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martes, 28 de junio de 2016

Roberto Grela: la Guitarra de Oro del tango

Hubo varios guitarristas que descollaron en la escena musical porteña pero ninguno ha dejado, en los públicos tangueros, el recuerdo que dejó este maestro de las seis cuerdas cuyo apodo perdura en el tiempo, como perduran los elogios.
Nacido en el barrio de San Telmo, se crió en la música. Su padre (litógrafo de oficio) y su tío, constituían un conjunto de guitarras: "Los Hermanos Delpaso". Así fue como se inclinó por las cuerdas pero por un instrumento muy especial: el mandolín. Se cuenta que fue el guitarrista Manuel Parada quien lo alentó a abrazar el instrumento que lo acompañaría durante el resto de sus días.
En 1929 comenzó a tocar la guitarra para ganarse la vida. Luego de hacer sus primeros acordes acompañando a cantores de discreta fama, pasa a acompañar a Antonio Maida tras su retirada de la orquesta de Juan Maglio "Pacho". Más tarde acompañó, junto a otros guitarristas, a Charlo y, hacia fines de los años 30, a Fernando Díaz.
De esta etapa data uno de sus mayores éxitos: el tango “Las cuarenta”. Contaba años más tarde: “Llegó a mis manos un papel bastante ajado, amarillo: la letra. A mí me gustó. Lo terminé en General Pico, La Pampa y se lo hice estrenar a Fernando Díaz.”
Según Ricardo García Blaya y Néstor Pinsón, Fernando Díaz “le manifiesta su preocupación por no tener en su repertorio un tango de impacto para su debut en Radio Belgrano de regreso a Buenos Aires.
Grela lo sorprendió sacando de su bolsillo una letra que le había entregado Francisco Gorrindo a la que él acababa de ponerle música. Se trataba de "Las cuarenta" que, con gran éxito, estrenaron en 1937.” “Con el pucho de la vida, apretado entre los labios…” rezaban los primeros versos del tango que se transformaría en un clásico. 
Integró el conjunto folclórico de Abel Fleury, de quien guardó siempre un gran cariño y una enorme admiración. El folclore, el jazz, (llegó a tener su propia agrupación: los "American Fire"), la música brasileña, contaron con la guitarra de Grela.
Pero lo suyo era el tango. Aníbal Troilo lo invitó a tocar con él y así estrenaron la comedia musical “El patio de la morocha”, con guión de Cátulo Castillo. La reacción del público fue una total ovación. Había nacido el cuarteto Troilo-Grela, con el guitarrón de Edmundo Zaldívar y el contrabajo de Kicho Díaz. Ésa fue la formación inicial. Los años junto a Troilo serían, según sus propias palabras, los más importantes de su vida, en el plano artístico.
En 1958 forma un cuarteto de guitarras y en 1965 se une a Leopoldo Federico en lo que llamaron el "Cuarteto San Telmo".
A lo largo de su carrera fue acompañante de numerosos cantores y cancionistas de indiscutible prestigio: Edmundo Rivero, Nelly Omar, Alberto Marino, Agustín Irusta, Tito Reyes, Héctor Mauré, Alberto Podestá, Jorge Vidal, entre otros.
En 1980 integró la orquesta estable del canal once de televisión, dirigida por Osvaldo Requena.
Balance
No fue un compositor prolífico, pero dejó títulos valiosísimos tales como "Viejo baldío" (con letra de Víctor Lamanna), "Callejón" (letra de Héctor Marcó) y el célebre "A San Telmo" (en colaboración con Héctor Ayala).
Fue uno de los “orejeros” ilustres, de los “autodidactas” más granados que ha dado el tango. No tuvo una formación musical sólida como sí la tuvieron algunos de sus colegas más reconocidos pero tuvo por principal escuela el contacto con gigantes y una delicada sensibilidad para ejecutar el instrumento.
En boca de muchos esta consideración suele aparecer sin siquiera haber escuchado sus discos, como si fuera la repetición de una muletilla; sin embargo, Grela realmente fue extraordinario: aun careciendo de conocimientos teóricos y sin demasiado virtuosismo técnico, logró obtener de su instrumento el punto preciso para sobresalir siendo solista y también lucirse cuando le tocaba ser acompañante”.
“Artista de sensibilidad exquisita y rara capacidad musical, asimiló a su instrumento el fraseo brillante y ligado de la tradición bandoneonística” señala Horacio Ferrer sobre la guitarra de Grela.
Es la guitarra del tango con las nuevas formas que todavía siguen tocando los músicos. Yo personalmente nunca vi tocar la guitarra tan lindo y tan creativo como él. Tengo los mejores recuerdos.” Confiesa una preferencia: “Tocando solo, era mejor. Escuchen su forma de manejar la armonía.”
El reconocido historiador, investigador y divulgador José Valle manifestó "Grela fue el guitarrista más importante de la historia del tango y uno de los músicos más importantes en la música argentina"
Roberto Grela falleció el 6 de setiembre de 1992, dejando un nombre, una escuela, y un apodo que siempre nos recordará el tamaño de su guitarra.

