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martes, 2 de mayo de 2023

Gaby y José Valle presentan show sobre la vida y la obra de Homero Manzi

El viernes 05 de mayo a las 21,30 hs se realizará la segunda entrega del ciclo de charlas temáticas con música en vivo "La vida es un tango" ofrecida por José Valle junto a la cancionista Gaby "La voz sensual del tango" en el Café Histórico de Bahía Blanca (Av. Colón 602).

Versará sobre Homero Manzi y lleva el título "Sur... paredón y después". La entrada es libre y gratuita, pudiéndose realizar reservas al 291 6491449.
Homero Manzi (Añatuya, Santiago del Estero; 1 de noviembre de 1907 – Buenos Aires; 3 de mayo de 1951), cuyo nombre de nacimiento era Homero Nicolás Manzione, fue un poeta, político, guionista, periodista y director de cine argentino, autor de varios tangos y milongas muy famosos, entre ellos Barrio de tango, Malena (con música de Lucio Demare), Milonga sentimental (con música de Sebastián Piana), Romance de Barrio y Sur (con música de Aníbal Troilo). 

Adhirió desde muy joven a la Unión Cívica Radical, donde fue un claro exponente de la ideología yrigoyenista. En su juventud vivió en el barrio de Pompeya, de la ciudad de Buenos Aires, que le sirvió de inspiración para muchos de sus tangos. Hoy una calle del barrio lleva su nombre y hay una imagen en la plaza principal que recuerda su figura y su paso por FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). El documental Homero Manzi, un poeta en la tormenta, dirigido por Eduardo Spagnuolo, refleja la vida del poeta. Era hincha fanático del Club Atlético Huracán. Fue dos veces presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC).

martes, 3 de noviembre de 2020

"HOMERO, el color de la sudestada" ahora por streaming

“En la Navidad de 1946, Homero Manzi que gozaba de éxito, fama y dinero, fue notificado de una grave enfermedad. Agobiado por la inesperada noticia, emprende un viaje a Lincoln, provincia de Buenos Aires, pagos de su amigo Arturo Jauretche. Al estribo de ese último tren se fue su verbo punzante surgido de los turbulentos mítines de la Década Infame, pero quedó desparramado por los cielos del Barrio Sur, su inquebrantable amor por lo argentino”.

La obra cuenta en roles protagónicos a Chino Laborde como Homero y a Roxana Fontán interpretando a tres mujeres que gravitaron profundamente en la vida del célebre poeta nacional Homero Manzi. Acompañados por el recordado Claudio Garcés.
La música original fue compuesta y dirigida por José Luis Castiñeira de Dios y letras de Fernando Musante. Con Leonardo Nápoli que además de firmar la autoría del libro junto a María Prado es el director general del espectáculo. La producción artística mistura la obra clásica de Manzi con los temas especialmente compuestos para la ocasión. La escenografía virtual está diseñada por el artista plástico Horacio Cacciabue y el diseño multimedio de Fernando Silva. La coreografía se la han encargado a Mecha Fernández y el diseño de iluminación a Roberto Traferri.
La Pieza dramática ahonda en las entrañas de la historia entre la década infame y el primer peronismo. Comienza la misma tarde que Homero es anoticiado de una grave dolencia pero aun así decide, en vísperas de la navidad de 1946, realizar un viaje en tren a los pagos de su amigo Arturo Jauretche en la provincia de Bs. As. La estructura dramático musical imagina aquel viaje lleno de angustias, pero también de evocación. La más tierna infancia en Parque Patricios, cuna de su tremenda inspiración, afloran junto con la génesis de su Yrigoyenismo. Los turbulentos días de represión y encarcelamiento afirman sus profundas convicciones seducidos por la bohemia de aquellos años juveniles y vitales. Manzi será parte de esa trama que describe y enmarca una profunda argentinidad
Estreno el viernes 6 Noviembre 19Hs por: *TICKETEK LIVE*
https://www.ticketek.com.ar/homero-color-sudestada/online


jueves, 14 de noviembre de 2019

Gaby "la voz sensual del tango" presenta «Solamente ella» en la Academia Nacional del Tango

El jueves 21 de noviembre a las 19,30 hs Gaby «La voz sensual del tango» presentará su última producción discográfica en la Academia Nacional del Tango (Av. de Mayo 833 1° piso) acompañada por Norberto Vogel, pianista, bandoneonista y arreglador musical de los siete discos que la morocha bahiense cuenta en su haber. La entrada será libre y gratuita.

El formato de la presentación será original: música y palabras se alternarán con la colaboración de tres conocedores del género que intercambiarán preguntas y opiniones con la cantante acerca de las canciones y autores que integran el disco: Roberto Quirno (periodista de espectáculos de amplia trayectoria en el cine, la televisión y el teatro, cantante, conductor, columnista y presentador), Ricardo Salton (periodista, musicólogo y gestor cultural) y Gabriel Soria (Presidente de la Academia Nacional del Tango, coordinador del Museo Mundial del Tango y Dir. del Tango Buenos Aires Festival y Mundial de Baile).
«Estoy feliz. En esas dos palabras puedo resumir todo el conjunto de emociones que se mezclan en este momento en mí. Pasaron casi 10 años desde nuestro material anterior y parecía que éste no llegaría. La situación económica del país no beneficia la concreción de trabajos que cotizan en dólares y la industria discográfica ya no es una actividad rentable, por lo que hacer discos en formato físico es prácticamente un capricho, un gusto que nos damos los artistas. Sin embargo, no se compara ver nuestra música en una plataforma digital con tener el CD en la mano… Estoy infinitamente agradecida con José (Valle) por su paciencia y porque, aún en un año tan difícil como éste, se jugó por el proyecto y no postergó su lanzamiento, con el Sindicato de Industrias Químicas y Petroquímicas, URGARA, Profertil, Radio Mitre B. Bca., Diario La Nueva, Pavarotti Restaurante, empresas que han puesto su granito de arena para hacer posible este sueño. También tuvimos el invaluable apoyo del Instituto Cultural de Bahía Blanca, y del Honorable Concejo Deliberante que declaró de Interés «Solamente ella» tras un proyecto presentado por el concejal Gustavo Mandará. Los músicos, la familia, Mónica Odoux que estuvo en cada detalle de la grabación de voces… tengo mucha gente a la que decirle gracias; sin ellos el disco no se hubiera podido realizar», expresó la cantante.
Tras varios años de trabajo verá la luz «Solamente ella», un disco que conjuga lo más exquisito del repertorio que Gaby ha interpretado en los últimos años: “Solamente ella” (Manzi- Demare), “Noche de locura” (Bahr- Sucher), “Abandono” (Manzi- Maffia), “Mensaje” (Castillo-Discépolo), “Mis consejos” (Marcó), otros más contemporáneos pero igualmente relegados como “Frente a la facultad” (Aznar- Sosa- Gago), “Quinto año” (Tavera- Tarantino), “Desde el tablón” (Negro- Avena) o «La ciudad sin ti» cuya letra pertenece a un bahiense célebre para el género como lo fue el poeta Mario Iaquinandi (la música pertenece a Miguel Ángel Figueroa) y no registra más grabación que la que realizara el grupo chileno Los Ángeles Negros. No faltan clásicos, como “Nostalgias” (Cadícamo- Cobián) o “Lejana tierra mía” (Le Pera- Gardel). Asimismo, registra piezas del repertorio popular nacional como “El alazán” de Atahualpa Yupaqui y su esposa (que firmaba con el seudónimo de Pablo del Cerro) y otras contemporáneas como “Santa Argentina” (Salzano y Jairo), “No soy de aquí, ni soy de allá” (Facundo Cabral) y dos piezas de su autoría: el candombe «Las tres bravas» (con música de Eduardo Rotela) y el vals «Esa mujer» cuya música comparte con Víctor Volpe.
Como cada trabajo o espectáculo que ha presentado Gaby en los últimos 15 años, la producción es de José Valle, su representante y compañero de vida. Grabación, mezcla y mástering se realizaron en Del Gobbo Estudio (Bahía Blanca). La fotografía estuvo en manos de Marcelo Herold y Bianca Aguilar Merlino, la filmación y edición de video fue realizada por Nicolás Llorente y Nicolás Castro; el maquillaje por Julieta Alric, el peinado por Luis Ferreyra y la belleza de uñas por Julieta Marco para «Somos hermanas». Indumentaria y accesorios son de Liliana López (Makot´e) y Alejandra Cao (La Juana).
En cuanto a la parte musical, la apuesta en este disco fue por la variedad: hay grabaciones con Trío dirigido por Norberto Vogel que en ocasiones es enriquecido por saxo (Víctor Murstein) y batería (Eduardo Del Gobbo), otras son acompañadas por conjunto musical bajo dirección de Miguel Irazu (fallecido) y otras piezas fueron seleccionadas para un acompañamiento más intimista: dúo de guitarra y bandoneón (Irazu y Oscar González), piano (Víctor Volpe), sólo guitarra (Jorge Vignales y Quique Lorenzi) o solo fueye (Vogel).

