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martes, 28 de junio de 2016

Roberto Grela: la Guitarra de Oro del tango

Hubo varios guitarristas que descollaron en la escena musical porteña pero ninguno ha dejado, en los públicos tangueros, el recuerdo que dejó este maestro de las seis cuerdas cuyo apodo perdura en el tiempo, como perduran los elogios.
Nacido en el barrio de San Telmo, se crió en la música. Su padre (litógrafo de oficio) y su tío, constituían un conjunto de guitarras: "Los Hermanos Delpaso". Así fue como se inclinó por las cuerdas pero por un instrumento muy especial: el mandolín. Se cuenta que fue el guitarrista Manuel Parada quien lo alentó a abrazar el instrumento que lo acompañaría durante el resto de sus días.
En 1929 comenzó a tocar la guitarra para ganarse la vida. Luego de hacer sus primeros acordes acompañando a cantores de discreta fama, pasa a acompañar a Antonio Maida tras su retirada de la orquesta de Juan Maglio "Pacho". Más tarde acompañó, junto a otros guitarristas, a Charlo y, hacia fines de los años 30, a Fernando Díaz.
De esta etapa data uno de sus mayores éxitos: el tango “Las cuarenta”. Contaba años más tarde: “Llegó a mis manos un papel bastante ajado, amarillo: la letra. A mí me gustó. Lo terminé en General Pico, La Pampa y se lo hice estrenar a Fernando Díaz.”
Según Ricardo García Blaya y Néstor Pinsón, Fernando Díaz “le manifiesta su preocupación por no tener en su repertorio un tango de impacto para su debut en Radio Belgrano de regreso a Buenos Aires.
Grela lo sorprendió sacando de su bolsillo una letra que le había entregado Francisco Gorrindo a la que él acababa de ponerle música. Se trataba de "Las cuarenta" que, con gran éxito, estrenaron en 1937.” “Con el pucho de la vida, apretado entre los labios…” rezaban los primeros versos del tango que se transformaría en un clásico. 
Integró el conjunto folclórico de Abel Fleury, de quien guardó siempre un gran cariño y una enorme admiración. El folclore, el jazz, (llegó a tener su propia agrupación: los "American Fire"), la música brasileña, contaron con la guitarra de Grela.
Pero lo suyo era el tango. Aníbal Troilo lo invitó a tocar con él y así estrenaron la comedia musical “El patio de la morocha”, con guión de Cátulo Castillo. La reacción del público fue una total ovación. Había nacido el cuarteto Troilo-Grela, con el guitarrón de Edmundo Zaldívar y el contrabajo de Kicho Díaz. Ésa fue la formación inicial. Los años junto a Troilo serían, según sus propias palabras, los más importantes de su vida, en el plano artístico.
En 1958 forma un cuarteto de guitarras y en 1965 se une a Leopoldo Federico en lo que llamaron el "Cuarteto San Telmo".
A lo largo de su carrera fue acompañante de numerosos cantores y cancionistas de indiscutible prestigio: Edmundo Rivero, Nelly Omar, Alberto Marino, Agustín Irusta, Tito Reyes, Héctor Mauré, Alberto Podestá, Jorge Vidal, entre otros.
En 1980 integró la orquesta estable del canal once de televisión, dirigida por Osvaldo Requena.
Balance
No fue un compositor prolífico, pero dejó títulos valiosísimos tales como "Viejo baldío" (con letra de Víctor Lamanna), "Callejón" (letra de Héctor Marcó) y el célebre "A San Telmo" (en colaboración con Héctor Ayala).
Fue uno de los “orejeros” ilustres, de los “autodidactas” más granados que ha dado el tango. No tuvo una formación musical sólida como sí la tuvieron algunos de sus colegas más reconocidos pero tuvo por principal escuela el contacto con gigantes y una delicada sensibilidad para ejecutar el instrumento.
En boca de muchos esta consideración suele aparecer sin siquiera haber escuchado sus discos, como si fuera la repetición de una muletilla; sin embargo, Grela realmente fue extraordinario: aun careciendo de conocimientos teóricos y sin demasiado virtuosismo técnico, logró obtener de su instrumento el punto preciso para sobresalir siendo solista y también lucirse cuando le tocaba ser acompañante”.
“Artista de sensibilidad exquisita y rara capacidad musical, asimiló a su instrumento el fraseo brillante y ligado de la tradición bandoneonística” señala Horacio Ferrer sobre la guitarra de Grela.
Es la guitarra del tango con las nuevas formas que todavía siguen tocando los músicos. Yo personalmente nunca vi tocar la guitarra tan lindo y tan creativo como él. Tengo los mejores recuerdos.” Confiesa una preferencia: “Tocando solo, era mejor. Escuchen su forma de manejar la armonía.”
El reconocido historiador, investigador y divulgador José Valle manifestó "Grela fue el guitarrista más importante de la historia del tango y uno de los músicos más importantes en la música argentina"
Roberto Grela falleció el 6 de setiembre de 1992, dejando un nombre, una escuela, y un apodo que siempre nos recordará el tamaño de su guitarra.

