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martes, 4 de diciembre de 2012

Angel Cárdenas "la voz de Buenos Aires"


La localidad de Chacabuco dio a varios reconocidos tangueros. Uno de ellos fue Angel Cárdenas, que nació en ese pago bonaerense, en 1927.
 En Buenos Aires no pasó la década de oro del tango como parte de algún binomio orquestal de los más celebrados sino acompañado por un grupo de guitarras. Recién en la década siguiente, a mediados de los cincuenta, tuvo el honor de ser convocado por Aníbal Troilo y la posibilidad de crear un dúo de voces con Roberto Goyeneche que dejó algunas versiones memorables.
Otro de sus méritos fue haber logrado en poco tiempo varios éxitos con versiones como "Te llaman malevo", "Callejón" y "Chuzas", (de ahí el apodo con diminutivo que se menciona al principio de estas líneas). Incluso se destacó con versiones de temas como "La flor de la canela", clásico peruano que difícilmente esté asociado al repertorio tanguero. Esa etapa de trabajo con Pichuco duró unos pocos años, porque en la década del sesenta volvió a probar suerte como solista. Con los años tomó otros rumbos de trabajo, sobre todo en el hemisferio norte. Arrancó por Perú, Venezuela, Puerto Rico y luego pasó algunas temporadas en Nueva York, con el impulso que le dio Fernando Lamas.
En los Estados Unidos continuó desarrollando su carrera como cantante y en la Argentina matizó su oficio de cantor con incursiones en el cine. Tuvo pequeñas intervenciones en "Juvenilia", "Y mañana serán hombres" y "Sabaleros". En 1960 participó en "Sábado a la noche", bajo las órdenes de Fernando Ayala.
Durante su paso por las pantallas no se conformó con el simple rol de actor, o de cantante que actúa. En 1967 regresó a Buenos Aires con la idea de actuar y dirigir un libro propio que se llamó "Una cabaña en La Pampa". El film se estrenó en 1971. "No sé si será bueno, pero tengo la seguridad de que tendrá autenticidad", decía por aquellos años. Es que lo campero siempre estuvo presente en su trabajo, incluso en la elección de repertorios.

miércoles, 11 de julio de 2012

Los cantores de Pichuco


Troilo y Centeya

Su orquesta, que formó en 1937, tuvo a lo largo del tiempo el aporte de cantores  que integran un crisol de grandes voces y estilos inconfundibles.
El primero de todos fue Francisco Fiorentino, que cantó con “el gordo” desde el debut, en julio de aquel año, hasta marzo de 1944, dejando en el surco sesenta grabaciones.
Amadeo Mandarino se incorporó en el ´39 y permaneció dos años con la orquesta, grabando solo un tema a dúo con Fiorentino. A este le siguió otro cantor emblemático, Alberto Marino, que durante los tres años siguientes, ya sea como solista o a dúo con Floreal Ruiz o “Fiore”, grabaría más de cincuenta temas y sería uno de los cantores clásicos en el recuerdo de las multitudes milongueras.
En 1944 se integra un cantor que también dejaría su sello en la orquesta, Floreal Ruiz. Desde octubre de ese año hasta 1948 Floreal dejó unas treinta grabaciones, la mayoría como solista, excepto cinco a dúo con Marino y otras dos con Rivero, cuando ambos coincidieron al lado del  fueye mayor de Buenos Aires, entre finales de 1947 y mediados del años siguiente.
Otro nombre de gran relevancia integró después de Floreal Ruiz la orquesta de Pichuco y fue protagonista destacado, el recién nombrado, Edmundo Rivero. En poco más de dos años grabó veintidós veces y nos dejó para siempre sus inolvidables versiones de “Sur” y “La última curda”, entre otras.
Aldo Calderón (seis temas), Jorge Casal (veinte),  Carlos Olmedo (dos) y Angel Cárdenas (dieciséis) se sucedieron como vocalistas de la orquesta desde la salida de Rivero, en el ´49.
Beron
Raul Beron(quince): fue, para algunos, el mejor cantor de orquesta que dio el tango, aunque otros grandes vocalistas, como Floreal Ruiz o Roberto Goyeneche, le disputen -en las discusiones de los sabedores- ese cetro. De clara estirpe gardeliana, registro de tenor y timbre aterciopelado, su apogeo coincidió exactamente con la época de mayor auge del tango. El amplio y variado repertorio de Berón revela su aptitud para captar todos los temas y climas del género, desde los dramáticos a los festivos, que abordó siempre con buen gusto y mesura, alejado de los extremos. Fue un cantor cálido e íntimo, que giró en el circuito del tango más elaborado


El Polaco y después…
En 1956 Troilo incorpora a Roberto Goyeneche, otro nombre que daría que hablar. El Polaco grabó con el maestro desde mayo de 1956 y durante nueve años, en dos etapas. Con la orquesta veintisiete temas y después como solista veinticuatro, superando el medio centenar.
Fue un momento vital en la carrera de Goyeneche suencuentro con Pichuco, y también hay que decir que el cantor de Saavedra fue un artista que estuvo a la altura de las circunstancias. Allí, con Troilo, comenzó a ser un cantor diferente, de gran vuelo, innovador en el estilo y con un fraseo novedoso.
Hubo entre ellos un verdadero sentimiento mutuo de admiración, respeto y amistad que duró toda la vida.
Otro cantor que supo imponer su estilo en los cuarenta llegaba en abril de 1959. Roberto Ruffino, que grabó diez temas con Pichuco entre ese año y el ´65, y a él le siguieron Elba Berón, Nelly Vázquez y Tito Reyes (una década grabando con la orquesta, dejando veintidós tangos grabados).
Troilo y Achaval
El último cantor de Aníbal Troilo fue el bahiense Roberto Achával, durante una temporada de actuaciones en teatro, ya cuando el gordo más querido estaba cerca del final.
Y así, recorriendo los nombres de quienes la integraron una vez, vemos que la orquesta de Pichuco fue una escuela, un camino luminoso de sonidos y armonías donde los cantores supieron encontraron su lugar, cada uno con la medida de su talento, y están en los discos para que los disfrutemos.