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Hugo del Carril un Hombre de honor

Fue un cantante y actor que ya había alcanzado el éxito antes de la llegada del peronismo, no necesitaba definirse políticamente, por su fama difícilmente alguien se hubiera animado a molestarlo, si lo hizo fue por una firme convicción que lo impulsaba a defender a los más humildes, siempre mantuvo un espíritu independiente que lo llevó a tener encontronazos con la burocracia, pero sus problemas más graves fueron a partir del 1955 con el golpe de estado.
Como hemos visto con otros artistas o intelectuales que adhirieron al peronismo su obra es minimizada o directamente ocultada, esto ocurrió con Hugo del Carril al igual que con Leopoldo Marechal, el caso de Discépolo tal vez sea distinto pues se le reconoció su capacidad pero al precio de mantener en el silencio su apoyo al movimiento popular, se habla de Cambalache pero muy raramente se recuerda su personaje Mordisquito. Además Discépolo murió antes de 1955 por lo que los golpistas no pudieron ejercer la venganza contra su persona.
Hugo del Carril entabló una relación de amistad con el Gral. Perón desde el momento que lo conoció, así relataba una de sus anécdotas de los encuentros con el líder: "Un día me llaman para ir a cantar en la Residencia Presidencial. Voy y le digo a Homero Manzi, que ya estaba en sus últimos días: '¿Qué canto, Gordo? No puedo ir a cantarles "Mano a mano"'. Manzi me miró con calma, pidió papel y lápiz y me dijo que esperara un rato. Una hora después me entregó dos milongas, como de catorce pies cada una. La primera se llamaba ´Milonga a Perón´ y la otra, ´Milonga a Evita´. Las canté con el ritmo tradicional de la milonga pampeana. A Perón le corrieron las lágrimas...".
Pero su asociación indisoluble con el peronismo se dio cuando en 1949 decidió poner su voz a la Marcha Peronista. El pianista Norberto Ramos que integró la orquesta de Florindo Sassone, fue convocado en 1948 por un grupo de obreros gráficos para que le pusiera música a una letra que habían escrito esos trabajadores con el fin de contar con una marcha para el sindicato. Se estrenó el 2 de mayo de 1948 con el título: “Los gráficos peronistas”, nada menos que en el Teatro Colón interpretada por una orquesta sinfónica y el coro estable, en dicha presentación se encontraban presente Perón y Eva, la ejecución provocó un alto impacto entre los presentes. Luego se le cambió la palabra gráficos por muchachos y quedó instaurada como la marcha del movimiento.
Hay otra historia que es la que cuenta el periodista Néstor Pinsón, los antecedentes de la Marcha comienzan en el año 1931 en el club Barracas Central, donde Juan Raimundo Streiff-Garaventa compone la música y Juan Mufarri los versos para una canción que identificara al club. La letra decía: “Los muchachos de Barracas / todos juntos cantaremos / y al mismo tiempo daremos / un hurra de corazón. / Por esos bravos muchachos / que lucharon con fervor / por defender los colores / de esta gran institución.”. Esta canción fue sufriendo modificaciones, cuando llega al poder el peronismo Rafael Lauría y Oscar Ivanisevich escriben la letra que se conoce en la actualidad. Esta versión no niega que Norberto Ramos haya contribuido con alguna parte de la música, aunque la melodía ya existía anteriormente.
Hugo del Carril la grabó en 1949, alguna vez dijo: "Grabé centenares de tangos, pero hasta que me muera me van a recordar por la marchita...".
Producido el golpe de estado de 1955 estuvo detenido 41 días y luego decidió partir hacia el exilio en México, aún cuando pudo seguir trabajando por su popularidad en aquél país, que siempre fue generoso con los exilados argentinos, vivió ese destierro con mucha tristeza, todo lo que había producido en cuando a música y cine estaba relacionado con su tierra. Algunas de sus películas que se encontraban en la cartelera de los cines argentinos fueron bajadas, la dictadura no quería que quedaran rastros de este extraordinario artista.
Retornó al país con el gobierno de Frondizi donde volvió a filmar y desarrolló varios proyectos algunos vinculados con el espectáculo y otros no, montó “La carpa del pueblo” con la finalidad de difundir la música nacional, particularmente el folklore y el tango, pero aclaró que también “música moderna, pero nuestra”.
También se dedicó a la crianza de nutrias así lo explicó: "Me gustó el animalito; yo era un chiquilín que venía merodeando por el bañado de Flores, y ahí lo conocí. Cincuenta años después (...) un empuje inconsciente (...) me llevó de nuevo a él. El criadero está en el Tigre, a hora y media del embarcadero, y se llama ´Idahome´. Ya son ocho años de crianza y me va muy bien. Tengo 2600 hembras de cría, y para este fin de año completaremos unas 4000. La finalidad es la exportación (...). Hay un gran interés por la piel de nutria en Estados Unidos, España e Italia (...); lo turbio de las aguas produce un constante masaje sobre la piel que hace que nuestra nutria tenga una sedosidad tan especial (...). Va a ser una buena entrada de divisas para el país (...). Si lo logramos, en pocos años más puede significar una de las exportaciones del agro más importantes...".
Pero no tuvo suerte con este proyecto, le faltaron tierras para poder expandirse. Hizo gestiones para utilizar Las Lagunas Encadenadas ubicadas en la provincia de Buenos Aires como criadero natural pero no fue escuchado, significó un duro fracaso porque había puesto mucho esfuerzo e ilusiones en el mismo.
No dejó muchas obras escritas por él. Compuso dos tangos: "Como la mariposa" y "Viejo camarada", la milonga "Felicita", la canción infantil "Blanca nube" ("Blanche nuage") y el tango partidista "Un solo corazón", con música de Jorge Dragone.
En cuanto a su vida sentimental tuvo una relación con la actriz Ana María Lynch con quién filmó en 1941 “En la luz de una estrella”, cuando se separaron, ella se radicó en los Estados Unidos donde siguió actuando. También tuvo una relación con la actriz Gilda Lousek a la que conoció en la filmación de “Una cita con la vida”.
En 1959 conoció a una empleada de SADAIC, Violeta Courtois, se casaron en 1971 después de una larga convivencia, tuvieron cuatro hijos Marcela Alejandra, Hugo Miguel, Amorina Eva y Eva Cristina. El padrino de todos ellos fue nada más ni nada menos que el general Perón, que estando en el exilio apelaba a un emisario que lo representaba en las ceremonias de bautismo.
También trabajó intensamente en la televisión argentina a su retorno del exilio, en 1962 participa en la miniserie “La Calesita” por Canal 9. El 1963 en el canal 7 fue la figura estelar de “El show de CAP”. Alejandro Romay dueño principal de canal 9 lo convocó en reiteradas oportunidades, se puso en el aire el sainete “El conventillo de la Paloma” donde ocupaba el rol protagónico. En el canal 7 en 1971 protagoniza el programa “Del pueblo” que se basaba en el espectáculo que presentaba en “La carpa del pueblo”. En 1972 en canal 11 participa en el programa “El tango del millón” que producen los hermanos Sofovich. Romay lo vuelve a convocar en 1975 para realizar en el canal 9 una serie de espectaculares. Durante un 1976 protagoniza el afamado ciclo “Grandes Valores del Tango”, pero producido el golpe de estado, en una actitud que lo enaltece, decide dejar la televisión y no participar ni siquiera de reportajes.