domingo, 12 de abril de 2015

Osvaldo Tarantino

Quienes estudiaron su obra, despareja pero excelente, repiten una de sus frases célebres: “Mi mano izquierda está desarrollada dentro de los conceptos jazzísticos, mientras que con la derecha mantengo la esencia del tango”. Algunos sostienen que lo dijo en broma; otros aseguran que nunca habló con tanta seriedad. Palabras más, palabras menos, lo cierto es que el jazz lo marcó desde muy joven, concretamente a partir de las influencias de Art Tatum, Eddie Duchin y Teddy Wilson, pero algo parecido podría decirse de la música clásica en cuyos acordes se formó en su hogar gracias a las enseñanzas de don José, su padre, que dicho sea de paso, dirigía un conservatorio musical en Valentín Alsina.
Continuando con las referencias personales, todavía guardo en mi discoteca el long play grabado en 1977 acompañado por músicos de jerarquía como fueron, entre otros, Julio Ahumada, José Bragato, Quicho Díaz y Arturo Schneider. En la cara A del disco lo acompaña a Néstor Fabián, mientras que en la otra cara interpreta seis temas instrumentales: “Buenos Aires hora cero”, “Adiós Nonino”, “Demoníaco”, “Atávico”, “Para Gracián” y “Calle rara”, los cuatro últimos de su autoría. También recuerdo su composición de “Madera y cartón”, con letra de su amigo Mario Valdez: “Casitas de chapa, madera y cartón, y un tango en la radio vendiendo emoción”.
Osvaldo Tarantino Irazusta nació en el barrio de Almagro -calle Loria 1969- el 6 de junio de 1927. La música estaba en su casa y alguna vez declaró que primero escuchó a Chopin y después llegó el tango. Al piano se le animó con pantalones cortos y en otro momento se le animó al bandoneón y guitarra. Digamos que la música a Tarantino lo acompañó desde siempre. Su padre lo inició y le dio los primeros consejos respecto a la responsabilidad de un profesional: estudiar en serio. Seguramente ese consejo estuvo presente cuando decidió tomar lecciones de armonía y contrapunto con el maestro Bianchi.
En los años cuarenta el pibe Tarantino se entrevera con algunas de las grandes orquestas de esa década privilegiada del tango. Pedro Maffia, Argentino Galván y Edgardo Donato lo contaron en sus filas. Las crónicas de la época registran su presencia en “Los pregoneros de América”, formación en la que se destacaban los músicos Amílcar Neira y su suegro, Tito Vila.
Digamos que el joven Taranta -como le decían algunos de sus amigos- fue rindiendo en esos años todas las asignaturas que se exigen para consagrarse como un grande en un género competitivo y exigente. Después llegaron las giras por el mundo. A Japón viajó con Juan Canaro y allí se quedaron nueve meses. Con Héctor Varela anduvieron por Estados Unidos, Colombia y Venezuela, donde se quedó una temporada. De regreso a Buenos Aires se relacionó con Piazzolla e integró su sexteto. También estuvo con Alberto Marino, Néstor Marconi, Alfredo Gobbi y grabó con Osvaldo Berlingieri. En algún momento compartió escenarios con Roberto Caló con quien grabó temas como “En Fa menor”, “Sacale chispa”, “Este fiel corazón” y “Si yo pudiera olvidarla”.
En 1962 integra junto con la guitarra de Ernesto Báez y el fueye de Toto Rodríguez, el trío “Los tres ases de Buenos Aires”.
Sus últimas presentaciones las realizó en el célebre café Homero. Según un cronista, en ese templo del tango, y acompañado de café, whisky y cigarrillo, el Taranta dictó cátedra de tango a un público selecto y devoto de sus enseñanzas. En esos años se dio el lujo de ser solicitado como pianista de cantantes como Jorge Sobral, Alba Solís y el gran Alberto Marino
Alguna vez decidirá ser otro y grabará para el sello Cabal tangos con ritmo ligero y vendible bajo el nombre de Pierre Montand. Algunos lo criticaron, otros lo justificaron, pero queda claro que a la hora de hacer concesiones el hombre decidió esconderse detrás de otro apellido. De todos modos, el gran disco testimonial para las nuevas generaciones recién llegará en 1994 gracias a la iniciativa recopiladora del sello Melopea: “Osvaldo Tarantino, solo de piano, tango en vivo”. Sus seguidores pudimos disfrutar de ese disco, pero él no, porque había fallecido el 10 de septiembre de 1991