domingo, 16 de septiembre de 2012

JORGE VIDAL "GUAPO Y VARON"

Cantor. Compositor. Nació en Buenos Aires, barrio de Caballito el 12 de octubre de 1924. Estudió canto en el Conservatorio Marini, mientras cursaba bachillerato en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia, ingresando más tarde a la Escuela Naval. Integró hacia 1946 un dúo con el también cantor Luis Peralta, debutando en el café Japonés de Lanús. Continuó luego como solista, cantando en el café Argentino de Chacarita.
 Allí lo escuchó Osvaldo Pugliese en 1948 incorporándolo a su orques-ta. Ese mismo año grabó con ésta su primer disco para el sello Odeón, con el tango de Benjamín Tagle Lara Puente Alsina. Barra querida, Por qué canto el tango, Vieja recova y Ventanita de arrabal, fueron algunos de sus más logrados trabajos como vocalista de Pugliese. Se independizó en 1951 contratado por Radio El Mundo, con Vila, Moreno, Remersaro y Gatti como guitarristas. Cantó desde entonces en los cafés y confiterías La Armonía, Patio de Tango, Tango Bar, Atenas y Munich de Boedo,correspondiéndole protagonizar por televisión la serie de programas Lo Llamaban El Morocho; y, en radio, La Vida del Zorzal Criollo. Tomó parte en las representaciones teatrales de Tangolandia, junto a Fran-cisco Canaro; y en cine como protagonista de El Tango Vuelve a París. Héctor María Artola orquestó y dirigió sus acompañamientos. Grabó desde 1951 para discos Pampa, siendo sus dos primeras versiones el tango Milonga fina y el vals La Vieja Serenata. Desde 1966 hasta 1969 actuó en los EE.UU. de Norteamérica. Compuso , Sin historia, Cuando yo me vaya.


Entrevista con Jorge Vidal: Desde joven tuve clara mi posición ante la vida, en lo social y en lo político, y tuve mucha suerte, Dios siempre estuvo a mi lado. Hubo muchas amarguras, propio de los humanos, pero las fui relegando a un rincón». Y terminó su introito con esta frase dura, sin concesiones, fácil de expresar, pero no tanto de concretar: «El hombre debe tener siempre la inquietud de seguir adelante y de luchar. Cuando pierde la capacidad de asombro, cuando no hay nada que le llame la atención, cuando ya no tiene inquietudes que le permitan seguir viviendo con entusiasmo y no tiene fuerzas para mejorar, mirá, es mejor que se mate.