domingo, 1 de mayo de 2016

El Ciclo “Bahía Blanca NO Olvida” Rinde Homenaje a Homero Manzi

El martes 3 de mayo a las 16hs en el el mitico Bar-Café Miravalles de avenida Cerri 777 se colocará una plaqueta homenaje y a las 18hs en el Auditorio de la Cooperativa Obrera, Zelarrayán 560, se proyectará un documental que cuenta la vida y obra de Homero Manzi y expondrá José Valle sobre Homero Manzi en el cine y la cultura popular
Homero Nicolás Manzione nació el 1° de noviembre de 1907 en Añatuya, Santiago del Estero. Fue el sexto de los ocho hijos de Luis Manzione y Angela Prestera, su madre era uruguaya y su padre argentino, éste fue un pequeño hacendado en aquella provincia mediterránea.
Hay en la poesía de Manzi un elemento profundamente musical, que funciona como un encastre perfecto, indivisible. Como señaló el periodista Julio Nudler en un artículo publicado en el portal Todotango: "Manzi encarna, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango. Fue un poeta que no publicó ningún libro de poesías". Su dupla con Troilo significó uno de los hitos del tango. Es uno de los binomios históricos del género, de esos que se citan rapidito al estilo Troilo-y-Grela, Gardel-y-Le Pera, y sin embargo no colaboraron juntos en más de seis ocasiones. Cuando Manzi murió de cáncer, a los 43 años, Troilo le dedicó su tango instrumental "Responso".
En su brillante análisis, Nudler destaca dos características centrales de la obra de Manzi: el primero, el aporte que hizo a la modernización y la jerarquización de la milonga. Para llevar a cabo esta reinvención de la milonga tuvo un compañero fundamental, el pianista Sebastián Piana, con quien escribió grandes clásicos como "Milonga sentimental", "Milonga del 900" y "Milonga triste". Salas recuerda en su biografía que el mismo Piana declaró que su mayor aporte a la música argentina fue "haber renovado la milonga, haber creado una milonga suburbana, de la ciudad, diferente a la campera". A partir del éxito de sus colaboraciones con Piana (entre las que también figuran tangos como "El pescante", valses como "Paisaje" o "Esquinas porteñas") Manzi se convirtió en un autor reconocido.
El otro aspecto de la obra de Manzi analizado por Nudler es "su mimetización con la fiebre romántica que contrajo el tango en los años ’40". Aquí aparecen tangos imperecederos como "Fruta amarga", "Torrente", "Después", "Ninguna" o "Fuimos", esos que Nelly Omar (ver aparte) asegura que fueron escritos para ella. Y si hubo desencuentros en aquel gran amor prohibido, que perduró hasta la prematura muerte del poeta, a los 43 años, basta revisar los versos de "Fuimos", escrito con el bandoneonista José Dames ("Fui como una lluvia de cenizas y fatiga / en las horas resignadas de tu vida...") para acercarse al desgarramiento de aquella relación