martes, 22 de abril de 2014

Aníbal Troilo y su participación en el cine y en el teatro

Bonavena y Troilo
No deja de ser una curiosidad la presencia de Pichuco en el cine y en el teatro, pues desde sus 11 años de edad, lo suyo fueron las presentaciones en público. Comienza como solista en el cine de su barrio, el Petit Colón de Córdoba y Laprida. Pasa por diversas orquestas donde fue ganando experiencia. Y, a partir de 1937, cuando tiene orquesta propia, no cambia su hábito, sigue tocando en vivo, tanto en los cabarets como en los clubes de barrio.
Sus permanentes actuaciones lo llevan a ganar una cantidad notable de admiradores. Muy pronto se agrega la radio que ocupará en su carrera un rol importante, pero lo fundamental, lo que lo fijó en la historia grande del tango, fueron sus discos: 485 registros desde 1937 hasta 1970. Por lo dicho, me pareció interesante hacer una breve reseña de este costado de su carrera, su labor cinematográfica y teatral:

“Los tres berretines”: se estrenó el 19 de mayo de 1933, pocos días más tarde que “Tango” (considerada la primera película argentina totalmente sonora por el sistema óptico). Si bien figura como director Enrique Telémaco Susini, los responsables fueron el grupo de muchachos fundadores del sello “Lumiton”, los mismos que unos años antes habían tenido que ver con el nacimiento de nuestra radiotelefonía. La película presentaba un sencillo argumento donde se puntualizan los tres fervores de los porteños: el tango, el fútbol y el turf. El capítulo sobre el tango lo hace el actor Luís Sandrini, quien se pasa la película silbando una melodía que finalmente logra concluir. Luego un músico, en un café, la pasa a un pentagrama y un poeta con hambre le escribe la letra por un café con leche. Su ambición es estrenarlo en ese mismo local y el hecho ocurre en el palquito donde se anuncia la orquesta “Foccile-Marafiotti”. Allí están en realidad, José María Rizutti (piano), Vicente Tagliacozzo (violín) y Aníbal Troilo, con 18 años. También aparece un cantor: Luís Díaz y el tango en cuestión es “Araca la cana”.
Troilo y Pedro Maratea

“Radio Bar”: dirigida por Manuel Romero se estrenó el 10 de septiembre de 1936. Aquí la presencia del “Gordo” no es distinta de la anterior. El film no es más que un desfile de los nombres distinguidos de nuestra primera radiofonía. Entre los números presentados aparece la orquesta de Elvino Vardaro con sus dos bandoneonístas, Eduardo Marino y Aníbal Troilo.

“Muchachos de la ciudad”: estrenada el 13 de mayo de 1937 con la dirección de José Ferreyra. Igual que en la anterior, Troilo integra la orquesta de Vardaro. Ya en el comienzo, mientras van pasando los títulos, se escucha “Ciudad”, una marcha canción cantada por un coro y la voz solista de Carlos Dante. Se los puede ver mientras acompañan a Herminia Franco en “Así es el tango”. Para la fecha del estreno Troilo ya tiene su propia orquesta.

“El tango vuelve a París”: con dirección de Manuel Romero se estrenó el 16 de enero de 1948. En esta película es donde más se aprovecha la figura de Troilo, bien se puede decir que su rol y el de algunos componentes de su orquesta, es actoral. Un grupo de amigos, con Alberto Castillo a la cabeza, trata de imponer nuevamente el tango en aquel país, diversas vicisitudes crean el espacio necesario para que surjan los tangos para que el cantor se luzca: “Ninguna”, “Griseta”, “Muñeca brava”, “Nubes de humo”, “La canción de Buenos Aires”. También participa la renombrada cancionista mejicana Elvira Ríos, tan parodiada por los humoristas de entonces.

“Mi noche triste”: fue el primer estreno del año (3 de enero de 1952), dirigida por Lucas Demare. Fue una versión libre sobre la vida de Pascual Contursi. Troilo interviene con su orquesta haciendo la música incidental, compuesta por Lucio Demare. Interpreta además, “Mi noche triste”, que en la ficción canta el actor Jorge Salcedo (doblado por Oscar Alonso), “Ventanita de arrabal” y un fragmento de “Que querés con esa cara” (doblado por Jorge Casal) y también algunas notas de “El porteñito”.