«Nací en el barrio de Caballito en la calle Méndez de Andés al 700, mi viejo mendocino y mi mamá de San Luis. Fui el cuarto hijo y único varón después de tres hermanas. Él murió cuando yo tenía dos años, en la calle, justo frente al edificio del Congreso, un infarto. Plena crisis del ‘30, estaba por caer Yrigoyen, la miseria era espantosa. Durante muchos días la base de la alimentación de la familia era pan con grasa. Faltaba trabajo y para las mujeres peor. En la desesperación mi vieja se fue una mañana a la casa de gobierno y esperó la salida del Presidente, cuando subió al auto y éste arrancó, atravesó la custodia policial y se tiró contra el coche que la golpeó y la tiró al suelo. Don Hipólito bajó de inmediato y pudo contar sus razones. El presidente dio unas órdenes y entonces le dieron el trabajo de mi papá en el correo. El cargo lo ocupó mas de veinte años hasta su muerte en 1954. Con el tiempo y la experiencia pude comprender que Yrigoyen fue un tipo macanudo, muy sano y humilde, pero también que fue una excepción. Fue el único radical decente que debe haber existido. Si no hubiera aparecido el peronismo me hubiera hecho conservador o comunista.

«Pude hacer la escuela primaria en mi barrio, Canalejas y Cucha Cucha y el secundario íntegro en el colegio Bernardino Rivadavia. Más tarde ingresé en la Escuela Naval de Río Santiago, era 1943. Cuando cursaba el cuarto año en el 46 y era en la promoción el número once, hubo un conato de revolución, aquel de Vernengo Lima, estaba a punto de ser guardiamarina y rendía examen para ser aviador naval. Echaron a setenta alumnos y yo entre ellos.

«Fui bueno en deportes, fútbol en San Lorenzo, en las inferiores y pelota a paleta en Huracán, el deporte en el que me destacaba. Hasta salió mi foto en El Gráfico.

«El canto fue algo natural desde chico, aprendía escuchando la radio. Mamá me envió a estudiar solfeo y guitarra y también canto con el maestro Deferrari. Un aprendizaje breve que después me fue de gran utilidad.

«Ya antes de ingresar a la Escuela Naval andaba tirando la manga por algunos cafés, por todos lados donde no nos echaran, un compañero del colegio era el caradura que pasaba la gorra después de mis actuaciones, me había conseguido una guitarrita y llamaba la atención que un pibe tuviera semejante vozarrón. Era para juntar unas monedas. Por entonces grabé por mi cuenta un disco, un acetato en el sello Grafoson, salió bien, prolijito, pero lo perdí. Había hecho buena amistad con el guitarrista Jaime Vila y allí comienza mi carrera. Empezamos a ensayar, se habían agregado otros tres muchachos: Huerta, Fontana y Moreno y salen algunos trabajitos sencillos. Fue cuando nos enteramos que en el café La Paz de Barrancas de Belgrano, casi frente a la estación de trenes, los días lunes, presentaban nuevos valores, los demás días iba una orquesta de señoritas. Nos aceptaron para el lunes de la inauguración.

«Los muchachos hicieron con papel blanco, conseguidos en una panadería, unos afiches a mano, rústicos, que pegaron por los alrededores. Cuando llegó el momento de encaminarnos para el lugar se largó a llover, pero la bronca se aplacó cuando a la distancia vimos la cantidad de gente que entraba al local. No sólo yo debutaba sino también el nuevo patrón que se ubicó en una mesa larga con su esposa, hijos y amigos. La primera entrada fue de una media hora muy bien recibida.

«Cuando me aprestaba para la segunda entrada se metió en el café un muchacho joven -luego supe que el apellido era Zalazar-, con un paquetito bajo el brazo, estaba medio borracho y comenzó a cantar entre las mesas. El patrón y otros más, de buen modo, trataron de disuadirlo, salió finalmente. Pero enseguida vuelta a meterse y a cantar. Cuando el patrón se le acercó sacó del paquete un cuchillo bien largo y le tiró un puntazo con la desgracia de darle justo en el corazón, también hirió feo a un mozo. Vino la policía, hubo un revuelo terrible y yo salí corriendo con el smoking prestado con un jabón terrible, cuando me paré ya estaba por Cabildo. El pobre patrón debutante falleció.

