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miércoles, 11 de julio de 2012

Los cantores de Pichuco


Troilo y Centeya

Su orquesta, que formó en 1937, tuvo a lo largo del tiempo el aporte de cantores  que integran un crisol de grandes voces y estilos inconfundibles.
El primero de todos fue Francisco Fiorentino, que cantó con “el gordo” desde el debut, en julio de aquel año, hasta marzo de 1944, dejando en el surco sesenta grabaciones.
Amadeo Mandarino se incorporó en el ´39 y permaneció dos años con la orquesta, grabando solo un tema a dúo con Fiorentino. A este le siguió otro cantor emblemático, Alberto Marino, que durante los tres años siguientes, ya sea como solista o a dúo con Floreal Ruiz o “Fiore”, grabaría más de cincuenta temas y sería uno de los cantores clásicos en el recuerdo de las multitudes milongueras.
En 1944 se integra un cantor que también dejaría su sello en la orquesta, Floreal Ruiz. Desde octubre de ese año hasta 1948 Floreal dejó unas treinta grabaciones, la mayoría como solista, excepto cinco a dúo con Marino y otras dos con Rivero, cuando ambos coincidieron al lado del  fueye mayor de Buenos Aires, entre finales de 1947 y mediados del años siguiente.
Otro nombre de gran relevancia integró después de Floreal Ruiz la orquesta de Pichuco y fue protagonista destacado, el recién nombrado, Edmundo Rivero. En poco más de dos años grabó veintidós veces y nos dejó para siempre sus inolvidables versiones de “Sur” y “La última curda”, entre otras.
Aldo Calderón (seis temas), Jorge Casal (veinte),  Carlos Olmedo (dos) y Angel Cárdenas (dieciséis) se sucedieron como vocalistas de la orquesta desde la salida de Rivero, en el ´49.
Beron
Raul Beron(quince): fue, para algunos, el mejor cantor de orquesta que dio el tango, aunque otros grandes vocalistas, como Floreal Ruiz o Roberto Goyeneche, le disputen -en las discusiones de los sabedores- ese cetro. De clara estirpe gardeliana, registro de tenor y timbre aterciopelado, su apogeo coincidió exactamente con la época de mayor auge del tango. El amplio y variado repertorio de Berón revela su aptitud para captar todos los temas y climas del género, desde los dramáticos a los festivos, que abordó siempre con buen gusto y mesura, alejado de los extremos. Fue un cantor cálido e íntimo, que giró en el circuito del tango más elaborado


El Polaco y después…
En 1956 Troilo incorpora a Roberto Goyeneche, otro nombre que daría que hablar. El Polaco grabó con el maestro desde mayo de 1956 y durante nueve años, en dos etapas. Con la orquesta veintisiete temas y después como solista veinticuatro, superando el medio centenar.
Fue un momento vital en la carrera de Goyeneche suencuentro con Pichuco, y también hay que decir que el cantor de Saavedra fue un artista que estuvo a la altura de las circunstancias. Allí, con Troilo, comenzó a ser un cantor diferente, de gran vuelo, innovador en el estilo y con un fraseo novedoso.
Hubo entre ellos un verdadero sentimiento mutuo de admiración, respeto y amistad que duró toda la vida.
Otro cantor que supo imponer su estilo en los cuarenta llegaba en abril de 1959. Roberto Ruffino, que grabó diez temas con Pichuco entre ese año y el ´65, y a él le siguieron Elba Berón, Nelly Vázquez y Tito Reyes (una década grabando con la orquesta, dejando veintidós tangos grabados).
Troilo y Achaval
El último cantor de Aníbal Troilo fue el bahiense Roberto Achával, durante una temporada de actuaciones en teatro, ya cuando el gordo más querido estaba cerca del final.
Y así, recorriendo los nombres de quienes la integraron una vez, vemos que la orquesta de Pichuco fue una escuela, un camino luminoso de sonidos y armonías donde los cantores supieron encontraron su lugar, cada uno con la medida de su talento, y están en los discos para que los disfrutemos.

viernes, 6 de enero de 2012

Roberto Rufino "El Pibe"

Roberto Rufino... el Chiquilín, El Pibe, El nene, como afectuosamente lo llamaban sus colegas y el público tanguero. No fue un cantor mas, fue un niño prodigio dotado de condiciones vocales naturales con la voz de una ternura incomparable.
Le gustaba recordar que siendo él muy pibe, con apenas 16 años, los días sábados se colaba con su amigo Beltrán (hermano de Marquitos Zuker) del tranvía que circulaba por la calle Corrientes desde su barrio del Abasto hasta el café Nacional. Llegaban de tarde, cuando Antonio De Rose con su conjunto de tango  probaba chicos buscando nuevos valores, a cambio de una moneda de 10 centavos, que el mismo músico les pagaba.



Con el paso de los años cultivamos una sincera amistad. Le gustaba de hablar de su niñez, de sus comienzos, cuando aprendía de memoria las letras...entre ellas, la de  Milonguero Viejo.

Uno de esos sábados, durante el verano de 1938, le comentaron sobre “El Pibe” al gran maestro Carlos Di Sarli quién corrió hasta El Nacional a comprobar personalmente las maravillas que le hablaban de este joven talento. Fue tal el impacto emocional  que causó en Di Sarli ver a ese chiquilín de tan solo 16 años cantando, que colmó todas sus expectativas. Evidentemente ese niño era un dotado para el canto... su tono era angelical. Cuando Rufino terminó de cantar, los presentes comprobaron que nacía un nuevo ídolo de la canción. Di Sarli no fue ajeno a tanta emoción, tan es así que sus ojos se humedecieron de gratitud. Cuando se acercó para saludarlo, le preguntó “¿Pibe, querés cantar conmigo en mi orquesta? Rufino recordaba que en realidad no sabía lo que quería y le daba igual, pero le dijo “...y bueno!”.