“Vida nocturna”: dirigida por Leo Fleider y estrenada el 18 de marzo de 1955. La acción transcurre en un cabaret, donde se entremezclan los números musicales con el argumento. Tiene un elenco muy importante y la orquesta de Pichuco con Jorge Casal interpretan “La cantina”. Luego, en forma instrumental, “La trampera” y, a dúo de bandoneón y guitarra, a cargo de Edmundo Porteño Zaldivar, “Palomita blanca”.

“Buenas noches Buenos Aires”: dirigida por Hugo del Carril, resultó un nuevo desfile musical con las figuras destacadas del momento. Cantores y cancionistas de tango, folclore y del género melódico. Se estrenó en numerosas salas de la ciudad el 1 de octubre de 1964. En el film, el Cuarteto Troilo-Grela interpreta “Mi noche triste”.

“Esta es mi Argentina”: pasaron 10 años y la fórmula se repite, Leo Fleider como director y una caravana musical, esta vez de menor calidad que las anteriores. Se estrenó el 2 de mayo de 1974, a pocos días del fallecimiento de Troilo quien, en esta oportunidad, aparece con toda su orquesta interpretando “Quejas de bandoneón”.

Fueron ocho apariciones a lo largo de 41 años, y sería muy bueno que alguien tuviera la ocurrencia de juntarlas en un DVD.

En el teatro participó en:
Goyeneche y Troilo

“El patio de la morocha”: obra estrenada el 24 de abril de 1953 en el actual Teatro Alvear, entonces Enrique Santos Discépolo. Fue un sainete musical a la antigua usanza, con más de 20 actores dirigidos por Román Vignoli Barreto. Troilo, director musical, presentó una orquesta gigante con 30 músicos y los cantores Jorge Casal, Agustín Irusta, Aída Luz y Raúl Berón. La orquestación estuvo a cargo de Astor Piazzolla y el argumento y las letras de las canciones son de Cátulo Castillo. Para esta ocasión Troilo compuso “La retrechera”, una habanera para lucimiento de Aída Luz, que luego llevara al disco en 1954 con otra orquesta, lo mismo que “Patio mío”. En este espectáculo Agustín Irusta estrena “Una canción”. Otros temas de la obra: “Vuelve la serenata”, interpretada a dúo por Casal y Berón y “Milonga que manda truco”, por el mismo dúo y que permaneció en el repertorio de la orquesta pero no fue registrada fonográficamente. Fue un gran éxito que duró dos temporadas con 500 representaciones. Cabe destacar un hecho fortuito. En una escena Pichuco representa a Eduardo Arolas y acompañado por la guitarra de Roberto Grela ejecutan “La cachila”, el público los ovacionó y pidió más, debieron repetir el tango un par de veces porque era el único que tenían ensayado. Ese éxito fue el origen del Cuarteto Troilo-Grela, que integraron también, Edmundo Porteño Zaldivar (guitarrón) y Quicho Díaz (contrabajo).

“Caramelos surtidos”: estrenada en la misma sala que la anterior, el 11 de agosto de 1960. El argumento original le pertenece a Discépolo, pero adaptado a las pretensiones del productor. Actuaba la compañía de Luís Arata, con la dirección de Marcelo Lavalle, muchos actores y 59 personas en escena, cuando la obra original sólo contaba con 28. La música estaba compuesta por muchos números, entre ellos el Cuarteto Troilo-Grela con Jorge Casal, Roberto Goyeneche y Elba Berón, que cantaban: “Y a mi qué”, (Elba Berón) y “Coplas, (dúo por Goyeneche-Casal). La crítica fue dura y la obra fracasó, duró apenas un mes y medio.

“Tango en el Odeón”: en referencia a la hermosa sala de la calle Esmeralda 376, ya desaparecida. Se estrenó el 18 de septiembre de 1963. Un argumento de Cátulo Castillo y Jorge Montes. Bastante pobre. Una serie de frases y poses tangueras para dar entrada a los números musicales. Actuaban además, Horacio Salgán, Ubaldo De Lío, Roberto Grela y Ciriaco Ortiz, la pareja de baile Julia y Lalo Bello y como actor principal Rodolfo Bebán. Troilo ofrecía una orquesta de 16 músicos, con los cantores Roberto Rufino, Nelly Vázquez y Tito Reyes. Además, la participación especial de Edmundo Rivero.
Troilo y Achával

“Troilo 69”: el 16 de abril de 1969 se estrena este espectáculo, extrañamente en un cine-teatro de La Boca. Poco guión y un nuevo desfile musical. Troilo se presentó con su cuarteto, junto a Ubaldo De Lío, José Colángelo y Rafael Del Bagno. Los cantores fueron Enrique Dumas, Tito Reyes, Alberto Marino y Ruth Durante. También participaron Juan Carlos Copes y María Nieves junto al Tango ballet.