«Pasó un tiempo y un buen amigo me presentó al dueño del café Argentino, el de Chacarita, Corrientes al 6800. Hubo cierta resistencia porque se había corrido la bola que el problema que te conté ocurrió porque yo tenía mal ambiente. No era así. Mis actuaciones atraían gente, cantaba sin micrófono y se hizo costumbre ver repleto el local, era comienzos de 1949.

«Por casualidad, Dios o por lo que vos quieras, resultó que en la misma vereda, unos treinta metros mas atrás, paraba el ómnibus de Osvaldo Pugliese para esperar a los muchachos de su orquesta. Claro, al maestro le llamó la atención lo que pasaba en El Argentino, con tanta gente en la vereda. Para averiguar, los mandó a Jorge Caldara y a Osvaldo Ruggiero. Que después le contaron.

«Algunas noches yo no tenía donde apoliyar, entonces cuando se iba el público, mientras limpiaban y ordenaban para la noche siguiente, con el saco doblado prolijito por almohada, subido a la mesa de billar, me dormía unas tres horitas. Una madrugada me golpean despacito un hombro y, cuando abro los ojos un tipo me dice: "Yo soy Osvaldo Pugliese". Sí maestro, lo conozco, ya había saltado al piso y me acomodaba el pelo, el saco... "¿Quiere cantar conmigo?" No joda maestro, le respondí. "No, venga mañana al cine Atlántico que le tengo preparadas unas orquestaciones". Mira vos que tipo humilde, un personaje como él con semejante actitud.

«Cuando llegué a la cita no fue para una prueba, ya estaba en la orquesta, Balcarce me pidió el tono y empezó el ensayo. Eran "Isla de Flores", "Titiriteros", "Puente Alsina". Con este tango debuté en el disco, en agosto del 49. Posiblemente, el último en el que Pugliese metió mano en el arreglo. Después siguieron ocho temas, hasta noviembre de 1950: "Barra querida" y"Un baile a beneficio", entre otros.

«Con Pugliese aprendí, entre tantas cosas, a respetar el ritmo. Tuve mucho éxito a su lado, pero yo no tenía pasta de empleado, de ser un instrumento más de la orquesta, como lo habían sido Chanel y Morán, tiraba para independiente acompañado por guitarras. La calidad humana de Pugliese comprendió las causas que le expuse cuando decidí alejarme, me dijo que las puertas quedaban abiertas, me abrazó y me dio un beso.

«Y me largué sólo, armé el conjunto de guitarras con Jaime Vila a la cabeza y el primer trabajo fue en La Armonía, todos los días. En cuanto a las grabaciones comenzaron enseguida para el sello Pampa y luego Odeon, fue en junio de 1951 y ya no paré, hice radio, todos los clubes y locales. Después de la caída de Perón, en 1955, fui prohibido en la radio por varios años. Mis compañeros guitarristas también fueron los hermanos Remersaro, Roberto Grela, José Canet. En el sello Pampa, en 1951, grabé seis temas acompañado por la orquesta de Argentino Galván y, más adelante, con las orquestas de Héctor Artola y de Héctor Stamponi.

«El tango aún pegaba fuerte y yo estaba en una buena etapa de mi carrera, además tenía mi pinta y todo ayudaba. Así surge la posibilidad del cine. Me proponen una película "El tango en París", quizás el productor pensó en las películas de Gardel, no sé, fue una buena experiencia junto a Enrique Serrano, Julia Sandoval, Olinda Bozán y otros actores, que daban apoyo al personaje principal que yo interpretaba, con un argumento sencillo y transitado. La dirigió Arturo Mom y se estrenó en el cine Suipacha, el 9 de agosto de 1956. Luego me propusieron un sainete que había resultado ganador de un concurso, su título "Juan Tango", acepté y con actores noveles se estrenó en el Cine Boedo.

