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sábado, 16 de marzo de 2013

EL RECUERDO PARA EL QUERIDO "FLACO" ALBERTO MORAN


Alto, flaco, pintón, provocó la admiración de las mujeres desde que pisó por primera vez un escenario porteño. Su poderosa atracción no tenía solamente como centro su seductora figura, sino que también provenía de una voz inconfundible, de impar estilo. En un tiempo en el que el panorama tanguero contaba con voces privilegiadas, que no se parecían entre sí (Alberto Marino, Jorge Casal, Roberto Rufino, Alberto Podestá…), no era poco mérito destacarse con luces propias.
Morán se ubicó con armas nobles en el singular espacio de los triunfadores a punta de sensibilidad y temperamento.
Y si en el contexto de su amplio repertorio fuera necesario rescatar tres títulos significativos, Pasional, San José de Flores y El abrojito no dejarán de ser jamás las canciones de Morán. Aquellas que se indentificaron de manera insoslayable con su peculiar forma de frasear, de decir las letras.
Vida en Pompeya
Nacido como Remo Andrés Domingo Recagno, en la localidad italiana de Steve, desembarcó en Buenos Aires cuando todavía era un chico. Consustanciado con Pompeya -el barrio en el que recaló-, allá por el 45 se unió a la orquesta del inolvidable Osvaldo Pugliese, haciendo dupla con Roberto Chanel, otro cantor personal.
Eran los tiempos, bellos tiempos, de trajinar los escenarios de los clubes de barrio. Verdaderas fiestas populares en las que participaban por igual la orquesta típica, la de jazz y un público que se largaba a la pista a bailar tangos sin el criterio deformante de esa línea for export que suele gambetear la autenticidad.
En ese marco se movió y brilló aquel cantor que no se codeaba seguido con el tango arrabalero y que, por el contrario, prefería letras de tratamiento acaso más pulcro. Sin que se perdiera por eso la arrasadora fuerza que nutría el espíritu de la canción ciudadana. Luego de separarse de Pugliese -con el que compartió nueve años intensos de trabajo-, Morán se largó como solista, secundado por el conjunto de Armando Cupo. El éxito siguió siendo su compañero de ruta.
El final
En octubre del 96, despuntando el vicio, participó en un show tanguero (en el Club del Vino), junto a su hija Roxana y al actor Franklin Caicedo. Al día siguiente del debut sufrió una descompostura en su domicilio y fue internado en el hospital Tornú, iniciando un proceso que ya no tendría boleto de regreso. Aunque zafó en esa oportunidad, en junio de este año tuvo que ser trasladado de urgencia al mismo lugar, donde murió el 16 de agosto 1997, a los 77 años, tras una larga y grave descompensación respiratoria.
Cordial, modesto, un italiano que abrazó la porteñidad por pura convicción, Morán acaba de subirse al podio de los que son eternos como el Sol, de los que dejan huella. La muerte no acallará su voz, que seguirá viva a través de Pasional, de San José de Flores, o de cualquier otro tango que, en su garganta, continuará haciendo vibrar los cien barrios de Buenos Aires. De este Buenos Aires que, pese a todo, no olvida a quienes supieron convertirse en verdaderos ídolos.

miércoles, 11 de julio de 2012

Los cantores de Pichuco


Troilo y Centeya

Su orquesta, que formó en 1937, tuvo a lo largo del tiempo el aporte de cantores  que integran un crisol de grandes voces y estilos inconfundibles.
El primero de todos fue Francisco Fiorentino, que cantó con “el gordo” desde el debut, en julio de aquel año, hasta marzo de 1944, dejando en el surco sesenta grabaciones.
Amadeo Mandarino se incorporó en el ´39 y permaneció dos años con la orquesta, grabando solo un tema a dúo con Fiorentino. A este le siguió otro cantor emblemático, Alberto Marino, que durante los tres años siguientes, ya sea como solista o a dúo con Floreal Ruiz o “Fiore”, grabaría más de cincuenta temas y sería uno de los cantores clásicos en el recuerdo de las multitudes milongueras.
En 1944 se integra un cantor que también dejaría su sello en la orquesta, Floreal Ruiz. Desde octubre de ese año hasta 1948 Floreal dejó unas treinta grabaciones, la mayoría como solista, excepto cinco a dúo con Marino y otras dos con Rivero, cuando ambos coincidieron al lado del  fueye mayor de Buenos Aires, entre finales de 1947 y mediados del años siguiente.
Otro nombre de gran relevancia integró después de Floreal Ruiz la orquesta de Pichuco y fue protagonista destacado, el recién nombrado, Edmundo Rivero. En poco más de dos años grabó veintidós veces y nos dejó para siempre sus inolvidables versiones de “Sur” y “La última curda”, entre otras.
Aldo Calderón (seis temas), Jorge Casal (veinte),  Carlos Olmedo (dos) y Angel Cárdenas (dieciséis) se sucedieron como vocalistas de la orquesta desde la salida de Rivero, en el ´49.
Beron
Raul Beron(quince): fue, para algunos, el mejor cantor de orquesta que dio el tango, aunque otros grandes vocalistas, como Floreal Ruiz o Roberto Goyeneche, le disputen -en las discusiones de los sabedores- ese cetro. De clara estirpe gardeliana, registro de tenor y timbre aterciopelado, su apogeo coincidió exactamente con la época de mayor auge del tango. El amplio y variado repertorio de Berón revela su aptitud para captar todos los temas y climas del género, desde los dramáticos a los festivos, que abordó siempre con buen gusto y mesura, alejado de los extremos. Fue un cantor cálido e íntimo, que giró en el circuito del tango más elaborado


El Polaco y después…
En 1956 Troilo incorpora a Roberto Goyeneche, otro nombre que daría que hablar. El Polaco grabó con el maestro desde mayo de 1956 y durante nueve años, en dos etapas. Con la orquesta veintisiete temas y después como solista veinticuatro, superando el medio centenar.
Fue un momento vital en la carrera de Goyeneche suencuentro con Pichuco, y también hay que decir que el cantor de Saavedra fue un artista que estuvo a la altura de las circunstancias. Allí, con Troilo, comenzó a ser un cantor diferente, de gran vuelo, innovador en el estilo y con un fraseo novedoso.
Hubo entre ellos un verdadero sentimiento mutuo de admiración, respeto y amistad que duró toda la vida.
Otro cantor que supo imponer su estilo en los cuarenta llegaba en abril de 1959. Roberto Ruffino, que grabó diez temas con Pichuco entre ese año y el ´65, y a él le siguieron Elba Berón, Nelly Vázquez y Tito Reyes (una década grabando con la orquesta, dejando veintidós tangos grabados).
Troilo y Achaval
El último cantor de Aníbal Troilo fue el bahiense Roberto Achával, durante una temporada de actuaciones en teatro, ya cuando el gordo más querido estaba cerca del final.
Y así, recorriendo los nombres de quienes la integraron una vez, vemos que la orquesta de Pichuco fue una escuela, un camino luminoso de sonidos y armonías donde los cantores supieron encontraron su lugar, cada uno con la medida de su talento, y están en los discos para que los disfrutemos.