“Simplemente Pichuco”: Se estrenó, el 3 de abril de 1975 en el Teatro Odeón. La idea del espectáculo era de Horacio Ferrer, autor de los textos. La coreografía de Juan Carlos Copes y María Nieves. El actor Juan Carlos Palma recitaba convincentemente versos de Ferrer titulados: “Payada con luciérnagas”, “Romance de yira niebla”, “Navidad en el Abasto”. La presencia de Alba Solís cantando “Una canción”, “Romance de barrio”, “María”, y del último cantor de Troilo, Roberto Achával interpretando “Malevo” y “Con mi perro”. Como cantor invitado, Edmundo Rivero. Pichuco se presentó con el cuarteto y con su orquesta. La obra no tuvo repercusión. Mi querido amigo Nito Farace me dejó su testimonio: «¡Venía poca gente y el Gordo no quería más lola!».
Y así fue, una madrugada después de la actuación, a poco más de un mes del estreno, Pichuco muere.




sábado, 16 de marzo de 2013

EL RECUERDO PARA EL QUERIDO "FLACO" ALBERTO MORAN


Alto, flaco, pintón, provocó la admiración de las mujeres desde que pisó por primera vez un escenario porteño. Su poderosa atracción no tenía solamente como centro su seductora figura, sino que también provenía de una voz inconfundible, de impar estilo. En un tiempo en el que el panorama tanguero contaba con voces privilegiadas, que no se parecían entre sí (Alberto Marino, Jorge Casal, Roberto Rufino, Alberto Podestá…), no era poco mérito destacarse con luces propias.
Morán se ubicó con armas nobles en el singular espacio de los triunfadores a punta de sensibilidad y temperamento.
Y si en el contexto de su amplio repertorio fuera necesario rescatar tres títulos significativos, Pasional, San José de Flores y El abrojito no dejarán de ser jamás las canciones de Morán. Aquellas que se indentificaron de manera insoslayable con su peculiar forma de frasear, de decir las letras.
Vida en Pompeya
Nacido como Remo Andrés Domingo Recagno, en la localidad italiana de Steve, desembarcó en Buenos Aires cuando todavía era un chico. Consustanciado con Pompeya -el barrio en el que recaló-, allá por el 45 se unió a la orquesta del inolvidable Osvaldo Pugliese, haciendo dupla con Roberto Chanel, otro cantor personal.
Eran los tiempos, bellos tiempos, de trajinar los escenarios de los clubes de barrio. Verdaderas fiestas populares en las que participaban por igual la orquesta típica, la de jazz y un público que se largaba a la pista a bailar tangos sin el criterio deformante de esa línea for export que suele gambetear la autenticidad.
En ese marco se movió y brilló aquel cantor que no se codeaba seguido con el tango arrabalero y que, por el contrario, prefería letras de tratamiento acaso más pulcro. Sin que se perdiera por eso la arrasadora fuerza que nutría el espíritu de la canción ciudadana. Luego de separarse de Pugliese -con el que compartió nueve años intensos de trabajo-, Morán se largó como solista, secundado por el conjunto de Armando Cupo. El éxito siguió siendo su compañero de ruta.
El final
En octubre del 96, despuntando el vicio, participó en un show tanguero (en el Club del Vino), junto a su hija Roxana y al actor Franklin Caicedo. Al día siguiente del debut sufrió una descompostura en su domicilio y fue internado en el hospital Tornú, iniciando un proceso que ya no tendría boleto de regreso. Aunque zafó en esa oportunidad, en junio de este año tuvo que ser trasladado de urgencia al mismo lugar, donde murió el 16 de agosto 1997, a los 77 años, tras una larga y grave descompensación respiratoria.
Cordial, modesto, un italiano que abrazó la porteñidad por pura convicción, Morán acaba de subirse al podio de los que son eternos como el Sol, de los que dejan huella. La muerte no acallará su voz, que seguirá viva a través de Pasional, de San José de Flores, o de cualquier otro tango que, en su garganta, continuará haciendo vibrar los cien barrios de Buenos Aires. De este Buenos Aires que, pese a todo, no olvida a quienes supieron convertirse en verdaderos ídolos.