martes, 17 de febrero de 2015

La legendaria actriz y cantante Tania

 La cantante –cuyo nombre era Ana Luciano Divis: su apodo era el anagrama del diminutivo “Anita”– nació en Toledo, España, el 13 de octubre de 1900 y llegó a la Argentina en 1924. Se definía entonces como una “decidora” de la música rioplatense. Luego de su arribo con la Troupe Ibérica, contratada por el Teatro Casino, decidió quedarse.
Su carrera había comenzado mucho antes. A los 12 años, y como su hermana era cantante de operetas, se entusiasmó en seguirla, por lo que estudió canto y baile. A los 18 ya tenía su compañía de varieté, con la que recorrió Barcelona, Alicante y Madrid. Entonces le decían “la Lucianito” y su nombre artístico se fue modificando a Tania Visdi, luego Tania Mexican y finalmente Tania, cuando ya caminaba las calles porteñas y el destino la había enfrentado con Discépolo. Sin embargo, Tania no pasó de canciones como “La violetera” y “Agua que no has de beber” al tango por influencia de Discepolín. Un tiempo antes, de gira por Brasil, fue animada por el guitarrista Mario Pardo: su debut con la música ciudadana se llamó “Fumando espero”. Tanto éxito tuvo con ese tango que volvió a Buenos Aires para actuar en el Chantecler. 
Su consagración como artista y su gran amor le llegaron cuando cantaba en el Follies Bergère porteño “Esta noche me emborracho”, con la orquesta de Roberto Firpo. El autor, Discépolo, fue a escucharla por curiosidad: no se imaginaba a aquella gallega entonando sus estrofas. Los presentó José Razzano, el compañero de Carlos Gardel: ella recordaba que el compositor “era diferente de los ricachones que poblaban las noches de champán y caviar de los cabarets”. En su departamento de Córdoba y Callao, donde recibían a Aníbal Troilo, Osvaldo Miranda, Enrique Cadícamo, Homero Manzi, Pepe Arias y Francisco Canaro, Discépolo dio vida a “Yira Yira”, “Cambalache”, “Uno” y “Alma de bandoneón”. Mientras, actuaba en las radios Del Pueblo, París y Belgrano, de las que pasó a El Mundo, como solista de Mariano Mores en 1945. En 1947, Discépolo la incluyó en el ciclo “Así nacieron mis anciones”, por Belgrano. Un trajinar que quedó registrado en discos de Columbia, Víctor, Odeón, Music Hall y Magenta.
A sus dotes de cantante, Tania agregó la de comediante, tanto en cine como en teatro. Filmó tres películas: El pobre Pérez (Luis César Amadori, 1937), Cuatro corazones (1939) y Caprichosa y millonaria (1940), ambas realizadas por Discépolo. La relación amor-trabajo entre ambos era tan fuerte que él siempre la incluyó en sus temporadas teatrales. Así interpretó La perrichona y Mis canciones en 1932, en 1933 actuó en Wunder Bar y en 1935 en Winter garden. Sus personajes livianos y encantadoramente distraídos, se prolongaron en otras piezas de su marido como Blum (1949) y luego en 1950 y 1951 en el Teatro Gran Splendid. Ese fue el año que concluyó la etapa junto a Discépolo, el hombre que la acercó por primera vez a los problemas sociales. Tania compartió la adhesión de su marido al peronismo y la atención a la gente desprotegida. Sufrió a su lado la persecución de la que fue objeto por sus “Mordisquitos” radiales –duras respuestas al “gorilismo” de la época– y el desprecio del que fue víctima Discépolo por su militancia justicialista. “Se desmoronó de amargura, no se alimentó más, se encerró y se dejó morir”, recordaba Tania, que asistió impotente al final del genial artista, el 23 de diciembre de 1951. La muerte de Enrique y la caída del gobierno peronista fueron golpes tremendos. Las giras por Europa y América latina la mantuvieron lejos del país hasta 1959, cuando inauguró un local al que llamó Cambalache, que sería el origen de muchos otros. En una época en que el tango no tenía un lugar privilegiado, Tania lo albergó en su reducto. Sus memorias quedaron plasmadas en un libro que escribió Jorge Miguel Couselo en 1973, pero ella transitó etapas importantes más allá de esa fecha. A partir de 1983 realizó cinco temporadas en el Teatro de la Ribera, mientras actuaba en “Botica de tango” por Canal 11. En 1998, en su cumpleaños, se le tributó un homenaje en la sede de la Asociación de Periodistas de Radio y Televisión (Aptra), donde actuó en un sketch que se llamó “El descubrimiento de América”, una alusión humorística a su longevidad, tema que la divertía. Unos meses antes había sido una de las protagonistas de un homenaje a Aníbal Troilo, cuando junto a Fito Páez y frente a casi un millar de jóvenes cantó “Uno” y “Cambalache”. 


TEXTUAL DE TANIA: “Discépolo me hacía oír lo que componía. ‘Sos pura intuición, sos como el público’, decía. Pero yo no sabía cuándo escribía sus canciones. Cuando quería componer solo me decía ‘Mami, por qué no te vas a dar una vuelta? Pero tardá, ¿eh?’.” “Ser la viuda de una leyenda es algo tremendo. Al principio es algo que comienza por halagar, pero después se torna pesado, se apodera de todo lo que hago, me ahoga. Será porque interiormente siempre tuve bien claro que antes que nada yo era Tania, y lo sigo siendo, aún con el orgullo de haber sido la mujer de Enrique Santos Discépolo.”
“Si inevitablemente se me asocia al recuerdo de Discépolo, trato de que la nostalgia no invada esos momentos. Prefiero sentirlo como una presencia, como una compañía eterna que aún está a mi lado. Será porque nos amamos, y el amor transforma todo. Por él me metí en el corazón de Buenos Aires, con el tango como excusa y telón de fondo.”
“Escribía las letras de sus tangos una y otra vez. Se paseaba por la habitación y me las leía, después casi siempre las destruía. Los únicos tangos que escribió rápidamente fueron ‘Cafetín de Buenos Aires’ y ‘Uno’, en tres o cuatro meses. Para él eso era una velocidad increíble.”
“Un día me dijo: ‘Me gustaría ser linyera, para no hacer nada’. Muchos dicen que si viviera, estaría lleno de plata. ¡Qué equivocados están! No tendría
un peso, porque no le gustaba trabajar.”
“A Gardel apenas lo conocí. Dos cositas puedo evocar. Una, su atención al acercarse al Folies Bergère para oírme cantar. Otra, una expresión que le escuché y me dejó estupefacta. Nos cruzamos en un festival: él estaba con sus guitarristas, y cuando los llamaron a escena les dijo: ‘Después de la ovación nos vamos’. Nunca volví a escuchar tal exabrupto de seguridad.”
“Al llegar acá noté que los cambios que me exigía el tango se prestaban a mi personalidad. Pero uno de aquellos señores de la sociedad porteña le dijo al empresario: ‘Si esta mina canta tangos, ¡yo me hago obispo!’. Cada vez que me encuentro con este abuelo le echo en cara su falta de palabra.”

viernes, 26 de diciembre de 2014

Homero Manzi y la influencia de lo popular en América

Al debatir la Cámara de Diputados, en mayo de 1951, la posibilidad de homenajear al poeta Homero
Manzi, recientemente fallecido, el diputado peronista John William Cooke alegó: “Muchas veces esta Cámara rinde respetuoso homenaje a los espíritus menores, soldados que batallan impávidos la campaña de la vida, sin esperar otra recompensa ni otra paga que la justa. Homero Manzi, el poeta recientemente fallecido, fue uno de esos hombres. Su pasión del pueblo lo volvió sin cesar a su fuente, y en ella enraizó su arte con la cálida verdad que exprimía del mundo palpitante que lo rodeaba”. Homero Nicolás Manzione –tal su verdadero nombre- había nacido el 1º de noviembre de 1907 en la localidad santiagueña de Añatuya. Quinto entre ocho hermanos, hijo de un modesto empresario rural, Manzi se mudó con su madre a Buenos Aires cuando tenía nueve años. Pompeya fue el mundo de su infancia, la que le inspiró el amor por lo barrial. De joven, comenzó a escribir poemas y escenas teatrales y, muy pronto, sus primeros tangos.
Entonces, ya había ingresado al mundo de la política en un comité radical. El golpe de 1930 lo encontró como profesor de literatura de colegios nacionales y defendiendo la causa yrigoyenista. Tras una breve estadía en la cárcel, Manzi volvió al barrio y desató entonces su pasión por el tango. Habitué de cafés y milongas, entabló relaciones con Enrique Santos Discépolo, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari, Roberto Arlt, Aníbal Troilo, Lucio Demare, Cátulo Castillo y Sebastián Piana, entre muchos otros, con quienes compartió largas charlas o para quienes escribió numerosas letras. No tardó en convertirse en uno de los poetas, letristas y rimadores más reconocidos del país, inmortalizando tangos como “Sur”, “Malena”, “Che, bandoneón” y “Milonga sentimental”, entre otros. Compositor de tangos, valses, candombes y milongas, no fue la música el único ámbito de indagación de los sentimientos nacionales. Manzi también fue periodista y director de cine, destacándose su adaptación de la novela de Leopoldo Lugones La guerra gaucha.
Pero a la par que plasmaba en el tango la poesía a la clase humilde, Manzi prosiguió su militancia política. Partidario del abstencionismo y la insurrección, en su combate contra el régimen de la década infame, su casa se convirtió en una especie de comité clandestino, que llegó a albergar pólvora para la fabricación de bombas caseras, hasta que accidentalmente estalló en pedazos el baño. Fundador de FORJA, a mediados de los ’30, junto a Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, se alejó de la política años más tarde y se mantuvo distante y hasta opositor al peronismo emergente. Sin embargo, hacia 1947, ya miraba con otros ojos al presidente Juan Perón y, a finales de aquel año, en un mensaje radial, lo equiparó a su fallecido líder, Hipólito Yrigoyen, como forjador de la causa nacional. Pero entonces enfermó de cáncer. Falleció tiempo después, a los 43 años, el 3 de mayo de 1951. Para recordarlo, ofrecemos las palabras en prosa poética que publicara el 6 de mayo de 1948 en el periódico Línea, del cual fuera director honorífico, cuando los fuertes dolores ya habían comenzado a atacarlo.

