro, para actuar en el teatro "Alcázar" de Madrid, donde debutaron el 11 de septiembre de 1931. Pasaron luego a Barcelona, Santiago de Compostela, Teruel, Valladolid, Gijón, Alicante, Zamora, Valencia y Palma de Mallorca. 
El 14 de abril de 1932 debutaron en Portugal, en el teatro "María Victoria" de Lisboa y de allí  recorrieron las ciudades de Oporto, Braga y Coimbra. Continuaron la gira por Francia, actuando en el  casino de "Biarritz" en la Costa Azul. Pasó después a Italia y volvió a Francia, actuando en Marsella y concluyendo el periplo artístico por el viejo continente.
Su carisma y su fama hicieron que Azucena fuera llamada para actuar en el incipiente cine mudo nacional. Fue contratada para trabajar en la película de Julio Irigoyen "La modelo de la calle Florida" siendo este su  debut cinematográfico en el año 1929. Al igual que sucediera en años anteriores con Carlos Gardel, Azucena siendo cancionista fue contratada por su gran popularidad para actuar en un film mudo. Con la llegada del cine sonoro tendría varias incursiones cinematográficas.
En "Tango" del año  1933, realizaría una soberbia interpretación del tango "Botines viejos" acompañada por la orquesta del maestro Juan de Dios Filiberto y en donde en la presentación del reparto de la  película aparece en un costado de la misma  cantando su tango "La canción de Buenos Aires". 
Continuó con una breve aparición en "Monte criollo" de 1935, y en su gira por los Estados Unidos realizó "Di que me quieres" como protagonista  -en 1939, filmada en Nueva York y acompañada musicalmente por Terig Tucci- y "Nativa” también como primera actriz, filamada en la Argentina en 1940.  
En aquellos tiempos también filmó una serie de cortometrajes en los que cantaba tangos como lo había hecho Gardel en 1930.
En el año 1923 debutó en radio "Cultura". Luego, en 1925, pasó a LOY Radio Nacional (llamada primitivamente  Radio Estación Flores y posteriormente Radio Belgrano) cobrando la suma de 100 pesos por audición. En 1928 comenzó a formar parte del elenco de "Radio Prieto". 
Al regresar de su exitosa gira por Europa, Jaime Yankelevich la contrató para cantar en "Radio Belgrano" por la suma de 4000 pesos mensuales (1933). En 1936, cantó para "Radio El Mundo", donde rechazaría un contrato fabuloso de exclusividad que le ofreciera la reciente inaugurada emisora. También hizo presentaciones en "Radio Belgrano" acompañada por la orquesta de Elvino Vardaro. 
Hasta su retiro, Azucena fue una de las figuras más solicitadas de la radiofonía argentina. Sus actuaciones fueron siempre de sumo interés para el público que la seguía a través de los años. En su última etapa radiofónica, se presentaba con unos versos que la pintaban tal cual era y que ella recitaba con toda su fibra de porteña.

"Yo soy el tango señores, acunado en los suburbios
Al conjuro de sus turbios, gorjeos de ruiseñores
Con sus compases mejores, los que tienen mi alma llena
Y si la luna serena viste en plata mi arrabal,
Han de verme siempre igual "Siempre la misma Azucena"  
Como compositora firmó alrededor de quince obras, de las cuales tres fueron con música y letra propias y las restantes en colaboración con otros autores. Curiosamente dos tangos con su firma no los llevó al disco: "Dejame entrar Hermano" y "Aguas tristes". 
De su autoría con música y letra son: "Pero yo sé", "Por qué se fue", "Chismes de la ribera". 
En colaboración con otros autores: "Volvé, negro", "Amores de carnaval", "Decí que sí", "La canción de Buenos Aires", "Callate... callate", "En esta soledad", "Y... no somos nada", "Pensando en ti", "Remigio", "Lejos de mi tierra", "Cuando aman las mujeres", "Adonde están los varones", Hasta Callao, nomás". 
Azucena en su extensa carrera artística, realizó una prolífica tarea discográfica, para la cual grabó en cinco sellos  diferentes: "Odeón", "Brunswick", "R.C.A. Víctor", "Orfeo" y "Voxor". 
En el sello que más grabó fue en "Odeón" -en  dos etapas-,  del año 1925 a 1928 la primera y del año 1934 a 1939  la segunda, dejando más de 150 grabaciones. Aproximadamente registró 220 grabaciones desde el año 1925 hasta el año 1959.
Durante los años cuarenta y cincuenta, Azucena trabajó en radio Argentina y viajó por América, actuando varias veces entre otros países por Chile, Perú, Colombia, Cuba y Brasil, donde grabó un LP.
En el Uruguay trabajó con la compañía de Ivo Pelay y luego una vez más en el “Nacional” de Buenos Aires.  
En la década del sesenta, momentos difíciles para el tango, cantó en clubes de barrio y en la cantina “El Olmo” del barrio del Once que era de su propiedad.  
Falleció en 1970, dejando una hija y una obra por demás destacada para la historia de nuestro cancionero.