«Una noche durante el entreacto me dicen que en la platea estaba Canaro y de pronto ¡pum! se abre la puerta y aparece. Y así de golpe, como Pugliese en su momento, me dice que está preparando su nueva revista "Tangolandia" y me propone como primera figura junto a Alba Solís. Me citó para el día siguiente en sus oficinas de COMAR. "¿Sabe algún tango mío?" -me largó de golpe. Todos -me hice el bravucón-. "Cante "Yo no sé por qué te quiero", se lo canté sin dudar. "Ahora "Cuando el amor", se lo canté y un par más también. Le vi el gesto de contento.

«En 1960 la fui de empresario en el Astral, a medias con el empresario Gallo. Sólo para la temporada de verano. Se trataba del sainete de Vaccarezza: "Juancito de la Ribera", con Nelly Panizza, Augusto Codecá, Juan Carlos Palma , las guitarras de Canet, bailarines, 40 personas en escena y además, un lujo, Luis Sandrini a cargo de la puesta en escena. Recuerdo una frase suya, un consejo: "Cuando uno habla, tiene más valor el silencio de la pausa que el sonido de la palabra." y eso lo apliqué al canto y reconocí el resultado.

«Actué en Norteamérica en el Carnegie Hall, en Centroamérica y en muchas giras. Luego, en importantes programas de la televisión. Estuve en SADAIC, fui creador de La Casa del Cantor, un tipo de mutual para tantos muchachos que están en la vía; tengo alumnos, grabo, voy viviendo, estoy contento.

«Canaro, fue un gran tipo. Me tomó tanto aprecio que fui el único cantor que en una de sus obras hizo un tema que no era suyo: "La fulana", de Alberto Mastra. El que haya dicho que era miserable miente descaradamente, por envidia. Cuidaba a la gente de su elenco para que no le faltara nada, tenía dinero y lo arriesgaba con cada obra, con grandes orquestas y grandes elencos. Gané buena plata con él.

«Los temas que más satisfacción me brindaron fueron: "Tres esperanzas", "Confidencias" y las milongas festivas. El cantor más grande, fuera de discusión, fue Gardel. Luego, Oscar Alonso y Alberto Marino, el gran amigo que me dio el tango. Orquesta, la de Troilo. Que quería a sus cantores y ponía al servicio de ellos toda la orquesta, pasando desapercibido para que ellos se lucieran.»

Ya por su cuenta, de puro gusto, y con sus condiciones vocales mermadas, siguió grabando, hasta bien entrada la década del noventa. Así podemos estimar en cerca de 250, los registros que nos ha legado.