Fuente: Luis C. Alen Lescano, Homero Manzi, poesía y política, Buenos Aires, Nativa, 1974.

domingo, 5 de mayo de 2013

Un recuerdo para Homero Manzi a 62 años de su muerte Por Norberto Galasso



El autor de letras de tangos que se convirtieron en verdaderos himnos porteños, fue también un orador de barricada que se pronunció siempre a favor de los más humildes. En el arte y en la vida caminó por la vereda de lo popular.

Le tocó vivir un tiempo difícil de vasallaje y miseria popular, de artes exóticas y gobiernos reaccionarios, de banderas enfangadas y "próceres" traidores. Pero él supo encontrar las respuestas y erguirse junto a su pueblo para empujar, "de prepo", a esa historia nuestra, a veces remisa y reculadora.

Vino de su Añatuya callada y desvalida y se metió con su espíritu poblado de versos en un Boedo mistongo que se derramaba en cafetines, lustrabotas y mendigos hacia esa Chiclana amenazada siempre por la inundación. Allí caminoteó atardeceres con Cátulo Castillo, Julián Centeya y el "loco" Papa y allí resolvió en largas conversaciones con Jauretche su dilema shakesperiano trasladado al suburbio: "¿Ser hombre de letras o hacer letras para los hombres?". Allá estaba la Academia y el galardón literario, el premio municipal en la solapa y la cátedra momificada. Aquí, la fidelidad al Barrio de las Ranas, a las pibas de Alsina, a Pompeya con su farol "balanceado en la barrera" y "el codillo llenando el almacén", al Boedo legendario donde se mezclaban el caudillo radical Pedro Bidegain y aquel Eufemio Pizarro que "con vaivén de carro…/ cruzaba los ocasos / del barrio pobretón". Y Homero Nicolás Mancione desdeñó la fama oligárquica para grabar su perfil como Homero Manzi optando por el mundo de "las chatas entrando al corralón", chapaleando barro bajo el cielo de Pompeya herido de lonjas rojas, con sus gorriones y fabriqueras, con el eco de un bandoneón –"mariposa de alas negras"- brotando del último organito de una ciudad entristecida.

En ese camino, sus "versos para los hombres" acunaron a la Negra María, consolaron a la mulata abandonada, invocaron al Papá Baltasar en nombre de los chicos pobres, eternizaron al viejo ciego del violín y a aquella Malena "con voz de sombra", en el paisaje indeleble de un "Sur paredón y después". De este modo, estampó una radiografía carreguiana de personas y aconteceres de la realidad, tan humildes y por eso, precisamente, tan importantes.

Asimismo, en el terreno político, Homero también eligió la vereda popular, despreciando las canonjías que el ofrecía el radicalismo alvearizado, para lanzarse a la aventura de FORJA, aquel 29 de junio de 1935, porque sabía que "éramos una Argentina colonial" y ansiaba una "Argentina libre". La soberanía popular, la nacionalización de las empresas extranjeras y la reivindicación de los derechos de los trabajadores se hicieron punta, una y otra vez, en su vozarrón lanzado al viento en la tribuna esquinera –modesta tarima de cajoncitos de cerveza- donde chisporrotearon luminosas verdades en la sombría noche de la "Década infame".

Aquel que calificaba a la piel de una muchacha como "magnolia que mojó la luna", se transmutó entonces en orador de combate: "Nos quieren hacer creer que hay una cosa intocable en la economía: el gran capital… Nos quieren convencer que el ferrocarril apenas da ganancias a sus accionistas… Hay que crear mentalidades opuestas y nacionales que frente a esa lamentación digan sencillamente esto: ¡¡¡QUE SE VAYAN A LA PUTA QUE LOS PARIÓ ESOS ACCIONISTAS!!!".

Así batalla en la catacumba forjista, en esa época en que la tisis roe los pulmones de las mujeres que pedalean en la "Singer", cuando los rufianes controlan la calle Corrientes y las adolescentes desaparecen del conventillo atraídas por "las luces del centro". Y así se consustancia cada vez más con su pueblo. Por esa razón, en 1947, reencendiendo su vieja fe del auténtico irigoyenismo, brinda su apoyo a la caravana popular desde su perspectiva de "revolucionario", amigo del Pueblo, al que expresa en sus versos y a quien acompaña ahora en su nuevo camino jubiloso: "Quienes nos tildan de opositores se equivocan. Quienes nos tildan de oficialistas también. Nos somos oficialistas ni opositores. Somos revolucionarios… Perón es el reconstructor de la obra inconclusa de Hipólito Yrigoyen".

Poco después, la muerte le punguea el corazón en el sanatorio Costa Boero y se despide "lleno de luces y dolores… que integran mi cortejo final de despedida". Sin embargo, aún hoy, cuando en la radio en un tallercito del suburbio o en la disquería noctámbula de la calle Corrientes, florecen otra vez sus versos "con un perfume de yuyos y de alfalfa/ que nos llena de nuevo el corazón", parece como si el Homero indoblegable se pasease todavía con su cara redonda y sus ojos limpísimos de niño –esos por donde "su frente triste de pensar la vida, tiraba madrugadas por los ojos", como diría Cátulo Castillo- para mantener viva la canción y encendernos, de nuevo, la esperanza.

martes, 29 de enero de 2013

EN EL DIA DE SU CUMPLEAÑOS, RECORDAMOS AL "POLACO" ROBERTO GOYENECHE...!!!