Esa misma tarde el maestro lo llevó hasta el bajo, al cabaret donde actuaba y le propuso probarlo con el piano. Le pregunto "¿Qué querés cantar?" A lo que Rufino le respondió displicentemente “y... Alma de Bohemio”. Di Sarli le contestó  “Mirá que es muy difícil...” Rufino no le respondió y se encogió de hombros, por lo que el maestro interpretó el gesto como de aprobación y poniendo sus manos sobre el teclado arrancó con las primeras notas. Cuando el jovencito hizo la primera parte y el “cantaaaaaaar” sostenido, de la primera frase, para el maestro fue muy fuerte y bajando la tapa del piano emocionado, lo abrazó muy fuerte. En ese momento nació una relación afectiva en la que el maestro pasó a ser el padre que Roberto no tenía y la ayuda espiritual y profesional que el jovencito necesitaba. Esa amistad de respeto mutuo duró hasta el 12 de enero de 1960, fecha en la que el maestro falleció.

Robertito venía de un hogar humilde, era un niño pobre de pantalones cortos. Di Sarli le compró un traje de pantalones largos que Rufino recordaba... azul con rayas coloradas.

En la noche del debut con la Orquesta de Carlos Di Sarli, cuenta Rufino que el maestro dirigiéndose al público les anunció a los presentes que exhibiría a su nuevo cantor en reemplazo de Agustín Volpe, que se iba de la Orquesta. Les dijo que tendrían que juzgar si había hecho una buena elección y que se daría cuenta por los aplausos (o no) que recibiera el debutante. El tema a interpretar sería Alma de Bohemio. A continuación, aparece el chiquilín desde detrás del piano… Cuando el joven Rufino terminó su interpretación, la respuesta del público fue impresionante, aplaudían al joven cantor de pie al pedido de ¡Otra, otra!  El maestro desde el piano esbozó una sonrisa de aprobación, comprobó que no se había equivocado. Había nacido para el tango una nueva estrella en el firmamento porteño.

Rufino grabó 45 temas con la orquesta del maestro Carlos Di Sarli entre los años 1939 y 1943, siendo la primera grabación el tango “Corazón”, realizada el 11 de diciembre de 1939. Ese mismo día grabaron “Milonga del Sentimiento”. El 17 de diciembre de 1943 se registró el tango “Boedo y San Juan”, última grabación de la dupla Di Sarli - Rufino.

En ese momento todo el ambiente del tango conocía la carrera ascendente de Roberto Rufino y los grandes Directores se lo disputaban para incorporarlo. Fue una figura querible, ejemplo de vida, buen padre, buen esposo, buena persona y fundamentalmente buen amigo. Siempre dispuesto a dar todo por su querida esposa Perla, sus hijos, Roberto, Hugo y Daniel y fundamentalmente por su música: El Tango.

Cuando el inevitable paso de los años fue afectando la brillantez de su voz, comenzó a "decir" el Tango y sus colegas Floreal Ruiz y Roberto Goyeneche fueron sus mejores discípulos al copiar la nueva modalidad que tanto gustaba al público.

Rufino fue un auténtico maestro y una de las figuras mas carismáticas que dio la mejor música de este lado del Mundo: El Tango.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Miguel Ángel Barcos “UNA PRESENCIA DE LUJO EN EL FESTIVAL NACIONAL DE TANGO DE BAHIA BLANCA”



Nació en Buenos Aires y en la década del ´50 comenzó su carrera musical, compartiendo escenarios con músicos de la talla de Armando Pontier, Leopoldo Federico, Jose Libertella y Luis Stazzo.
En la sensacional orquesta de Pontier, compuesta por músicos de la talla de Carlos Arnaiz y Emilio Gonzalez en violines,Quique Lanoo en cello,Juan Jose Mosalini,Nicolas Paracino y   Daniel Lomuto en Bandoneones, Barcos se destaco como  un músico culto, fino e inteligente. Un fiel seguidor de la escuela rítmica, a lo que agregó un clima musical de mucha presencia, con gran ductilidad en las técnicas pianísticas clásicas
Acompañó a cantantes como Armando Laborde, Miguel Montero, Alberto Podestá, Roberto Rufino, Julio Sosa, Raúl Lavié, Roberto Goyeneche y Argentino Ledesma entre otros.
Una vez radicado en la ciudad de Cipolletti fundó el Coro Polifónico de Cipolletti. Lo dirigió durante 26 años, actuando en casi toda la Argentina, España y Mexico.
Dirigió la Misa Criolla ejecutada por Ariel Ramirez, Zamba Quipildor y el Coro.

Luego innumerables conciertos del Coro acompañando a cantantes y músicos (Carlos Di Fulvio, Rubén Durán, Raúl Lavié, Susana Rinaldi, Opus Cuatro, etc.)
Posteriormente a Inés Rinaldi (hermana de Susana) y Juan Carlos Cuacci (guitarrista y un gran arreglador) en Francia en los años 1989 y 1990.
Posteriormente se presentó durante dos temporadas invitado por el “Trottoir des Buenos Aires” en París.
Como resultado de estas actuaciones fue requerido a participar de giras por Holanda en 1994, 1995 y 1996.
En 1997 dió un recital en Frankfurt, Alemania.
1999: Viaja a Cuba para actuar en la Casa de las Américas y, en varias oportunidades en el Caserón de Tango situado en La Habana Vieja.
En 1998 Japón donde realizó conciertos en Kyoto, Osaka, Kobe e Hiroshima.
La gira se reitera al año siguiente, acompañado por Gustavo Gregorio y la compositora y pianista Yumiko Murakami.
Es Miembro Académico de la Academia Nacional del Tango.