sábado, 28 de enero de 2012

Tango y Turf :el encuentro de dos antiguas pasiones porteñas

Podría decirse que ambas disciplinas desde un principio estuvieron hermanadas, tanto en lo que concierne a la labor de preparadores, jockeys, peones y demás componentes que brindan el espectáculo turfístico, como a la obra de distintos músicos, cantores y autores de nuestra música ciudadana, que a través de tangos que dedicaron a aquellos, pusieron de manifiesto su pasión por las carreras de caballos.
Para dar una acabada idea de lo antedicho, nos remontamos a fines del siglo XIX, a un moreno llamado Rosendo Medizábal, pianista que se desempeñaba en la casa de María “La Vasca”, y a una calurosa noche de noviembre de 1897.  Esa tarde había ganado en el hipódromo de Palermo el caballo “Pillito” el Gran Premio Internacional, hoy Carlos Pellegrini.  Los allegados a su caballeriza entre los que se encontraban Pablo Aguilera (que fue quien lo condujo), el cuidador Bastiani y otros, estaban festejando el triunfo del mismo, mientras el moreno pianista ejecutaba un tango aún sin nombre.  Llamado a la mesa y al ser interrogado sobre el título respondió que no lo tenía, sugiriéndole entonces los concurrentes que le pusiera el del caballo ganador, cosa que decidió hacer; pero otras circunstancias hacen que cambie de opinión y el mismo termine siendo “El Entrerriano”, el que llega a nuestros días con la frescura y lozanía de aquellos lejanos años.
Alfredo Bevilacqua, pianista también, no escapó a la pasión que engendra el denominado Deporte de los Reyes; es así que entrando ya en el nuevo siglo le dedica a Domingo Torterolo, para esos años de gran predicamento en el oficio, un tango que titula “Gran Muñeca”.  En cuanto a Torterolo y sus hermanos, se radicaron luego en París por largos años, extendiendo allí su amistad con los hermanos Pizarro, Petorossi, y luego Gardel, con quien puede vérselo en varias fotografías.
Tampoco Angel Villoldo fue ajeno a los aconteceres de nuestro turf; éste era asiduo concurrente al viejo Hipódromo Nacional -situado donde hoy está la cancha de River- como también al de Palermo, cuya inauguración data del 7 de mayo de 1876.  Luego de los éxitos de “La Morocha” y “El Choclo” Villoldo compone el titulado “Una Fija”, en clara alusión a un caballo que no podía perder.  Carlos Di Sarli en la década del ’40 hace una extraordinaria versión de dicho tango.
Cabe ahora mencionar a Eduardo Arolas, brillante como compositor tanto en el aspecto cualitativo como cuantitativo.  Sus tangos no tienen parangón y estaría de más hablar de ellos ya que los de mayor divulgación fueron y son ejecutados por todas las orquestas; pero nos detendremos en dos relacionados a nuestro tema: Se trata de “Dinamita” y “Retintín”.  Este en principio estaba dedicado a su amigo Rafael Tuegols (de allí la estrofa que dice “Qué hacés Che Rafael”), pero luego y para engrosar los escuálidos bolsillos del “Tigre del Bandoneón” fue “obsequiado” al propietario del caballo que origina el título, con la consiguiente retribución monetaria como era costumbre para la época.  En cuanto a “Dinamita”, fue un pura sangre sin mayor éxito y pese a que el tango está dedicado “A mis queridos padres y hermano”, la portada de la partitura del mismo muestra la foto del caballo con su jinete en acción de desmontarlo.
Al Arolas turfman puede vérselo en curiosa foto en el hipódromo parisino de Longchamps, elegántemente vestido y con bastón, en compañía de dos damas, lo que desmentiría que estuviera atravesando momentos críticos económicamente.
Dos hechos singulares tienen lugar en 1917.  El primero es la aparición en las pistas de un auténtico crack llamado Botafogo, a quien condujo durante ese año Jesús Bastías, al cuidado de Felipe Vizcay.  El segundo es la invención que realiza Pascual Contursi a través de la letra para un tango que revolucionaría toda la temática del mismo.  Sobre una música de Samuel Castriota titulada “Lita” y que estaba condenada a permanecer en el anonimato, Contursi le acopla versos y lo rebautizan con el título de “Mi Noche Triste”, considerándoselo el primer tango cantable con argumento.
Pedro Maffia, “El Pibe de Flores”, el que para ejecutar el bandoneón adoptaba la rígida postura, el de “Pelele”, “La Mariposa”, “Sentencia” y otros, tampoco pudo sustraerse al encanto que proporciona el fru-fru de las coloridas chaquetillas.  Es así como en colaboración con Julio De Caro componen “Tiny”, en alusión al ganador del Gran Premio Carlos Pellegrini del año 1919, y solamente Maffia “Averán”, en honor a un animal que no tuvo trascendencia en las pistas pero sí en la melodía aportada por su creador para el tango homónimo.