Goyeneche y Troilo

Roberto Polaco Goyeneche, nacio en Urdinarrain Entre Ríos el 29 de enero de 1926 y fallecido en Buenos Aires el 27 de agosto de 1994, fue un orgulloso vecino del barrio de Saavedra, exitoso cantante argentino, muy reconocido por su calidad interpretativa y por su particular modo de frasear con rubato las melodías del tango. Esta particularidad se basaba en no hacer coincidir el tempo de la letra que cantaba con el tempo del acompañamiento musical. La frase siempre quedaba por delante o por detrás del compás, cosa bastante infrecuente en el tango,Carlos Gardel, precursor del estilo, como también Ángel Vargas también practicaban este modo de rubato. En cambio en el jazz, este rubato es más usual, por ejemplo en Louis Armstrong
Nació en Urdinarrain, provincia de Entre Ríos, el 29 de Enero de 1926, mientras sus padres retornaban de un viaje en tren en dirección a la Capital Federal. Descendiente de vascos es sobrino del músico de tango Roberto Emilio Goyeneche. Vinculado, por tanto, y desde infancia y adolescencia al ambiente de la música popular porteña, fue precoz habitué de los cafés y de los cabarets que dieron lugar y refugio a artistas y a devotos de la generacion de 1940. Cantor sin formación académica, recibió su primer espaldarazo en un certamen de voces nuevas organizado por el Club Federal Argentino en 1944. Se vinculó más tarde a la orquesta de Raúl; Kaplún con la cual no alcanzó el estudio fonográfico— alternando todavía su trabajo profesional de cantante con otros oficios.
El Polaco trabajó como chofer de colectivos, taxista y mecánico. En Saavedra (Buenos Aires) conoció al amor de su vida, el Club Atlético Platense, al que seguiría hasta el día de su muerte.
Su primer éxito fue a los dieciocho años en un concurso para voces nuevas, en 1944. Ese mismo año inició su carrera como cantor en la orquesta de Raúl Kaplún. Formado en la caudalosa corriente gardeliana, alcanzó un estilo personalísimo de "dicitore".
En 1952 fue convocado por Horacio Salgán para reemplazar al cantor Horacio Deval y formar rubro con Ángel Díaz, quien fue el que lo bautizó «El Polaco», por ser flaco, tener el pelo largo y rubio, similar a los jóvenes de origen polaco de la época. Con Horacio Salgán registró cuatro grabaciones para el sello RCA Victor, Alma de loca, Yo soy el mismo, Un momento y Siga el corso. En 1954 siguió grabando con Salgán en el sello TK otras seis grabaciones, dos de ellas a dúo con Díaz.
En 1956, a los treinta años, se convirtió en el cantor de la orquesta de Aníbal Troilo, de quien fue admirador y entrañable amigo. Con él grabó 26 temas. Unos años después, ya solista, se volvieron a asociar en dos LP titulados "Nuestro Buenos Aires" de obras compuestas especialmente por Armando Pontier y Federico Silva, en 1968 y "¿Te acordás Polaco?", en 1971.
El repertorio de Goyeneche fue muy extenso y variado, los tangos bien antiguos y los más modernos desfilaron en su trayectoria discográfica. Cantó los tangos Afiches, Maquillaje y Chau, no va más ,de Homero Expósito. También una versión de Malena, de Lucio Demare poesía de Homero Manzi y Naranjo en flor.
Lo mismo sucedió con los de otros cantantes, como por ejemplo Floreal Ruiz, con Naranjo en flor, Edmundo Rivero, con La última curda, Raúl Berón, con Qué solo estoy, Francisco Fiorentino, con Grisel y Garúa, entre otros. También fue intérprete del repertorio de Carlos Gardel.
En Estados Unidos grabó un disco de tangos clásicos. Volver, Sur, la milonga Los ejes de mi carreta, de Atahualpa Yupanqui. con extrañísimos arreglos jazzísticos de Carlos Franzetti , pianista y compositor argentino de jazz radicado en EE. UU..
En 1969 grabó Balada para un loco, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, en un acto de audacia artística, luego del escándalo que el estreno del tema significara y el debate sobre lo que debía ser aceptado como tango.
Se consagró como solista después de ser cantor de orquesta y el reconocimiento le llegaría a la madurez de su voz para no abandonarlo hasta su muerte. Fue mítica la colaboración que Goyeneche prestó al quinteto de Astor Piazzolla durante la breve temporada de mayo de 1982, en plena guerra de las Malvinas, en el Teatro Regina de Buenos Aires, y de la cual se conserva registro discográfico.
Entre 1985 y 1987 participó de los programas televisivos Operación Porcel y Las gatitas y ratones de Porcel, ambos encabezados por Jorge Porcel. En este ultimo en el scketch lucia la camiseta de Platense, Porcel la de Racing y su guitarrista la de Sarmiento de Junín, el futbol era su pasión y Platense su gran amor.
En octubre de 1987, filma la película Sur que dirige Pino Solanas y que cuenta entre los músicos que lo acompañan al guitarrista Raúl Luzzi y al bandoneonista Néstor Marconi.
En el momento de su muerte, ocurrida el 27 de agosto de 1994 en Buenos Aires, era considerado el mayor cantante de tangos en actividad. En su homenaje, una avenida del barrio de Saavedra, en la ciudad de Buenos Aires, lleva su nombre. Curiosamente, la fecha de su deceso coincidió con la de otra referente del tango de Buenos Aires, Beba Bidart.

martes, 10 de julio de 2012

HOY CUMPLIRIA 98 AÑOS ANIBAL TROILO



Aníbal Troilo nacio el 11 de julio de 1914, en la calle Cabrera 2937, entre Anchorena y Laprida, es decir, en pleno barrio del Abasto pero se crió en Palermo. Su padre murió cuando "Pichuco" tenía 8 años y su vocación por el "fueye" despertó cuando todavía cursaba la escuela primaria, años despues comentaría "Mi viejo era carnicero y murió cuando yo tenía ocho años... A los diez, el fueye me atraía tanto como una pelota de fútbol. Jugaba de centrojás en el Regional Palermo. 
La vieja se hizo rogar un poco, pero al final me dio el gusto y tuve mi primer bandoneón: diez pesos por mes en catorce cuotas. Y desde entonces nunca me separé de él".
Una tardecita de 1928, un gordito retacón, con ojos de japonés, bajó del tranvía 31 y encaró para el lado de la calle Soler, en la frontera sur de Palermo Viejo con el Abasto y Almagro. El pibe venía del Carlos Pellegrini, del colegio. En la esquina, lo pararon los amigos: el jorobadito Goyo, Duve, el flaco Cutaro, Luisito el peluquero... "¡Dogor! –le gritó el jorobadito- ¿te querés ganar unos mangos? Te conseguimos una actuación en el Petit Colón".
El fue al tango, como instrumentista, lo que Carlos Gardel a su interpretación cantada.
Así empezó la historia. El gordito retacón con ojos de japonés tenía 14 años, los pantalones cortos y todo el barrio adentro. Se llamaba Aníbal Carmelo Troilo.
Ejecutante de bandoneón, justamente el instrumento símbolo del género, su apodo familiar de "Pichuco" trascendió a la sociedad y coexistió armoniosamente con el artístico de "El Bandoneón Mayor de Buenos Aires", según lo bautizara el poeta lunfardo Julián Centeya.
Varios factores contribuyeron a hacer de Troilo un mito viviente: su manera de tocar "hacía hablar" al bandoneón en los fraseos, del mismo modo que la trompeta de Louis Armstrong "enseñaba" a cantar jazz a sus contemporáneos. Pero además, Troilo fue un melodista inigualable, cuyo talento para la composición quedó registrado en temas como los que escribió para letras de Homero Manzi ("Barrio de tango", "Sur", "Discepolín", "Che Bandoneón"), o de Cátulo Castillo ("María", "La última curda") o en su "Responso", a la muerte, justamente, de Homero Manzi, en 1951. Fue un tío llamado Juan Amendolaro quien le impartió las primeras nociones de ejecución de bandoneón. Y ya en 1926, con apenas 12 años, estaba tocando en un festival benéfico del Petit Colón, un cine de su barrio. Nunca más se bajó de las tablas. Por su orquesta pasarían, entre una larga constelación de grandes, un joven bandoneonista marplatense llamado Astor Piazzolla, a quien distinguió prontamente con la confianza que el director dispensa a quien se convierte en su arreglador, y a quien solía hacer una sola recomendación: "La gente tiene que bailar, no perdamos el baile, si perdemos la milonga, sonamos".
Muchos años después, ese mismo Troilo, ya devenido en "Pichuco", fue a visitar a Enrique Santos Discépolo, que entonces vivía en La Lucila. Se quedó a cenar y cuando la sobremesa se alargaba, Discépolo lo llevó a los fondos de la casa para que viera el jardín que él mismo cuidaba. De repente, le preguntó:
¿Cómo estás?
Bien – le contestó Pichuco.
¿Qué vas a hacer?
No sé.
¿Sabés lo que tenés que hacer?
No.
Nada.
Para Discépolo, Pichuco, ya había hecho todo. Pero, se equivocaba, le quedaba por ejemplo, envolver en melodías los versos de "Discepolín", escritos por Homero Manzi. O los de "A Homero", "Desencuentro" y "La última curda", que hizo Cátulo Castillo. Cuando murió Manzi, una noche lo sintió dentro de él. Estaban jugando al Bacarat en su casa cuando se levantó de la mesa y se fue a otra habitación para componer de un tirón "Responso", una elegía que está entre los tangos más grandes de todas las épocas. Lo grabó y no quiso tocarlo nunca más. Cuando el público lo obligaba, accedía, pero se desgarraba por dentro.
Fue autor de 60 tangos. Todos inolvidables. Sus músicos decían que llevaba al tango en la piel. Tocaba como bailaban los bailarines de antes, resbalando sobre el piso encerado. Eso no se lo enseñó nadie, porque eso no se aprende sino que se trae en el alma. Es necesaria una sensibilidad muy especial y Troilo la tenía, por eso fue lo que fue.
Sus sucesivas formaciones orquestales no sólo incorporaron a cantores insignes -Alberto Marino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Elba Berón, Nelly Vázquez- sino a instrumentistas prestigiosos, auténticos paradigmas del género: los pianistas Orlando Goñi, José Basso, Carlos Figari y Osvaldo Berlingieri; los bandoneonistas Astor Piazzolla, Ernesto Baffa y Raúl Garello; los violinistas Hugo Baralis, Salvador Farace y Juan Alzina; el cellista José Bragato... Como siempre sucede, los artistas que logran aquerenciarse en el espíritu ciudadano son humildes de alma, desdeñan los oropeles del éxito y disfrutan el regocijo que sólo proporcionan "esas pequeñas cosas".
Remolón, parsimonioso, "fiaca" confeso, Troilo se volvía frenético cuando lo asaltaba la inspiración o cuando sus kilos de más y la jaula sobre sus rodillas conjugaban un solo cuerpo de pasión tanguera.
La gente le tenía cariño, siempre lo reconoció; y él siempre decía: "Los que caminan al bardo, como yo, siempre quieren a los que les hacen bien". Al bardo, para él, era caminar sin ton ni son. Los que lo conocieron muy de cerca afirman que un hijo podría haberle cambiado la vida. Pero, no lo tuvo, siempre se jactó de su amor por la noche. Un día, entró a una Iglesia y discutió con el párroco que pretendió darle un sermón. "El recién tenía treinta años y me quería enseñar a vivir a mí, justo a mí, que me pasé la vida en la calle, a los golpes con la vida, con la gente y conmigo mismo, porque yo siempre fui mi peor enemigo. Pichuco fue el peor enemigo de Aníbal Troilo".
Solía cerrar los ojos cuando tocaba y nunca supo explicar porqué. Si lo apuraban, decía que era porque, posiblemente, se sentía dentro de sí mismo. Era así, parecía que se dormía sobre el fueye. Los aplausos lo despertaban. Entonces, comprendía que todo había sido en vano, que nunca había estado solo.
Víctima de un derrame cerebral y de sucesivos paros cardíacos, Pichuco murió el 19 de mayo de 1975 en el Hospital Italiano, pero aún hoy su recuerdo promueve un reverencial sentimiento de porteñidad.