Cabe agregar para dicho músico, que poseemos una inhallable placa con la grabación de un tango titulado “Correntino”, que dedica a su admirado Elías Antúnez en el año 1930, y que es anterior a “El Yacaré” en una versión para el sello Nacional-Odeón por el dúo Ruiz-Torres con letra de Enrique Lopez, que ensalza al jockey a poco de llegar de su Corrientes natal a Palermo.
Redundante sería extendernos en Irineo Leguisamo, hondamente vinculado tanto al turf como al tango.  Simplemente diremos que en la tarde del 13 de diciembre de 1931, de las 8 carreras que se disputaron en Palermo, triunfó en 7 y entró segundo en la restante.  Por la noche le enviaría un telegrama a su fraterno Gardel, a la sazón actuando en París, con el suiguiente texto: “Carlos, corrí 8 y gané 7.  Abrazos, Mono”.
Llegamos así a algo que es imposible de soslayar: El stud de la calle Olleros, donde cuidaba Francisco Maschio, apodado “El Brujo”, y donde se alojaron los cracks más famosos desde mitad del ’20 hasta mediados del ’30; allí concurría el Zorzal a darle el terroncito de azucar a su Lunático.  Dicha caballeriza llevaba por nombre “Yeruá”, con chaquetilla color oro y mangas lila; frecuentes allegados al mismo fueron cantores, poetas y demás, entre los que se contaban Maffia, Néstor Feria, los hermanos Ratti, Edgardo Donato, Agustín Irusta y otros grandes de la época.  Dicho stud cayó bajo la implacable piqueta en 1957 para dar paso, cuándo no, a un edificio de departamentos.
Para perpetuarlo, el autor de esta nota junto con el folclorista Oscar Valles habían iniciado la composición de un tango que no llegó a concretarse en su totalidad debido al fallecimiento del músico, y del que transcribimos la primer cuarteta: Era el stud de Maschio, por la década del veinte / Albergue de pur-sang, poetas y cantores / Hoy qué lejos todo eso, qué vacío y ausente / El duende del recuerdo nos devuelve sus flores.
Tampoco puede excluirse a Hector Marcó de estos apuntes, cuyo verdadero apellido era Marcolongo.  Prolífero autor y compositor en ciertos casos, y en otros en colaboración con músicos de la época, destacándose entre ellos Carlos Di Sarli (“Porteño y Bailarín”, “En un Beso la Vida”, “Nido gaucho”, etc).  Enamorado de los pingos, fue propietario de una caballeriza cuyo nombre remitía a la conjunción de sus dos pasiones, ya que la denominó “Nido Gaucho”.  Brindó a dicha pasión los tangos “Tirate un Lance”, “Arriba Jara”, “Te lo Digo por tu Bien” y la milonga “Tardecitas estuleras” donde nombra a su hermano Ricardo, que le atendía profesionalmente sus caballos, entre los que se contaban “Pilote”, “Versado”, “Vichador” y otros.
Para Alberto Gómez necesitaríamos una nota aparte, pero no sería del caso omitirlo ya que fue, aparte de excelente cantor, “burrero” nato.  Como ejemplo de lo antedicho tenemos su “Milonga que Peina Canas” en la cual hace un raconto de todos los cracks que pasaron por los distintos hipódromos y en distintas épocas, pero como decimos al comienzo, en otra desglosaremos uno por uno los ejemplares que cita en dicha milonga.



Carmen Idal, cancionista de los años cuarenta, también se acercó al turf. Propietaria junto a su esposo el escribano Jorge Picaso Cazón del stud “Mis Leones” (chaquetilla negra con dos bandas blancas cruzadas); puede vérsela en una fotografía del diario Crítica sosteniendo de las bridas a su potranca “Tana Linda”, que había ganado la Polla de su sexo en el año 1956.
Como corolario, ya que proseguir en detalle equivaldría a llenar páginas íntegras, citaremos en forma global a restantes personajes de nuestra música que nutrieron y de los que se nutrió nuestro turf: José Razzano y Enrique P. Maroni fueron propietarios del stud “La Taba”; Alfredo De Angelis y su cantor Julio Martel fueron dueños de los caballos “Devorador” y “Chincal” respectivamente; ambos Magaldi, padre e hijo, de “Simpatía” y “Chusarito”; Homero Manzi, quien se mudó a la calle Oro y Libertador para estar más cerca del hipódromo; finalmente tenemos a Jorge Vidal, vigente en la actualidad, muy buen cantor y mejor “burrero”, quien inmortalizó en discos títulos tales como “Milonga burrera”, “Salvame Legui”, “Pingo Lindo” y varios más del mismo tenor.