sábado, 28 de enero de 2012

Tango y Turf :el encuentro de dos antiguas pasiones porteñas

Podría decirse que ambas disciplinas desde un principio estuvieron hermanadas, tanto en lo que concierne a la labor de preparadores, jockeys, peones y demás componentes que brindan el espectáculo turfístico, como a la obra de distintos músicos, cantores y autores de nuestra música ciudadana, que a través de tangos que dedicaron a aquellos, pusieron de manifiesto su pasión por las carreras de caballos.
Para dar una acabada idea de lo antedicho, nos remontamos a fines del siglo XIX, a un moreno llamado Rosendo Medizábal, pianista que se desempeñaba en la casa de María “La Vasca”, y a una calurosa noche de noviembre de 1897.  Esa tarde había ganado en el hipódromo de Palermo el caballo “Pillito” el Gran Premio Internacional, hoy Carlos Pellegrini.  Los allegados a su caballeriza entre los que se encontraban Pablo Aguilera (que fue quien lo condujo), el cuidador Bastiani y otros, estaban festejando el triunfo del mismo, mientras el moreno pianista ejecutaba un tango aún sin nombre.  Llamado a la mesa y al ser interrogado sobre el título respondió que no lo tenía, sugiriéndole entonces los concurrentes que le pusiera el del caballo ganador, cosa que decidió hacer; pero otras circunstancias hacen que cambie de opinión y el mismo termine siendo “El Entrerriano”, el que llega a nuestros días con la frescura y lozanía de aquellos lejanos años.
Alfredo Bevilacqua, pianista también, no escapó a la pasión que engendra el denominado Deporte de los Reyes; es así que entrando ya en el nuevo siglo le dedica a Domingo Torterolo, para esos años de gran predicamento en el oficio, un tango que titula “Gran Muñeca”.  En cuanto a Torterolo y sus hermanos, se radicaron luego en París por largos años, extendiendo allí su amistad con los hermanos Pizarro, Petorossi, y luego Gardel, con quien puede vérselo en varias fotografías.
Tampoco Angel Villoldo fue ajeno a los aconteceres de nuestro turf; éste era asiduo concurrente al viejo Hipódromo Nacional -situado donde hoy está la cancha de River- como también al de Palermo, cuya inauguración data del 7 de mayo de 1876.  Luego de los éxitos de “La Morocha” y “El Choclo” Villoldo compone el titulado “Una Fija”, en clara alusión a un caballo que no podía perder.  Carlos Di Sarli en la década del ’40 hace una extraordinaria versión de dicho tango.
Cabe ahora mencionar a Eduardo Arolas, brillante como compositor tanto en el aspecto cualitativo como cuantitativo.  Sus tangos no tienen parangón y estaría de más hablar de ellos ya que los de mayor divulgación fueron y son ejecutados por todas las orquestas; pero nos detendremos en dos relacionados a nuestro tema: Se trata de “Dinamita” y “Retintín”.  Este en principio estaba dedicado a su amigo Rafael Tuegols (de allí la estrofa que dice “Qué hacés Che Rafael”), pero luego y para engrosar los escuálidos bolsillos del “Tigre del Bandoneón” fue “obsequiado” al propietario del caballo que origina el título, con la consiguiente retribución monetaria como era costumbre para la época.  En cuanto a “Dinamita”, fue un pura sangre sin mayor éxito y pese a que el tango está dedicado “A mis queridos padres y hermano”, la portada de la partitura del mismo muestra la foto del caballo con su jinete en acción de desmontarlo.
Al Arolas turfman puede vérselo en curiosa foto en el hipódromo parisino de Longchamps, elegántemente vestido y con bastón, en compañía de dos damas, lo que desmentiría que estuviera atravesando momentos críticos económicamente.
Dos hechos singulares tienen lugar en 1917.  El primero es la aparición en las pistas de un auténtico crack llamado Botafogo, a quien condujo durante ese año Jesús Bastías, al cuidado de Felipe Vizcay.  El segundo es la invención que realiza Pascual Contursi a través de la letra para un tango que revolucionaría toda la temática del mismo.  Sobre una música de Samuel Castriota titulada “Lita” y que estaba condenada a permanecer en el anonimato, Contursi le acopla versos y lo rebautizan con el título de “Mi Noche Triste”, considerándoselo el primer tango cantable con argumento.
Pedro Maffia, “El Pibe de Flores”, el que para ejecutar el bandoneón adoptaba la rígida postura, el de “Pelele”, “La Mariposa”, “Sentencia” y otros, tampoco pudo sustraerse al encanto que proporciona el fru-fru de las coloridas chaquetillas.  Es así como en colaboración con Julio De Caro componen “Tiny”, en alusión al ganador del Gran Premio Carlos Pellegrini del año 1919, y solamente Maffia “Averán”, en honor a un animal que no tuvo trascendencia en las pistas pero sí en la melodía aportada por su creador para el tango homónimo.
Cabe agregar para dicho músico, que poseemos una inhallable placa con la grabación de un tango titulado “Correntino”, que dedica a su admirado Elías Antúnez en el año 1930, y que es anterior a “El Yacaré” en una versión para el sello Nacional-Odeón por el dúo Ruiz-Torres con letra de Enrique Lopez, que ensalza al jockey a poco de llegar de su Corrientes natal a Palermo.
Redundante sería extendernos en Irineo Leguisamo, hondamente vinculado tanto al turf como al tango.  Simplemente diremos que en la tarde del 13 de diciembre de 1931, de las 8 carreras que se disputaron en Palermo, triunfó en 7 y entró segundo en la restante.  Por la noche le enviaría un telegrama a su fraterno Gardel, a la sazón actuando en París, con el suiguiente texto: “Carlos, corrí 8 y gané 7.  Abrazos, Mono”.
Llegamos así a algo que es imposible de soslayar: El stud de la calle Olleros, donde cuidaba Francisco Maschio, apodado “El Brujo”, y donde se alojaron los cracks más famosos desde mitad del ’20 hasta mediados del ’30; allí concurría el Zorzal a darle el terroncito de azucar a su Lunático.  Dicha caballeriza llevaba por nombre “Yeruá”, con chaquetilla color oro y mangas lila; frecuentes allegados al mismo fueron cantores, poetas y demás, entre los que se contaban Maffia, Néstor Feria, los hermanos Ratti, Edgardo Donato, Agustín Irusta y otros grandes de la época.  Dicho stud cayó bajo la implacable piqueta en 1957 para dar paso, cuándo no, a un edificio de departamentos.
Para perpetuarlo, el autor de esta nota junto con el folclorista Oscar Valles habían iniciado la composición de un tango que no llegó a concretarse en su totalidad debido al fallecimiento del músico, y del que transcribimos la primer cuarteta: Era el stud de Maschio, por la década del veinte / Albergue de pur-sang, poetas y cantores / Hoy qué lejos todo eso, qué vacío y ausente / El duende del recuerdo nos devuelve sus flores.
Tampoco puede excluirse a Hector Marcó de estos apuntes, cuyo verdadero apellido era Marcolongo.  Prolífero autor y compositor en ciertos casos, y en otros en colaboración con músicos de la época, destacándose entre ellos Carlos Di Sarli (“Porteño y Bailarín”, “En un Beso la Vida”, “Nido gaucho”, etc).  Enamorado de los pingos, fue propietario de una caballeriza cuyo nombre remitía a la conjunción de sus dos pasiones, ya que la denominó “Nido Gaucho”.  Brindó a dicha pasión los tangos “Tirate un Lance”, “Arriba Jara”, “Te lo Digo por tu Bien” y la milonga “Tardecitas estuleras” donde nombra a su hermano Ricardo, que le atendía profesionalmente sus caballos, entre los que se contaban “Pilote”, “Versado”, “Vichador” y otros.
Para Alberto Gómez necesitaríamos una nota aparte, pero no sería del caso omitirlo ya que fue, aparte de excelente cantor, “burrero” nato.  Como ejemplo de lo antedicho tenemos su “Milonga que Peina Canas” en la cual hace un raconto de todos los cracks que pasaron por los distintos hipódromos y en distintas épocas, pero como decimos al comienzo, en otra desglosaremos uno por uno los ejemplares que cita en dicha milonga.



Carmen Idal, cancionista de los años cuarenta, también se acercó al turf. Propietaria junto a su esposo el escribano Jorge Picaso Cazón del stud “Mis Leones” (chaquetilla negra con dos bandas blancas cruzadas); puede vérsela en una fotografía del diario Crítica sosteniendo de las bridas a su potranca “Tana Linda”, que había ganado la Polla de su sexo en el año 1956.
Como corolario, ya que proseguir en detalle equivaldría a llenar páginas íntegras, citaremos en forma global a restantes personajes de nuestra música que nutrieron y de los que se nutrió nuestro turf: José Razzano y Enrique P. Maroni fueron propietarios del stud “La Taba”; Alfredo De Angelis y su cantor Julio Martel fueron dueños de los caballos “Devorador” y “Chincal” respectivamente; ambos Magaldi, padre e hijo, de “Simpatía” y “Chusarito”; Homero Manzi, quien se mudó a la calle Oro y Libertador para estar más cerca del hipódromo; finalmente tenemos a Jorge Vidal, vigente en la actualidad, muy buen cantor y mejor “burrero”, quien inmortalizó en discos títulos tales como “Milonga burrera”, “Salvame Legui”, “Pingo Lindo” y varios más del mismo tenor.